Las Provincias

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Unas Fallas para comérselas
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Jesús Trelis | 17-03-2017 | 12:33

P R E S E N T A:

Todo es gastronomía. Todo son mesas, sabores, perfumes (o no tanto), colores, especias que vuelan, luces, pólvora, pinturas, colores,  hilos que mueven las fantasías, cuchillos que vuelan, ojos que miran, paseos por las nubes, cervezas en las barras, restaurantes que batallan con furgonetas -salchichas con ruedas- que han tomado la ciudad. Todo es teatro, comedia, música, fiesta, martirio, ruido, espuma que se desborda, menús con paella, sangrías y aguas de Valencia. Todo es cartón piedra. Gastronomía desatada que nadie sabe por dónde se escapa. La ciudad repleta de una fantasía desvocada: del Convento a la India, de la revolución francesa al Pilar de la ironía, de la gloria de L’Antiga, a la seducción de estos días. Todo es gastronomía… Gastronomía de cartón piedra… ¿Paseamos por las nubes?

PASEN Y VEAN….

PASEN Y VEAN!

Reportaje fotográfico Jesús Trelis.
(Imágenes, entre otras, de la Falla de Convento, El Pilar, Falla infantil del Ayuntamiento…)

YA LO SABES. Y si no, Mister Cooking te lo cuenta. El cartón piedra ha tomado la ciudad. Y huele a aceite, a salchichas, a pólvora; a claveles, cuando la Ofrenda; a pintura, justo después de la plantà. Hay ruido al nivel de tempestad; y música de charanga, de tanto en tanto, para animar. Paquito chocolatero y buñuelos.

Los benditos buñuelos

A mí me gustan los del barrio. Quizá porque tienes la complicidad del vecindario. Aunque, espiando y espiando vi largas colas en la plaza de Doctor Collado. Aquello era un espectáculo. De gente esperando; de media docena de manos, elaborándolos. El buñuelo, hazme caso, puede ser mágico.

Como en  los cuentos, la calabaza acaba engullida por la masa. Y cuando ésta está hechizada… pasa lo que pasa… Ves, como en la falla infantil del Ayuntamiento –que este año parece menos falla, pero tiene la magia de ser más literaria- como las fantasías se desbordan. Como si fueran hijas de un hechizo. ABRACADABRA! E igual disfrutas con Moby Dick que con unos globos aerostáticos;  igual disfrutas de un Quijote reinventado, que de la reina de corazones que grita, con su diminuta garganta: ¡Que le corten la cabeza, que le corten la cabeza! Igual disfrutas de Caperucita, que de un dragón que se adivina entre pequeños trozos de madera bien avenidos. Piratas, bucaneros, El Principito.

UN MENÚ DE CUENTO

En los calles… pasen y vean.

En los bares, vuelan las cañas. En los restaurantes, los menús ad hoc (pensando en la ocasión) y en las mesas del casal desde bocatas de morcilla y habas a las paellas encargadas. Pasen y vean, pasen y vean… la ciudad transformada. Los Food Trucks han desembarcado, como si fueran al asalto de hambrientos viandantes. Aromas variopintos y oleosos. Perfumes (¿?) callejeros que embadurnan la villa de ese olor a refrito que parece que tiene que ir parejo a la palabra fiesta. (No me meto con ello, la verdad, pero me duele ver a las puertas de restaurantes, cafeterías u otro negocio fijo de hostelería, que esperan estos días para recibir un empujón y seguir adelante, una caravana repleta de hot dogs… pero bueno, son cosas mías. Mister Cooking y sus histerias sobrevenidas). En los bares, vuelan cañas. En los restaurantes, los menus ad hoc, te decía. 

¿Unos Amparitos en La Pitanza, por ejemplo?

¿Un arroz a banda para la barraca?

En los bares, vuelan cañas.

En los restaurantes, los menus ad hoc.

¡

Pintura y pantomima se fusionan con la gastronomía. No es ironía lo que escribo. Son palabras peladas con un cuchillo sin demasiada recreación. Son reflexiones de vuelta y vuelta, con una pizca de sal y una lluvia ligera de pimienta. Una falla en la que las zanahorias se pasan por la guillotina. Copas de vino que parecen robadas a la alta aristocracia. Cuchillos afilados, un montón de platos, una botella de cola a punto de sumarse a la fiesta. Y un sinfín de invitados al gran festín del cartón piedra… No falta ni Pantraguel. Passen y vean, pasen y vean…

Zanahorias a la guillotina!!!

 

 

 

 Cuchillos que vuelan!

Si, pasen y vean el gran teatro de las fallas. Cómanse la vida. Todos somos, como esos ‘ninots’ de cartón y madera, personajes en esta historia. Somos marionetas, felices ante una mesa. Pasen y vean. Pasen y vean …

UNAS FALLAS PARA COMÉRSELAS

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Sobre el autor Jesús Trelis
Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.