Las Provincias

img
EL CONTRATO SOCIAL
img
Fernando Giner | 05-12-2014 | 13:33

Ya hemos mencionado en otros post que España está atravesando varias crisis. En mi opinión, estas crisis se solucionan con medidas a corto plazo y con soluciones a medio y largo plazo, donde juega un papel decisivo la educación, que es de lo que quiero hablar hoy.

Lo primero es hacer autocrítica. Es evidente que hemos faltado al compromiso del contrato social por el que hemos dicho a nuestros hijos que si cumplen con un programa educativo, si son obedientes y hacen caso al profesor, si estudian y sacan buenas notas, llegarán a ser universitarios y, entonces, tendrán un trabajo estable, un futuro asegurado y podrán formar una familia independiente. Esto hoy por hoy, sencillamente no es así y, lo más importante, no podemos darlo por bueno y no hacer nada.

El primer gran objetivo de la educación tiene que ser que un joven de 16 años sea un ciudadano íntegro y con las competencias necesarias para saber desenvolverse en el siglo XXI. Y hoy, el objetivo en cambio es preparar al individuo para la siguiente fase, la universidad. Nuestro empeño debe dirigirse a formar personas libres e independientes y no futuros universitarios.

Debe ser la sociedad civil quien determine cuáles son estas competencias de las que hablábamos. Lo que quiero decir es que este asunto de la educación es tan grave y tan importante que no se puede delegar en un determinado Gobierno. Es decir, esto no consiste en que yo le dé el voto a alguien y eso suponga: “haga usted lo que quiera durante cuatro años y volvemos a hablar entonces”. Todo lo contrario. Este asunto debe resolverse desde la participación de la sociedad civil (expertos, centros educativos, inspectores, padres, etc.) y la Administración tiene que facilitar y promocionar el marco oportuno para que ese debate se produzca y sea eficaz. Como sociedad civil tenemos que hacer un esfuerzo por participar y decidir en aquellas cuestiones que afectarán al futuro de nuestros hijos y no esperar que un programa político nos lo resuelva.

Las cuestiones son varias. En primer lugar, se trata de formar ciudadanos íntegros. Cuando me refiero a que una persona debe ser íntegra, estoy diciendo que un ciudadano español estándar que se encuentre, por ejemplo, ante la posibilidad de comprar periódicos sin la presencia del quiosquero, debe hacerlo respetando las normas cívicas y éticas que el acto en sí requiere, es decir: sin llevarse más periódicos de la cuenta, sin llevarse el dinero del plato, sin romper este plato, dejando el resto de los periódicos ordenados para el siguiente que llegue se los encuentre en orden…

Por otra parte, me parece imprescindible recuperar el prestigio social de la figura del maestro. Creo que una profesora de Primaria es más decisiva para la felicidad de mi hija que un catedrático. Por lo tanto, reclamo el prestigio, reconocimiento y aplauso social hacia los maestros de las etapas educativas más tempranas. Necesitamos maestros con conocimientos, especializados, pero también que sepan empatizar con sus alumnos y, sobre todo, que sepan trabajar con transversalidad, es decir, que tengan la generosidad suficiente y el espíritu corporativo necesario para olvidarse de los departamentos tradicionales y trazar un enfoque interdepartamental.

Asímismo, no nos podemos permitir como normal un fracaso escolar del 33%. Es cierto que la construcción supuso en su momento un canto de sirena muy poderoso para los jóvenes, alejándolos de las aulas, pero qué duda cabe que el índice de fracaso escolar sigue siendo el mismo cuando la construcción lleva años en caída libre. Actualmente, de los menores de 25 años, el 33% no tiene estudios y de éstos, la mitad está en el paro y esto no puede ser.

Otro grandísimo problema al que nos enfrentamos es el déficit demográfico. La Comunidad Valenciana, según datos del Instituto Nacional de Estadística, perderá casi 300.000 habitantes en los próximos años. A partir del año próximo, tanto el saldo vegetativo como el saldo migratorio en nuestra comunidad serán negativos. Así pues, la Comunidad Valenciana va de cabeza hacia una sociedad de mayores, con una tasa de dependencia de uno a uno. Estas perspectivas nos exigen que, de una manera valiente, clara y sin ningún tipo de fisuras, favorezcamos la vida laboral de las madres. El mayor tesoro que tiene una sociedad son sus hijos y si una madre decide tenerlos, debe contar con el respaldo social y laboral para que así sea. No lo digo por motivos ni religiosos ni éticos, sino por puro egoísmo como persona de 50 años que se acerca a la jubilación.

Estamos viviendo la era VICA (volátil, impredecible, compleja y ambigua) y ésta es una era en la que es más importante lo que se aprende que lo que se conoce, por lo tanto  la didáctica se ha convertido en un elemento diferenciador. Hemos vivido una enseñanza memorística puramente repetitiva, que hoy puede ser sustituida incluso por un Smartphone, y estamos intentando dirigirnos hacia una metodología más práctica. Lo que pasa es que en esta España nuestra se ha pasado de memorizarlo todo sin sentido a que la memoria no tenga nada de valor, y tampoco es eso. Aprender, al final, es transformar los datos en información y ésta en sabiduría. Por lo tanto, lo importante es que la inteligencia sepa actuar para relacionar los datos y la información.

El reto al que nos enfrentamos es enorme, pero conseguirlo no es imposible. Es cuestión de que todos sepamos lo que queremos y de que nos pongamos a trabajar en ello en una misma dirección, pensando que lo que está en juego no es la permanencia de un determinado partido en el Gobierno o el adoctrinar a una sociedad en beneficio de una ideología, sino el futuro de nuestros hijos, del tuyo y del mío, dejándoles una herencia que vale muchísimo más que cualquier herencia económica: el desarrollo de la propia persona. Por lo tanto, debemos luchar por construir el espíritu de un nuevo contrato social.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

Últimos Comentarios

Ignatius J. Reilly 29-03-2015 | 23:14 en:
Autónomos
lucia Colom 12-03-2014 | 23:17 en:
LA ERA DE LA ACTITUD I