Las Provincias

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LAS CUATRO CRISIS DE ESPAÑA
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Fernando Giner | 30-10-2014 | 11:04

Aunque en lo económico estemos “cruzando el cabo de Hornos”, España no puede afirmar que ha abandonado la crisis económica. Desde un punto de vista estrictamente de crecimiento de PIB, los indicadores nos hablan de crecimiento entre el 1% y 2%, pero qué duda cabe que este crecimiento está siendo a base de unas condiciones laborales muy precarias, insuficientes y mal retribuidas. Otros indicadores nos dicen que el precio medio de la vivienda ha crecido en el último trimestre un 4%. En principio parece otro dato bueno, pero claro, no hay que olvidar que llevamos siete años consecutivos de bajada del precio y, sobre todo, que hoy en España los compradores de viviendas no están siendo, principalmente, las familias o los jóvenes que se quieren independizar, sino, fundamentalmente, fondos de inversión financieros que van detrás de chollos. Hay que señalar que el mercado inmobiliario tampoco está funcionando de manera estable y homogénea, sino que se está moviendo según ciudades y barrios y según la situación particular del que vende. Lo que intento decir con estos dos apuntes del crecimiento del PIB y del indicador del precio de la vivienda, es que si bien lo peor puede que haya pasado ya, no por ello podemos hablar en términos de triunfalismo ni de recuperación, porque la crisis sigue ahí. Y, sobre todo, porque dependemos en gran medida de la recuperación de Francia, Alemania y el resto del entorno europeo: España se recuperará en la medida en que lo haga Europa.

Pero como el lector de VCJ sabe, siempre digo que ésta es una crisis en forma de “L” y que estamos en el palo horizontal de la “L”. Es verdad que España está empezando a funcionar mejor que los países de su entorno desde un punto de vista económico, pero también lo es que nuestro país, junto a la crisis económica, padece otras tres crisis más y espero que no una quinta. Como decía, España está padeciendo cuatro crisis simultáneas y Dios quiera que no entremos en la quinta. Me explico. Junto a la crisis económica está, en segundo lugar, la crisis de la unidad territorial de España. El tema de Cataluña, ya sea un derecho, un sentimiento o una reclamación económica, sea lo que sea al final, es una crisis en toda regla que ocupa titulares y portadas de periódicos y que alerta a los inversores del riesgo de tener una fracción.

En tercer lugar y en mi opinión, España sufre la crisis del modelo de Estado. En estos momentos el país no sabe si va hacia una recentralización, no está definido qué papel juegan las autonomías y los Gobiernos autonómicos, qué competencias deben atribuírseles y cómo han de financiarse éstas. Pensar en ceder educación y sanidad a las autonomías pero sin que exista financiación para ello es absurdo. Y junto a este papel de los Gobiernos autonómicos hay un debate candente que estoy convencido que saltará a la primera línea antes o después, seguramente antes de mayo de 2015: el debate entre republicanos y monárquicos.

La cuarta crisis y la más importante es una crisis institucional y, sobre todo, de corrupción institucionalizada. Llevamos demasiados años descubriendo que cualquier político de cualquier institución, de cualquier autonomía y de cualquier estamento se ha aprovechado de ésta en beneficio propio. Y esto, en una sociedad que está intentando esforzarse por salir de la crisis económica, es un golpe en su línea de flotación.

Como ve, querido lector, tenemos hasta cuatro crisis a la vez, conviviendo, revueltas y, como he dicho al principio, podemos llegar hasta la quinta. Me estoy refiriendo, Dios no quiera que pase, a la crisis del Ébola, a una crisis sanitaria y de emergencia causada por esta enfermedad. Afortunadamente ésta aún no está, pero puede estar.

Frente estas  cuatro (o cinco) crisis los ciudadanos están respondiendo con asombrosa madurez, con lógica desafección hacia las instituciones pero, sobre todo, con actitud de emprendimiento. Quiero señalar las reuniones que he tenido esta semana por diferentes motivos con mujeres separadas, con hijos a su cargo y sin ningún tipo de recurso económico, que se planteaban de qué manera pueden llegar a generar un negocio que les permita un resultado mensual de entre 600 y 800 € para poder vivir. Estas mujeres, que hace cinco años podían tener una vida más que cómoda y tranquila, hoy tienen que luchar contra viento y marea por conseguir vencer mes a mes sus situaciones particulares. Estoy hablando de pura supervivencia en el siglo XXI. Se trata de mujeres cocineras que quieren aprovechar su talento para desarrollar un negocio, como por ejemplo hacer pasteles, empanadas u otros elaborados desde casa y comercializarlos para su consumo a domicilio. Fíjese cómo están las cosas: ¿usted piensa que hay alguna entidad financiera que esté dispuesta a ayudarlas? ¿Se imagina a un banco facilitándoles el acceso al crédito? Y lo que es todavía peor, cuando estas mujeres se dirigen a su Administración, para preguntar qué registros y autorizaciones son necesarias para iniciar este negocio, en el momento en que escribo este post, se encuentran con el silencio por respuesta y sin ningún tipo de solución. ¿Qué le parece? España en cuatro crisis (y que no venga la quinta), los ciudadanos intentándolo y los bancos y la Administración a la suya. Esto se ha convertido en un partido de fútbol en un patio de colegio de Primaria: todos detrás del balón sin orden ni concierto.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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