Las Provincias

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ALIANZAS Y MATEMÁTICAS
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Fernando Giner | 26-09-2014 | 08:24

El otoño se presenta caliente, porque para mayo de 2015 nos encontraremos con las elecciones municipales y autonómicas y hasta hace unos días teníamos tres frentes de gran trascendencia: que la recuperación sea una realidad, la consulta catalana y la ley del aborto. Este último ha sido apartado de la escena esta semana con la dimisión del ministro de Justicia y las declaraciones del presidente del Gobierno, aclarando que se iba a paralizar la reforma.

Personalmente me llamó mucho la atención el hecho de que el ministro, en su discurso de despedida, reconociera que «no había sabido sacar adelante» la citada ley. ¿Qué significa eso? Porque a estas alturas y con su trayectoria política: una persona que ha sido alcalde de Madrid, presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, ministro… que lo ha sido todo, ¿cómo es posible que «no haya sabido»? Mi impresión personal es que esta ley se ha convertido más en la ley de Gallardón que en la ley del Gobierno. No sé si ha sido porque éste se ha empeñado en capitanearla y ocupar una posición por su cuenta, de forma individualista y perdiendo así todos los apoyos o, por el contrario, porque poco a poco el Gobierno y, por lo tanto, el partido –o el partido y, por lo tanto, el Gobierno– se han ido distanciando del proyecto y él se ha quedado solo. Seguramente la realidad esté en el medio: que ha habido un poco de todo.

Por un lado, este ex ministro siempre se ha caracterizado y le ha gustado posicionarse como más a la izquierda y más díscolo que la referencia conservadora del partido. En ocasiones incluso parecía más socialdemócrata que liberal. Lógicamente, esto provoca que por el camino uno vaya dejando de tener apoyos. Sin embargo, con este proyecto de la ley del aborto resulta que ha sucedido todo lo contrario, que se ha situado en el ala más conservadora de su partido: pura contradicción estratégica.

Por otro lado, el Gobierno o el partido se han dedicado a sacar cuentas. Esta patata caliente que la reforma de la ley del aborto suponía para el partido del Gobierno ha sido resuelta a base de sumar, de comprobar si el fuego amigo es más pernicioso que la decisión, es decir, qué parte de su electorado puede sentirse defraudado en términos de no votar en las próximas elecciones frente a los que con el tiempo apaciguarán sus iras. O a lo mejor el señor Rajoy no ha tenido más remedio que sacrificar esta ley para ir de la mano con el PSOE en el tema de Cataluña. Seguramente veremos esta semana un PP y un PSOE más unidos que nunca contra la consulta en Cataluña y esta ley ha supuesto el anillo de compromiso entre ambas formaciones. Estas son las opciones que se me ocurren, porque en el arte de la guerra muchas veces los líderes se ven obligados a sacrificar y a decidir contra su propia voluntad. Es un asunto de alianzas.

En resumen, si yo fuese Rajoy habría pensado que la decisión del no a la reforma de la ley me suponía quitarme un posible sustituto (aunque la verdad es que no queda ni uno. Empieza a ser habitual en este país que los líderes, en vez de potenciar un delfín, actúen como Saturno, devorando a sus hijos, con unas consecuencias devastadoras para las organizaciones, si no fíjense en el PSOE, cómo después de Zapatero vino la nada y han tardado años en encontrar un nuevo líder), me permitía ganar la alianza con el PSOE para la negociación con los independentistas, situaba el partido más en el centro y daba carpetazo a uno de los tres incendios del otoño. Mientras que en contra de la retirada de la ley estaba la pérdida de votos defraudados por esta decisión. Es un asunto de sumar y restar, de matemáticas.

Ahora bien, si estuviésemos hablando de un tema más material o de un bien más disponible, me parecería perfecto, pero de lo que estamos hablando es de la vida, es decir, de un bien sobre el que los demás no podemos disponer a nuestro antojo sin ningún tipo de criterio y, por lo tanto, felicito a Gallardón en todo lo que haya de cierto en su dimisión por convicciones estrictamente personales, por coherente, por valiente y por ejemplarizante; pero me entristece pensar que haya habido también parte de tejemanejes, estrategias y atajos para sacar un puñado de votos más o para perder los menos posibles, o que haya supuesto la moneda de cambio en el asunto soberanista.

Al final estamos hablando de algo tan serio y tan profundo que, realmente, hasta que uno no vive una situación personal en la que se ve afectado por ello, no sabe exactamente de qué está hablando. Por lo tanto, quede constancia de todo mi respeto a cualquier decisión, sea la que sea, siempre que sea tomada en conciencia, con honestidad y pensando en el bien de los demás.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.