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La joven atada a un árbol y las familias amenazadas en un camping

Dos sucesos y varios consejos protagonizan esta semana el espacio dedicado a la crónica negra en el programa ‘Puertas Abiertas’ de CV Radio Valencia:

El caso de la joven marroquí atada a un árbol frente a la mezquita de Catarroja causó una gran conmoción en esta localidad valenciana. La Guardia Civil detuvo a un familiar de la víctima como presunto autor de la agresión. Según la joven, su tío la amenazó y golpeó en varias ocasiones porque no consentía su relación sentimental con un chico español. Otros familiares de la supuesta víctima y del detenido aseguran que el sospechoso es inocente y que estaba en Barcelona cuando ocurrieron los violentos hechos en Catarroja.

Un hombre armado con una pistola protagonizó otro grave suceso al amenazar a tres familias que estaban cenando en el camping del complejo Devesa Gardens. El individuo fue detenido por la Guardia Civil de El Perellonet tras unos minutos de tensión, nerviosismo y pánico. Los violentos hechos ocurrieron después de que el hombre de nacionalidad francesa llamara la atención a estas personas porque le molestaban las voces que él escuchaba desde su autocaravana.

El portavoz de la Policía Nacional de Valencia, José Lozano, explica en el programa de CV Radio (94.5 FM) las características que deben tener las contraseñas de los teléfonos móviles y correos electrónicos para que sean seguras.

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Detenido el atracador de taxistas

En el programa de hoy de CV Radio analizamos con Vicente Quintana y José Lozano, portavoz de la Policía Nacional de Valencia, la oleada de atracos a taxistas en Valencia. La Policía Nacional ha detenido al presunto autor de los robos. El delincuente está acusado de 11 atracos en la ciudad de Valencia. El individuo arrestado actuaba con gran violencia y apuñalaba a las víctimas tras cogerlas por el cuello para luego robarles la recaudación. También hablamos de los bulos sobre secuestros de niños que se difunden a través de WhatsApp y de la detención de un presunto islamista en Benetússer.

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“Ricart es mi padre y se merece como mínimo que lo escuche”

Veinticuatro años después del triple crimen de Alcàsser, la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) sigue incluyendo a Antonio Anglés Martins en su lista de los delincuentes más buscados, y Miguel Ricart Tárrega continúa en paradero desconocido tras mantener su nueva vida en el anonimato. El 29 de noviembre se cumplieron tres años de la salida de prisión del único procesado por los asesinatos y violaciones de Toñi, Míriam y Desirée.

Miguel Ricart.

Miguel Ricart.

Tras pasar entre rejas 21 años, ‘El Rubio’, apodo de Ricart en su juventud, vivió todo ese tiempo encerrado en su mundo. Su vida en la cárcel era tan mortecina como cómoda. Sólo la cuenta atrás de su libertad, cuando el Tribunal de Estrasburgo tumbó la doctrina Parot, devolvió cierta complacencia al recluso.

Cinco familiares (su hija, una hermana y tres sobrinos) son las únicas personas allegadas que podrían compadecerse aún de Ricart, que no se ha puesto en contacto con ningún familiar desde que salió de prisión. Su expareja no quiere saber nada de él, pero su hija no descarta reunirse algún día con su padre «para escuchar sus explicaciones», asegura la joven. Su madre y sus tías le aconsejan que nunca dé ese paso. Siguen sin fiarse de ‘El Rubio’, aunque en 1993 asegurara a un psicólogo en la cárcel que su hija era «lo más importante de su vida».

«Yo pensaba que cuando saliera en libertad se pondría en contacto conmigo, pero han pasado ya tres años y es como si se lo hubiese tragado la tierra», afirma Rosa. «Me hubiera gustado que hubiera tenido algún interés por conocerme. Soy su única hija», añade. Respecto a los motivos de la falta de afecto o desinterés, la joven cree que Ricart teme no ser bien recibido. «Supongo que él piensa que lo hubiera rechazado, pero es mi padre y se merece como mínimo que lo escuche», señala.

Sobre la reinserción de ‘El Rubio’ después de pasar 21 años entre rejas, Rosa recuerda que había mucha gente que opinaba que volvería a delinquir tras salir de la cárcel. «La buena noticia es que se equivocaban», dice con firmeza. La joven de 26 años protege al máximo su intimidad y recela de algunas personas desconocidas que le preguntan por el caso Alcàsser. «Siempre he querido guardar mi anonimato. Soy ajena a todo lo que pasó, pero hoy en día con las redes sociales es casi imposible», asegura Rosa. «La gente, seguramente por morbo, me busca e intenta ponerse en contacto conmigo para poder llegar a mi padre, y eso lo sufrimos mi pareja y yo», agrega con el rostro cariacontecido.

Rosa Ricart.

Rosa Ricart.

El circo mediático que siempre ha rodeado al caso Alcàsser también ha afectado a la joven tras algunas falacias y comentarios macabros que se han difundido a través de internet. «Me gustaría denunciar las barbaridades que se han dicho sobre mí y mi madre por los foros de debate que hablan del caso. Casi todo lo que se ha dicho sobre nosotras es mentira, y a veces me faltan fuerzas para desmentirlo una y otra vez. Mi novio se ha ocupado de poner las cosas en su sitio», asevera Rosa con el ceño fruncido.

Rubén asiente con la cabeza y añade: «He leído el sumario y hay muchas cosas que no encajan en el caso Alcàsser. Buscamos respuestas y no sé si Ricart las tiene, pero apoyo y ayudo a mi pareja en lo que ella quiera hacer. Es su padre y yo no tengo nada más que decir», asegura el joven. Según la sentencia condenatoria del Caso Alcàsser, Ricart y Anglés pudieron actuar en compañía, «posiblemente de alguna otra persona más», cuando invitaron a las tres jóvenes a subir al vehículo. Pero nunca se pudo demostrar la implicación de un tercer individuo.

Anglés tendría 50 años

Mientras el único procesado por el triple crimen parece haber rehecho su vida, el presunto autor material de los asesinatos sigue en la lista de los delincuentes más buscados por Interpol. Antonio Anglés tendría ahora 50 años si viviera. Los investigadores de la Guardia Civil y la Policía Nacional creen que Anglés murió ahogado en aguas de Irlanda, pero su cadáver nunca apareció. Y por este y otros motivos, Interpol mantiene activa su búsqueda.

Rostro envejecido de Anglés. Imagen cedida por el programa 'Espejo Público' de Antena 3..

Rostro envejecido de Anglés. Imagen cedida por el programa 'Espejo Público' de Antena 3.

Si nada ni nadie lo impide, los asesinatos y violaciones de Toñi, Míriam y Desirée prescribirían en 2029, cuando se cumplan veinte años de las últimas diligencias realizadas por el juzgado. A partir de esa fecha, Anglés sería inimputable en el supuesto caso de que estuviera vivo y fuera localizado. Las últimas investigaciones para intentar localizar su paradero se practicaron en 2009, cuando el juez autorizó la intervención de varios números de teléfono (fijos y móviles) de familiares de Antonio Anglés, entre los que se encuentra Kelly Faces, hermana del fugitivo y concursante del programa de televisión ‘Tú si que vales’ en 2012.

En enero de 2017 se han cumplido 24 años del hallazgo de los cadáveres de las niñas en un paraje de Tous. El 27 de enero de 1993, varios trozos de un volante médico con el nombre de Enrique Anglés, hallados cerca de los restos esqueléticos, condujo horas después a la Guardia Civil hasta el domicilio de los Anglés en Catarroja. Pero el presunto autor material de los crímenes ya no estaba allí, según los investigadores. Se iniciaba entonces una huida marcada por la suerte y el instinto de supervivencia del fugitivo, que se escondió durante varios días en casas abandonadas y chalés.

Tras ser cercado en los montes de Vilamarxant, Anglés secuestró a un agricultor y le obligó a llevarle en su furgoneta a la población conquense de Minglanilla. La víctima tardó dos días en denunciar los hechos. Las 48 horas de ventaja fueron decisivas en la fuga. Mientras la Guardia Civil buscaba al prófugo en los montes valencianos, el huido llegaba a Madrid y luego cruzaba la frontera de Portugal. Días después embarcó como polizón en el ‘City of Plymouth’ con destino a Dublín.

Tras ser descubierto, Anglés escapó en una embarcación neumática, pero un helicóptero lo detectó a 300 millas de Burdeos y lo devolvió al buque. El fugitivo pudo haber saltado al agua días después en la costa de Dublín y su rastro se perdió en el Atlántico. Desde entonces, su búsqueda ha continuado por distintos países de Latinoamérica y Europa.

Tres años en el anonimato 

Desde que salió de la cárcel de Herrera de la Mancha en 2013, Miguel Ricart fue sometido a una discreta vigilancia por la policía. Así lo confirmó en su día el fiscal general del Estado, aunque el revuelo mediático que causó su excarcelación le obligó a huir de ciudad en ciudad. En el tren que cogió en Manzanares (Ciudad Real) para desplazarse a Jaén nada más salir de prisión, viajaban dos policías de paisano que siguieron al recién liberado para averiguar dónde iba a dar con sus huesos.

Ricart se apeó en Linares, donde hizo sus primeras declaraciones en libertad a un periodista del programa ‘Espejo Público’ de Antena 3. «Mantengo lo que dije en su día. Soy una puta cabeza de turco. Tengo que demostrar que yo no fui», afirmó con su rostro oculto con un pasamontañas. «Lo que hicieron con esas chicas no tiene perdón de Dios», añadió mientras caminaba por una calle cercana a la estación de Linares. Las palabras del exconvicto se difundieron en un informativo y la web de Antena 3. Era el avance de una entrevista que nunca se emitió.  En los 50 minutos de conversación que mantuvo con un periodista, el expresidiario también habló de su pasado delictivo: «He infringido la ley, he cometido errores, he robado un banco, he robado mucho. Gilipollas… Pero de ahí a lo otro…»
Esa misma noche, Ricart fue trasladado a Madrid por dos reporteras de una productora. La polémica salpicó a Telecinco tras los rumores de que ‘El programa de Ana Rosa’ estaba detrás de una exclusiva. Horas después, Mediaset afirmó que no daría «minutos de gloria televisivos a un asesino temido y repudiado» por una sociedad muy dolida por las excarcelaciones de presos que se beneficiaron de la derogación de la doctrina Parot. Tras pasar por Córdoba, el exrecluso llegó a Valencia, donde estuvo unos 45 minutos aproximadamente en la estación de autobuses, y luego viajó a Girona. Allí volvió a pisar unas dependencias policiales para renovar su DNI, pero no pudo hacerlo porque no había pedido cita y le faltaba un documento.
La noche del 12 de diciembre de 2013, el exconvicto cogió un autobús con destino a Francia, donde se perdió su pista, aunque pudo regresar a España días después. Así lo indica un billete de autobús que compró para realizar el trayecto París-Girona, según publicó el periódico El Punt Avui. Ricart podría haber alterado el orden de sus apellidos cuando cruzó la frontera. Aquellos días necesitaba pasar desapercibido. Ocultaba su cara. Cambiaba su aspecto. Mucha gente conocía su rostro con una calvicie incipiente al publicarlo en portada La Razón. «La cara del diablo», tituló este diario al día siguiente de la excarcelación de ‘El Rubio’, que se había dejado barba. Salió de prisión con cerca de 2.500 euros después de trabajar dos años en el comedor de la cárcel. Tras varias días de acoso periodístico, Ricart desapareció y su paradero actual es una incógnita. Su hija tampoco sabe por dónde anda o se esconde. Sin arraigo familiar ni social, ‘El Rubio’ tiene muy poca gente que se apiade de él.

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El laboratorio de ADN de la policía esclarece 50 delitos mensuales

Un policía introduce un hisopo de algodón en la boca de un detenido y lo frota por el interior de la mejilla. Segundos antes, el agente le ha informado de sus derechos y le ha pedido su consentimiento, en presencia de un abogado, para la toma de una muestra de ADN. La escena se repite casi todos los días en el cuarto de reseñas en la Inspección Central de Guardia (ICG) del complejo de Zapadores en Valencia, donde son plenamente identificadas todas las personas que dan con sus huesos en los calabozos.

Pero la Policía Nacional no puede desnudar la intimidad genética de todos los detenidos, como hace EEUU al incluir el ADN de cualquier persona arrestada en sus bases de datos criminales, sin necesitar la autorización de un juez y sin importar el motivo. En España solo se puede requerir una muestra de ADN a determinados individuos que fueron detenidos o investigados por una serie de delitos de especial gravedad y repercusión social, como homicidios, violaciones, robos con violencia o fuerza en las cosas, así como en los casos de delincuencia organizada.

Cuando el sospechoso aún no ha sido detenido, la policía puede recoger su muestra genética abandonada, como un escupitajo o una colilla, sin que lo sepa el investigado y sin necesidad de autorización judicial. Una sentencia del Tribunal Supremo dio validez a la recogida y análisis de este tipo de pruebas.

La información genética se introduce después en la base de datos de interés criminal INT-SAIP, que tiene reseñas biológicas de origen conocido correspondientes a personas identificadas -sospechosos, detenidos e investigados- y perfiles dubitados que la policía no sabe a quién corresponden. Son restos de sangre, saliva o semen que fueron obtenidos en minuciosas inspecciones en escenas de crímenes, robos y violaciones. Las reseñas de ADN permanecen en la base de datos para el uso exclusivo de los investigadores, y resuelven muchos casos antiguos cuando se incluyen nuevos perfiles.

Las pruebas biológicas realizadas en el laboratorio de ADN de la Jefatura Superior de Policía de Valencia esclarecen una media de 50 delitos al mes, según fuentes oficiales. La Brigada Provincial de Policía Científica remite informes todos los días a los juzgados de su demarcación, concretamente la Comunitat Valenciana, Murcia y las Islas Baleares, con pruebas irrefutables que condenan todos los años a un gran número de procesados.

«Todos los policías que trabajamos en el laboratorio sabemos lo importante que es nuestra labor para probar la comisión del delito, y por eso somos muy meticulosos para evitar contaminaciones», afirma Ricardo Collado, inspector de la Policía Nacional y jefe del laboratorio de ADN. Las mascarillas, batas y guantes forman parte de su vestuario en cuartos estancos con cabinas biológicas de seguridad y equipos robotizados de alta tecnología.

Ochos policías, tres inspectores y personal administrativo trabajan en el laboratorio en diferentes turnos. Doce de ellos son titulados superiores en Ciencias (Biológicas, Químicas y Farmacia) y uno es licenciado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. En lo que llevamos de año, este equipo de profesionales ha realizado pruebas relacionadas con 1.800 asuntos, la mayoría de ellas en el curso de investigaciones por graves delitos, pero otras corresponden a la inclusión de perfiles genéticos en la base de datos de personas desaparecidas.

Laboratorio de ADN de la Policía Nacional. Foto de Irene Marsilla.El laboratorio de ADN de Valencia cuenta con el reconocimiento de garantía de la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) para la realización de ensayos forenses. «Esta entidad confirma la competencia técnica y garantiza también la fiabilidad en los resultados de todas las pruebas que hacemos para enviarlas al juzgado», asevera Collado.

Aunque las series de televisión han idealizado las inspecciones oculares y la recogida de restos biológicos en la escena de un crimen, todas las muestras que se analizan en el laboratorio no son útiles para los investigadores. En un hueso incinerado, por ejemplo, es muy complicado hallar moléculas de ADN; y un cabello sin bulbo ni raíz se puede analizar para exculpar a un sospechoso, pero en caso de coincidencia hay que tener en cuenta que el ADN mitocondrial de un individuo es idéntico en todos los parientes maternos, por lo que la prueba no será concluyente.

Toda la información genética que se obtiene en el laboratorio de Valencia se incluye en la Base de Datos Nacional de Perfiles de ADN, donde hay alrededor de 200.000 registrados, y para ello se utiliza el sistema informático CODIS, el mismo que usa el Departamento de Justicia de EEUU.

Las técnicas de análisis genéticos y la creación de bases de datos específicas constituyen el mayor avance en el área de la investigación criminal en los últimos diez años. Quizá en un futuro no muy lejano, además de una fotografía y de la huella dactilar, para expedir el DNI puede que sea necesario una muestra de saliva.

«El ADN no resuelve ningún delito por sí solo, pero contribuye en gran medida a su esclarecimiento, aportando pruebas y datos que son aprovechados por las unidades de investigación, como el Grupo de Homicidios o el de Atracos, y la propia autoridad judicial en última instancia», señala Francisco Planells, inspector jefe de la Brigada Provincial de Policía Científica de Valencia.

Trabajo en equipo

El trabajo en equipo de las unidades policiales de Valencia ha posibilitado la detención y el procesamiento de delincuentes muy violentos. «Hay que reconocer la labor callada que hay detrás de cada caso, desde el policía del grupo de reseñas hasta el personal administrativo que gestiona la documentación, sin olvidar que el asunto finaliza con la celebración del juicio, la condena del culpable, la satisfacción de la víctima o la exculpación del inocente», añade Planells.

Una muestra de ADN.El portugués Edgar Soares, de 40 años de edad, fue juzgado y absuelto en 2011 de una grave acusación: violar a una mujer bajo el antiguo cauce del río Turia. Soares estuvo en prisión preventiva casi un año hasta que un análisis de los restos de semen hallados en la víctima demostró que no coincidían con su perfil genético. Pese a que el fiscal no halló indicios de culpabilidad, la acusación particular mantuvo su imputación porque la víctima y su pareja lo habían reconocido sin ningún género de dudas.

Nada más entrar en las dependencias de la Policía Científica en la Jefatura Superior de Policía de Valencia, una memorable frase en un cartel recuerda la importancia de la labor probatoria: «Todo aquello que se afirma sin pruebas, también puede ser negado sin pruebas». El trabajo de la Policía Científica no acaba en el laboratorio. Falta el último paso: responder a las preguntas de jueces, fiscales y abogados en el juicio. Las declaraciones de los especialistas desmontan coartadas y descubren mentiras de asesinos, violadores o ladrones.

Hace cuatro años, la Audiencia Provincial de Valencia condenó a un hombre a doce años y nueve meses de prisión por matar a Alejandra Buesa, de 48 años, en una vivienda de la calle Císcar. Los restos de ADN hallados por la Policía Científica en el fular utilizado para estrangular a la víctima y una ardua investigación del Grupo de Homicidios posibilitó la detención, procesamiento y condena del homicida.

Otro crimen resuelto por el ADN y las pesquisas policiales fue el asesinato de Vicente Marco, abogado y cabeza de lista por Los Verdes Ecopacifistas a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid en el año 2011. El 13 de febrero de 2011, la Policía Científica halló ADN del asesino en un zapato en la escena del crimen, un piso de la calle Hernán Cortés donde el detenido dijo que no había estado nunca. Al final, Toufik S. confesó que mató al letrado de una puñalada en el corazón y fue condenado a 21 años de prisión.

 

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Un supuesto caso ‘poltergeist’ causó disturbios en Valencia en 1915

Un edificio de la plaza del Esparto en la Valencia de principios del siglo XX fue el escenario de un supuesto caso ‘poltergeist’ con disturbios en el centro de la ciudad y varios titulares en la prensa. Los ruidos procedentes de un inmueble situado en el número 7 de la plaza, concretamente al final de la calle Caballeros, causaron un gran revuelo entre los vecinos del barrio y empezaron a acudir curiosos que querían escuchar al duende de la plaza del Esparto, el sobrenombre que algunos pusieron al autor de los golpes.
Las aglomeraciones de personas obligaron a cortar el acceso peatonal a la plaza y tuvo que intervenir la policía, el juzgado, el Ayuntamiento de Valencia y hasta el gobernador civil de la época. LAS PROVINCIAS publicó varias noticias aquellos días de julio de 1915 para informar de las investigaciones policiales y de los altercados en pleno centro de Valencia. Cinco guardias de seguridad resultaron heridos al ser apedreados por un grupo de alborotadores.
Tras varios días de pesquisas municipales y desórdenes públicos, los golpes desaparecieron sin que se resolviera el misterio pero con la sospecha de que un guasón estaba detrás de los extraños ruidos. Muchas personas buscaron respuestas en fenómenos paranormales, los feligreses de algunas iglesias relacionaron los hechos con el espíritu de un difunto y los más incrédulos se quedaron con la versión del gracioso que daba pequeños golpes en un tabique medianero. ‘Cuarto Milenio’ analizó el caso en el programa emitido el 16 de octubre. Un equipo del programa de Iker Jiménez se desplazó a Valencia para consultar la hemeroteca de LAS PROVINCIAS y grabar un reportaje sobre los misteriosos ruidos de aquel verano de 1915.

 

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Gatos y ‘hackers’ contra el terror

La petición que realizó la policía belga para que no se informara a través de las redes sociales sobre la operación contra el terrorismo yihadista fue un claro ejemplo de colaboración ciudadana. Twitter se llenó el domingo por la noche de fotos y vídeos de gatos como respuesta a la solicitud de prudencia. La intención de la policía era aislar a unos presuntos islamistas para que no tuvieran ninguna información del exterior, y por ende, para que no pudieran escapar del cerco que habían montado un gran número de policías y militares en las calles de Bruselas.

Varios transeúntes que se encontraban en las proximidades de la Grand Place de Bruselas pusieron en peligro los resultados del operativo policial al informar de los movimientos de los agentes en directo a través de Twitter. Antes de que el Gobierno confirmase que había comenzado la operación antiterrorista para intentar capturar a un grupo de sospechosos, los internautas ya difundían fotos de las calles cortadas por la policía. Los medios de comunicación se unieron también en pocos minutos a esta vorágine informativa a través de sus ediciones digitales. Y entonces llegó la reacción de la policía, que pidió a los periodistas y a los ciudadanos que dejaran de dar detalles del operativo policial para no obstaculizarlo, ya que los sospechosos podían enterarse de los movimientos de los agentes. Tanto la petición de las autoridades como la respuesta ciudadana fue más que acertada en aras de la seguridad de todos.

Cualquier ‘tuit’ que buscabas con las etiquetas #Bruxelles o #BrusselsLockedDown iba acompañado de una foto, un montaje o un vídeo de un gato. Los internautas se dieron cuenta de que tenían que apoyar a la policía porque los terroristas podían leer sus mensajes. Este ejemplo de colaboración ciudadana tiene que abrir los ojos a los responsables de esas cuentas oficiales de Twitter que tienen miles de seguidores. En situaciones de crisis, las redes sociales pueden convertirse en el mejor aliado de la policía o el peor enemigo de los malos. Prueba de ello fue la noche de los gatos con imágenes de ratones cazando en hocicos felinos, montajes de policías con cuatro patas o comandos gatunos armados hasta los dientes. Hace cinco años, un departamento del Gobierno belga propuso esterilizar a todos los gatos como forma de combatir su exceso de población; y ahora Twitter los convierte en un símbolo animal de la colaboración ciudadana y de la discreción a través de las redes sociales.

También es muy loable el esfuerzo de Anonymous para desmantelar el aparato propagandístico en internet de ISIS o Daesh, siglas del Estado Islámico, aunque hubo algunos fallos a la hora de identificar cuentas de Twitter supuestamente relacionadas con yihadistas. Muchos piensan que un ataque cibernético es la forma más efectiva para frenar la apología del terrorismo islamista en la red. Tras los atentados de París, un portavoz de los ‘hackers’ anónimos declaró la guerra a ISIS en un comunicado y anunció también el cibertataque más importante contra el grupo terrorista que controla parte de Irak y Siria. Días después de los asesinatos en la sede de la revista satírica francesa ‘Charlie Hebdo’, los piratas informáticos de Anonymous ya bloquearon páginas web relacionadas con ISIS. Todo suma contra la barbarie.

 

 

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Sobre el autor Javier Martínez
Javier Martínez Fernández nació en Granada, aunque reside en Valencia desde que tenía ocho años. Hijo de padres jienenses (naturales de Beas de Segura), también vivió en Almuñécar, Pilar de la Horadada y Elche. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, redactor del periódico Las Provincias desde 1989 y colaborador de Gestiona Radio y CV Radio Valencia. Javier siente y vive su profesión, aunque algunas veces se queja de que le toca bailar con la más fea: la crónica negra. Desde que se especializó en la crónica de sucesos, ha participado en tres seminarios de la Universidad CEU Cardenal Herrera (como ponente y organizador) sobre el periodismo de sucesos, es coautor de cuatro libros de formación para policías y guardias civiles, fue profesor del Máster de Periodismo de Las Provincias-CEU Universidad Cardenal Herrera y conferenciante en el Coloquio Internacional para una Comunicación Libre de Violencia celebrado en México en 2010. El autor de este blog ha intervenido también en numerosos programas de radio y televisión ('Espejo Público', 'Cuarto Milenio', 'Equipo de Investigación', 'Informe DEC', 'Sabor a ti', 'Esta noche cruzamos el Mississipi', 'Milenio 3' y 'El rastro del crimen') y publicó 30 reportajes en la revista especializada 'Así son las cosas' entre 2003 y 2007.

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