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This is not Egypt

2011 mayo 22
por Pablo Salazar

Este artículo está pensado para que se lea no sólo en España sino fuera de nuestras fronteras, por eso me he permitido titularlo en inglés. Igual les parece un tanto petulante por mi parte, pero visto el interés que las movilizaciones del 15M despiertan en otros países, incluso en Estados Unidos, albergo la esperanza de contribuir a aclarar algunos entuertos que circulan sobre la realidad española. Verán, esto no es Egipto, ni Yemen, ni Libia, aquí no hay una dictadura de la que nos debamos liberar como sea. La hubo, pero se terminó hace 36 años, y ahora tenemos una democracia de partidos, imperfecta y en la que se han encendido todas las luces de alarma, lo que nos obliga y les obliga a los políticos a tomar medidas, a reformarla, a apartar a las manzanas podridas, que son muchas, a atender la voz de un pueblo harto de la política basura. No va a ser fácil, porque son ellos quienes tienen que actuar contra su propio gremio, pero no podemos caer en la injusticia de decir que todos los políticos son iguales y que todos son corruptos. No es cierto. Sí lo es que tenemos problemas económicos, y muy graves. Pero aún somos una de las principales potencias del planeta, no un país del tercer mundo. Y gran parte de esos problemas tienen que ver, por supuesto, con el sistema, que necesita mayores controles por parte del Estado, pero también con el afán de riqueza fácil de una sociedad que durante años ha vivido por encima de sus posibilidades y que ahora lo paga. Tal vez no tengamos los mejores medios de comunicación del mundo, pero existe una pluralidad de oferta, el ciudadano puede elegir y hay libertad de información. Todo en este bendito país es manifiestamente mejorable, y más ahora, cuando la crisis es muy cruda y el descreimiento hacia los políticos es mayor que nunca. Pero todos nuestros problemas no se solucionarán con locas aventuras ni con revueltas como si fuéramos Egipto. No lo somos. Somos España.

Sorpresas y sospechas

2011 mayo 20
por Pablo Salazar

Yo no digo que las concentraciones las haya organizado el PSOE, pero sí que digo que frente a la opinión de que pueden perjudicar a los socialistas es precisamente a ellos a quien conviene que haya agitación, que la izquierda se movilice, que el electorado se mueva y que se produzca la sorpresa de que la habló Zapatero el pasado sábado. ¡Ay las sorpresas! Por una de ellas está él en la Moncloa, ¿se acuerdan? Yo no digo que todos los acampados sean radicales y desde luego no me atrevería a decir, como leí ayer en algún medio que no voy a citar, que tienen conexiones con ETA, pero sí que digo que al calor de estas revueltas siempre aparece una internacional de la bulla y el desorden, que igual viene un día a Valencia a oponerse a la demolición de unas casas en el barrio del Cabanyal, que protestan en Génova contra una reunión de ministros de Economía de la UE o se acercan hasta Alemania para impedir el paso de un tren con residuos tóxicos. Yo no digo que los convocantes de la protesta pretendan evitar que gane el PP y mucho menos que sea ése el objetivo de las personas tan diversas que de buena fe y con todo su cabreo a cuestas se han acercado a los lugares de reunión, pero sí que digo que el escenario recuerda mucho al del 14-M de 2004, cuando Rajoy tenía todo a su favor y los atentados cambiaron el signo de la historia, un proceso turbio y oscuro que aún presenta muchos interrogantes y en el que estuvo implicado un tal Pérez Rubalcaba, ¿les suena? El mismo, el actual ministro del Interior y candidato a suceder a Zapatero. Yo no digo nada, pero lo sospecho todo, como usted y como casi todos. Porque siendo justas y ciertas sus reivindicaciones y su indignación y dejando aparte la ingenuidad de sus propuestas, por no calificarlas directamente de absurdas, me pregunto por qué han esperado tanto, a una semana antes de unas elecciones que, en teoría, tiene ganadas el PP.

Bellver vs Broseta

2011 mayo 19
por Pablo Salazar

Tuve ayer la oportunidad de moderar un debate en lasprovincias.es entre el número 3 del PP en la lista de Valencia, Jorge Bellver, y el número 2 del PSPV, Salva Broseta. Como suele ocurrir en estos casos no sólo se hablo de ciudad sino que salió también la visita del Papa, el Pais Valencià en las siglas del PSPV y, por encima de todo, Zapatero, mucho Zapatero, lo que invierte o no invierte en Valencia y si nos discrimina o nos trata bien. El candidato socialista llegó a afirmar -cuando estaban hablando sobre el plan del Cabanyal- que el Gobierno tenía 170 millones de euros a disposición del Ayuntamiento para rehabilitar el barrio, pero que éste no los usó por su obsesión con llevar adelante la prolongación de Blasco Ibáñez. Bellver le retó a encontrar esos millones en una partida de los Presupuestos del Estado. El popular también aprovechó para recordar los casos de los chiringuitos y de las prospecciones petrolíferas frente a la costa valenciana, hurgando en la herida que para el PSPV supone la marca Zapatero. Si en 2004 y en 2008, el líder del PSOE impulsó los resultados electorales de su partido, en 2011 va a ser, casi con toda probabilidad, quien los hunda. En cualquier caso y de cara al futuro, les aconsejo que se queden con los dos nombres, Bellver y Broseta, Broseta y Bellver, porque a buen seguro que van a dar juego en los próximos cuatro años, si bien el popular tiene que resolver su asunto judicial pendiente, donde hay mucho ruido y pocas nueces. Me quedo con el talante de ambos, aparentemente constructivo, aunque me permito recomendarles más ciudad y menos política. Porque al final, aunque Zapatero tenga la culpa de casi todo, que seguro que la tiene, lo que se vota el 22-M en las locales es al señor o a la señora que tiene que arreglar las aceras, cuidar los jardines, conseguir que los autobuses de la EMT lleguen puntuales y procurar un entorno urbano más habitable.

Ojo a la sorpresa

2011 mayo 18
por Pablo Salazar

El PSOE necesita, más que una sorpresa, un sorpresón para dar la vuelta a las encuestas y ganar las elecciones del próximo domingo. El propio Zapatero alertó el sábado en Valencia sobre la posibilidad de que ésta se produzca, aunque ya dije, y lo mantengo, que esta llamada a la desesperada era previsible y aporta poca novedad. Pero al día siguiente, el domingo, por las calles de varias ciudades españolas se manifestaron miles de descontentos, de indignados, hartos de la crisis, del paro, de la falta de expectativas para los jóvenes, de la corrupción, de los políticos, de todo. El movimiento -si se me permite el palabro, que aún tiene connotaciones franquistas- tuvo su continuación ayer, con nuevas concentraciones, incluso con la intervención policial en alguna de ellas. Y como era de esperar, a la izquierda le ha faltado tiempo para intentar captar y llevar a su terreno a los manifestantes, que claman contra el sistema y contra los partidos en general más que contra el Gobierno, en este caso de signo socialista. Vaya, qué curioso, el malo de la película para este grupo de espectadores no es en el que están pensando los que están dentro de la sala, cómodamente sentados, sino todos, es decir, Rajoy tanto como Zapatero. Los primeros análisis de este fenómeno, que se alimenta gracias a las redes sociales, se empeñan en decir que al PP no le preocupa mucho, ya que piensa que en ese colectivo tiene poco que ganar, mientras que la izquierda sí que lo ve como algo inquietante, pues considera que al fin y al cabo son de los suyos. O deberían serlo. Pero el caso es que yo me acuerdo de la sorpresa de Zapatero y como Zapatero está donde está por otra sorpresa llamada 11-M que dio lugar al 14-M pues me pregunto si al final el conejo de la chistera no tendrá forma de ‘Democracia real’, por mucho que ahora griten contra todos, socialistas igual que populares. Pero no, seguro que no.

Democracia real

2011 mayo 17
por Pablo Salazar

El domingo salieron a la calle de varias ciudades españolas de forma más o menos espontánea miles de personas a reclamar una «democracia real». Como quiera que la cosa se convocó vía internet, a través de unas redes sociales que han sido elevadas a la categoría de nuevo ídolo al que adorar, la suma de concentraciones se ha convertido en un fenómeno social que seguro que dará juego en los próximos días. Podría parecer, pero no lo es, que aquellos que no salimos a manifestarnos no estamos por una democracia «real», pero lo que me pregunto yo es qué se entiende por democracia «real» y si es real y realista pretender esa democracia que reivindicaban los indignados. Las iras del respetable, por utilizar el término taurino, se centraron en los políticos, la corrupción, los bancos y, en general, un sistema que ha degenerado en esta crisis interminable y cada vez más insoportable, especialmente para los 5 millones de parados y para unos jóvenes que se ven abocados a un futuro sin trabajo, que no sé si es futuro. Pero claro, protestar ahora, a toro pasado, tiene menos valor que si se hubiera hecho antes de que estallara la burbuja. Entonces fueron pocos, por no decir ninguno, los que alertaron de lo injusto del sistema. Ocurre con esto como con las hipotecas, que no se anulan aunque el banco se quede con el piso. Me parece que no es de recibo que si uno pierde su vivienda tenga que seguir pagándola, pero ¿incluimos aquí también a todos aquellos que compraron casa para especular, ayudando con ello a que se dispararan los precios, y luego no han podido revenderla? ¿Café para todos? Y ya que hablamos del sistema, es evidente que éste no ha funcionado, que hay que reajustarlo, pero ¿acaso hay alternativa? ¿Cuál? ¿El comunismo? ¿Que todos nos queramos mucho…? Bienvenidas sean, en fin, las protestas pacíficas por un mundo más justo, pero si pueden ser reales y realistas, mejor.

El PSPV, como Lucía Pérez

2011 mayo 16
por Pablo Salazar

La representante española en Eurovisión, una tal Lucía Pérez, ha declarado que se siente ganadora del festival, a pesar de que las votaciones la relegaron al antepenúltimo puesto de la clasificación. La cantante se ha adelantado a los políticos y ha marcado el camino de lo que ocurrirá dentro de una semana, cuando, como marca la tradición, todos ganan y nadie pierde. Y el que pierde lo hace porque los electores se han equivocado o porque, ésta es la última, la democracia está secuestrada por culpa de unos medios de comunicación dóciles, una red clientelar construida desde la administración y que asegura miles de votos, y un sistema que se ha corrompido hasta hacer prácticamente imposible la alternancia en el poder, elementos que en el caso valenciano son, parecer ser, de nueva creación y que ni muchísimos menos funcionaron cuando en la Generalitat mandaban los socialistas, con Joan Lerma al frente, época en la que la democracia sí que era pura y no había red clientelar ni medios de comunicación dóciles ni nada por el estilo. La culpa, en fin, siempre es de otro, nunca hay que hacer análisis de que uno ha hecho mal, siempre está el recurso a la teoría de la conspiración, a la conjunción interesada de factores para evitar que el PSPV gane o que el PP pierda en la Comunitat Valenciana. Si en la noche del 22-M se confirman las encuestas, los socialistas valencianos harán, probablemente, como Lucía Pérez, declararse vencedores morales, y apelarán a esos enemigos que les habrán impedido, una vez más, alcanzar el objetivo que sin duda merecían, poniendo en el centro de la diana a Canal 9. Ahora bien, tan errónea es esta reacción ante la derrota como la de creerse tocado por la divinidad cuando los ciudadanos depositan en uno su confianza, sin pararse a pensar que gran parte del previsible éxito es de la marca, PP, y que, por encima de todo, más que un éxito de los populares lo que se avecina es una derrota histórica de los socialistas.

Todo por la plaza

2011 mayo 11
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por Pablo Salazar

Los dos grandes partidos se resisten a acabar con la tradición del mitin central de campaña en la plaza de Toros. Es un indicador de su musculatura, de cómo llegan a las elecciones: en plena forma el PP, con ganas de comerse el mundo, pero sin chulerías, sin aparentar, no sea que se note demasiado; en horas bajas el PSOE, muy bajas, sin fuerzas, con el ánimo justito para llegar a las urnas. Pero aún así, los socialistas insisten en el coso de la calle Xàtiva, con lo que van a tener que recurrir a fletar autobuses no sólo de Valencia, Castellón y Alicante sino también de Cuenca y Albacete, con un paquete que incluya, además del viaje, visita a la Ciudad de las Artes -ésa que tanto han criticado por los sobrecostes de Calatrava-, paella en un chiringuito de la playa, en cualquiera de los que el Gobierno de Zapatero pretende dejar sin terraza, y mitin del todavía líder del PSOE. Será este próximo sábado, mientras el martes vendrá Rajoy, que tendrá muchos menos problemas en reventar las renovadas gradas de la plaza a golpe de euforia y de encuestas favorables.

El caso es que estos mítines son casi el último vestigio de las campañas a la vieja usanza, aquellas en las que las pegadas de carteles, los coches con megáfono por las calles y el reparto de pasquines y panfletos, eran las técnicas más usadas para captar el voto. En realidad, ahora estamos siempre en campaña, todo el año, cualquier fin de semana hay actos de partido, con los militantes, dirigidos básicamente al Telediario del domingo a las 3 de la tarde. Y además están Twitter y Facebook, los nuevos reyes del mambo. Y también podría estar la tele, si en la tele hubiera debates de verdad, no esperpentos. Pero eso es pedir demasiado a los aparatos de los partidos y a los políticos encorsetados. Prefieren seguir luchando por ver quién mete más gente en la plaza de Toros. Un acto dirigido a los afiliados y a los informativos de las 9 de la noche.

¡Ay del PP y sus estrategas!

2011 mayo 10
por Pablo Salazar

Que el laboratorio de estrategias y el aparato de propaganda del PSOE es mejor que el del PP está fuera de toda discusión. La maniobra con la que a partir de los atentados del 11-M le dieron la vuelta a la previsible victoria popular en 2004 es la prueba evidente de esta afirmación. En estas elecciones lo tienen muy complicado los socialistas, con una diferencia de votos que según las encuestas puede llegar a resultar abismal. La crisis económica les pasa factura. Está en juego la pérdida de feudos históricos para el PSOE, como Castilla-La Mancha, Extremadura, Asturias o, en las municipales, las alcaldías de Barcelona y Sevilla. Si cae Extremadura, el año que viene también lo hará Andalucía, el principal granero de votos del puño y la rosa. Pero con todo el viento a favor y con una campaña de perfil bajo para evitar un exceso de ruido que no les conviene, el PP ha visto cómo los estrategas rivales han conseguido centrarlo todo en la batalla de Castilla-La Mancha, donde María Dolores de Cospedal trata de arrebatar la presidencia a José María Barreda, hasta el punto de que han elevado a categoría la máxima de que si el PSOE conserva esta comunidad, Rajoy puede acabar la noche del 22-M como el gran derrotado. Es decir, recapitulando, que si el PP obtiene más votos, le saca varios puntos de diferencia al PSOE, gana por abrumadora mayoría en Madrid, Comunitat Valenciana, Murcia y varias regiones más, conserva las ciudades de Madrid y Valencia y además arrebata otras importantes capitales de provincia al partido del Gobierno pero no se alza con la victoria en Castilla-La Mancha, Mariano Rajoy será un cadáver político y Esperanza Aguirre preparará su asalto final. Y todo porque la número 2 del líder popular es la candidata castellano-manchega. ¿Son o no son unos genios los estrategas de Ferraz? ¿Son o no son unos pipiolos los de Génova por dejarse comer el terreno?

Familias en el PSPV

2011 mayo 9
por Pablo Salazar

Leire Pajín estuvo el sábado en Benidorm, arropando (verbo que nos encanta emplear a los periodistas) al alcalde que consiguió la Alcaldía gracias a un tránsfuga. La verdad es que la ministra de Sanidad y ex número 3 de su partido nunca puso demasiado empeño en disimular con este asunto, desde un primer momento se vio cuál era su juego. La familia es la familia y, para Pajín, la familia y el partido son lo mismo. Ahora, con la inestimable ayuda de Gema Amor, de la familia zaplanista-ripollista-anticampista del PP, el alcalde tránsfuga va a poder retener la vara de mando, con lo que la inefable Pajín saldrá a presumir de su estrategia y a proclamar que el tiempo ha acabado por darle la razón. Porca miseria.

Joan Calabuig es de la familia lermista, no de la alartista, tal vez por eso su cartel no figura colgado en la fachada de Blanquerías, sede del PSPV, aunque este dato al secretario general de los socialista le parezca «una opinión». El ‘Cala’, como se le conoce en los ambientes políticos, le ganó la mano a Manolo Mata, que un día fue de la familia de Izquierda Socialista pero que luego prefirió hacerse de buena familia, no sé si me entienden. El caso es que los analistas decía, decíamos (me incluyo), que Mata era más rival para Rita Barberá que Calabuig, un hombre gris que no da bien en las fotos (¿tú lo ves? Ya estamos con las fotos). Y ciertamente las expectativas del candidato son hoy peor que malas, haría la ola si conservara los resultados de Carmen Alborch. Pero déjenme que, para variar, les diga algo bueno del ‘Cala’: me ha gustado que se atreva a decirle a Ramón Palomar, en la entrevista que ayer publicó este diario, que no está en contra de los grandes eventos, pero que hay que mejorar la gestión de los mismos. Un discurso valiente que rompe el cerrilismo de que ha hecho gala su partido en este tema. Al menos hasta ahora.

¿Por qué gana el PP?

2011 mayo 6
por Pablo Salazar

Mientras resuena el eco de la pregunta de Mourinho sobre las cenizas de los clásicos y triunfa en las redes sociales el desahogo del portugués contra la UEFA, los árbitros y Platini, ya está aquí una campaña electoral que en el caso valenciano parece arrojar pocas dudas sobre el resultado final, una clamorosa victoria del PP y un desastre del PSPV que ni el de Annual. Así al menos lo anuncian todas y cada una de las encuestas publicadas hasta la fecha, la última de ellas la del CIS de ayer, que vaticina 60 escaños para los populares, cinco más que en la actual legislatura. Y surge entonces la pregunta mourinhiana: ¿por qué? ¿Por qué gana siempre el PP? ¿Por qué consigue mejorar su resultado después de dieciséis años en la Generalitat? ¿Por qué va a arrasar con un presidente y candidato con problemas judiciales? ¿Por qué a los ciudadanos no parecen afectarles los escándalos de corrupción que salpican al principal partido de la Comunitat? La edición valenciana del diario El País publicaba el pasado domingo un amplio resumen del libro ‘El secuestro de la democracia’, escrito por cuatro profesores universitarios, en el que se trataba de analizar las razones ocultas de este éxito permanente: las redes clientelares, el control mediático, las cartas marcadas… Una clave de bóveda que supuestamente explicaría la fórmula del éxito, pero que, en realidad, no desvela nada nuevo. Porque ¿quieren acaso decirme que todas esas argucias para ganar una y otra vez las elecciones las ha inventado el Partido Popular de la Comunitat Valenciana? Lo que no dicen, y no analizan, es el divorcio de la sociedad valenciana con la izquierda política y su identificación con la derecha. Y lo que tampoco dicen es que en estas elecciones los españoles van a votar con la mano en el bolsillo, un bolsillo que está vacío, de lo que culpan a Rodríguez Zapatero. Es así de simple, gana el PP porque pierde el PSOE.