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María José Pou

iPou 3.0

Tirapetardos

Ver a un policía local multando a un padre con sus cachorros por tirar petardos en medio de la calle un 2 de marzo debe de ser como conocer a alguien que le haya tocado “el Gordo” de la lotería. Un imposible.

Quizás por eso las autoridades están remarcando tanto los 300 euros por no llevar la autorización para los críos en el bolsillo. Parece que eso no molesta igual a los falleros (sean por siempre benditos y alabados) y da la sensación de que se cumple el bando de la alcaldesa. Así, contentos todos: los que tiran porque apenas les tocan las narices y los que los sufrimos porque creemos que hacen cumplir la ley. Y un jamón.

Escribo esto mientras mi calle y las adyacentes están llenas de ilegales. No de inmigrantes, pobrecitos míos, sino de tirapetardos que nunca han leído las ordenanzas municipales ni el bando de Fallas. No les culpo. Es lo que tiene el analfabetismo. Que no se puede leer. Lo mismo ocurre con muchos ciclistas en Valencia, que perjudican, en realidad, a quienes solo se suben a la acera cuando se han bajado de la bici.

Sin embargo, no puedo obligarles a hacer como yo: buscar el bando municipal y leerlo hasta la última coma. Yo lo hice cuando adopté a mi perro. Y salgo con bolsitas para recoger sus “recuerdos”, impido que ladre a partir de las 22.00 horas o lo llevo con correa y sin bozal. Como marca la ordenanza.

Pero a los tirapetardos analfabetos no se les suele acercar un policía a decirles que está ¨prohibido el disparo de petardos por particulares fuera de las horas, lugares y actos programados¨. Hoy ni siquiera hay zonas de fuegos delimitadas. Bien es verdad que, cuando las hay, tampoco las respetan.

Lo dejo aquí que tengo que coger el coche para que Whisky pueda pasear lejos de Valencia sin morir de infarto. Como si mis impuestos valieran menos, excepto para pagar a una policía que, al parecer, tiene órdenes de no molestar ni a ciclistas ni a tirapetardos incívicos.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.