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Una enviada del pasado

2012 febrero 9
por María Gardó

Muchos soñamos con un 26 de febrero en blanco y negro, con ver al equipo de ‘The Artist’ subir al escenario del teatro Kodak a recoger el Oscar como mejor película (a ritmo de claqué, si fuera posible). Las apuestas la dan como ganadora, con permiso de Martin Scorsese y ‘La invención de Hugo’. Lo cierto es que un hipotético triunfo de la cinta de Michel Hazanavicius estaría rompiendo con lo establecido y entrando de lleno en la lista de ganadoras curiosas.

Estos son algunos de los obstáculos a salvar y que pueden alejarla de la estatuilla:

1. El primer reto es pasar por encima de su producción francesa. En las 83 ediciones de los Oscar, sólo 11 cintas sin un dólar norteamericano se han llevado el máximo galardón y todas ellas eran inglesas.

2. El siguiente escollo a superar tiene que ver con su silencio, que tanto dice. De ganar, ‘The Artist’ sería el primer filme mudo en 83 años que triunfa como mejor película. La última fue ‘Wings’ en 1928, ganadora de la primera gala, antes de que el sonido se adueñara por completo de la industria.

3. Por si fuera poco, ‘The Artist’ también tendrá que defender la ausencia de color. ‘La lista de Schindler’ de Steven Spielberg (1993) fue el último largometraje en blanco y negro ganador en esta categoría (salvando detalles como el abrigo rojo). Para encontrar el anterior hay que remontarse hasta ‘El apartamento’ de Billy Wilder (1960).

4. Otro punto que juega en su contra es su condición de comedia. Bien sabido es que en la carrera hacia el Oscar los dramas salen con kilómetros de ventaja. Los relatos duros, fuertes y descorazonadores se valoran con más nota en Hollywood.

Pero más allá de lo inédito de su victoria, el éxito de ‘The Artist’ sería toda una declaración de intenciones por parte de la Academia.

El año 2011 no ha sido bueno para el cine, tampoco lo fueron los anteriores. Pasito a pasito, el séptimo arte va avanzando hacia el efectismo, la mediocridad de un producto que gustará pero no emocionará, la senda de lo fácil y rentable y, lo que es más grave, la ausencia de buenas historias. Todo ello materializado en un rosario de remakes, sagas, precuelas, secuelas, adaptaciones y reestrenos en 3D con los que hacer caja rapidamente. Salvando excepciones, nos estamos acostumbrando a ver películas que no golpean al espectador, no le remueven, ni le dejan poso. La mayoría se olvidan al día siguiente.

Se le llama crisis de ideas, pero puede ser más una crisis existencial, o lo que viene a ser lo mismo, el cine está olvidando su razón de ser y lo que le movía en sus primeros años. Aquí es donde ‘The Artist’ sale al rescate, como si de una enviada del pasado se tratase. El largometraje ha nacido bajo el espíritu de las obras clásicas, cuando el entusiasmo y la ilusión reinaban en el set de rodaje. Cuando un director (Hazanavicius) cuidaba cada detalle de la escena porque en postproducción poco se podía arreglar. Cuando la imaginación suplía la ausencia de efectos especiales. Cuando los actores (Dujardin y Bejo) se entregaban por completo a la cámara, porque su expresión tenía que traducirse en palabras. Y cuando los guiones se nutrían de personajes con sentimientos y emociones básicas en el ser humano: amor, odio, celos, orgullo… en su estado más puro y palpable.

Esa es la clave del éxito de ‘The Artist’, nada en especial, sino el espíritu con el que ha nacido. A pesar de ser muda y en blanco y negro, es una película con alma joven, con la ingenuidad graciosa y la ilusión intacta que acompaña a las edades cortas y que caracterizó los comienzos del séptimo arte. Está hecha con una pasión que traspasa la pantalla contagiando al espectador y refrescando la vocación del cineasta. Es más que buena o mala, es auténtico cine.

De salir victoriosa, la Academia estaría marcando el camino a seguir desde ahora, un sendero para el que hay que tomar carrerilla volviendo atrás y rescatando la magia.