Las Provincias
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Algo así como un cuento de Navidad
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Jesús Trelis | 24-12-2017 | 12:08

NOCHEBUENA. Anochece en la ciudad. A esas horas y en ese lugar se enmarca lo que podría ser…

ALGO ASÍ COMO UN CUENTO DE NAVIDAD

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#buscandohistoriaspornavidad

24.12.2017. 21:00 HORAS. EN UNA CIUDAD CUALQUIERA… 


Las luces del árbol que se encendían y se apagaban; el jolgorio de vecinos que se preparaban para la cena; el horno, al mínimo; el cordero y sus aromas; el Rey en la televisión. «¿Os podéis callar, no oigo nada?», alguien rogó. En la calle, sobre un banco, compartían noche el viejo que no sabe quién es y un joven que quiere olvidar. «Tú eres Melchor y yo Gaspar», le dijo el que quiere borrar su pasado dando un sorbo al tetra-brick. «Hoy es Nochebuena», susurró. «¿Qué es eso?», le contestó su compañero de trago apurando un cigarro.

Una pareja aparcó su coche justo al lado. «Llegamos tarde, pobre abuela», dijo la joven. A través de una ventana, una anciana bien engalanada, observaba intranquila. Sonó el timbre, la abuela abrió, la nieta sonrió, el joven que le acompañó le saludó discreto. «Encantado de conocerla», dijo con un castellano de chapurreo. «Es mi novio. Vino a España en una patera… Lo conocí en la ONG», le desveló a la anciana al oído tomándola del bracillo y llevándola hacia dentro de la casa. Se besaron. Se miraron. «¡Qué bueno que hayáis venido!», les dijo caminando hacia la cocina. «He hecho la carne rellena que tanto le gustaba a tu mamá». La recordaron en silencio. En el aparador, junto a un nacimiento, la foto de Isabel. Fue asesinada por su pareja. Hace tres años. «Qué guapa era», masculló él.
En la calle, una ambulancia que pasaba acelerada. En su interior, un conductor y un enfermero de guardia. Una mujer de parto y su marido apurado. «Corred, corred que no llegamos», exclamó él. Ella gritaba. «Aguanta, por Dios», le pidió su esposo. A la altura del parque, una rueda reventó. La ambulancia se zarandeó y quedó averiada en mitad de la carretera. El enfermero y el conductor se miraron. El marido observaba pálido. «Tranquila», sollozó.
«Vamos a cenar», dijo la anciana a la pareja. «¡El vino!», masculló ella. «Balta, ves al coche a por él, ¿por favor?», le rogó sonriendo a su chico.
El enfermero atendía en mitad de la carretera a la mujer de parto. «Tranquila, respira ¿cómo te llamas?», preguntó. «María», respondió. «Tranquila, María, respira», le insistió. El conductor salió a la avenida a pedir ayuda. «¿Alguien tiene un coche?», vociferó. El joven que quería olvidar y el viejo que olvidó se acercaron. «¿Qué pasa? Somos Melchor y Gaspar», susurraron asomando la cabeza a la ambulancia y viendo nacer, con cara de perplejidad, al pequeño de María. Tras ellos, con su botella de vino en las manos, apareció Balta. «¡Gloria a Dios!», murmuró. La sirena iluminaba la noche de naranja. En el cielo, una estrella. A su lado, un ángel. «Se llamará Jesús», exclamó. En las casas, mazapán y turrones. Había besos. Y cancioncillas de pastores.

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Cuentan que el día de Navidad, Melchor y Gaspar comieron junto a Baltasar en casa de la abuela de su novia. Y que los cinco vivieron una fiesta inolvidable alrededor de la mesa.

El quería olvidar, olvidó; el que quería recordar, recordó (y lloró) y todos sonrieron felices. Hubo ‘pilotetes de Nadal‘, como le habían enseñado a hacerlas a la anciana su madre. Una receta que pervive, pese al paso del tiempo, de generación en generación, conservando intacto el sabor de la tradición. Ese sabor eterno que acompaña a la cocina.

RECETA*

1/4 de carne picada. Si puede ser mezcla de cerdo y pollo, genial

piñones y perejil

un trozo de pan en remojo

un huevo

pimienta negra

nuez moscada rallada

y una pizca de ralladura de limón

Todo mezclado, hecho en `pequeñas porciones del tamaño de una pelota de golf y hechas con el caldo del cocido 🙂 

(*Inspiradas en las albóndigas de carne del Rte Lolo en Alcoi. Ya os hablaré de él… )

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Y la próxima semana… seguimos

#buscandohistoriasporNavidad

calabaza

y la próxima semana 🙂

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Sobre el autor Jesús Trelis
Soy un contador de historias. Un cocinero de palabras que vengo a cocer pasiones, aliñar emociones y desvelarte los secretos de los magos de nuestra cocina. Bajo la piel del superagente Cooking, un espía atolondrado y afincado en el País de las Gastrosofías, te invito a subirte a este delantal para sobrevolar fábulas culinarias y descubrir que la esencia de los días se esconde en la sal de la vida.