Las Provincias

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Apología de la amargura
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Culturas LAS PROVINCIAS | 25-01-2015 | 17:41| 0

ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Periodista, profesor y doctor en Filosofía

EN LA ORILLA

Rafael Chirbes

Anagrama

 

En Valencia, los chavales más díscolos y traviesos, tienen una escatológica costumbre que consiste en meter un petardo en el centro de un excremento perruno y hacerlo estallar. La gracia es regresar de inmediato al centro de los hechos y comprobar cómo ha quedado todo impregnado de la materia innombrable. Pues bien, Chirbes, como buen valenciano, parece que con su libro En la orilla ha realizado la misma gamberrada solo que en esta ocasión el continente de su petardo ha salpicado a todo el género humano. El escritor de Tavernes presenta un cuadro duro y dramático de lo que significa ser hombre. Es sin duda un ejercicio pesimista, demasiado. Los personajes en la pluma de Chirbes no son más que seres atormentados, estafados, engañados y que  a la vez atormentan, engañan y estafan. Incapaces de mantener relaciones honestas con sus semejantes fracasan estrepitosamente en su vida sentimental, laboral, familiar y social. No hay resquicios a tanto desasosiego y rencor, a tanta pesadumbre y amargura. No queda ni una grieta por la que pueda entrar algún rayo de sol esperanzador. Tanto es el pesimismo que no queda más remedio que todo empiece y  termine con la muerte en un ciclo vital cerrado, materialista y sin sentido, como en la propia novela de Chirbes. La excusa para comenzar el discurso es la situación actual de España, inmersa en una grave crisis económica y social desencadenada por no haber sabido parar a tiempo, puesta en marcha por el apetitivo voraz e insaciable del ser humano, animal explotador, egoísta y ambicioso que termina por desencadenar su propia ruina. Pero lo importante es que más que de economía y finanzas de lo que escribe y presenta este premio nacional de narrativa es del carácter complicado, rencoroso y maligno de esta España cainita en la que todos son enemigos de todos y las relaciones interpersonales están dominadas por la envidia del pobre, la soberbia del poderoso, el utilitarismo del mediocre y el amor al único dios dinero por todos ellos. A pesar de estar situada en un tiempo contemporáneo, Chirbes se remonta, como no, hasta la guerra civil española de 1936-1939, como el origen de todo mal, como caja de pandora abierta por unos militares que pusieron sobre el tapete toda la mala leche que contenía España entre unos y otros y que según parece y se desprende de esta lectura sigue esparciéndose por todos los lados casi cien años después. Tela de tiempo. En cuanto al escenario, Chirbes no lo nombra explícitamente pero por las pistas y nombres propios que publica se sitúa en la marjal cerca de la costa que existe entre las provincias de Valencia y Alicante, limitada por el Montgó y las sierras de La Safor. Allí este marjal, zona pantanosa, cenagosa y complicada guarda en su interior todos los pecados de los habitantes que la circundan que nunca han dudado en echar al agua estancada todos los frutos de sus pecados durante generaciones. Ahora salen a la superficie porque aunque estén en el fondo del agua no desaparecen.

Más que una novela, lo que propone Chirbes es un ensayo sobre la condición humana con la excusa de la crisis económica, más que acción y misterio lo que encontramos es una serie larga de monólogos interiores mediante los cuales los personajes van manifestando todo el dramatismo de sus propias vidas, unas vidas marcadas por el fracaso a todos los niveles, ya que los que triunfan y se enriquecen lo hacen a costa del engaño y de la explotación, de la mentira y la superficialidad para descubrir al final que no queda nada. Chirbes solo nos describe una parte del ser humano, la oscura y deja un gran poso de sordidez y desesperanza. Al acabar la lectura solo puede invadir el pesimismo vital y la sospecha contra todo y todos. Una conclusión falsa y peligrosa. El ser humano es mucho más que esa parte que describe Chirbes en la novela, que parece que a su juicio es la única o al menos es la impresión que da. Si de algo vive el ser humano es precisamente de la esperanza y del amor, de la ilusión y el optimismo. Eso es lo que vale la pena y lo que olvida el autor en este texto propio de las tesis antropológicas del cineasta David Lynch.

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La vida en primera persona
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Culturas LAS PROVINCIAS | 25-01-2015 | 17:31| 0

LAURA TORRADO

Periodista

UNA MADRE

Alejandro Palomas

Nuevos Tiempos de Siruela

248 páginas

Hacía ya tiempo que un libro no me hacía llorar. Y hacía también bastante tiempo que un libro no me hacía reír. Reír a carcajadas y llorar de pura lástima, de dolor, de sentimientos encontrados y de paralelismos con la propia vida.

Amelia es una madre de 65 años. Y así, a primera vista, parecería cualquier madre si no fuera por lo que hoy llamamos la “inteligencia emocional” de la protagonista y que las descripciones de este autor la convierten en una madre muy particular. Sus relatos llevan al lector a la risa ante circunstancias que todos hemos vivido en Navidades o en reuniones familiares o al llanto ante la narración de cómo es esa madre, esa hermana o esa abuela.

Y el mérito no es de otro más que del autor, Alejandro Palomas, quien gracias a su forma de expresar sentimientos, sensaciones, vivencias o momentos introduce al lector en una familia como otra cualquiera de la España actual: padres separados, tres hijos, una de ellas lesbiana, otro gay y una tercera abandonada por su novio, cada uno en su rol ante una cena de Nochebuena como la de cualquier año, pero este año se convierte en algo peculiar por la especial personalidad de la madre. Y así se van sucediendo los personajes, con sus vidas y sus particularidades, zurciendo los silencios de unos, interpretando los mensajes subliminales de los otros, hasta tejer toda una red de peculiaridades que retratan a la perfección a esta familia de la España actual.

Pero si pudiera, destacaría por encima de todo el capítulo donde el autor, en primera persona, narra los últimos dias de su abuela, con esa especial sensibilidad para atraer a su nieto y vincularle de por vida con su pasado, reforzándole en su autoestima como ser humano para que busque los porqués de su vida en una libreta que él heredará con las hojas de color violeta…es como dice el mismo libro, “un atisbo de lo que la condición humana es capaz de demostrarse y mostrar cuando ahonda en su mejor version”. Altamente recomendable.

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Una pasión
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Culturas LAS PROVINCIAS | 16-01-2015 | 19:02| 0

EL FERVOR DE LOS INGLESES

Ildefonso Rodríguez Alcalá

Edición Personal

224 páginas

20 euros

Pues sí, lo decían en ‘El secreto de sus ojos’, nunca se cambia de pasión. Si acaso, se añaden nuevas, quizá advenedizas o llegadas gracias a las circunstancias. La pasión eterna de Ildefonso Rodríguez es el deporte, y especialmente el fútbol, y más concretamente el inglés. Le encanta, joder. Con el paso de los años y como resultado de su trayectoria profesional y vital, el autor ha sumado otra pasión, la de viajar. En realidad, ya era un viajero fantástico; ahora también lo es físico. El libro suma dos pasiones, la del viaje y la del fútbol inglés. Rodríguez empleó un mes de agosto en recorrer de norte a sur Inglaterra. Rodríguez empleo un mes de agosto en visitar míticos campos del fútbol inglés. Míticos y no tan míticos, pequeños y grandes, conocidos y anónimos… todos los que le salieron al paso. Sumó pasiones. Las suyas, la de los estadios, la de los ingleses, y así, todas juntas, se presentan como una sola en ‘El fervor…’. Hasta la dedicatoria esconde una hermosa historia. A partir de ahí, otras muchas, de enormes y modestos clubes, de ligas ganadas y de pequeños triunfos en estadios recogidos. Fotografías de las canchas y de los aficionados, de lo mínimo y lo máximo del fútbol inglés, el más respetuoso con su propia identidad, el más agradecido y orgulloso. Historias de ganadores y perdedores. Jugadores, entrenadores, escudos, gradas, seguidores… Muchos datos, recogidos con rigor. Rodríguez jamás mintió. Se puede haber equivocado (cosa improbable), pero no hay nombre, fecha o estadística que aparezca en este libro que no pese quintales de verdad. ‘El fervor de los ingleses’ es entretenido y tierno, divertido y romántico. Si uno lo lee en silencio, en un lugar recogido, se escucha el latido de la narración, de los protagonistas, de la pasión de quien lo escribió y de las fabulosas historias (grandes y pequeñas) que cuenta. Sístole, las páginas pares; diástole, las impares. El libro late. Escrito y pensado desde la entraña y el corazón.

BURGUERA

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Incómodo Limonov
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Culturas LAS PROVINCIAS | 10-01-2015 | 20:21| 0

SOY YO, ÉDICHKA

Eduard Limónov

Marbot

336 páginas

19 euros

Un joven ruso poeta y disidente de las políticas soviéticas vive en Estados Unidos en busca de un lugar en el mundo. El ruso en cuestión, Limónov, o sea, Edichka, tiene una mirada muy incómoda, inconformista, y lo plasma magníficamente en un libro que, publicado en francés porque no encontró ningún editor anglosajón con narices para darle una oportunidad, le convirtió en un escritor de renombre. Nunca se había publicado en castellano y se hace ahora después del éxito el año pasado de ‘Limonov’. Es duro, underground y ácido, pero su estilo es limpio y ameno, pues de otro modo es imposible soportar un libro de memorias de un tipo que, en realidad, no relata un periodo de vida brillante, sino un momento de pura y dura supervivencia en un entorno hostil. Nueva York no es lugar para viejos ni niños ni débiles, y aunque son muchos los inmigrantes que se buscan allí la vida, esa vida se paga caro. Limonov, además, ejercía de lobo solitario a finales de los años 70, herido por la pérdida de Elena, la que fuera su primera mujer (“un bellezón”, según la describe en alguna ocasión, con la que emigró a mediados de la década setentera), sin hablar bien inglés, resentido por su falta de oportunidades como poeta, y con trabajos insustanciales (asistente de camarero en un hotel de lujo, colaborador en revistas rusas). Limónov avanza lento pero con sustancia en un libro donde describe, entre otras cosas, una relación homosexual en mitad de la calle del mismo modo que explica su desprecio por los rusos que se aferran a la Madre Patria por una melancolía desparramada por los portales del hotel que les acoge. Esa melancolía es uno de los pocos sentimientos que apenas aparece en un relato donde hay de todo, y mucha vida también. Interesante, a contracorriente, políticamente incorrecto, divertido y transgresor. No es la locura, pero deja recuerdo.

BURGUERA

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Nostalgia de la vida eterna
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Culturas LAS PROVINCIAS | 09-12-2014 | 14:55| 0

ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Periodista y doctor en Filosofía

CALLE DE LAS TIENDAS OSCURAS

Patrick Modiano

Anagrama

240 páginas

17 euros

Como el bíblico libro del ‘Qohelet’ o el unamuniano ‘Niebla’, esta obra del premio Nobel Patrick Modiano nos cuenta que la vida, la nuestra, la de cada uno, es nebulosa, etérea, prácticamente intangible, que se desvanece como la luz de los faros de los automóviles en la noche. Es casi una fantasmagoría fugaz que se evapora ante y desde nuestros sentidos, que no puede ser atrapada por nuestra memoria y que por lo tanto queda desvanecida incluso para nosotros mismos. Ocurre principalmente cuando el pasado es doloroso de evocar, cuando el recuerdo produce daño y sufrimiento, entonces lo rechazamos, lo olvidamos, lo apartamos de nuestras vidas, que son memoria. Modiano en este ejercicio filosófico-novelesco al estilo de las nivolas de Unamuno se pregunta por el “yo”, el “quienes” somos realmente, se cuestiona nuestra identidad, para él siempre esquiva y en ocasiones pasajera. Pero el escritor francés es un tarkovskiano nostálgico y al igual que el director de cine ruso rebusca en el pasado, en la memoria y en los propios objetos y paisajes a aquel que fuimos en alguna ocasión. Y Mondiano disfruta con ello, disfruta recordando, contemplando paciente y melancólico los escenarios de la vida que alguna vez sirvieron de marco a nuestras ilusiones, pasiones y deseos, que éstos siguen allí, que quedaron en aquellos lugares como una huella de nuestra presencia para recordarnos algún día quienes fuimos o lo que es casi más importante quién pudimos haber sido o quién podríamos haber llegado a ser.

En esta ocasión ese paisaje es París con toda su muchedumbre atareada, sus plazas, sus cafés, sus bulevares que sudan las etéreas presencias y las conexiones metafísicas de los que alguna vez los pasearon cogidos de la mano o hablándose a gritos. El instrumento del que se sirve el autor para indagar sobre la memoria y la identidad personal y colectiva es un detective, Guy Rolland que no recuerda nada de su pasado y decide ponerse a investigarlo, decide buscarse. Aquí estriba una de las genialidades de este premio Goncourt, el buscador es el buscado, el investigador es el investigado, el cazador la presa. Rolland transita por París tratando de hallarse a sí mismo en un camino confuso, complicado, lleno de trampas que le confunden, tanto que un día, sentado en una mesa de café parisino, se encuentra con que él tiene posibilidades serias de ser tres personas diferentes. El novelista francés dibuja un alma, una vida que lucha por corporeizarse, una memoria que anhela materializarse pero que no lo consigue, que se desvanece, que se difumina, que se escapa entre las manos como el humo o las pompas de jabón.

La indagación hace emerger a la memoria zonas oscuras de la vida del investigador, episodios que es mejor tener olvidados o bien porque fuimos víctimas o bien porque fuimos verdugos. Modriano quiere hacernos desistir de hacer memoria porque es imposible llegar a conocerse o insistir en hacer memoria para no olvidar aquello que fue doloroso y necesita una reparación o una toma de conciencia. Nos plantea el recuerdo como examen de conciencia, un buscar donde duele para exorcizar nuestros demonios y enfrentarnos a ellos. El de nuestro autor es el París ocupado por los nazis a principios de los cuarenta y colaboracionista con el poder totalitario de los alemanes. Un París en el que las vidas quedaban truncadas, en el que la huida era cotidiana, la traición la moneda de cambio y la ocultación una forma de vida o al menos de salvarla. Pero otra muestra del talento genial del autor es que nada de esto está explícito en las letras de Mondiano, entre ellas nos movemos a tientas, en una espesa nebulosa, como el protagonista. Todo en la novela está sugerido, intuido, ligeramente pincelado. Modriano apela a la perspicacia y profundidad comprensiva del lector, a lo que queda esbozado entre las líneas escritas. Oculta entre la simplicidad de la escritura de Modiano se halla una historia desgarradora, a penas advertida entre las sombras de su prosa ligera. Modiano nos propone un paseo por esa calle de las tiendas oscuras del título. Una calle que existe realmente pero que no se encuentra en París sino en el antiguo barrio judío de Roma (Via delle botteghe oscure) y que nos remite, no solo a un viejo domicilio del protagonista sino también y esto es lo decisivo a la oscuridad en la que queda inmersa la historia narrada, a la oscuridad de aquellos años de ocupación nazi de París y a la oscuridad de nuestra propia memoria que en ocasiones funde en negro partes de nuestra propia vida dolorosas de recordar.

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La tremenda Madre Rusia
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Culturas LAS PROVINCIAS | 09-12-2014 | 14:35| 1

CUADERNOS RUSOS

Igort

Salamandra

176 páginas

25 euros

El italiano Igor Tuveri arranca en octubre de 2006, momento en que la periodista Anna Politkóvskaya fue asesinada en Moscú, un espeluznante repaso de la guerra del Cáucaso y el modo en que el gobierno ruso silencia al periodismo que denuncia la violación de derechos humanos en Chechenia.

No hace falta se un hacha de la observación para darse cuenta que en Rusia la diplomacia no se entiende como un sutil arte de convencer o seducir, sino como un instrumento para fijar la posición dominante (en la mayoría de ocasiones) del Gobierno de Moscú. En el caso de esta novela gráfica, Igort arranca explicando la inquietante muerte de Politkóvskaya, así como de un par de sus compañeros gracias a la ‘Democradura’ que permite al Ejecutivo apretarle las tuercas a los que molestan al poder o se enfrentan a él. No se corta el autor en señalar al Ejército ruso como una auténtica banda de malhechores, dibuja torturas atroces, violaciones múltiples, asesinatos masivos, da voz a personajes muy novelescos pero reales (Galia Ackerman), explica el ingrato futuro de los soldados que luchan en el Cáucaso y posteriormente forman parte del Foro de veteranos, recuerda las deportaciones de los años 30 a Siberia, busca las raíces antropológicas de la sociedad rusa (el credo ortodoxo), repasa situaciones truculentas con rehenes de por medio en las que las autoridades rusas no se emplearon precisamente con mano izquierda… en fin, que Igort le hace un traje a la Madre Rusia de tal calibre que, teniendo en cuenta cómo se las gastan por allí con los que alzan la voz (Alexander Litvinenko, Viktor Yanukovich…), yo si fuese el autor no me tomaría un té o un café si no me lo hago con mis propias manitas. La novela gráfica es un espeluznante reportaje, relatado como tal, en el que el dibujo es el instrumento para contar una historia de enjundia, dura, pero muy interesante. Engancha.

   BURGUERA

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Ganas de que tú leas
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Culturas LAS PROVINCIAS | 28-11-2014 | 20:37| 0

UN VELERO BERGANTÍN

Luis García Montero

Visor

166 páginas

13 euros

Recuerdo a mis tres profesores de literatura en el instituto. Sus nombres, no. Sus caras, sí. Lo que me enseñó uno y lo poco que me dieron los otros dos. Sin embargo, respecto a la lectura y la literatura, basta que el fuego se encienda una vez para que no se apague nunca. Y de esto, más o menos, va ‘Un velero bergantín’. Lo mejor de este ensayo es que da ganas de leer más. De curiosear por Cernuda, Brines, Gil de Biedma y, claro, por la obra poética del autor. A quien le guste la poesía y no haya leído ‘Habitaciones separadas’ está en el lado equivocado del mundo. En aquel 1994, el granadino García Montero estaba en estado de gracia. Hace cinco años se inició en la novela, pero el ensayo lo practica desde hace dos décadas. García Montero pasa revista en ‘Un velero bergantín’ a ese primer amor literario que marca y empuja al lector incipiente a convertirse en lector eterno. Se deja llevar el autor por sus filias. Deja de lado sus fobias, pues este libro es un ejercicio de admiración hacia lo mejor de las letras, un intento de contagio masivo de entusiasmo por la lectura gracias a un análisis vivo, tenso, meticuloso y generoso que, además, pretende apuntar un modo de vivir. García Montero se fija en el poema y el detalle que rodea al poeta. Pide generosidad con generosidad. Que no es lo mismo leer para entretenerse que para ser mejor persona, lo que requiere un esfuerzo, algo a lo que cada vez estamos menos acostumbrados.

BURGUERA

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Marlowe manda y la novela pierde
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Culturas LAS PROVINCIAS | 23-11-2014 | 16:16| 1

LA RUBIA DE OJOS NEGROS

Benjamin Black

Alfaguara

336 páginas

19 euros

Decía Ernesto Sábato que hay que tener cuidado con los nombres que se elige para los personajes de una novela, pues se corre el riesgo de distraer. No digo ya nada si se trata, además, de un personaje conocido, rescatado de otros tiempos y otras novelas. En este caso, ni más ni menos que Philip Marlowe, el detective de Raymond Chandler que, por deseo de los herederos del autor, pasó a manos de Black, o sea, de John Banville, que emplea el pseudónimo de Benjamin Black para escribir de lo negro y criminal. Este recurso, el pastiche, me desagrada porque me dificulta meterme en la faena más hermosa de la lectura: creerte una historia y dejarte llevar por ella. Marlowe, Sherlock Holmes son figuras demasiado poderosas, que dominan la historia y que, al menos a mí, impiden caer en manos de una trama generalmente subordinada a ellos. Esa jerarquía del personaje mítico ya supone un problema en los autores originales, los padres de las criaturas, un inconveniente que se potencia cuando llegan al lector a través de pastiches. Es el caso de ‘La rubia de ojos negros’. Marlowe está sin blanca y aparece una rubia que le roba el corazón y le implica en una investigación sobre la desaparición de un tipo. Marlowe manda y sus modos no siempre envejecen bien. De hecho, me interesa más algunas imágenes que ofrece Black, descripciones puntuales, muy divertidas, si bien no terminan de enganchar. Nada del otro mundo. Olvidable. El texto se lee sin pasión y con escasa atención, pues todo lo acapara el pobre Marlowe.

BURGUERA

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Miguel Bregovic es un crack
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Culturas LAS PROVINCIAS | 23-11-2014 | 15:18| 0

MUERTOS LEVES

Miguel Bregovic

Editorial: Ya lo dijo Casimiro Parker

80 páginas

13 euros

Un poemario policiaco sobre un cadáver encontrado en una playa de Valencia, con el mar de fondo.

No soy de leer poesía porque no encuentro en el mundo un rincón tranquilo ni me hallo generalmente en disposición poética; sin embargo, siempre hay excepciones, y ‘Muertos leves’ es una de ellas porque se trata tanto de un poemario como de un relato largo y negro. El tal Bregovic, pseudónimo elegido por el autor real, da en todo el centro de la diana al encontrar un original modo de presentar su texto, que no son solo palabras, ni poemas, ni sucesos. Es todo ello junto y por partes. La idea de presentar a lo largo de un poemario un relato con trazas detectivescas y luctuosas, con gestos románticos y escépticos, es propia de alguien que sabe que la calidad de una historia se subordina al modo en que se cuenta. Originalidad a borbotones es lo que destila Bregovic, que divide el relato poético en cuatro tramos y un epílogo. Sobresaliente el arranque (‘La muerta’, con brillantes textos como la elección del nombre de Sophie) y el final (‘El final del verano’, si bien advierte el autor de que “nada acaba, que ni siquiera el final tiene final…), así como ideas geniales (los tiempos de la jabalina) y pasajes de una sensibilidad casi transparente (‘In the mood for love’). Si yo fuera poeta, me gustaría escribir como este tal Bregovic; y si no lo soy, quizá es porque interioricé convenientemente que no escribiré nunca como el tal Bregovic, un crack. Así que mejor lo leo.

BURGUERA

 

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Secretos de familia
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Culturas LAS PROVINCIAS | 29-09-2014 | 17:40| 0

MIGUEL A. HOYOS

@HoyosMiguel

Periodista de RTVE

 

Los extraños

Vicente Valero

Editorial periférica.

171 páginas

 

Todos tenemos algún “extraño” en la familia, todos tenemos algún familiar no muy cercano del que nos ha hablado nuestro padre, o nuestra madre, que ha sido tema de conversación en las reuniones. Ese tío materno, ese primo segundo, ese sobrino del abuelo que forma parte, para bien o para mal, de la leyenda familiar. Del que tuvimos noticia siendo niños y cuya figura se agrandó. Ese familiar del que hay una sola foto, ya mítica, y algunas cartas; o ese que sí conocimos, de pequeños o de adolescentes, con el que pasamos algún improbable periodo que nos marcó más de lo que supusimos en su momento. Todos tenemos algún familiar así: un tío en Fuerteventura, un abuelo guarda que manejaba como nadie la escopeta, un primo drogadicto en los setenta, o un tío abuelo aviador en el Sáhara que coincidió con Saint Exupery.

De eso extraños habla esta novela. A sus “extraños”, como él los llama, vuelve Vicente Valero para reconstruir su historia vital, nuestra historia vital. Vicente Valero es sobre todo poeta, y eso se nota en su prosa impecable, cálida y a veces perpleja, llena de ritmo y de silencios. Pero es un poeta que ejerce de buen periodista, porque esta metafórica ficción es pura realidad. Él ha seguido las huellas de sus “extraños” hasta Cabo Juby, hasta el sur de Francia, por Buenos Aires y México, por pisos del Madrid de los treinta. Y así nos ofrece retazos de vida de cuatro extraños: un pionero de la aviación, un maestro del ajedrez, un artista de variedades, y un comandante republicano que hacía yoga y abrazaba la teosofía.

Con ese estilo que tenían nuestras madres de no contarlo todo, va adentrándonos en sus vidas, reservando las sorpresas, graduando como sin querer nuestro acercamiento a ellos. Y es fascinante. Porque todos nos reconocemos, porque nos entregamos a ese familiar de la foto en blanco y negro que todos tuvimos. Y hay tantos momentos bellísimos y magníficos, desde el jugador de ajedres que adora el patinete playero, a la gira con la Argentinita del transformista que decidió ser él mismo.

El libro me lo recomendaron, una vez más, los Tipos Infames, concretamente el más alto, coincidiendo con la editora Elvira Navarro en que es una de las joyas de este año. Y acertaron, me siento atrapado por él, subyugado. He empezado a buscar teléfonos de mis extraños. Todos tenemos partes de nuestra memoria que reconstruir.

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