Las Provincias

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Autónomos
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Fernando Giner | 01-03-2015 | 18:48

Hablaba en el último post de la nueva figura social que es el “precariado”, refiriéndome a los que, estando trabajando por cuenta propia o ajena, no llegan a fin de mes o lo hacen con mucha dificultad y, además, con un futuro incierto.

Hoy quiero abordar con más detalle la situación de los trabajadores por cuenta propia, los autónomos.

Entre los numerosos autónomos que hay en nuestro país, hay muchos que están intentando iniciar un negocio o poner en marcha una actividad empresarial, personas que estaban en el paro y que, al no encontrar trabajo, han decidido iniciar una actividad y darse de alta en la Seguridad Social.

En España ser autónomo es una odisea. Los comienzos son durísimos, entre otras cosas porque la actividad no factura ni el salario mínimo interprofesional, que son no llega a 650 € y las cuotas de alta de Seguridad Social suponen prácticamente la mitad.

La revista Forbes pone de manifiesto esta realidad al comparar la situación de España con la de países de su entorno más cercano. Leo en ella que en Francia los autónomos no pagan nada durante el primer año. De hecho, dice que es el mejor país para empezar a ser autónomo porque, además de no pagar cuota al principio, tienen derecho a asistencia, a incapacidad temporal y están cotizando para la jubilación. Por su parte, en Inglaterra, las cuotas del autónomo están entre los 13 y los 68 €, incluso hay situaciones en las que no hay declaraciones trimestrales de IVA, solo al final del ciclo fiscal. En Italia se paga el 20 % del beneficio, nada más. En Holanda, 50 € anuales. En Alemania, que tal vez sea el país más duro para los autónomos de nuestro entorno, son 140 € si tus ingresos superan los 1.700 €.

En España, 266 € al mes (con algunos gestos en bonificaciones) funciones como funciones, mientras que en Europa o tienen unas facilidades tremendas respecto a las cuotas de la Seguridad Social al iniciar la actividad, o éstas están vinculadas a los resultados.

Cualquier emprendedor sabe que el primer año ingresar dinero es difícil y que hay que hacer frente a muchos pagos. Para esta gente que está empezando, que ha visto en el autoempleo una salida de la crisis, las cuotas son elevadísimas. Tenemos que resolver esta situación, porque en los autónomos está una de las claves de la recuperación.

En mi opinión, las condiciones que tenemos en España se deben a que hay desconfianza hacia el autónomo, es algo cultural. El legislador piensa que el autónomo es una persona a controlar, que hay que ponerle requisitos fiscales mensuales, trimestrales y anuales, y tenerlo muy vigilado porque si no, a la mínima, va a defraudar. Cuando, en realidad, se trata de personas que no encuentran trabajo y que ven en el autoempleo una salida.

Además, la relación con la Administración es compleja y lenta. Precisa llevar un asesor encima, porque hay tantos impuestos, papeles, requisitos… tantos cambios anuales, que uno se vuelve loco. Conozco el caso de una amiga que ha estudiado el ciclo superior de administrativa y que montó su propio negocio, es decir, que se supone que tiene la formación necesaria para estar al día de todo el papeleo, y, sin embargo, me decía que necesita un asesor porque la legislación cambia tanto que para estar actualizada o se dedica exclusivamente a estar al tanto o necesita una ayuda externa. Como he dicho en numerosas ocasiones, se trata no ya de ayudar, sino, al menos, de no dificultar las cosas.

Así pues, cuotas y simplificación. No olvidemos que el que se hace autónomo está haciéndonos un favor a todos: está poniendo en riesgo su situación personal y está saliendo de las listas del paro, por lo tanto, insisto, a esta persona hay que ayudarla.

Y, por supuesto, está también la financiación: la bancaria es escasa y cara.

El problema es que o se vive y se sufre esta realidad o es muy difícil empatizar con la problemática. Éste, en mi opinión, es el problema que estamos teniendo, que el legislador no acaba de entender la persona del autónomo y del pequeño y mediano empresario, que lo ven como alguien a quien controlar y, cuando vienen elecciones, se les hace un guiño, pero sin abordar el problema en toda su amplitud.

Gracias, como cada jueves, por leerme y hasta el próximo.