Las Provincias

img
Begoña Rodrigo, mucho más que una Top Chef
img
Jesús Trelis | 14-10-2013 | 13:30

 

Es posible que no haya elegido el mejor momento para hablar de ella. Los focos de la fama televisiva que le cortejan pueden distorsionar la historia. Deslumbrarnos a todos. Pero, pese a ello, quiero lanzarme a esta aventura para dejar claro que, pase lo que pase en el ya exitoso programa de Antena 3Begoña Rodrigo es mucho más que una aspirante a Top Chef. No esperes que te hable de  “la puta paella” ni de que los tiene cuadrados. Si en cambio buscas conocer qué hay detrás de su anarquía de risotto, toma asiento…

…abrimos las puertas de La Salita.

Begoña, en su versión televisiva:

Begoña Rodrigo. Foto Antena 3

Y esto para abrir boca:

Para abrir boca. Foto Jesús Trelis

“Para el optimista la vida es una comedia; para el pesimista es una tragedia”. Lo decía Voltaire. Para Begoña Rodrigo (a quien yo conozco más como Bego de La Salita) la vida debe ser más bien una tragicomedia. Creo que puede ser la mujer más optimista del mundo, pero un día le cae un trueno y todo se hace gris marengo. Eso sí, pronto escampa. La chef del restaurante La Salita es temperamental, apasionada, romántica, atrevida, clara, transparente, autoexigente… ¿algo cabezota? Una mujer con casaca que parece extraída de un cuadro de Chagall. Bruja, mágica, deliniante de hechizos y artesana de encanto- Ella es la mujer que hace posible cada día El conjuro de La Salita.

 

El cumpleaños de Chagall.

“Suena una flauta/ en la noche despierta/ y yo en mi nube”.

Rincón de Haikus. Mario Benedetti

 

1. LAS MENINAS (en La Casa de los Caramelos)

Detalle de Las Meninas. Museo del Prado.

 

  • Una luz temblorosa de la vela toma la mesa, llenando de misterio La Salita. De pronto, me encuentro con la alargada sombra de Las Meninas que aparecen tras ella. Hablan delicadas, casi cuchicheando. “Buenas noches, señoritas”, le interrumpo. “Venimos al banquete”, me contestan con cierto tono engreido. No hay para menos, son como reinas. Al levantar la mirada me encuentro tras ellas con “La Casa de Caramelos”. El conjuro de La Salita ya ha empezado.

 

La Casita de Muñecas. Foto J. Trelis

 

ANOTACIÓN. El estilo más TIERNO de Begoña. El OPTIMISMO. Un toque de impronta femenino que es un primer guiño de complicidad con el cliente. En la casita, una bola de tartar de bonito, una croqueta de sepia con langostinos, un foie con praliné de avellanas, bolitas de queso de cabra y pesto, sandía con flor ¿capuchina?, delicados quesos de cabra… Un divertido y delicioso juego con el que Begoña nos muestra sus cartas. Escalera de color.

 

2. EL JARDÍN DE LAS DELICIAS (es una ensalada de salazones)

El Jardín de las Delicias. Foto Museo del Prado

  • Me subí a la casa de muñecas y salté al vacío hasta caer en el mismísimo Jardín de las Delicias. “Perdone señor Hieronymus Bosch por meterme en su cuadro”, me excusé. El Bosco me miró con condescendencia,  se apartó y me dejó pasear por aquel impresionante delirio. En aquel jardín corrían suaves riachuelos de aceite de albahaca, rocas de tartar de bonito, brotes repletos de matices, flores de yema… Tentaciones y pecados. El delirio de nuestro tiempo.

ANOTACIÓN. La vertiente CREATIVA de la aspirante a Top Chef. Como un laberinto en el que te metes para ir encontrándote con un sinfín de sorpresas. Mucho sabor, pero al tiempo con suavidad. Entretenido para comer y muy resultón. Les pregunté a Begoña  por qué el recipiente era tan estrecho, me costaba meter la cuchara. Tenía su intencionalidad. Era como un paseo por un laberinto extralargo. Me gustó mucho.

 

3. EL NACIMIENTO DE VENUS sobre un fondo marino

La impresionante Venus de Boticelli. Museo Uffici

  • De pronto, en mitad de aquel jardín, apareció resplandeciente la más hermosa de las Venus. Y a su alrededor brotó un manantial del color de las algas del mar. Vieiras que no lo eran bailaban a su alrededor. Las sardinas merodeaban por el fondo de aquel océano intenso, mientras los mejillones flotaban de un sitio a otro llevados por la rosa de los vientos.  Y en mitad de ese espectáculo que parecía reinventado por un nuevo Botticelli, me convertí en pez.


Y se volvió loca la mujer/porque tuvo un pez./Y porque supo amar/se volvió loca de atar-

/Era blanca como sal/-era la amante del mar-/¡Y ella loca se volvió/porque tenía un pez al sol!

Poema sin ton ni son. Gloria Fuertes

ANOTACIÓN. Un plato en el que la chef de La Salita apuesta por la MAGIA. Trasmite ILUSIÓN por la cocina. La técnica se da la mano con el producto para hacer de esta composición un viaje a un mar intenso. Begoña se viste de bruja y con una raíz –nabo daikon- crea el hechizo: falsa vieira. Y abracadabra, a ti te mete en las profundidades su propio océano. Todo sabe a mar.

 

4. LA BALSA DE LA MEDUSA o La anarquía de un rissotto.

La impresionante obra de Géricault. Museo del Louvre.

  • Con tanta intensidad marina, a estas alturas de la historia  yo ya era un buzo como los de antaño y deambulaba  por La Salita como flotando. El mar de sabores se iba apoderando de mí, hasta que las aguas se fueron crispando y  una ola enfurecida me escupió hasta la Balsa de la Medusa, que navegada a la deriva. Sin rumbo. Al ver tanta virulencia pensé que los dioses estaban cabreados. Lluvia negra como la tinta del calamar; lluvia verde, como las algas del más profundo mar. Estaba equivocado. Los dioses de los oceános cuando están felices son muy bestias. Sobre la balsa, saltaban camarones, que escapaban saltando de un lugar a otro. Los berberechos guerreros te atacaban por la retaguardia con explosiones de sabor feroz. Y frente a ellos, amazonas vestidas de navajas correteaban en busca de conquistar esa balsa a la deriva. Era como el fin del mundo. La anarquía. Un desgarrador grito de sabor.

Una deliciosa anarquía de arroz. Foto Jesús Trelis

ANOTACIÓN. Está claro. Es el plato TEMPERAMENTAL de Begoña. Puro nervio. Los tiene cuadrados. ;-) Lo dice ella. O se lo dice su madre. Me pierdo en todo eso. Lo cierto es que es un plato de presentación agresiva, como una tormenta, que después te reconcilia con la vida. El punto del arroz era perfecto.

 

5. TRAS LA TEMPESTAD… un granizado de Gin Tónic

La inquietante obra de David Caspar Friedrich.


  • Cuando acabó la tempestad llegó el silencio, la serenidad. Los mares del Norte. El hielo que calmó las heridas de la batalla. Es como una canción serena que empuja tu cuerpo entre un mar de hielo. Te dejas llevar. Cierras los ojos y sueñas. Y te ves en el impresionante cuadro de Friedrich. Siempre me cautivó. Como el gin tonic.

Foto Jesús Trelis

ANOTACIÓN. Es INGENIO. Hacer de una copa un rompe pautas interesante. Como un glaciar. Matando los sabores intensos del mar que se había apoderado hasta de mi cerebro. Serenidad, tras la anarquía. Como la TRANSICIÓN.  Lo agradece todo el mundo.

 

6. NENÚFARES sobre el tatami

  •  Reabrí los ojos y me encontré en mitad de un desierto de plata. Desconcertado. Demasiadas sensaciones. Era como un desierto infinito con un oasis resplandeciente perdido al fondo que desprendía aromas sutiles, verdes tímidos y una quietud infinita. “¿Un jardín chino?”, pensé. ” ¿Un cuadro de Monet? “. Pero a medida que andaba hacia aquel oasis,  se trasformaba. “¡Una mujer con sombrero!”, exclamé. Eso era. Una dama hermosa con sombrero de nenúfares. Cuando llegué a su vera, le besé cuidadoso. Una y otra vez. Su piel sabía a mero; sus labios, a pato ;-)Su atractivo era brutal. Tanto que al final la devoré. ¡Dios mío, me he comido a la mujer con sombrero de nenúfares!”, exclamé aterrado.

 

ANOTACIÓN. Es su apuesta por la DELICADEZA: tatami  de pato con mahonesa de mero. Un plato de sabores sutiles pero al tiempo intensos. Un juego que aparentemente podría ser desconcertante al unir mero y pato, pero que después acaba siendo un tango de sabores y texturas que casan a la perfección. Fue como una canción de amor desesperada en mitad de una tarde gris… Y me pareció escuchar por mi cerebro a Diego El Cigala.

7. JAQUE MATE, al cochinillo le han sacado el alma

Una de las impresionantes obras de uno de los grandes artistas de nuestro siglo. Obra de Tàpies

  • Un redoble de tambores sonó al fondo. Me había comido a la mujer con sombrero de nenúfares. “Vienen a por mí”, pensé. “Me van a cortar el cuello… No debía haberme comido a esa doncella…”, me repetía. Las piezas se colocaron sobre el tablero. Y ante mi temerosa mirada llegó él: el rey, el cochinillo.  “Mueve tus fichas, pero estás muerto”, me advirtió. Había sido la jugada maestra. El plato que me iba a dar la puntilla. La exaltación de su cocina… Tiempo, arte, vida. Como una obra de Tàpies

ANOTACIÓN. Es el plato de la TRANSPARENCIA. Y el de la PERFECCIÓN.  En el que te habla sin ambigüedades de su evolución. Un plato en el que el producto toma la palabra. Y la elaboración paciente. De nuevo, intensidad. Era muy sentido, para mí perfecto. Para otros puede ser que demasiado. Es el plato que he almacenado en mi memoria. En el cajón de La Salita. A veces sueño con él. 

 

 8. LUNA NEGRA, fruta de la pasión 

  • Yo estaba ya muerto de placer. Tumbado ante el blanco mantel. El rey cochinillo me había hecho el jaque mate y ya no me pude recuperar. Llegó entonces un artista silencioso con pincel y cincel. Marcó el terreno. Con una brocha gruesa pintó una escalera hacia el cielo. Hizo una nube de bizcocho (blanco como un velo). Elevó una luna negra hasta el firmamento. Tres estrellas sin luz,  flotaban sin ton ni son. Y el universo de La Salita se iluminó con la fuerza de la pasión. Perdón, con la fruta de la pasión.

ANOTACIÓN. Es la ILUSIÓN. Quizás un plato que habla de SUPERACIÓN. Un plato redondo para provocar fascinación: la fruta reinventada, bolitas de galleta, bizcocho de yogur. Era  Begoña el Hada. Esa que todavía no nos han enseñado los chicos del plató. Poesía, lírica, imaginación… Luna negra. Un postre redondo del que se puede sentir orgullosa.

 

 9. EL TENDEDERO o la vuelta a la inocencia.

Manolo Valdés. Reinventando a Matisse.

  • Y entonces llegó el momento de la levitación. Tiempo para reposar, reflexionar y recordar. Viajar a la infancia, a los juegos en la calle, a las carreras por el barrio… Me colgué en su tenderete. La suave brisa de La Salita me acariciaba.

 

10. SIEMPRE HAY UN FINAL.

  • Cuando salí empezaron a apagarse las velas de La Salita.  La luna negra irradiaba pasión, las Meninas hablaban embriagadas en un lado del salón, la anarquía se esfumaba, los cuadros se difuminaban… La cocinera embrujada se quitó su casaca y quedó desnuda. Sólo vestía el alma de hada. En la ciudad, el imperio de los sueños se imponía. Y de la mano de  la Venus de Botticelli, regresé a casa. Al País de las Gastrosofías.

“Soy como un niño sin derecho a seguir llorando,
Guíame al país donde viven los valientes
Guíame en la noche, envuélveme en un hechizo,
Quisiera conocer a seres diferentes.”
Michel Houellebecb

 

LA FACTURA.

1. Desear mucha suerte a Begoña en su aventura televisiva.

2. Quitarme el sombrero ante tanto arte: El de ella, y el de los maestros que han desfilado por esta historia. Las imágenes son la gran mayoría de los propios museos donde están expuestas las obras (gracias).

3. Y dar gracias a todos los que os asomáis por aquí… cada vez más. ;-) .

4. Y debía ponerle esta canción a la estrella de este blog… Cuando quieras Niña Pastori.

 

Restaurante La Salita

Calle Séneca 12. Valencia

Tel. 963817516

(su web es un poco chunga)

Sobre el autor Jesús Trelis
Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.