Las Provincias

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Precariado
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Fernando Giner | 24-02-2015 | 12:04

La crisis ha traído una nueva realidad social que está expulsando a la tradicional clase media: el “precariado”, una palabra incorrecta pero que expresa muy bien lo que está ocurriendo. Es la situación de muchas personas que se encuentran trabajando, ya sea por cuenta propia, como autónomos, o por cuenta ajena para otra empresa, pero sin ninguna estabilidad. Esto es debido a que los contratos y las relaciones laborales profesionales cada vez son, en general, más inseguras, más inestables y con sueldos “low cost” y esto se está aceptando como única solución frente al problema del desempleo.

La clase media que hemos conocido, que trabajaba de lunes a viernes, tenía un mes de vacaciones, un contrato de trabajo que le permitía vivir con tranquilidad y podía pedir un crédito porque sabía que lo iría devolviendo sin problemas, prácticamente ha desaparecido. En muchos casos, la persona ha perdido el puesto de trabajo y su familia se ha empobrecido de manera notable y alarmante. Pero, incluso los que han conseguido un empleo, tienen la sensación de no saber dónde van a estar dentro de seis meses y esto, lógicamente, afecta negativamente a las expectativas.

Así pues, este “precariado” es la nueva clase media que está apareciendo en España y contra la que tenemos que luchar, porque si la situación se estanca, la recuperación económica va a ser muy complicada. Por un lado, la inestabilidad laboral y la precariedad imposibilitan que los jóvenes se puedan independizar y, por el otro, también hacen que las personas de más de 55 años que se quedan sin trabajo ya ni siquiera se apunten al paro, porque piensan que no les va a servir de nada. De esta manera, disminuye la población activa. Esta es la situación que estamos viviendo, que afecta lógicamente al consumidor, y ante la que se encuentra todo aquel que tiene un comercio u otro tipo de negocio.

Porque ante esta inestabilidad, las familias lo que hacen es pensarse mucho las compras, comparar productos y precios y, sobre todo, posponer la adquisición hasta el último instante. Y es curioso, porque ya no estamos hablando de personas que no tienen trabajo, sino de las que cobran una nómina todos los meses, pagan sus impuestos y su Seguridad Social, pero no llegan a fin de mes. Así, el comercio tiene que pensar en sus clientes, comprender en qué situación económica se encuentran y ver de qué manera puede facilitarles las compras, porque, por ejemplo, hay unos cuantos días al mes, hasta que cobran, en que casi nadie consume.

Al mismo tiempo, se nos habla de macroeconomía, de exportación, de turismo… pero yo insisto una y otra vez: lo que necesitamos es que el consumo interno se recupere, que las familias recuperen la tranquilidad y la estabilidad, en primer lugar, por un concepto y principio de sentido social y, en segundo lugar, porque esto será lo que traerá la recuperación. Solo cuando hablemos de recuperación, hablaremos de empleo, que será una consecuencia lógica de la recuperación. El problema es que éste es un círculo vicioso que se está interiorizando como un mal necesario que hay que aceptar. Es como si fuera un “fuego amigo” de las políticas de recuperación y no estoy de acuerdo.

Precario es la falta de estabilidad, precario es la falta de seguridad, precario es la falta de duración y precario es la falta de recursos y medios económicos suficientes. Éste no es el futuro que quiero para mis hij@s.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.

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