WALLY Y LA LASAÑA VOLADORA
Toma asiento, amigo. Empieza una nueva Historia con Delantal. Hoy con nuestro amigo Wally… y sus cosas.
“Est… atrapado en… nece… nec… res… ate”, me gritaba mi buen amigo por el teléfono. “¿Tomate? ¿Necesitas tomate?”, le contesté. Después de todo Wally se solía poner en contacto conmigo para pedirme las cosas más disparatadas. Pero lo cierto es que en esta ocasión, como me está pasando últimamente con casi todo, no entendía lo que me decía. “¡Rescate, rescate!”, llegué a intuir.
Yo le corregí y le dije que igual lo que me quería pedir era un préstamo. Una línea de crédito sin ningún tipo de compensación (como la que la UE ha dado a los bancos) para poder seguir perdiéndose por el mundo, que es a lo que se dedica. Pero pronto descubrí que no estaba para bromas. “O me rescatas o me comen vivo”, me soltó. Pensé que todo era muy gastronómico: un Wally vivo al limón… Pero pronto me di cuenta que no podía seguir con mis alucinaciones cómicas y que debía de ayudar a mi colega. “Cooking, amigo Cooking, estoy perdido no se dónde y temo por mi integridad. Necesito que me RES-CA-TES de este endemoniado lugar”.
Me puse a pensar y -¡eureka!- di con la solución. Le propuse activar mi croqueta-radar y enviarle una de mis lasañas voladoras allí a donde estuviera. “Wally, ella puede ser tu tabla de salvación”, alcancé a decirle antes de que la comunicación se interrumpiera definitivamente.
Fue así como activé todo el dispositivo y emprendí la búsqueda del pequeño hombrecillo del suéter de rayas rojas y blancas por todo el mundo. “Nunca se sabe donde puede estar”, le dije a Pepito Grillo, que andaba por casa preparando unos cakes de café y chocolate.
Saqué la lasaña voladora del armario de objetos misteriosos y salió disparada con destino al planeta Tierra. “Nunca podemos llegar a sospechar a dónde está Wally y sus amigos, se puede haber metido en cualquier recóndito lugar”, exclamé. Pepito Grillo, rápido, me empezó a recordar que nuestro amigo ya se había perdido en otras ocasiones en esferas insospechadas. “¿Te acuerdas cuando se perdió en un capítulo de Los Simpson? Nadie lo encontraba. Por no decirte cuando se metió con los chicos de la Marvel, o en Start Wars…”.
Mi croqueta radar empezó a rodar y rodar y… -¡eureka!, de nuevo-, dimos con él en mitad del parque Kruger en Sudáfrica. “Por eso me dijo que se lo iban a comer vivo”, grité. La alfombra voladora cogió velocidad, apretó con fuerza y –¡zass!- cuando un fiero león abrió sus fauces para devorarlo, logramos sacarlo de allí.
Wally llegó alicaido, todavía tembloroso. En mi casa le esperaban su novia y su perro Woof. “No te vuelvas a meter en líos como éste”, le dijo ella entre sollozos. “Mira qué fotos más lindas de África”, le intentó enseñar él.
Para serenar la situación, y como homenaje a nuestra Lasaña voladora, le preparé un plato realmente exquisito. Tanto que a Wally se le cayeron las rayas de su suerter de puro placer. “¡Mamma!”, exclamó una y otra vez. Y allí quedamos, recordando sus aventuras mientras el teléfono de mi casa en las gastrosofías no paraba de sonar una y otra vez. Desde Estados Unidos: “Where’s Wando?”. Desde Francia: “¡Charlie!”. O desde España: ¿Está por ahí Wally?”. Y sí, estaba, pero no… porque andaba perdido de felicidad con la lasaña de ricotta, espinacas y panceta.
LASAÑA CON RICOTTA, ESPINACAS Y PANCETA
Ingredientes:
Espinacas, ricotta, panceta ahumada, parmesano, mozarella, nata, salsa de tomate, pimienta, nuez moscada, sal, aceite, y ajos.
Elaboración:
Pochamos las espinacas troceadas con ajos (que
luego retiraemos) a poco fuego en una sartén con aceite de oliva. Se incorpora en un bol las espinacas, el queso ricotta, el parmesano y lo unimos todo, con un toque de pimienta, sal y nuez moscada. Quedará una masa fina y homogénea, con las espinacas troceadass bien mezcladas. En una plancha hacemos la panceta ahumada que quede muy crujiente. Después debe trocearse en pedazos casi minúsculos y los juntamos a la crema de queso y espinacas.
En un recipiente para lasaña, untado con aceite o mantequilla, ponemos una capa de salsa de tomate casera. después una primera capa de lasaña. Ponemos la crema de queso y espinacas y una nueva capa de lasaña. Así hasta tres capas aproximadamente. La última de ella incorporamos la mozarella a lonchas, cubriendo toda la superficie, la crubrimos a su vez con tomate frito y rematamos ccon queso parmesano y nuez moscada y un poquillo de tomillo.
Una vez listo, la metemos en el horno a 170 grados hasta que esté en el punto. Para presentarla puede añadir una loncha crujiente de panceta ahumada y un poquillo de salsa.
Y a comer lasaña voladora. Está sinceramente riquísima.
Y esto es todo. Ya sabes, si quieres pornerte en contacto conmigo a través de jtrelis@lasprovincias.es o en twitter @JesusTrelis. Por cierto, muchas de las imágenes que he utilizado han sido manipuladas a partir de originales de ClassicMedia.









Pingback: VICIOS ITALIANOS | Historias con delantal - Blogs lasprovincias.es