Las Provincias

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20 años
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Fernando Giner | 29-03-2015 | 21:27

Aún recuerdo como si fuera ayer el día en que ingresé en la comisión ejecutiva de la Asociación Valenciana de Caridad: fue una tarde de primavera de 1994. Desde entonces y, sobre todo, desde el año 2000, bajo la presidencia de Antonio Casanova, me he dedicado en cuerpo y alma a esta institución. En la junta dirigida por Casanova, desde el primer día se me atribuyeron funciones de marketing y comunicación, con una confianza plena en mi persona. Así, he ido desarrollando, bajo su extraordinaria dirección, asombrosa visión, mucho mejor criterio y, junto a otros miembros de la comisión ejecutiva, todo el posicionamiento, notoriedad y reputación corporativa para situar a Casa Caridad en el lugar que por historia y origen se merece.

Han sido prácticamente todos los miércoles, como mínimo, acudiendo a realizar mi labor como responsable de esta área y a poner ideas en común con los de otras áreas, como finanzas y, principalmente, labor social. He dedicado mi tiempo junto a grandes personas que han entregado también el suyo, su saber hacer y su cariño de manera completamente altruista en beneficio de los que más lo necesitan.

No es mi propósito entrar en detalles sobre las tareas y responsabilidades que tenía atribuidas en la Casa y mucho menos exponer los objetivos alcanzados. Pero sí diré que en todo este tiempo hemos sufrido los peores momentos de la crisis, que he visto en primera persona la desesperación, el flirteo de familias de clase media con la exclusión social, he descubierto que los sueños no están reservados a los que tenemos una vida económicamente estable y que la dignidad de las personas es el dique de contención ante la exclusión. He conocido diferentes tipos de pobreza y he comprendido que hay situaciones personales de las que es muy, pero que muy difícil salir sin el apoyo de los demás, que la realidad es un ascensor social en el que un día subimos y otro podemos estar bajando.

Y junto a ello, dichosa y paradójica vida, he comprobado la generosidad de los valencianos, la comprensión de los trabajadores sociales y la entrega de los voluntarios. Por mi parte, siempre he pensado que este trabajo altruista me supone la recompensa de haber hecho el bien por los demás y quiero dejar claro que ése ha sido mi salario, que mi recompensa ha sido el apreciar y comprobar cómo mi humilde participación ha supuesto, bajo la presidencia de Antonio Casanova y con el incansable trabajo de Luis Miralles, Vicente Miguel , Joaquín Iborra, Antonio Gomis, Javier Carpi, Yolanda Silla y Javier Molina, entre otros voluntarios de la Junta, más los casi 300 voluntarios que dirige Eva Aparisi, un revulsivo para la institución benéfica del pueblo valenciano.

Doy gracias porque he podido devolver a la sociedad lo que ella previamente me entregó. Doy gracias porque he conocido de primera mano la generosidad de este gran pueblo, el valenciano, y doy gracias porque puedo mirar hacia atrás y sentirme satisfecho de este recorrido.

Nuevos proyectos llamaron a mi puerta y, siendo consciente de los principios básicos de la institución, tales como su independencia política, puse mi cargo como Vicepresidente a disposición de Antonio Casanova. Aunque sé que no es exactamente lo mismo, te digo, querido lector, que inicio esta nueva etapa con el mismo propósito e ilusión: perseguir la justicia, entendida como algo universal, y, sobre todo, con la intención de mejorar y cambiar las cosas con tranquilidad y sensatez.

Gracias, como cada jueves, por leerme.

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