Las Provincias

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Autor: Hipocampo
RAICES PROFUNDAS (Y LEJANAS)
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Fernando Mulas | 25-03-2017 | 8:44| 0

     Recuerdo con nitidez distintos pasajes de esta película que vi a los 12 años en el cine colegial de los domingos por la tarde. Posiblemente las imágenes se hayan mantenido en mi retina por las veces que durante mi vida he visto Raíces profundas, película de George Stevens (1953), que obtuvo un óscar a la mejor fotografía.

     Sin embargo no es la reiterada visión de algo lo que deja más impacto, sino la percepción que queda cuando uno experimenta sensaciones por primera vez y alguna de ellas le deja huella. Ese recuerdo que deja impronta es como el primer beso, que nunca se olvida. La memoria remota queda silente muchos años hasta que reaparece por un recuerdo afín, y recobra toda su fuerza aquella sensación primaria que se vive como un presente sorprendente.

     Se trata de un “western” de culto pero no es la clásica película del oeste que en mi niñez entretenía tanto a niños como a adultos. Tal vez fuera así porque todo lo que sonaba a americano era deseable, o simplemente porque la industria cinematográfica había encontrado su filón e inundaba las salas de cine. El hecho era que estas películas por aquellos tiempos tenían gran aceptación en pleno apogeo franquista, pues además no tenían contenido político y generalmente acababan bien ya que los malos y los indios siempre perdían.

     Pero Raíces profundas a pesar de tener todos los típicos ingredientes de la película del oeste, incluyendo una música inolvidable, era diferente. Tal vez por eso impactase mas a los ojos de un bachiller de entonces. Estaban presentes el hombre duro, el bueno que había sido malo, el malo que aparentaba ser bueno y el malísimo de verdad, el mismísimo Jack Palance, que mataba por dinero, el mercenario, ese tipo de personaje que sigue tan de actualidad.

 

 

     En las películas del lejano oeste, como en la vida misma, no podía faltar la chica, una criatura dulce y sumisa que aportaba un cándido componente morboso en las miradas de soslayo que lanzaba al forastero apuesto, nada menos que a  Aland Ladd. Pero para mí el verdadero protagonista de la película era el niño, Joey, seguramente porque todos los chavales nos identificábamos con él.

     Las miradas del crío lo decían todo, y su empatía y agilidad en percibir lo que pasaba en cada momento son merecedoras de una reflexión aparte. Hay miradas que matan y otras que despiertan la curiosidad como las que, al comienzo de la película, lanzaba el niño observando al venado que pastaba a su aire. También había miradas muy sugerentes como cuando a hurtadillas se percataba el niño de la sintonía de su madre con el galán de la película, o contemplando a escondidas los mandobles y el duelo de pistolas que su ídolo mantenía con los malos de la película.

     Ganaderos contra agricultores, blanco contra negro, el yin o el yan, son escenas de la vida real que se trasladan al lejano oeste para mostrar unas posiciones encontradas junto a otras solidarias y generosas. Atrae la actitud decidida del forastero de rehacer su vida en otro ambiente y la del duro padre de familia, agricultor, que se echa a sus espaldas la agresividad de los ganaderos y mantiene el pulso de su colectivo.

     El desenlace, como en las buenas películas del oeste, va llegando sin pausa a una situación límite donde el imprescindible duelo final resuelve la cuestión. Aunque como casi siempre al final gana el bien sobre el mal, la película acaba con un sabor agridulce al decidir el galán abandonar el  lugar tras resolver la papeleta a la maleable colectividad.

     Precisamente este final es lo que definitivamente salva a la película. El hombre bueno tiene que irse aceptando su destino vital de vagabundo, al quedar en evidencia su condición de turbio pasado pistolero, que además para mayor conflicto atrae sin quererlo a la madre del pequeño protagonista. En tiempos contemporáneos probablemente el guión hubiera acabado por otros derroteros, menos mal que no fue así.

     El niño sí que se  deja llevar por sus sentimientos y trata en vano de que “Shane” se quede. Incluso como último recurso le grita en la lejanía, con su emotiva voz infantil: mi madre te aprecia.. La escena sigue mostrando a Alan Ladd en su caballo, alejándose muy poco a poco en la penumbra. Shane vuelve.., vuelveee.. y el eco se apaga en un final épico y conmovedor, aquel que hace que el recuerdo de algo vivido intensamente persista y conmueva para siempre.

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EL MAYOR ENIGMA DEL NEURODESARROLLO INFANTIL
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Fernando Mulas | 25-03-2017 | 1:46| 0

Cuando entra por la puerta Eric, de 3 años y medio, se muestra poco interesado en los juguetes que tiene a su alcance repartidos por la consulta. Aunque a veces los mira parece que no los ve. Sutilmente roza alguno, sin cogerlo, y si lo hace se lo lleva a la boca o mueve las ruedas del cochecito con el índice, sin ponerse a rodarlo por el suelo.  Está receloso y aunque le cuesta separarse de sus padres muestra una evidente tendencia a escapar del despacho.

Es un chico con la cara muy agradable, incluso guapo, que en el primer año y medio de vida se comportaba como los demás niños, aunque su lenguaje mostraba un lento desarrollo. Pero todos esperaban, incluso sus médicos, que poco a poco cogería el ritmo de los de su edad. Chocaba que hasta los dos años apenas respondía a su nombre y sospecharon que podía tener problemas de audición, pero fue descartado.

Pensaron en su familia que en la guardería infantil mejoraría su carácter especial, pues con el buen aspecto que tenía creían que solo era tímido o reservado. Era el primer niño de la pareja y aunque algunos allegados insinuaban cosas sobre su comportamiento, nadie les dijo abiertamente que hicieran algo más. A veces Eric se mostraba irascible sin motivo, parecía no entender bien las indicaciones, aunque cuando quería algo concreto usaba la mano de sus padres para mostrar su interés por ello.

La escuela infantil puso más en evidencia sus actitudes peculiares, entre las que destacaba la escasa relación con otros niños con los cuales no compartía apenas juguetes ni intereses y decían que iba mucho a su aire. Como no molestaba iba pasando el tiempo hasta que sugirieron a los padres que fueran a su pediatra, el cual ante un problema en su desarrollo madurativo lo remitió al neuropediatra. Tras la valoración neurológica y las pruebas oportunas, médicas y neuropsicológicas, se confirmó la sospecha de Trastorno del Espectro Autista (TEA), derivándose tempranamente para una específica terapia psicopedagógica y del lenguaje.

El TEA es el paradigma de los Trastornos del Neurodesarrollo y tiene un evidente origen neurobiológico principalmente relacionado con una base genética. La etiología es todavía enigmática, denominándose “primario” si no se encuentra asociado, por ahora, con la disfunción neurológica que siempre está subyacente. La genética y el estudio del genoma humano está abriendo muchas puertas relacionadas con los TEA y el consejo genético, pero aún queda mucho camino por recorrer.  

Se denominan “sindrómicos” a los TEA asociados con distintas anomalías: neurológicas (discapacidad intelectual, epilepsia, trastornos de coordinación motriz, fenotipos especiales, etc), anomalías neurofisiológicas (hasta un 60% con anomalías electroencefalográficas), anomalías neuroquímicas (alteraciones en receptores neuronales, neurotransmisores, etc), anomalías neuroanatómicas y neurofuncionales (volumétricas, Resonancia magnética cerebral funcional, PET cerebral) y genéticas (heredabilidad, alteraciones citogenéticas, genes específicos, epigenética). Por todo ello es muy evidente e ineludible que, siempre y a cualquier edad que se sospeche, se tiene que comenzar por una valoración neuropediátrica, sin exclusión de otros especialistas.

En España se refiere una morbilidad en los TEA de al menos 1 por cada 100 niños

Desde el punto de vista sanitario y social existe una grave preocupación por la alarmante incidencia de estos Trastornos, denominándose en plural ante la gran variabilidad clínica y pronóstica. Hace unas décadas se consideraba al autismo una enfermedad rara, refiriéndose al autismo clásico de Kanner en personas con graves problemas de retraso e integración social. Pero ahora los TEA se describen en 1 de cada 60 niños en USA e incluso menos en Japón. En España se refiere una morbilidad en los TEA de al menos 1 por cada  100 niños, lo que hace pensar en un cuadro epidémico mundial bajo el concepto de encontrarse una incidencia claramente superior a la prevista y en aumento.

Esta preocupante situación exige planteamientos urgentes y consensuados para el mejor diagnóstico temprano y la cualificada intervención inmediata, pues el futuro coste económico y social se incrementará exponencialmente de no atenderse adecuadamente la misma. Nos tememos que las previsiones a largo plazo no son una de las mayores cualidades de la política, por lo que la sociedad civil, los profesionales y las familias afectadas debemos manifestarnos preventivamente en beneficio de los niños con TEA y sus familias.

Últimamente se ha estado confeccionado un protocolo de actuación sobre los TEA por la consellería de sanidad sin contar con el concurso de los representantes de los neuropediatras, que en su asamblea general reivindicaron por unanimidad su oportuno papel en el mismo. Se han hecho alegaciones que hasta ahora no han sido atendidas, seguramente porque la coordinadora del protocolo tiene una visión condicionada como  psiquiatra. Pero el consenso tiene que ser real de lo contrario seguirá siendo denunciable, esperando oír la voz de las asociaciones de padres de niños con TEA que conocen mejor que nadie la realidad.

Denominar al TEA como trastorno mental supone una categoría excluyente y crea estigma

Ya nadie duda que el TEA es un trastorno del neurodesarrollo en el que están implicados por igual los facultativos y todos los especialistas con un carácter interdisciplinar. Pero dar prioridad al concepto de trastorno mental es inclinar la balanza hacia la psiquiatría y hacernos sentir fuera de contexto a los neuropediatras. La denominación preferente de TEA como trastorno mental supone un categoría excluyente y crea estigma. No es de recibo defenderlo porque esté en el manual estadístico DSM5, pues aparte de que en el mismo se cita claramente al TEA como un trastorno del neurodesarrollo, también están por ejemplo las dificultades del aprendizaje y la discapacidad intelectual que no deben considerarse como trastornos mentales, aunque en su evolución los TEA puedan presentarlos.

Los neuropediatras han venido demostrando su buen hacer y eficacia asistencial por lo que deben atenderse sus consideraciones de forma representativa, que es la más objetiva. Hace  décadas que venimos difundiendo y dando formación sobre los trastornos del neurodesarrollo y TEA en nuestra Comunidad Valenciana, como se refleja el 19º “Congreso Internacional sobre Trastornos del Neurodesarrollo” celebrado recientemente en el Colegio de Médicos de Valencia. Si hay pocos neuropediatras que se adecuen las plantillas a la realidad de la demanda asistencial, pero no se soluciona el problema obviándolos y mirando hacia otro lado.

Legislar sin intereses particulares y de forma consensuada, pensando en lo mejor para estos pacientes y su futuro, es el mejor bagaje político que se les puede dar a los niños como Eric y a sus familias. Mire a su alrededor y aunque usted o su familia no estén afectos ahora, implíquese solidariamente en sintonía con la irremplazable y necesaria atención del neuropediatra en la valoración inicial de los trastornos del neurodesarrollo, como son los Trastornos del Espectro Autista. 

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FELICITACIONES
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Fernando Mulas | 24-12-2016 | 11:41| 0

El aluvión de “wasaps” que se reciben en los últimos días y comienzos de cada año se ha convertido en algo cotidiano y en muchos casos agobiante. Con los reenvíos de copia y pega me han llamado desde Pepe hasta Luisa y, un colega, amor mío.. También llegan iconos dispares e inimaginables que no sé de donde los sacan, frases profundas o mayestáticas y otras tan simples que parece mentira que los que las mandan no sientan vergüenza ajena, pero las que no digiero son las cursis como sacadas de una telenovela.

Sobre los vídeo clips uno no puede imaginarse como la mente desarrolla tantos y tan variados y, aunque reconozco que algunos son muy creativos, estamos ya de copitas, cohetes y de arbolitos hasta la coronilla. De vez en cuando llega alguno “hot” y divertido, lo que tiene un pase, aunque los mejores son otros chistosos, graciosos y ocurrentes, pero que cuando son largos se hacen reiterativos e inacabables.

Es nostálgico contemplar como cada vez con mas frecuencia  las clásicas tarjetas navideñas o las misivas con frases y buenos deseos personalizados, son sustituidos por los mensajes preconcebidos por otros o por los citados clips, pero son las servidumbres de la sociabilidad encorsetada que condiciona la globalización mediática.

Muchas personas expresan la tentación de borrase de algunos chats o del WhatsApp de una vez por todas, pero no lo hacen puesto que hoy día si uno no se está en esa onda parece que no existe. Además hay quienes apenas utilizan el teléfono para hablar, comenzando en algunos casos por los que nos rodean y los propios amigos.

Me gustaría acabar predicando con el ejemplo y nunca mas mandar  mensajes enlatados a nadie, puesto que por otra parte los conocidos saben de sobra nuestros buenos deseos e intenciones de siempre, pero eso es ya una entelequia inevitable, así que: ¡¡Felices fiestas y próspero año nuevo!!.

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TRANSEXUALIDAD: PRIMUN NON NÓCERE
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Fernando Mulas | 07-11-2016 | 1:51| 0

Los neurocientíficos, y no solo ellos, se esfuerzan para encontrar en el cerebro las bases de la conducta y del comportamiento humano que permitan deducir con acierto las mejores directrices que posibiliten el óptimo desarrollo del anhelado equilibrio psicológico y social. Tal es la complejidad de la funcionalidad del sistema nervioso que los logros se van alcanzando con limitadas evidencias, siendo habitual el hecho de que se describa un paso adelante seguido por dos pasos atrás, con la desazón añadida de lo mucho que queda por aclarar.

Con este panorama es arriesgado establecer paradigmas mandatarios de carácter  universal pues el devenir de los hechos puede llegar a demostrar lo contario y de consecuencias imprevisibles. Por tanto antes de adoptar posturas maximalistas de difícil retorno, muchas veces de carácter ideológico y sin evidencias contrastadas, debería ejercitarse una prudencia preventiva en evitación de males mayores. Debe tenerse en cuenta que la prudencia no es una reacción básica como la ira, el miedo o el asco, sino la consecuencia de una serie de condicionamientos aprendidos por el cerebro para dar la respuesta mas adecuada frente al entorno o determinados planteamientos.

Un inadecuado manejo de la prudencia puede ser la consecuencia de una inapropiada asertividad que hoy día todos buscan afianzar, entendiendo la misma como una habilidad social que potencia los sentimientos propios que pueden ser muy lícitos pero que de forma torticera pueden implicar el extremo de imponer a los demás nuestras propias consideraciones de manera forzada, aunque sea por la mínima.

Por tanto antes de tomar decisiones de difícil retorno y de complejidad inequívoca, como ocurre con la transexualidad en la infancia donde el niño indefenso es el que mas riesgos corre, debemos ejercer otra función cerebral superior como es la función ejecutiva que facilita la mejor planificación contemplando todas las posibilidades y consecuencias futuras, sin tratar de ser por todos los medios los abanderados de toda la razón para contrarrestar una imagen de debilidad política que a todas luces siempre se quiere evitar.

El refranero español, y seguramente en todos los lugares del mundo, siempre tiene referencias para todo viniendo al pelo en este caso el dicho que recuerda lo de “zapatero a tus zapatos” pues la idea de marginar a los profesionales sanitarios, con la intención apriorística de que la problemática de la transexualidad se quiere “despatologicar”, no es en absoluto de recibo. Debe contarse en primer lugar con los pediatras que son los más relacionados con el niño y su desarrollo, con los endocrinólogos pediátricos al igual que necesariamente no puede obviarse la valoración psicológica y psiquiátrica.

No tiene sentido ningunear a los profesionales de mas experiencia en este campo pues son los que pueden realizar mejor que nadie una valoración individualizada en los menores, identificando los casos cuestionables en los que la prudencia aconseja un compas de espera hasta que el desarrollo madurativo adecuado configure la personalidad del sujeto. El desarrollo está determinado por la adquisición de patrones de conducta en el niño hasta llegar a configurar, hasta bien pasada la pubertad, los rasgos inequívocos de su personalidad, que puede no llegar a estar definida hasta la segunda década de la vida.

Adoptar determinaciones que pueden incluir, entre otros, procesos quirúrgicos irreversibles puede tener consecuencias trágicas para el futuro equilibrio emocional del sujeto, sin que estas limitaciones en todo caso deban representar menoscabo alguno para los casos inequívocos de transexualidad, cuya asistencia tiene que depender de la prestación pública sanitaria consecuente como cualquier otro proceso médico.

Los logros ciertamente positivos de aceptar la diversidad en todas sus manifestaciones facilita que en los casos de dudosa transexualidad real puedan aplicarse medidas contraproducentes y además de alto coste económico y social, cuando por otra parte quedan sin resolver muchas de las prestaciones completas de otras dependencias. Precipitarse en estos casos tiene un riesgo añadido cuando la personalidad de un niño no ha completado de formarse, entendiéndose la misma como el patrón o conjunto de características relacionadas con los  sentimientos, emociones y pensamientos que van ligadas al comportamiento.

Los padres deben asumir igualmente un papel fundamental en todo el proceso de decisión, pero obligadamente deben estar antes asesorados por un equipo sanitario que objetive las características particulares de cada caso, siendo incuestionable que éstos actuarán siempre en favor del menor, en evitación de males mayores y de alarmismos contraproducentes.

Seamos por tanto muy cuidadosos y sensibles con las determinaciones y legislaciones que hagan de los asuntos profesionales médicos una cuestión de opinión que se decida en los estrados parlamentarios y sin contar con los especialistas cualificados y experimentados. De seguir en la línea que se avecina en el ámbito político la toma de decisiones traspasará los límites de la objetividad ocupando su lugar medidas que podrán ser muy populistas pero que para nada benefician la salud del usuario. Especialmente en lo referente a la transexualidad en la infancia ello puede tener consecuencias muy perjudiciales, con implicación directa negativa sobre el principio básico de la medicina que es “primun non nócere”, lo primero no dañar. 

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LA SEGUNDA OPORTUNIDAD (POLÍTICA)
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Fernando Mulas | 06-06-2016 | 12:31| 0

Como candidato al senado por Ciudadanos (C´s) considero oportuno hacer partícipes a todas las personas sobre estas reflexiones relacionadas con las elecciones, permitiéndome por ello reproducir mi tribuna de opinión del diario Las Provincias. Solo se ama lo que se conoce.

——–

     La vida es tan larga, aunque nos parezca a menudo muy corta, que es difícil no encontrarnos ante situaciones que el azar nos brinda y se repiten durante la misma, para errar de nuevo o subsanar con éxito determinadas experiencias previas.

     Bien es sabido que el ser humano tiene una aparente desventaja respecto a los animales que es la posibilidad de que sus múltiples aferencias sensoriales, moduladas por un lóbulo cerebral frontal con capacidad inhibitoria racional, le permiten crear mecanismos de respuestas distintas e imprevisibles, lo que le posibilita el dudar y fallar ante la repetición de una prueba. Esto no suele ocurrir en los seres irracionales, pues su memoria implícita es asumida inconscientemente por su cerebro y difícilmente comenten el mismo error. Por otra parte la propia epigenética hace que esos aprendizajes queden grabados en los códigos genéticos de memoria de los animales y sean asumidos por sus descendientes.

Es sorprendente como las aves cubren miles y miles de kilómetros en sus migraciones para alcanzar destinos remotos a los que llegaron sus predecesores. Los salmones remontan río arriba desesperados al encuentro con su muerte, a la vez que logran su descendencia. Más chocante resulta a veces el comportamiento de las ballenas, siendo noticia cuando alguna bandada embarranca en una tranquila playa al perder inexplicablemente sus referencias orientativas, como ocurre con los documentos no guardados cuando apagamos el ordenador.

     Los humanos nos esforzamos en buscar ejemplos para corregir errores de experiencias posteriores, pero es bien conocido el dicho de que “el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra”. Efectivamente ello no ocurre nuca con aquel burrito ornamentado que, al filo del precipicio y por la ladera escarpada, sube al sufrido turista amedrantado que va pensando si el animal dará o no algún traspiés fatal.

     Un ejemplo de la segunda oportunidad se popularizó en España en los años 1977-78 con un programa de televisión española que se titulaba como el encabezamiento de esta tribuna. Los distintos capítulos fueron repuestos muchas veces, dirigidos por el prolijo Fernando Navarrete, presentados por Paco Costas, muy conocido en el mundo del motor, y contaban con la intervención arriesgada de un gran especialista en cine, el francés Alain Petit. Se trataba de la conducción de coches, un bien muy apreciado en aquel entonces que había que conservar de la mejor forma posible, puesto que los impactos eran muy espectaculares y los coches siempre quedaban destrozados.

     El planteamiento era muy simple, se veía una secuencia con una conducción imprudente exagerada y también de inmediato el fatal accidente con las funestas consecuencias para el conductor y sobre todo para su vehículo. A continuación venia “la segunda oportunidad”, siendo entonces la conducción impecable o no temeraria, sorteando en las imágenes de cabecera el enorme peñasco situado en el medio de la calzada. De esta manera los televidentes se quedaban estupefactos de como se podría haber evitado el horrible accidente de haber tenido una segunda oportunidad.

     Todo lo anterior viene al hilo de la situación política en que nos encontramos desde hace cinco meses ante la tesitura, y ya la evidencia, de tener que repetirse las elecciones generales en nuestro país, pues todos los partidos políticos disponen de una segunda oportunidad para tratar de emendar sus propios errores o de sacar a la luz los del contrario y sus contradicciones.

     Por lo que respecta a la política su complejidad viene dada porque difícilmente pueden verse de inmediato las consecuencias de una equivocada decisión por parte de los electores. Sería muy ejemplarizante disponer de una maquina del futuro, como la de la célebre película producida en 1985 por Steven Spielberg, que nos permitiese ver las consecuencias de tal o cual elección, posibilitando así corregir de antemano la  decisión equivocada.

     Pero nuestro cerebro humano como sabemos es demasiado complejo para actuar siempre con la coherencia y racionalidad debida. Hay decisiones que se toman por principios, sin atender a la sensatez de las evidencias que deberían orientan hacia una u otra decisión. Ya pocos se extrañan de que sin un raciocinio equilibrado previo, algunos congéneres lleguen a inmolar su existencia por una cuestión de principios y bajo un concepto ideológico, con  consecuencias destructivas sobre su vida o la de los demás,

     Deberíamos por tanto ejercitar mejor nuestras funciones ejecutivas de planificación y pensar con más interés en  las consecuencias de lo que suponen nuestros votos sobre la vida futura de nuestro propio entono, y de los que nos rodean. Tendríamos que trascender de nosotros mismos pensando mas en las consecuencias para nuestras familias y amistades, así como en las consecuencias para el oportuno equilibrio social y económico de los ciudadanos.

     Cuando vote no lo haga por un impulso inconsciente que no controla bien de donde proviene. No lo haga por costumbre o tradición familiar, sino meditando las consecuencias de su voto. Dele la importancia debida, aunque tienda usted a infravalorarlo, pues un voto aislado unido a muchos miles más, pueden ser decisorios en su vida y en la de sus hijos.

     Piense en el programa de televisión al que nos hemos referido y póngase en el  lugar de una situación irreversible de consecuencias imprevisibles. Dispone usted de una segunda oportunidad para votar, y ante todo no se abstenga de hacerlo. No deje que decidan los demás por usted, ya que es igual de responsable con los resultados, vote o no vote.

     Aproveche la opción que tiene y recapacite si debe de dejar de comportarse como muchos de los seres humanos, aquellos  que acaban tropezando en la misma piedra, pues ahora tiene su “segunda oportunidad”.

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Sobre el autor Fernando Mulas
Neuropediatra, Doctor en Medicina y Cirugía. Fundador y Director del Instituto Valenciano Neurología Pediátrica (INVANEP). Ex Jefe del Servicio de Neuropediatría del Hospital Universitario La Fe de Valencia (desde 1978 hasta 2013). Ver CV completo