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Categoría: Drogas
La droga de los violadores

Echan droga a una bebida. Foto de Álvaro Cabrera.

Echan droga a una bebida. Foto de Álvaro Cabrera.

Un gran número de mujeres sufren agresiones sexuales todos los años en España tras ser drogadas con escopolamina. Forenses y policías confirman que los casos de intoxicaciones por esta sustancia estupefaciente, conocida también como burundanga, han aumentado en los últimos años. Su uso delictivo se ha extendido desde que Hitler y la CIA la utilizaran como ‘suero de la verdad’, y ahora está al alcance de violadores y ladrones a través de internet.
La voluntad de la víctima y su capacidad para resistirse a cualquier tipo de agresión se anulan en pocos minutos con unos gramos de escopolamina, pero una dosis alta puede causar la muerte.  Los restos de esta droga desaparecen muy rápido de la sangre, por lo que su uso es muy complicado de demostrar. Además, muchas mujeres no presentan denuncia para evitar lo que se denomina la segunda victimización, la angustiosa situación que supone revivir la agresión o los abusos sexuales durante el protocolo de actuación para investigar el delito ante policías, forenses, abogados, fiscales y jueces.
Violadores, ladrones y otros delincuentes sin escrúpulos utilizan esta droga para doblegar a sus víctimas. Es una sustancia muy difícil de detectar porque es incolora, inodora e insípida. El alcaloide, que se extrae de plantas como la mandrágora o el beleño, se puede administrar por vía oral, inhalatoria o cutánea sin ser percibido por la víctima en dulces, chocolatinas, bebidas, un ungüento aplicado en la piel o un simple cigarrillo.
La escopolamina no está incluida en el catálogo de sustancias estupefacientes y psicotrópicos prohibidos, por lo que resulta difícil para la Policía Nacional y la Guardia Civil mantener un control estricto sobre su cultivo, venta y consumo. Por ello se vende a través de internet y cualquier persona puede acceder a esta droga con un simple ‘click’ a un precio muy económico.
Aquel consejo de las madres, “ten cuidado para que no te echen nada en la copa”, se ha convertido en una recomendación efectiva. Los efectos de la burundanga son mareo, sensación de ebriedad, anulación de la voluntad durante una o dos horas (depende de la cantidad ingerida) y amnesia temporal. La víctima no suele oponerse a lo que le piden y cuando despierta no recuerda lo ocurrido.
Los casos se repiten con una frecuencia alarmante en España. Los hechos que denuncias son muy similares. Una joven acude a la policía porque sospecha que un individuo la violó tras drogarla con alguna sustancia sin que ella se diera cuenta. Los médicos confirman que la chica ha mantenido relaciones sexuales, pero no encuentran restos del estupefaciente. El escenario habitual suele ser una discoteca o un pub, y el método consiste en polvorear y mezclar la droga en una bebida.
La inmensa mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes, pero hay excepciones. Algunas prostitutas utilizan la burundanga para robar a sus clientes. También hay ladrones que usan la burundanga para aturdir a personas mayores con la intención de sustraerles dinero y joyas. Aunque no existen estadísticas policiales sobre este método delictivo debido a lo difícil que resulta probar la intoxicación con esta droga, en el Instituto Nacional de Toxicología, dependiente del Ministerio de Justicia, se analizan más de un centenar de muestras al año con escasos resultados positivos.
El pasado verano, una vecina de Tavernes de la Valldigna denunció ante la Guardia Civil que tres ladrones la drogaron para sustraerle 6.000 euros de su cuenta bancaria. La víctima, de unos 60 años de edad, acudió al banco para retirar algo de dinero con el fin de acudir al mercadillo y pasar el fin de semana. Su intención era sacar 120 euros. Sin embargo, al final fueron más de 6.000 euros los que extrajo de dos sucursales sin ser consciente de lo que hacía, según la denuncia, para entregárselos a los individuos. La víctima dijo que le rociaron la cara con un aerosol.
En mayo de 2012, la Policía Nacional detuvo a un hombre que se hacía pasar por un curandero para abusar sexualmente de mujeres. El individuo, que tenía 48 años, captaba la atención de sus víctimas con un discurso esotérico hasta que se ganaba su confianza. Después, les suministraba burundanga para anular su voluntad y consumaba los abusos. Hasta 40 mujeres denunciaron al falso chamán. Una de ellas se realizó un análisis el día después de sufrir el abuso sexual y entregó a la policía un informe médico toxicológico, cuyo resultado fue clave para la causa judicial al confirmarse que tenía en su organismo restos de escopolamina. Según las investigaciones, José Israel G. R. masajeaba a su clientas con un aceite que contenía burundanga.
¿Pero cuál es el origen de esta droga? ¿Por qué se llama burundanga? La tercera acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua generaliza al usar esta denominación para cualquier sustancia soporífera que le administran a una persona para robarle, un significado que se enmarca en un contexto de delincuencia procedente de Colombia. El nombre popular significa brebaje y se elabora con escopolamina, una alcaloide que se extrae de plantas de la familia de las solanáceas. Su toxicidad es muy grande. Se han dado casos incluso de intoxicaciones accidentales en niños por ingestión de una hoja de esta planta silvestre. Crece en orillas de ríos o vertederos de basuras, aunque se adapta a todo tipo de suelos.

Planta de burundanga.

La especie ‘Datura Stramonium’ es la más extendida. Sus hojas y semillas son la principal fuente de intoxicación. Su consumo en pequeñas cantidades sólo tarda en hacer efecto unos minutos y puede provocar delirio, parálisis, o incluso la muerte, tanto en personas como en animales. En los últimos años han sido varios los jóvenes que han fallecido o entrado en estado de coma por consumir esta droga junto a otras sustancias en diversos puntos de España.
El servicio de Inteligencia de Hitler la utilizaba como ‘suero de la verdad’ para descubrir a espías durante los interrogatorios y conseguir información. También se atribuye su uso a la CIA durante la Guerra Fría. La propiedad más peculiar de esta droga, que la hace única, es la pérdida de la memoria que causa en el consumidor o la víctima, de tal forma que no recuerdan lo que han hecho o dicho días después de haber tomado esta sustancia.
Las culturas precolombinas de los Andes fueron las primeras en utilizar la planta de la que surge la burundanga para fermentarla y mezclarla con otras sustancias antes de consumirla con el propósito de comunicarse con los dioses a través de un estado provocado de hipnosis. Y en medicina, la escopolamina se utiliza en muy pequeñas dosis como sedante sobre el sistema nervioso central y para prevenir el mareo y las náuseas. En el pasado se administraba también, junto a la morfina, como analgésico en los partos hasta su implicación como un factor causal de la tasa de mortalidad infantil.

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Un zulo para ocultar alijos de hachís en la playa de Cullera

Un zulo bajo la arena de Cullera.

Vídeo del zulo bajo la arena de Cullera.

La imaginación y astucia de algunos traficantes parece que no tiene límites. Bajo la arena de una playa de Cullera, la Guardia Civil ha descubierto el zulo metálico que utilizaba una banda para ocultar alijos de hachís. El escondite garantizaba el rápido desembarco de la droga cuando los radares del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) detectaban la embarcación de los narcos en aguas de Valencia. En pocos minutos, varios porteadores hacían desaparecer los fardos de hachís bajo la arena de las dunas.

Sólo había que levantar una pequeña trampilla en el techo del zulo para acceder al habitáculo. Tras ocultar la droga en un tiempo récord, los porteadores desaparecían en la oscuridad de la noche. Los individuos se perdían entre los campos abandonados y las cañas que rodean la playa de Les Basses.
Cuando las primeras patrullas de la Guardia Civil llegaban a la zona ya no quedaba nada sobre las dunas. Sólo algunas pisadas y surcos por el arrastre de los fardos delataban el desembarco de hachís que había tenido lugar pocos minutos antes. Los agentes no podían imaginar que la droga estaba en un zulo debajo de sus pies. Debajo de la arena y los matorrales.
Tras eludir el cerco policial, los porteadores acudían a un punto de encuentro convenido con anterioridad para huir todos en el mismo vehículo. La banda planeaba muy bien cada desembarco de hachís. Al ser posible, los traficantes elegían una noche de luna llena para llegar hasta la playa de Cullera con las luces de la embarcación apagadas.
Los cabecillas de la banda no se mojaban los pantalones. Para el trabajo sucio contrataban a una decena de portadores, que descargaban los fardos de droga y se arriesgaban a ser detenidos. Una labor delictiva por la que apenas cobraban un puñado de euros.
En el zulo también tenían preparadas varias garrafas con el combustible necesario para que la embarcación de los narcos pudiera regresar a la costa de Marruecos. La mayoría de las veces todo salía bien.
El alijo permanecía escondido bajo la arena varios días hasta que disminuía la vigilancia policial en la playa. Y cuando ya no veían patrullas de la Guardia Civil en la zona, los traficantes regresaban para recoger el hachís.
En otras ocasiones no hacía falta utilizar el zulo. Cargaban la droga en una furgoneta y la ocultaban esa misma noche en un almacén de la banda. Antes del traslado por carretera, los delincuentes se aseguraban de que no había controles policiales en las rotondas de Tavernes de la Valldigna.
«Olvidó cerrar la trampilla»
Pero el pasado mes de septiembre, uno de los porteadores cometió un error. «Huyeron a toda prisa y el último parece que olvidó cerrar la trampilla. Se lo pusieron en bandeja a los guardias civiles», asevera un vecino.
La playa se llenó de agentes en pocos minutos. Era de madrugada. «Creo que fue el cuatro de septiembre. Abandonaron la embarcación con la droga y hubo varios detenidos», recuerda el lugareño. Los perros de las casas cercanas no paraban de ladrar. «Al día siguiente aparecieron zapatillas en el camino y junto a la acequia. No les dio tiempo a calzarse», supone el testigo.
Días después, el vecino y un familiar se toparon con el zulo cuando caminaban por las dunas. Alguien se llevó la trampilla de hierro y dejó al descubierto el agujero en la arena con el peligro que esto conlleva. «Avisamos a la Guardia Civil, pero nos dijeron que ya lo sabían», afirma el hombre.
El cajón metálico continúa enterrado a escasos metros del mar en la playa de Les Basses, en el límite de los términos de Cullera y Tavernes de la Valldigna. El habitáculo es similar a un contenedor de mercancía portuaria, pero con unas dimensiones más pequeñas.
Los vecinos temen que algún niño pueda caer dentro. La zona es frecuentada por menores que juegan en las dunas de la playa. «Los apartamentos están muy cerca. El Ayuntamiento de Cullera tenía que haber tapado o extraído el zulo», señala el dueño de un chalé cercano. «El cajón es una trampa en la arena», añade el vecino.

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Los escondites de la droga

Por Javier Martínez (24 de abril de 2010)

La policía de Santander creía que lo había visto todo en materia de ocultación de droga hasta que descubrió el escondite elegido por un traficante: el pene. Tras sorprender al sospechoso cuando trapicheaba en plena calle y seguirlo hasta los servicios de un bar, los agentes le obligaron a desnudarse y comprobaron entonces que llevaba 23 papelinas ocultas en el prepucio.
Pero esta no es la única parte del cuerpo donde la bandas de narcotráfico ocultan las sustancias estupefacientes para eludir los controles policiales. La vagina, el estómago, la boca, los senos (con implantes de cocaína líquida) y el recto son otros de los escondites humanos.
La historia reciente de la lucha contra el tráfico de drogas en la Comunitat Valenciana está llena de ejemplos de métodos de ocultación muy ingeniosos, pero también de éxitos policiales que han situado a Valencia en los primeros lugares de la clasificación de ciudades de Europa donde más droga se interviene.
El Servicio de Vigilancia Aduanera, la Guardia Civil y la Policía Nacional han confiscado en lo que llevamos de año cinco toneladas de coca que fueron introducidas en España por los puertos de Valencia y Sagunto. La cocaína aprehendida en tres meses es casi la misma cantidad de esta droga decomisada en tierra en todo 2008 en España, y se aproxima a las 6,8 toneladas intervenidas el pasado año.
Los dos últimos alijos fueron incautados por la Policía Nacional a principios de abril en dos almacenes de fruta de Alicante y Sevilla. La cocaína estaba oculta en dos palés de plátanos procedentes de Ecuador. Los agentes decomisaron 1.425 kilos de esta droga.
El ingenio de los traficantes se agudiza ante la presión policial. Prueba de ello es la amplia lista de productos alimenticios utilizados para esconder droga. Desde sobres de sopa hasta botes de espárragos, pasando por judías pintas, cacao, café, frutas tropicales, dulces caseros e incluso tabletas de turrón o falsos regalos durante las fechas navideñas.
Las bandas de narcotráfico especializadas en el transporte marítimo también ocultan sus alijos entre latas de conserva de pescado, gambas o pulpos congelados, macetas, motores eléctricos, elementos de cerámica, cilindros de aluminio, bebidas gaseosas, tapizados de muebles, sistemas hidráulicos de frenos, etcétera.
Cuando se trata de poca cantidad, y especialmente en vuelos porcedentes de Suramérica, la droga viaja oculta en el propio organismo del ‘correo’, diluida en algún líquido o cosmético, en dobles fondos de maletas o impregnada en prendas de vestir, plantillas de zapatos, carpetas, etc…
Los traficantes también tienen predilección por los objetos infantiles y se aprovechan de su apariencia inocente para no levantar sospechas en los controles policiales. Así, los agentes aduaneros han descubierto droga en juguetes, muñecos de peluche o pañales. Otros objetos donde ocultaron estupefacientes son la escayola de una pierna supuestamente rota, un rosario, una tabla de windsurf, una muleta, una vajilla y un colchón hinchable.
Pero algunas veces tan importante es el método de ocultación como el día elegido para introducir la droga por el mar o un puesto fronterizo. Así, una banda de narcotraficantes aprovechó la noche de San Juan de 2001 para desembarcar hachís en una playa cercana a Gandia; y un ‘correo’ eligió para cruzar la frontera una tarde que la selección española de fútbol jugaba un partido decisivo. Los primeros se mezclaron con el gentío y consiguieron su propósito, pero el segundo fue detenido. El agente que prestaba servicio en la aduana no era futbolero y, por ende, no estaba pegado a la tele y decidió registrar a fondo el coche del sospechoso.
La Brigada Central de Estupefacientes, adscrita a la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Comisaría General de Policía Judicial, lleva más de cuatro décadas luchando contra esta lacra social y constituye una de las unidades con mayores incautaciones de droga de toda Europa. Los Grupos de Respuesta Especial al Crimen Organizado, creados en 2005, constituyen otra herramienta efectiva para hacer frente a las redes de narcotraficantes.

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Vuelos nocturnos en busca de droga

Javier Martinez (18-03-2010)

El ‘Cuco’ siempre levanta el vuelo. Con lluvia, viento traicionero o niebla, el helicóptero de la Guardia Civil realiza unos 500 servicios al año en la Comunitat Valenciana. En el argot policial, ‘Cuco’ es un nombre en clave para referirse a la aeronave en las comunicaciones policiales tan escuchadas en otros tiempos por radioaficionados e incluso delincuentes.

Con sofisticados aparatos de grabación, nada o casi nada se escapa a vista de pájaro. Plantaciones de marihuana, vertidos ilegales en el parque natural de la Albufera, lanchas neumáticas con alijos de hachís, atracadores que huyen a toda velocidad con un coche de alta gama… Toda actividad delictiva que detecta la tripulación del helicóptero puede ser fotografiada o grabada desde el aire. Las imágenes quedan inmortalizadas en las cámaras digitales y se convierten en las pruebas del delito.

La mayoría de los vuelos se realizan de día, pero el ‘Cuco’ también vigila el litoral de noche para impedir los frecuentes desembarcos de droga y localizar pateras. Un potente foco de rastreo y otros elementos optrónicos aumentan las posibilidades de éxito de estos servicios nocturnos.

La aeronave está dotada de la más moderna tecnología. Los agentes de Unidad de Helicópteros de Valencia (UHEL 31) disponen de radares, visores con sistema de infrarrojos y cámaras fotográficas de alta resolución. También cuentan con dispositivos de vídeo que graban y transmiten imágenes en tiempo real.

Desde 1992, el año de fundación de la UHEL 31, los tres modelos de helicóptero utilizados por esta unidad volaron cerca de 8.500 horas en misiones de todo tipo. Los servicios consisten en rescates en zonas montañosas, búsqueda de personas desaparecidas, control de quemas de rastrojos, detección de vertidos y construcciones ilegales, vigilancia de parques naturales, prevención de incendios forestales y colaboración con otras unidades y grupos de investigación de la Guardia Civil.

Algunos de los salvamentos son muy peligrosos debido a las condiciones meteorológicas adversas. En diciembre de 2004, el ‘Cuco’ localizó en el barranco del Infierno en la Vall d’Ebo a cuatro personas que estaban aisladas en un peñasco y a punto de ser arrastradas por las crecidas aguas. La tripulación del helicóptero fue condecorada tras arriesgar su vida en un complejo rescate con escasa visibilidad.

Otro servicio destacado tuvo lugar en diciembre de 2000 cuando otra aeronave de la Guardia Civil colaboró en la detención de dos atracadores en Moncofa. Los agentes recuperaron 80 millones de las antiguas pesetas -el botín- y dos armas de fuego. Y en mayo de 2006, dos helicópteros de la UHEL 31 persiguieron y posibilitaron la captura de otro peligroso ladrón que huyó de forma temeraria con un coche por la A-3.

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Un helicóptero de la Guardia Civil busca plantaciones de marihuana

Por Javier Martínez

Lucha sin cuartel por tierra y por aire contra el cultivo de marihuana. Con esta premisa, la Guardia Civil recoge su particular cosecha en plantaciones ilegales, invernaderos clandestinos, terrazas, patios interiores e incluso balcones. La operación Hoja Verde (nombre ficticio) se salda todos los años por estas fechas con miles de plantas quemadas y decenas de detenidos.

¿Pero cómo localiza la Guardia Civil estos cultivos prohibidos en lugares recónditos? Un helicóptero del instituto armado sobrevuela diariamente la Comunitat Valenciana en busca de plantaciones de «maría». Los vuelos, la mayoría de ellos programados, se realizan en aquellos términos donde la Guardia Civil sospecha que podría haber cultivos de marihuana.

Con sofisticados aparatos de grabación, nada o casi nada se escapa a vista de pájaro. Miles de plantas son fotografiadas desde la aeronave. Todas quedan inmortalizadas en la cámara digital. Las imágenes se convierten en las pruebas del delito.

El helicóptero de la Guardia Civil está dotado de la más moderna tecnología. Los pilotos y los agentes que les acompañan disponen de cámaras con sistema de infrarrojos, radares, cámaras fotográficas y visores nocturnos, entre otros aparatos. También utilizan dispositivos de vídeo que graban y transmiten imágenes en tiempo real.

Las pruebas que obtienen desde al aire son tan evidentes que el juez no duda ni un segundo en firmar la orden de registro. Una vez conseguida la autorización, la incautación de la marihuana y el arresto del responsable de la plantación es inminente.

Los cultivadores de «maría» se quedan algunas veces perplejos cuando varios guardias civiles se presentan en su casa y les dicen que están acusados de un delito contra la salud pública. Ni se imaginan cómo han obtenido las pruebas de su actividad ilícita.

Lo habitual en la Comunitat Valenciana son pequeños cultivos en patios interiores de casas, balcones, terrazas y habitaciones acondicionadas, aunque hay precedentes de hallazgos de grandes plantaciones al aire libre, como sucedió en octubre de 2008 en un monte de Alcalà de Xivert.

Sólo en contadas ocasiones se suspenden los vuelos programados. Con viento traicionero o con la mañana despejada, en la aeronave suelen viajar dos pilotos, un mecánico y el agente que toma las imágenes. Las unidades que requieren la colaboración del helicóptero suelen ser varias: el Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona), el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) o cualquier Grupo de Policía Judicial.

Pero los cultivadores de cannabis son cada vez más recelosos. Desconfían de sus vecinos. Saben de las misiones del helicóptero verde. La voz de alarma corre desde hace tiempo por los foros de internet. La operación Hoja Verde de todos los años es como un secreto a voces. Por ello, ocultan las plantaciones en sus propias casas. Idean verdaderas maravillas de ingeniería doméstica para proporcionar a la marihuana la luz, el calor y el agua que necesita para crecer. Y todo dentro de cuatro paredes y un techo. Fuera del alcance de cámaras y miradas indiscretas.

Pero la horticultura casera de «maría» también tiene sus peligros. Demasiados aparatos. Lamparas de calor, humificadores, extractores de aire, termómetros, etcétera. «El riesgo de cortocircuito es muy grande», asegura un portavoz de los bomberos de Valencia. «No es la primera vez que hemos sofocado un fuego en una habitación llena de plantas de marihuana», añade.

El 7 de julio de este año, un incendio en un piso de Torrent destapó un invernadero clandestino de «maría». Durante la extinción del fuego, los bomberos descubrieron 38 plantas de marihuana. El dueño de la casa pasó de víctima a detenido en pocos minutos. En lo que llevamos de año, la Guardia Civil y la Policía Nacional han desmantelado una treintena de estos cultivos ilegales en la Comunitat.

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Una decena de clanes se reparten el tráfico de drogas en Valencia

 TONI BLASCO Y JAVIER  MARTÍNEZ   (VALENCIA)

Colombianos, africanos y españoles controlan el tráfico de droga en la ciudad de Valencia. Los primeros son los amos de la coca, mientras que los segundos distribuyen la heroína y el hachís, y varios clanes de etnia gitana se surten de estos delincuentes extranjeros para abastecer también su mercado.

Todos cohabitan en la gran urbe y sacan tajada con beneficios millonarios en algunos casos. Cada uno en su barrio y con su clientela. Los traficantes noveles compran la droga a los grupos más organizados y con cierta infraestructura para introducir alijos de cocaína o hachís por el puerto de Valencia, la estación del Norte, el aeropuerto de Manises, una cala recóndita o cualquier carretera.

Fuentes de la lucha antidroga cifran en una decena los clanes que operan en la actualidad en la ciudad de Valencia. El abastecimiento de droga por parte de estos grupos sólo se interrumpe por las constantes operaciones de la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado (UDYCO) de la Policía Nacional. Las investigaciones duran varios meses en algunos casos hasta que los agentes recopilan pruebas suficientes para que los jueces envíen a prisión a los detenidos.

Los principales focos de distribución de droga se encuentran en el cruce de las cuatro esquinas en Velluters (calle Viana con Torno del Hospital) y varios puntos del distrito Marítmo, concretamente en las fincas conocidas como las Casitas Rosa en la Malvarrosa, el barrio de Nazaret y el entorno de la calle Islas Canarias con la avenida del Puerto.

Otras zonas de trapicheo se localizan en Benicalap, entre las calles Padre Barranco y el Garbí; en la zona de las calles Sagunto y avenida de Burjassot; y algunas calles del barrio de Patraix.

Nuevos «camellos»

La crisis económica y la escasez de trabajo también afectan al mundillo de la droga. Las bandas que trapichean con cocaína y drogas de diseño en Valencia han captado en los últimos meses a jóvenes desempleados. Así se desprende de algunas investigaciones policiales que continúan abiertas.

Toxicómanos que sólo consumían de tarde en tarde y conocían a quien le suministraba la sustancia estupefaciente, ahora se ofrecen como «camellos» para vender droga en su entorno y su barrio, incluso en su finca o desde su propia casa. Allí acuden sus conocidos a comprar un gramo de coca, a veces fiado, hasta conseguir el dinero para saldar la deuda. De no pagar a tiempo, los problemas no tardan en llegarle en forma de advertencia seria: un toque de atención con agresión incluida, amenazas de muerte o la quema del coche.

Y si persiste en mantener la deuda, algunos traficantes no dudan a la hora de apretar el gatillo o esgrimir una navaja. Estos crímenes suelen ser una demostración de fuerza para disuadir a otros posibles deudores. En el mundo de la droga parece que todo vale. O casi todo. Venganzas, asesinatos para robar un alijo, apuñalamientos por una simple dosis… Y luego se impone la ley del silencio. Los testigos enmudencen. Nadie ha visto nada.

Una veintena de crímenes cometidos en la Comunitat Valenciana en los últimos cinco años guardan alguna relación con el narcotráfico. El último de ellos fue perpetrado el 17 de septiembre de 2009 en la calle Luis García-Berlanga Martí, junto a l”Oceanogràfic.

El dueño de un pub de Massanassa, José Luis G., de 43 años, fue asesinado de un disparo en la cabeza en su Audi A3. Tras una ardua investigación, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional apresó en Alginet a tres hombres por su implicación en el crimen. El juez que instruye el caso ordenó el ingreso en prisión de los tres detenidos por los delitos de asesinato, tráfico de drogas, robo con violencia y tenencia ilícita de armas. El robo de un alijo de cocaína desencadenó esta muerte violenta.

Otros que se lucran con el dinero del narcotráfico son los correos o «mulas», personas que transportan droga en su cuerpo o equipaje. Suelen ganar unos 3.000 euros por viaje realizado. Un «trabajito» al mes será suficiente para mantener la hipoteca, la mensualidad del gimnasio y el alto tren de vida -con ropas de marca, coches de lujo y otros caprichos- que llevan algunos de los incipientes narcos.

Pero todos los jóvenes no pueden iniciarse en el mundo de la droga como correos. Las bandas organizadas seleccionan muy bien a sus «mulas». Buscan a personas sin antecedentes delictivos para no levantar sospechas en los controles de aeropuertos, estaciones de trenes y fronteras.

Además de poner en peligro su libertad, pues acaban con sus huesos en la cárcel si son descubiertos, los correos también arriesgan su vida en algunas ocasiones. Los narcos introducen los estupefacientes en envoltorios de huevos Kinder o similares, que son utilizados como bolsas marsupiales para minimizar riesgos de intoxicación.

Luego son los propios jóvenes quienes ocultan la droga en su organismo, en el estómago, ano o vagina principalmente, aunque también se han dado casos en los que se realizan implantes de estupefacientes en los pechos a modo de silicona. La defecación o una presión corporal hace que los pequeños recipientes de plástico sean expulsados y las sustancias pasen a las manos de los «camellos».

Pero si el envoltorio se rompe en el estómago, la intoxicación puede causar la muerte. En agosto del año pasado, un «mulero» falleció en Cádiz al sufrir complicaciones cuando expulsaba en su casa 66 bellotas de hachís que había ingerido.

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Sobre el autor Javier Martínez
Javier Martínez Fernández nació en Granada, aunque reside en Valencia desde que tenía ocho años. Hijo de padres jienenses (naturales de Beas de Segura), también vivió en Almuñécar, Pilar de la Horadada y Elche. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, redactor del periódico Las Provincias desde 1989 y colaborador de Gestiona Radio y CV Radio Valencia. Javier siente y vive su profesión, aunque algunas veces se queja de que le toca bailar con la más fea: la crónica negra. Desde que se especializó en la crónica de sucesos, ha participado en tres seminarios de la Universidad CEU Cardenal Herrera (como ponente y organizador) sobre el periodismo de sucesos, es coautor de cuatro libros de formación para policías y guardias civiles, fue profesor del Máster de Periodismo de Las Provincias-CEU Universidad Cardenal Herrera y conferenciante en el Coloquio Internacional para una Comunicación Libre de Violencia celebrado en México en 2010. El autor de este blog ha intervenido también en numerosos programas de radio y televisión ('Espejo Público', 'Cuarto Milenio', 'Equipo de Investigación', 'Informe DEC', 'Sabor a ti', 'Esta noche cruzamos el Mississipi', 'Milenio 3' y 'El rastro del crimen') y publicó 30 reportajes en la revista especializada 'Así son las cosas' entre 2003 y 2007.

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