Las Provincias
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'Podemos' ya en todos los cines
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Juan Sanchis | 11-02-2015 | 09:33

 

Escena de la mordaz In the loop.

Escena de la mordaz In the loop.

La política ha sido un tema que nutrido al cine. Pero es un maridaje que en los últimos años ha ido a más. El logro del poder por el poder, convertido casi en ideología única, junto con la corrupción y lo fácil que es manipular a las masas son algunos de los campos en los que ahonda ahora el género político. Ha evolucionado desde la denuncia de la falta de libertades y de los desmanes de regímenes dictatoriales a poner en evidencia fenómenos que degradan la confianza en las instituciones democráticas y facilitan el auge de populismos y movimientos que sólo buscan poder. El Séptimo Arte ya ha denunciado, de esta forma, fenómenos como el de Podemos, o similares, que se limitan a aprovecharse del descontento para controlar las instituciones a cualquier precio a través de la manipulación del electorado con propuestas falsas, pero muy atractivas.

El cine ha puesto así de relieve este fenómeno recurrente en las democracias que en los momentos de crisis, como el actual, facilita el auge de grupos que dicen lo que la gente quiere oír sin más pretensiones que llegar al poder. Europa lo vivió en el periodo entre las dos guerras mundiales con el auge de los totalitarismo y ahora vuelve a ser un peligro para las democracias.

Obras como ‘El político‘ o ‘La cortina de humo‘, ya tratadas en este blog, muestran como la búsqueda del poder por el poder es un riesgo inherente a la democracia. La lista de películas que advierten del riesgo del populismo sería interminable. Estas son algunas que el auge de Podemos me ha traído a la memoria.

 

El candidato (1972)

Bill Mckay, interpertado por Robert Redford, un joven e idealista abogado, es propuesto como candidato al Senado. La frase que cierra la película es emblemática. Tras lograr la victoria contra todo pronóstico, Mckay se pregunta “¿y ahora que hacemos?“. un interrogante que conlleva el triunfo de cualquier populismo. La cinta muestra la evolución del protagonista desde un hombre de principios hasta acabar siendo un político al uso y al que sólo le interesa ganar las elecciones prometiendo lo que haga falta. La táctica política que describe el excelente film de Michael Ritchie es casi premonitoria: el candidato atractivo y con buen pico que ante la posibilidad de vender cede a sus principios, se atañe al guión del marketing político, y dice lo que la gente quiere oír asumiendo una argumentación vacía pero atractiva. La pregunta que no resuelve es cómo actuará en Washington o en La Moncloa, si se diera el caso. La realidad a veces supera a la ficción.

 

El mensajero del miedo (2004)

Jonathan Demme es el responsable del remake de la cinta del mismo título dirigida por John Frankenheimer en 1962. A partir de la historia de un excombatiente del Golfo (Denzel Washington), que sobrevive a una misión salvado por un compañero ahora candidato a la vicepresidencia (Liev Schriber), Demme se introduce en las cloacas de la democracia para mostrar a una sociedad controlada por el Gobierno gracias a los miedos (al terrorismo, por ejemplo) que el mismo genera, con un ejecutivo aliado a las grandes corporaciones. La cinta ahonda en situaciones perfectamente reconocibles en la actualidad como la fabricación de un candidato títere ideal que responde a las ansias del electorado. El director pone en evidencias carencias de la democracia que son tan reconocibles en EE U como en la España a las puertas de unas elecciones en la que nos encontramos.

 

Los idus de marzo (2011)

Todo vale para conseguir el poder. Y cualquiera que quiera entrar en política debe saber que no encontrará otra cosa más que navajazos, corrupción, codicia, ambición. No hay lugar para idealismos. Esta es la conclusión de la espléndida película que dirige George Clooney y la lección que rápidamente aprende Stephen Meyers, jefe de prensa de un candidato a la presidencia americana,  La cinta está basada en la obra teatral de Beau Willimon, que ha participado en varias campañas políticas, George Clooney, Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman completan el elenco de esta magnífica cinta que ahonda en el cada vez más sucio mundo de la política, no sólo en EE UU sino en cualquier otra democracia moderna. Clooney consigue una cinta equilibrada, alejada de cualquier maniqueísmo, y que muestra en qué ha degenerado el noble arte de la política que ahora no es más que una maquinaria, ajena a cualquier ideología, con el único objetivo de alcanzar el poder.

George Clooney en una escena de 'Los idus de marzo'.

George Clooney en una escena de 'Los idus de marzo'.

 

In the loop (2009)

Un film británico con diálogos llenos de ingenio que hace de la mordacidad y el sarcasmo su mayor virtud. El ritmo trepidante, conseguido gracias a la cámara al hombro, aunque sin abusos, y a un montaje vertiginoso, realza la superficialidad y banalidad de la política. La cinta aborda cómo la decisión de entrar en una guerra que puede ser devastadora está en manos de unos ministros que más bien parecen niños en un patio de un colegio. La escena inicial, con la fulgurante entrada en su despacho del director de comunicación del premier británico, brillante Peter Capaldi, hablando (gritando, más bien) por el móvil, marca el tono de la cinta. Al final, pone en evidencia en manos de quién están nuestras vidas. La moraleja es sencilla: Escoge bien a quien apoyas.

  • Ringo

    BuuuuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaarghhhhhhhhUffff, muchas gracias… tenía la cena de anoche atravesada.

Sobre el autor Juan Sanchis
"¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine”. Así definía John Ford el Séptimo Arte y creo que no hay una mejor. El cine es lo que cada uno quiere que sea. Otro maestro, Billy Wilder, afirmó que "Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces el cine ha alcanzado su objetivo". No hay más que añadir.

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