Las Provincias

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Esto no vale 1.400 millones
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Moisés Rodríguez | 28-09-2015 | 12:08| 0

Celebro que ayer por la tarde tuviese mucho trabajo. Entre letra y letra, mi teclado y la pantalla del ordenador me libraron de estar hora y media concentrado en el bochornoso Getafe-Levante. Ya no por el 3-0, que también, pero cada vez me da más pereza ver esos partidos en los que sabes que van a transcurrir muchos minutos sin que suceda nada. Vaya por delante que este artículo no es una forma de pedir el cese de Lucas Alcaraz. ¡Dios me libre! No me pagan para ello y tampoco soy de esas personas que disfruten con el uso de la guillotina.

Sí me parece, en cambio, que el Levante ha caído en un bucle peligroso, hipotecado en un estilo caduco que nada tiene que ver con eso de la mejor Liga del mundo que pretenden vendernos, a nosotros, a los americanos y a a los chinos, Tebas y compañía. En un ejercicio de responsabilidad (y porque los precios son ya más competitivos), esta temporada he decidido pagar por ver fútbol. Por un puñado de euros, las dos cervezas y el bocata de una noche de Champions, puedes ver cualquier partido de la Liga y competiciones europeas, y alguno de las principales ligas internacionales. Merece la pena… en principio.

No con el Levante. Esto no es un ejercicio de cabreo por lo de ayer por la tarde. Escuché a Lucas Alcaraz escudarse en que hubo un penalti a Camarasa. Puede ser. Pero es que según comprobé por la noche con estupor, el bagaje ofensivo del Levante ayer se limita a esta acción polémica y en un remate de Alexis (aquel que se fue del Valencia para jugar en un grande y ha acabado en el Getafe, con todos los respetos) sobre su propia portería. Hasta que llegó el festival de Álvaro Vázquez, los mejores del Levante habían sido, según cuentan las crónicas, Rubén y Simao. No digo más. Nos vendieron cuando se logró el ascenso que este es un club endeudado, que fabrica las plantillas a base de retales y que había que hacerse fuerte en defensa. No es que el Levante fuera el Brasil de los 70, pero al menos veías intensidad y sabías que iba a llegar la carrera de Caicedo, luego Koné, después Martins… pero es que desde que asomó por aquí Caparrós, ni eso. Mendilibar lo intentó y resulta que el equipo no estaba diseñado para eso. Curiosamente su Eibar, otra plantilla confeccionada a base de retales, ofrece a día de hoy un fútbol mucho más vistoso que el del Levante (no es difícil) y encima, tiene más puntos.

Muchos clubes modestos han decidido no apostar sólo por la línea resultadista. El Sporting con Abelardo, el Dépor con Víctor, el Getafe con Escribá, el Espanyol con Sergio, el Eibar con Mendilibar (sí, ese que era tan malo)… ¡y resulta que se puede ser modesto y ofrecer espectáculo! Porque al final de eso se trata. Los clubes pequeños no pueden limitarse a firmar ‘partidos bodrio’ y esperar a que el producto lo pongan en valor Barça y Real Madrid, y algo Atlético, Villarreal y Sevilla (lo del Valencia da para otro análisis, pero no lo haré que si no se me enfadan). Si Tebas y los clubes quieren vender la Liga como un espectáculo, deben ofrecer espectáculo. Y si 14 equipos se limitasen a hacer lo que a día de hoy hace el Levante, este campeonato no valdría ni de lejos los 1.400 millones por los que dicen se han vendido este año los derechos televisivos.

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‘Sarver, go home!’… ¿Y ahora qué?
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Moisés Rodríguez | 29-07-2015 | 11:37| 0

Hace tiempo decidí que, al menos mientras trabaje como periodista deportivo, siempre mostraré mis cartas. Por eso nunca escondo mi levantinismo -por mucho que me acarree algún disgusto de quienes me acusen e antivalencianista de forma errónea e injusta-, así como tampoco he ocultado que prefería que el club no se vendiera a Robert Sarver. No voy a repetir aquí la argumentación que ya expuse en mi post ‘Arizona no es granota’, en este mismo espacio, pero lógicamente la noche de ayer fue feliz para mí. Recibí llamadas y mensajes de amigos valencianistas -amigos, los que me conocen de verdad y saben que no le deseo ningún mal al club de Mestalla- diciéndome que qué lección había dado el levantinismo. No lo digo yo, lo subrayo, lo dicen valencianistas. El tiempo nos mostrará si Peter Lim es o no el coco encarnado en empresario de Singapur, y si Robert Sarver era o no el mesías que necesitaba el Levante.

Para bien o para mal, la Fundación decidió -ganó numéricamente el sí pero, cosas de la democracia, las leyes y estas cosas de los estados de derecho, venció el no- decir aquello de ‘Sarver, go home!’. Con educación y buenas palabras hacia el inversor, pero en definitiva, ‘Sarver, go home!’. O dicho en castellano, ‘¡Que no, señor Sarver, que el Levante no se vende!’, como proclama hoy a cinco columnas el periódico Las Provincias. Vale, ya lo hemos dejado clarito. Saver desea lo mejor al Levante, Quico Catalán  lo mejor a Robert Saver… me gustaría a mí escuchar esa conversación telefónica para ver si todo es tan de novela de Corín Tellado. Pero lo que realmente me importa es el montante de la factura de este ‘no’ a Robert Sarver.

Se nos ha dicho que todo es maravilloso. Que se ha generado un debate, que a partir de ahora el Levante sigue en manos de valencianos y que el consejo está legitimado por la Fundación para este y los próximos cuatro años. Pero yendo por partes, ¿ha realizado Quico Catalán un doble juego, poniendo buena cara a todas las partes teniendo una decisión tomada de antemano, o ha hecho una pirueta de 180 grados a última hora? ¿En qué lugar quedan los cuatro consejeros que votaron no, algunos miembros de la comisión negociadora con Sarver? ¿Cómo se han tomado esos compañeros que negociaron junto a él con el banquero el voto del presidente? ¿En qué situación quedan cargos importantes en el levantinismo, como el presidente de la Fundación, el de las peñas, el de los veteranos, que escucharon a Quico Catalán decir que la oferta era “seria y de garantías”, y votaron sí a poner el club en manos de un dueño que acapare todo el poder, algo que ya salió mal con Pedro Villarroel? Sólo el tiempo dirá si ese papel adoptado por Quico Catalán ha abierto unas heridas en los poderes fácticos del levantinismo, y la gravedad de esas heridas. Sospecho que precisamente se les va a administrar precisamente tiempo, lo que queda de vacaciones hasta que empiece la Liga, y tratar de volver en septiembre a trabajar como si todo este asunto de Sarver hubiese sido un sueño.

Luego está la Fundación. ¿Está bien configurada la Fundación? Se ha criticado mucho a las instituciones porque ayer no aparecieron. Sinceramente, entiendo su decisión. Nos mal acostumbramos a que las instituciones fueran para el fútbol una especie de colchón, la red que evita el desastre si el equilibrista que avanza sobre un cable a cuatro metros de altura sufre un traspié. Pero las instituciones, ni las públicas ni las privadas, no están para tomar decisiones sobre un club de fútbol. No me cabe en la cabeza qué hacía ayer el señor Vicente Muñoz, presidente de la Federación Valenciana de Fútbol, votando ‘sí’ a la venta del Levante a un señor norteamericano. Él está para trabajar por el fútbol base, por el fútbol femenino, por los clubes de barrio y de pueblo que apenas pueden pagar a los árbitros, por que los colegiados sean respetados… pero no para decidir de quién es un club de Primera División. De verdad, veo más coherente la postura de Ayuntamiento, Diputación y Generalitat (y junto a ella, Feria de Valencia). Otro debate es si deberían formar parte de la Fundación del Levante, y si la ley que rige las condiciones para la enagenación de los bienes de una fundación es justa o no. Pero claro, esto ya no es una discusión futbolera de si el gol de ayer fue o no en fuera de juego o vino precedido de falta del delantero. Esto es cuestión de una ley. Al final, seamos justos, no es muy natural que una fundación sea la dueña de un club de fútbol, a pesar de que en mi opinión es la mejor solución para el Levante. Pero claro, para quienes no lo vean como yo, era eso o la desaparición. Y esa situación se dio después de la gestión de un señor que acaparó todo el poder durante más de 25 años, que gastó mucho dinero en el club, pero casi lo hunde. Por ello, porque no quiero que pueda repetirse una situación similar, yo ayer me alegré de que se dijera: ‘¡Señor Sarver, muchas gracias, pero go home!’.

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Arizona no es granota
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Moisés Rodríguez | 23-06-2015 | 20:41| 1

No seamos pesimistas. Imaginemos que Robert Sarver no viene a desvalijar el Levante. Que viene a ganar dinero -que nadie dude de eso para no sufrir desengaños absurdos-, pero que va a mantenerlo vivito y coleando. Que va a pagar el préstamo de la Fundación, resolverá la deuda del club, le hará un lifting al Ciutat para que sea más guapo y moderno, y se gastará un pico en fichajes para que no suframos las de Caín como la temporada pasada. Que justo dentro de un año volverá a sacar la chequera, y así una vez al año que no hace daño, colocando al Levante entre la burguesía del fútbol español. Pasarán cinco años, una década o dos… y el señor Sarver se hartará de su aventura con el soccer de un club de una ciudad al otro lado del Atlántico que no sabe ubicar muy bien en el mapa. O llegarán sus herederos -sin desear ningún mal a nadie, pero es ley de vida- y a alguien, en la primera, segunda, tercera o vigésimo cuarta generación, decidirá que prefiere sacarse un piquito a seguir fardando de equipo de fútbol, pongamos en el más idílico de los casos, campeón de la Champions.

Vengo a decir con toda esta parrafada que no. Que nadie caiga en el engaño. Lo voy a escribir en mayúsculas, como si lo estuviera diciendo claro, pero aún más alto: ¡¡ARIZONA NO ES GRANOTA!! Igual Valencia sí, como corea muchas veces la megafonía del Ciutat. Pero Arizona no. En aquellos desiertos que vemos en las películas hay coyotes y correcaminos, ese animalejo del que sabemos su existencia gracias a la Warner y que en la realidad no es tan simpático como en los dibujos animados: el pajarraco alcanza velocidades de 40 kilómetros por hora y mata a picotazos a sus presas. Pero nada de ranas. Ni una. Y mucho menos vestida de azulgrana.

Bueno, me voy a poner serio, que al fin y al cabo se está debatiendo si los valencianos perdemos otro de nuestros símbolos. Nos quedamos sin Bancaja, sin televisión autonómica y sin el Valencia -que ojalá Peter Lim tenga un buen proyecto, de verdad, que no soy antivalencianista, que no sé cómo decirlo, pero que ya no es de los valencianos sino de un señor de Singapur-, y como no espabilemos hasta cerraremos Pelayo y un día de estos dinamitaremos el Micalet para construir un rascacielos a lo World Trade Center. El levantinismo está debatiendo si vende su capacidad de decidir a cambio de un proyecto, tengámoslo claro, un proyecto.

Los clubes profesionales, sobre todo los de fútbol, vendieron su alma al diablo el día que se creó la ya famosa figura de la SAD, esto es, la Sociedad Anónima Deportiva. Se abogó por un modelo empresa, en que el o los máximos accionistas deciden por todos, para bien o para mal. Se dejó de lado la alternativa mucho más democrática de un socio, un sentimiento, un corazón, un pensamiento… un voto. Y el Levante, tras verse en la UVI, al borde de la extremaunción, tras la mala gestión de un máximo accionista -valenciano, tampoco lo olvidemos-, ha recuperado la esencia de los clubes de antes de los 90 gracias a la Fundación. A mí el modelo de un patronato en que está representada toda la sociedad como dueño, me gusta. Si mañana Quico Catalán se vuelve tarumba y deriva en un nefasto gestor, que ojalá no, puede durar en el cargo cinco minutos.

Pero si el patronato que desde este 23 de junio ha decidido escuchar la oferta del señor Sarver vende, y el norteamericano hace la del Mr. Marshall que concibió el magistral Berlanga, ojito. No sólo nos quedaremos con tres palmos de narices, como el pueblo de la archiconocida película. Igual entonces vienen los lamentos como en Santander. O no. Pero yo no quiero comprobarlo. Si yo tuviera que votar -que ya sé que no soy nadie sino un simple periodista y aficionado-, el mío sería no. Que muchas gracias por interesarse en nuestro Levante, señor Sarver, pero prefiero seguir siendo pequeño -que es muy grande- a vender mi capacidad de decidir a cambio de un proyecto que de momento sólo está escrito en el papel.

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¿Qué pasa con Víctor Casadesús?
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Moisés Rodríguez | 23-03-2015 | 17:46| 0

Víctor Casadesús. El delantero que llegó con la etiqueta de niño mimado de Joaquín Caparrós. El futbolista que iba a jugar sí o sí porque el entrenador lo había pedido expresamente en el mercado de invierno. He escuchado y leído críticas por el contrato que se le firmó en el Levante al balear. Que si cobra una pasta, que si es para demasiado tiempo. Ni una sola mala palabra del futbolista, a cuyos oídos han llegado estas críticas, muchas de ellas voraces y en muchas ocasiones para usarlas como arma arrojadiza hacia el utrerano, no muy querido por razones obvias en Orriols.

Ese mismo Víctor Casadesús acumula esta temporada, ya sin Caparrós en el banquillo, 19 titularidades y cinco goles, algunos de ellos decisivos. El último, frente al Rayo en otra de las grandes decepciones de este Levante, primero de Mendilibar y ahora de Alcaraz. Y parece que el granadino ha hecho pagar los platos rotos de aquella derrota al delantero balear. Desde entonces, sólo ha disputado 25 minutos en tres partidos, repartidos entre los encuentros de Eibar y Real Madrid, para dar descanso a Kalu Uche.

El que era el atacante más en forma hasta la llegada del nigeriano y la eclosión de Barral ha pasado a tener un papel más que secundario para Lucas Alcaraz. Frente al Celta, incluso prefirió a Rafael, de quien no recuerdo ni una acción con balón. El brasileño, con el que el técnico no contaba hace apenas unas semanas, parece estar ahora por delante de Víctor Casadesús. No creo que el mallorquín esté en su mejor momento, pero tampoco me parece un buen síntoma que un futbolista pase, sin razón aparente, en el mismo mes de llevar el brazalete a calentar banquillo.

Como tampoco me parece serio ni bueno para la salud del grupo que un futbolista pase de buscarse acomodo en ligas exóticas para rascar bola porque no cuenta a salir en un partido decisivo con 0-0 en el marcador. No digo que el Levante cayese el sábado por culpa de Rafael, pero sí me parecen decisiones incomprensibles. Por un lado porque, aún estando claro que en un partido como mucho caben 14 futbolistas, al brasileño no se le han dado razones en las últimas semanas para sentirse parte de este proyecto. Añado, eso sí, que él tampoco ha aportado nada cuando ha estado sobre el césped. Por otro, no creo que sea inteligente minar la moral de un jugador como Casadesús, que a mi entender ha mostrado compromiso desde que llegó, más allá de las críticas. Nunca sobran los futbolistas comprometidos, como el balear, que incluso llevó el brazalete de capitán en Villarreal.

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La imagen de Manolo Salvador
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Moisés Rodríguez | 04-03-2015 | 13:24| 0

Arisco. Así me han calificado a Manolo Salvador cuando he pedido que me lo describieran en una sola palabra. “Es una película que se pone, luego cuando lo tratas es diferente”, me ha especificado la misma persona. Me parece un análisis acertado. Conocido con el sobrenombre de ‘El Paello’, el director deportivo del Levante no es la típica persona que facilita el trato con la prensa. Hay poco feed-back. Seguro que hay algún compañero que tiene un trato diferente, pero a veces es difícil localizarlo por teléfono y no oculta su disgusto en muchos de los denominados ‘atracos’ a la salida de Orriols.

En las entrevistas y ruedas de prensa suele responder con monosílabos o con un ‘de eso no voy a hablar’ ante temas incómodos como los recursos para fichajes o sobre la negociación por algún futbolista que se haya vinculado con el Levante. No es un hombre cómodo, insisto, a la hora de trabajar para los periodistas. Y los periodistas somos los que proyectamos muchas veces la imagen de las personas a los aficionados. Por eso, ahora debemos abstenernos nosotros de ser ariscos con Manolo Salvador.

No digo con ello que silenciemos sus errores. Los ha tenido, y él mismo lo reconoció tras la destitución de Mendilibar. Y no pienso que su principal fallo haya sido firmar al técnico vasco, como tampoco considero que tenga la culpa el entrenador de todos los males de este Levante. Opino, y lo he dicho en varias tertulias, que el club ha de hacer una profunda reflexión a final de temporada. Aunque siempre es jugoso escuchar o leer entrevistas a Manolo Salvador -por mucho que alguna pregunta la responda con monosílabos-, creo que este lavado de cara que se ha orquestado para limpiar su imagen ha sido un remiendo de urgencia que no ha solucionado nada.

Ahora toca salvar la categoría. Si no se consigue, tocará evitar que el proyecto entre en la UVI. Mejor dicho, habrá que sanar el proyecto pase lo que pase. Y Manolo Salvador forma parte del proyecto. Un proyecto que nos lleva ilusionando un lustro, pero ha de reinventarse por lo que hemos visto, aunque sobre todo esta, en las dos últimas temporadas. No lo olvidemos: algunos jugadores que hoy nos desesperan nos han dado tardes de infinita alegría; algunos futbolistas que ya no están han dejado una pasta para limar una deuda de un club que en 2008 parecía muerto; Manolo Salvador es el responsable de traer a todos los futbolistas y técnicos que han desfilado por el Ciutat en este tiempo, desde el mayor fracaso al principal éxito. El Levante y él mismo deben decidir si su etapa en el despacho de Orriols ha terminado o no, pero en ningún caso creo que sea justo plantearse quemarlo como una falla.

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Sinvergonzada de los comités II: objetivo parar la Liga
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Moisés Rodríguez | 25-02-2015 | 15:09| 0

Quiero animar a ‘los otros 18′ a que paren al Liga. Así, sin más. Es intolerable que sigan disputando esta chirigota (con todo el respeto a las chirigotas) adulterada mientras una serie de señores se sigan burlando desde sus poltronas de miles de dirigentes, futbolistas y aficionados que los mantienen. Ninguno de los integrandes del Comité de Competición puede seguir un segundo más en su puesto después de la sanción que han impuesto esta mañana a Ramis. No me vale ninguna excusa. Creía que mi entrada de ‘Sinvergonzada de los comités’ tras la roja a Vyntra ante el Barça no tendría tan pronto secuela. Me equivoqué, y encima esta es aún más sonrojante que la anterior.

Vamos a comparar. Señor X, del primero al último de ese Comité de Inquisición (que no Competición): ¿ha visto usted las imágenes de la trifulca entre El Arabi y Ramis? ¿Les parece esto más grave que las patadas de Jordi Alba a un futbolista del Málaga estando en el suelo? ¿Y más que la durísima entrada de Neymar? Y aquí lanzo la pregunta también al señor Tebas, presidente de la Liga, y al señor Villar, presidente de la Federación Española: después de ver la sanción a Ramis, y la que se impuso a Cristiano (dos agresiones y provocación a la grada de Córdoba, en un momento que está tan de moda la lucha contra la violencia en el fútbol), ¿van a mantener en sus asientos a estos señores que con sus decisiones vulneran la Liga que pretendemos vender como la mejor del mundo?

Si el argumento de estos señores (lo digo por educación, porque lo más suave que me apetece llamarles es jetas) es que ellos se remiten al acta, que me expliquen: ¿Es “discutir con un contrario empujándole reiteradamente, estando el juego detenido” motivo para imponer cuatro partidos de sanción? ¿Han tenido ustedes algún momento de tensión máxima como esos dos futbolistas que se estaban jugando la permanencia?

Ya ni califico la alegría de Álvarez Izquierdo a la hora de sacar tarjetas el pasado lunes, se ha quedado en una anécdota. Sólo espero que Apelación rectifique este dislate y pueda dejar de sentir el asco que ahora siento hacia las instituciones que rigen nuestro fútbol.

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La vida sin Bryan
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Moisés Rodríguez | 10-02-2015 | 21:38| 0

Bryan Ruiz fue proclamado como el mesías del levantinismo el 30 de enero. La deprimida afición granota renovó sus ilusiones con la bomba del mercado de invierno. El jugador diferente al que ya se vio como nuevo ídolo, el sustituto de los Caicedo, Koné y Martins que el pueblo azulgrana no lleva esperando 2.000 años pero sí dos temporadas. Desde el plantón del nigeriano para hacer las américas, por Orriols no se ha visto aún un delantero que haga contener la respiración a la grada para luego hacerla estallar de júbilo.

El Ciutat sufrió el peregrinaje por el desierto que impuso una decepción llamada Babá y ha implorado durante el otoño la llegada de un redentor para un equipo huérfano de goles. Bryan Ruiz parecía ese salvador. Pero más que un mesías, lo del costarricense se ha convertido en la parodia al estilo de los Monty Phyton sobre cómo no ha de gestionarse un fichaje. No me creo lo de que los dirigentes del Levante no han hecho nada mal en la negociación con el Fulham. La chapuza del club inglés también merece un capítulo aparte.

Pero al final de la historia, está claro que el gran perjudicado es el Levante, privado del futbolista con el que pretendía dar un salto de calidad a su plantilla en el mercado de invierno. También resulta penosa la vida de Bryan, pero no la del protagonista de la irreverente sátira del grupo británico a finales de los70. Bryan Ruiz, entrenándose en solitario mientras aguardaba la orden para volar a Valencia o resignarse a cinco meses más en el infierno londinense, es digno de pena. Como lo serán los culpables de este dislate -sólo ellos lo saben realmente, más allá de las versiones oficiales- si al final el Levante acaba descendiendo. Esperemos por el bien de todos que la reacción frente al Málaga sea el inicio de una segunda vuelta al estilo de la de Luis García en 2011.

Mención aparte merecen los señores de la FIFA. Absurda o no, si la norma es que cuando se cierra un mercado no se admite ninguna operación aunque llegue con un minuto de retraso, hay que acatarla. Lo que ya no parece tan lógico es que unos señores hayan tardado 11 días en dilucidar si aceptaban o no la llegada de Bryan Ruiz al Levante. Claro está, lo de la Federación Internacional es digno de ‘Los Caballeros de la Mesa Cuadrada’, otra de las más célebres comedias de los Monty Phyton. Si no las han visto, esta y ‘La Vida de Bryan’, igual deberían hacerlo.

 

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22 tíos dando patadas a un balón
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Moisés Rodríguez | 13-01-2015 | 12:31| 0

“No sé cómo puedes disfrutar viendo a 22 tíos dando patadas a un balón”. Esa es la monserga que llevo 30 años escuchando cada vez que me excuso para ir al cine, a un concierto o a tomar algo con algún amigo/a antifútbol porque hay un buen partido. “Si siempre es igual”, me responde él o ella. Mi réplica siempre se ha basado en que no, en que cada contienda tiene su toque de emoción, la típica acción por la que ya vale la pena pagar una entrada o esa variante táctica que diferencia a los buenos entrenadores de los normales o mediocres.

“Eran 22 tíos dando patadas a un balón sobre una pradera”. Me duele decir que esa frase la pronuncié yo por primera vez el viernes. Han tenido que pasar 35 años, 30 aproximadamente de afición al balompié. Fue la respuesta a la pregunta de mi mujer cuando llegué a casa después de ver el Levante-Dépor: “¿Qué te pasa?”. “¡Joder, es que no juegan a nada! ¡No han tirado ni a puerta!”, argumenté durante los dos minutos que se prolongó el debate futbolero.

Hasta ahora me ha preocupado el equipo por la clasificación. Por la enorme diferencia que supone, tanto a nivel deportivo como económico, estar el año que viene en Primera o en Segunda. Creo que no hace falta explicar los detalles. Hemos, y digo hemos, defendido lo del fin justifica los medios para otras temporadas, con Luis García, JIM y Caparrós en el banquillo. El Levante no ha ofrecido un fútbol vistoso casi nunca en los cuatro años anteriores. Era un bloque férreo, que defendía bien y que buscaba el gol en una incursión, muchas veces en acción de estrategia.

Creo que ningún granota espera ver en Orriols al Brasil de los 70 o al Barça de los seis títulos. Sabemos lo que hay y las características tanto del club como del equipo, consecuencia una cosa de la otra. Pero antes conocíamos al Levante. Sufríamos y disfrutábamos con unas señas de identidad, en definitiva con un estilo de fútbol. Pero a lo que vimos el viernes -y ya se lleva percibiendo algún tiempo- no se le puede llamar fútbol. El equipo no daba la sensación de estar seguro en defensa, ni de dominar el centro del campo, ni de ser capaz de hilvanar una buena contra, ni de crear peligro en algún córner o falta lateral. Por suerte, el Dépor tampoco. Eran 22 tíos corriendo sobre el césped. Y eso deprime a cualquiera. La unión es la salvación, pero el pegamento necesario para esa unión es la ilusión. Y para ilusionar a su gente, el equipo debe ofrecer algo de fútbol. Aunque sea un poquito.

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El coscorrón de Alcaraz a Barral
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Moisés Rodríguez | 09-12-2014 | 20:50| 0

Las broncas y las bofetadas que más duelen son las que llegan cuando menos lo esperas. Y así, casi de incógnito, le llegó una a David Barral con motivo de la previa del partido contra el Getafe. “Está claro que tiene que ayudarnos, tanto él como otros. Pero en su posición tampoco hay muchos más números”, reflexionó Lucas Alcaraz en referencia a Rafael Martins. La declaración puede considerarse como una forma de tender la mano al delantero brasileño, pero también como una manera maquiavélica de decirle al jerezano que no espera demasiado su goles. El granadino deslizó un ‘tenemos a Rafael y luego, el desierto’ cuando habló del delantero de referencia.

A Barral le está penalizando el más que discreto inicio de temporada del Levante. Igual que el año pasado fue vital para que el equipo no sufriera en demasía la inoperancia de Babá, que fue más noticia por sus vómitos que por sus goles, en esta ocasión ha desaprovechado el tiempo de convalecencia del nuevo killer. Porque Rafael, igual que Babá, ha llegado para ser el nuevo Caicedo, Koné o Martins, sólo que aún no ha demostrado merecer esa etiqueta. Al jerezano, en cambio, se le firmó del mismo modo que a Stuani, como segundo ariete, el hombre que tiene que exprimir al máximo los minutos de los que disfrute.

Como en su día el uruguayo, Barral lo consiguió en la temporada anterior. Le comió la tostada a Babá por inercia. Esto quizás le hizo acomodarse, creerse totalmente asentado en un equipo en el que si no das el 100% se nota. En las oficinas de Orriols no se han visto con muy buenos ojos ni su ansiedad por renovar ni los chistes, especialmente el de la sandía y otro que incluía el número (cuatro) de los goles que había recibido su equipo esa semana. Para colmo, esa impaciencia se ha trasladado al terreno de juego, donde se ve a un Barral sobrerrevolucionado, tenso por si falta de gol y deseoso de dejar detalles.

Casi todos los futbolistas se ven penalizados cuando se adornan demasiado y esto le ocurrió a Barral en la pérdida de balón que precedió al gol de Yoda. Si estuviera en un momento dulce, quizás habría salido de ese regate extra y habría pegado un zapatazo que se habría colado por la escuadra. Barral tiene el sambenito de suplente. Sabe perfectamente que Alcaraz esperaba a Rafael como agua de mayo y que el club rastreará el mercado de delanteros en enero. Para colmo, su entrenador le dio de forma discreta un coscorrón. Sin decirlo pero ahí quedó. A ver si le sirve para reaccionar. Porque claro, en el fútbol y más para los delanteros, todo puede cambiar en un minuto y con un remate. Que se lo digan a Rafael, su compañero y rival, que como guinda a los males del andaluz marcó en el partido ante el Getafe.

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¿Indiferentes?
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Moisés Rodríguez | 23-11-2014 | 21:54| 0

Se acabó el derbi de los líos, el de la cordialidad teatral. Por delante tenemos cuatro meses de vidas paralelas. De unos apretando para conseguir los 28 puntos de oro que le restan para lograr un salvoconducto hacia una primavera plácida y otros tratando de retomar la marcha triunfal para en mayo conquistar una plaza de Champions. Recuerdo ahora los innumerables comentarios de aficionados valencianistas hacia el Levante a lo largo de la semana. “A mí el Levante me es indiferente, son ellos los que están obsesionados con nuestro Valencia”, ha sido el comentario más repetido en las redes sociales y en los bares por parte de la hinchada blanquinegra. Y yo, después de ver cómo han transcurrido estos días y el partido de este domingo en Orriols me pregunto: ¿Hay alguien se que crea esa afirmación?

-¿Es indiferente un rival con el que te peleas hasta por el precio de las entradas en su propia casa?

-¿Es indiferente un rival del que agotas esas entradas de grada visitante en poco más de una hora?

-¿Es indiferente un rival cuando tu directiva simboliza una paz gélida y luego evita cualquier roce con sus homólogos en las horas previas y durante el partido?

-¿Es indiferente un rival cuando parte de la afición se toma la molestia de ir en la noche de un día laborable a su estadio para pintar insultos en la acera y la fachada?

-¿Es indiferente un rival cuando preparas de forma expresa cánticos y corearlos hasta la afonía durante el partido, cuando lo normal es limitarte a animar a tu equipo?

Y finalmente:

-¿Es indiferente un rival con el que pierdes y buscas escusas para autoconvencerte de lo injusta que ha sido la derrota?

Yo creo que el Levante no le es indiferente al aficionado medio del Valencia. Evidentemente, el sentimiento es recíproco: el hincha granota irá este lunes a trabajar henchido de gloria. Y para mí esa rivalidad es positiva. Porque el pique bien entendido siempre es bueno. Da vida a cualquier aficionado al fútbol en esta ciudad, sea de corazón blanquinegro o sangre granota. Quitándole el sainete que ha envuelto a la trama del precio de las entradas, brindo este domingo antes de irme a dormir por muchos derbis como el de esta jornada.

 

 

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