¿Qué pasa con el Parque Central?

No pretendo ser agorero pero se acerca el mes de agosto, cuando todas las Administraciones bajarán la persiana por vacaciones, y seguimos sin noticias del Parque Central. La paisajista Gustafson ya entregó su proyecto, ganador en el concurso celebrado hace año y medio, pero del resto no se sabe nada.

Recordarán que la primera fase del parque debe ser la más cercana a Ruzafa, en concreto a la calle Filipinas. Unos terrenos que ya no tienen uso ferroviario y que albergan varias naves que servirán de equipamientos públicos al colmatado barrio. Precisamente la presentación del proyecto ganador, elogiado por todos y con un presupuesto de 73 millones de euros, se celebró en el único inmueble de ese grupo que ya está restaurado. La primera fase, la que podría hacerse a partir de hoy, sale por 34 millones y supondrá un salvavidas para la zona más multicultural y dinámica de la ciudad.

Hasta que no se reúna el consejo de Administración con los nuevos consejeros del Gobierno de Rajoy no hay nada que hacer. El primer paso es sacar a licitación las obras de una parte del jardín, además del modelo de convenio que se firmará con los propietarios de los solares. Dinero hay, al parecer por un préstamo avalado por el ICO, aunque la máquina no se pone en marcha. La aportación de la parte del Consell a las obras, donde se suma la estación Central y el tramo de túnel que falta desde el bulevar sur, la hizo la entonces portavoz de la Generalitat, Paula Sánchez de León, para que tengan una idea del retraso.

Al igual que sucede con el plan del Cabanyal, todo lo que requiere la participación del Gobierno es como tirar del freno de mano y aparcar junto a la acera. La alcaldesa Barberá sólo ha conseguido desbloquear la cesión de la dársena del puerto, que si todo marcha bien estará rematada a finales de este año.

Ya no pido a Rajoy el gesto de que presida el consejo del Parque Central. Al fin y al cabo, si no ha venido a visitar a los afectados por los incendios de Cortés de Pallás y Andilla, esto sería una frivolidad. Aunque me gustaría que el Gobierno diera alguna muestra de que le interesa lo que ocurre en Valencia, que de momento es poco.

El Cabanyal no puede esperar

El Cabanyal se ha convertido de nuevo en la zona cero de Valencia, con una sentencia de la Audiencia Nacional que avala el decreto del Ministerio de Cultura que paralizó la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. Un fallo que ya se veía venir y que confirma la mala gestión política que ha llevado el Gobierno de Mariano Rajoy para reanudar las obras.

Mala para la defensa de la tesis del gobierno municipal y magnífica para los partidos y asociaciones de vecinos que se oponen al actual plan urbanístico, que cuentan con otro triunfo judicial. Si existe la patata caliente perfecta, no es otra que la decisión que debe tomar ahora el ministerio sobre el decreto de 2010. Si lo mantiene, cumple con la sentencia de la Audiencia, aunque  entonces el golpe a la alcaldesa Rita Barberá es tremendo.

Era ahora o nunca cuando debía hacerse la prolongación de Blasco Ibáñez. Después de años de dudas, falta de financiación y demoras inconcebibles sobre el plan urbanístico, se sumó un decreto del Gobierno socialista que daba carpetazo al proyecto y ordenaba respetar la actual trama urbana. Su redacción era tan dura que la interpretación del Ayuntamiento fue que no permite conceder ninguna licencia de obras, ni pública ni privada.

Y así estaban las cosas hasta que ganó Rajoy y la mayoría de los vecinos del Cabanyal, que han apoyado al PP en sucesivas elecciones municipales, confiaban en que por fin se retomaría el derribo de viviendas, la apertura de calles y la construcción de la avenida, además de equipamientos públicos como colegios y zonas verdes.

Pero con lo que no se contaba era con la pereza del ministerio en resolver el tema, con las dudas de políticos de Madrid que tienen muy lejana la degradación del barrio. En el Ayuntamiento se confiaba en una derogación rápida, lo que no ha sucedido. Eso habría facilitado entonces la retirada del recurso municipal y de la Generalitat en el Tribunal Constitucional, otra bomba todavía por explotar.

Hace unos días, la asociación de vecinos del Cabanyal denunció la insalubridad de decenas de viviendas de propiedad pública, que en teoría deberían ser derribadas. La situación ha llegado en la zona al límite, con inmuebles ocupados ilegalmente, solares convertidos en vertederos y calles que son un verdadero escaparate de basura de todo tipo. Y en los últimos dos años, con las licencias de obras suspendidas, la cosa ha ido a peor.

Ya no es tiempo de más retrasos. El Ministerio de Cultura debe decir ya si mantiene el decreto o lo deroga, si considera que la prolongación supone un expolio al atravesar la zona declarada Bien de Interés Cultural o que la exministra González-Sinde se excedió. En opinión de la Audiencia Nacional no, lo que ya es un tanto para los vecinos opositores a la avenida.

Si 2012 es el último año en el calendario maya, debe ser el primero para el Cabanyal. Con o sin prolongación, el asunto ya no admite más retraso. En los últimos meses han surgido iniciativas como la colaboración de la Universitat de València para construir colegios mayores e incluso dependencias universitarias. Son ofertas que no se pueden dejar escapar.

 

La grasa política

Cada semana que pasa, el Gobierno nos da un susto. La subida del IVA es la última de las amenazas, a la par que la rebaja de las pensiones o un nuevo tijeretazo a los sueldos de los funcionarios. Y el comentario que surge cada vez más en la calle es que ha llegado el turno de que sea la propia Administración la que adelgace, la que se quite esa gruesa capa de grasa que tan cara nos sale a todos.

Me dirán que es el chocolate del loro, que eliminar tres plazas de asesores o un par de empresas públicas no lleva a ningún sitio, aunque lo único que sabemos ahora es que estamos cayendo por el abismo y la caída será durísima. Los últimos datos del CIS arrojan una más que preocupante desconfianza de los ciudadanos en la clase política, que es considerada ya como un problema, lo que es muy peligroso para el sistema.

Es una cuestión de imagen, de higiene. Cuando hay familias enteras que acuden a la Casa de la Caridad a comer cuando los niños salen del colegio, resulta aberrante ver a los señores con traje lucir estupendos teléfonos de última generación, manejar tabletas y portátiles en las sesiones de Les Corts y cualquier hemiciclo municipal, para subirse después de una “dura” jornada de trabajo a un coche oficial. Y todo gratis.

Por eso, no más remedio que los dirigentes se tomen en serio este asunto. Reduciendo más la asignación a los grupos políticos, el gasto electoral, los cargos de libre designación, los coches oficiales, los privilegios de las dietas por asistir a comisiones que no deciden nada y tantas otras cosas, para finalmente pasear por la calle como unos ciudadanos más, para sentir de verdad los problemas de los vecinos. Ejemplos no faltan de esos michelines que sobran en todas las instituciones.

En unas más que en otras. Desde la creación de las autonomías se cuestiona la función de las diputaciones, aunque no se ha hecho nada en los últimos 30 años. Ahora, esta crisis que algunos economistas consideran incluso peor que la de 1929, la obligación de los políticos es ineludible. Deben transferir las competencias a la Generalitat y desaparecer sin más.

El Ayuntamiento de Valencia tiene un gasto de personal de 244 millones de euros. Menos que en 2011, todo hay que reconocerlo, aunque si quieren ganar en credibilidad ante los vecinos, es hora de pactar una disminución en los cargos de confianza, especialmente en las empresas y entidades satélites del Consistorio. Menos grasa debe ser la consigna. Concejales con plena dedicación, que no acumulen cargos y que se centren en el trabajo para el que fueron elegidos. Y lo antes posible sin el coche oficial ni el escolta porque cualquier gasto debe ser ahora cuestionado, incluso el que se refiere a la seguridad. El mismo día que el Ministerio del Interior lo considere, sin más dilación.

Y cuando se haya exprimido hasta el último gramo de grasa, entonces llegará el turno de los servicios que pueden compartirse con los municipios más cercanos de l’Horta. Seguro que salen varios ejemplos con los que se logran mejores precios. El pavimentado de las calles, sin ir más lejos, el alumbrado público o la misma limpieza, cuando se trata de barrios tan pegados unos a otros que no se distinguen. Hablo de Burjassot, Mislata y Alboraya, tres casos donde podría aplicarse sin problemas.

Entonces, sólo entonces, los vecinos nos creeremos que los políticos están dispuestos a sacarnos de esta crisis. Ahora, la impresión es que intentan sacarnos todo el dinero de nuestros bolsillos sin que ellos pierdan ni uno solo de sus privilegios. Sé que hay servidores públicos con ganas de demostrar  lo contrario. Pues que se muevan de una vez.

 

Rajoy, debes mucho a Valencia

Estimado presidente del Gobierno, Mariano Rajoy:

Te escribo desde una región arrasada por el fuego, con el olor del humo en la nariz y los restos de ceniza todavía visibles sobre la mesa. Yo no soy de los que dicen que has hecho mal al viajar a Kiev para ver un partido de fútbol en lugar de consolar y atender a miles de personas que han visto cómo se ha destrozado el paisaje con el que crecieron desde niños. Eso se lo dejo a tus asesores de imagen, malísimos a la vista de ejemplos como el de ahora.

Tampoco te digo nada sobre que los miembros de tu Gobierno no han reaccionado hasta la tarde del domingo, cuando llovían las críticas por todas partes por su silencio absoluto, casi cómplice. El fuego se desató el jueves y un día después, todo el mundo sabía que la tragedia había vuelto a los montes valencianos. Ellos sabrán la razón de su mutismo durante largos días. Los ciudadanos sabrán juzgarlo.

Ni siquiera te digo nada como presidente del PP sobre si los miembros del Consell que gobierna tu partido han actuado de manera adecuada. Si la prevención ha sido suficiente este año o se ha recortado imprudentemente, si los bomberos y medios aéreos bastaban o si se debía haber actuado con más diligencia. Esas explicaciones se darán, eso espero, en Les Corts, con la máxima transparencia y respondiendo a todas las cuestiones que sirvan para eliminar cualquier rastro de duda o sospecha.

Sabemos que los siniestros de Andilla y Dos Aguas se han debido a imprudencias, negligencias y comportamientos lunáticos que serán castigados por la ley. Con la máxima pena, espero.

No quiero hablarte de nada de eso, sino hacerte una simple pregunta. ¿Qué vas a hacer ahora? Sabes que debes mucho a los valencianos, donde tu partido ha ganado con holgadas mayorías desde hace lustros. Estamos acostumbrados a mendigar el dinero de Madrid para hacer una carretera o que llegue un tren de alta velocidad a la tercera ciudad de España mucho después que a otros lugares.

Pero ahora creo que no toca solicitar sino exigir. Reclamar que esos montes quemados sean un modelo de reforestación para todo el mundo. Con la colaboración de toda la ciudadanía si es necesario. Los bomberos siguen trabajando contra las últimas llamas y en Valencia ya se organizan grupos de voluntarios para las plantaciones. Así somos, nos conoces y sabes que siempre hemos resuelto nosotros nuestros problemas.

Hasta ahora. Necesitamos que te olvides del déficit y de Bruselas para que tu Gobierno diga a los valencianos una frase que aquí decimos a menudo cuando ayudamos a los demás: el que faça falta i siga menester.

 

Gracias. Esperamos respuesta.

Barberá se la juega en el Cabanyal

Hace poco se ha cumplido el primer aniversario desde que Rita Barberá levantó el bastón de mando en el hemiciclo, iniciando así su sexto mandato en el Ayuntamiento. En todos ha tenido en su programa electoral el compromiso de hacer el plan urbanístico del Cabanyal, incluida la famosa prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. Ahora, cuando todo apunta a que podrá conseguirlo gracias al apoyo del Gobierno de Rajoy, es cuando yo lo veo más improbable.

Me dirán que es una contradicción, un sinsentido porque el Ministerio de Cultura debe derogar el decreto que paralizó el plan a principios de 2010 (todo según el PP, sólo la prolongación según la oposición municipal). La delegada del Gobierno, Paula Sánchez de León ha hecho declaraciones inequívocas acerca de la voluntad de sacar adelante las obras, pero no ha ocurrido lo mismo desde el ministerio.

Ya es raro que el ministro Wert mantenga a altos cargos que avalaron con sus informes el decreto de paralización de la exministra González Sinde. Pero más raro todavía es que pasen los meses sin que nadie de Cultura abra la boca para decir cómo y cuándo van a derogar la orden ministerial. Demasiado silencio.

Y cuando todo está en esa situación tan embarrada, llega la Audiencia Nacional y le da por reunirse y fallar sobre el decreto del ministerio. Una sentencia que se conocerá dentro de poco y que se adelanta a la anunciada derogación. Claro que podría ser contraria al Ayuntamiento y el ministerio desbloquear luego el plan. Aunque eso, a la vista de las dudas legales que flotan en los despachos gubernamentales, añadirá todavía más tiempo de espera, algo que los vecinos ya no tienen.

La asociación de vecinos del Cabanyal, contraria a la prolongación de Blasco Ibáñez, ha decidido denunciar la situación de insalubridad en todos los edificios de propiedad pública, aquellos que se compraron para ser derribados y que ahora sólo sirven para acoger ocupantes ilegales, basura y roedores diversos. En suma, los elementos perfectos de una clásica degradación urbanística.

En el supuesto improbable, según mi modesta opinión, de que el Gobierno derogue el decreto y entonces retire el recurso en el Tribunal Constitucional (sentencia de la Audiencia Nacional al margen, claro), llegará entonces el momento de arremangarse e iniciar las obras. Las licencias ya están concedidas y parece que hay presupuesto consignado de la Generalitat para la urbanización del bulevar San Pedro y un puñado de las primeras viviendas de promoción pública. Pero el plan es muy costoso precisamente porque no se quiso dar la imagen de pelotazo, a sabiendas de que los edificios serán demasiado bajos. En total, 1.500 nuevas viviendas, cuando para atraer el interés de los inversores privados deberían haber sido un mínimo de 2.500 pisos. Ese es el siguiente problema que debe eludir la alcaldesa Barberá cuando acabe el tortuoso camino judicial, todavía lleno de trampas para su propósito.

¿Sería más sencillo ejecutar el plan urbanístico sin la avenida? En todas las consultas electorales que se han hecho en los últimos 20 años, ha ganado la opción de la prolongación de la avenida a través del barrio, aunque en este mandato Barberá se la juega, no con los vecinos que la apoyan mayoritariamente, sino con sus compañeros de partido que ahora ocupan el Gobierno. Puede ser el colofón de su trayectoria política o un argumento más para que decida no presentarse en 2015. Veremos.

 

 

Campus Cabanyal

Estábamos tan tranquilos esperando que el Gobierno retirase el recurso en el Tribunal Constitucional contra el plan del Cabanyal y en eso que ha llegado la Universitat y ha animado el cotarro con un estudio donde lanza varias propuestas, algunas interesantes y otras no tanto, que de todo hay.

Fuera de la avenida. Huye el informe como del agua hirviendo del asunto nuclear, por peligroso y central, que no es otro que la prolongación de la avenida. La propuesta de trabajar en las unidades de ejecución por donde no pasará Blasco Ibáñez ya es vieja y se la he escuchado proponer a Alfonso Grau y Rafa Rubio, por citar dos nombres. En realidad, las calles afectadas por la prolongación son una parte mínima del plan.

Nudo gordiano. A pesar de esa circunstancia, llegará el momento en que se tenga que decidir y el gobierno municipal lo tiene claro. Ha llevado la propuesta en su programa electoral y ahora no va a cambiar de marcha. La idea de las residencias universitarias es fabulosa, lo mismo que las viviendas en alquiler para jóvenes, aunque me temo que el vicerrector Jorge Hermosilla no tendrá tantos apoyos cuando esas iniciativas coincidan en el tiempo con los derribos para la prolongación, un escenario que podría darse este mismo año.

Diagnóstico. Del informe me quedo también con la exposición que hace de la situación del barrio. Población envejecida, crisis de identidad de buena parte del vecindario y un cabreo latente porque no se ha hecho nada en muchos años. Las razonables explicaciones del gobierno municipal sobre que todo se debe a los recursos judiciales y a las trabas del anterior Gobierno socialista son difíciles de asumir por los residentes que les han votado, mayoritarios en todas las elecciones. Por eso es bueno cogerse al estudio de la Universitat y aprovechar algunas sugerencias hasta que acabe el lío judicial.

Barreras y ciclistas

Los amigos de Valencia en Bici han colgado en su página de Facebook fotografías que muestran las barreras que soportan los ciclistas y los discapacitados que tienen la mala fortuna de atravesar el futuro parque Central. En la calle Amparo Iturbi se encuentran con una escalera inaccesible, mientras que en el túnel de Germanías, más de lo mismo.

Soluciones. Fiar la eliminación de estas barreras al plan urbanístico es un plazo demasiado largo. En la pasarela hace falta ya una rampa y no valen las excusas de que no hay espacio en la calle. Aunque haya que invadir parte de la calzada vale la pena porque los perjudicados son muchos.

Acciones. La asociación todavía no tiene claro si esta iniciativa acabará en una manifestación, un escrito en el Ayuntamiento o colgando una pancarta en algún sitio. Pero el caso es que es necesario hacer algo para que los discapacitados que van en silla de ruedas dejen de dar rodeos de un kilómetro para ir desde la plaza de España hasta Ruzafa o que ocurra igual en el barrio de Cruz Cubierta.

Nuevas necesidades. Buena parte de los vecinos ven ahora la ciudad sentados en un sillín y pedaleando. Por eso convendría un poco más de sensibilidad con este colectivo. La apertura de nuevos tramos de carril bici es un buen ejemplo, haciendo accesibles los barrios. La comunicación de Nazaret, una de las zonas aisladas del Marítimo, ha mejorado desde la apertura de la ruta ciclista por el puente de Astilleros hace unas semanas.

Más multas. Por esa razón también defiendo que los nuevos itinerarios del carril bici en el cauce se estrenen con una campaña de información a los ciclistas, seguida de otra de sanciones. La inversión de dos millones de euros debe servir para separar el tráfico de bicis de los peatones que, por cierto, también se merecen multas por ocupar el espacio de los primeros.

La ruina del Colegio de la Seda

Maleza en el Palacio Real

La lista de Rajoy

Cuando muchos piensan en otra lista, la de los cargos, yo me refiero a la que hemos hecho los demás en los últimos ocho años de reivindicaciones del Ayuntamiento y la Generalitat hacia un Gobierno insensible con Valencia. Ahora llega el momento, piensan algunos, de recibir flores y miel.

Expectativas. Lamento decir que la primera y única preocupación de Mariano Rajoy será evitar el rescate financiero de la Unión Europea. Y cuando pueda respirar, entonces pensar en la creación de empleo y en las inversiones. De todas maneras, bueno es recordarle para cuando pueda pararse un momento temas pendientes para Valencia, donde llenarle la plaza de Toros no debe salir gratis.

Parque Central. El Ayuntamiento asegura que el jardín tiene la financiación asegurada, aunque no ocurre lo mismo con la estación Central, verdadera piedra de toque de la operación urbanística de mayor calado en Valencia las próximas décadas.
Marina Real. Y sin salirnos del Ministerio de Fomento, confío en que llegue el momento en que se ceda la dársena al Ayuntamiento y se resuelva la ampliación de la marina a los muelles cercanos, tal y como marcó el concurso de ideas del Consorcio.

Accesos. Dejo aparte la desesperante V-30, que también merece una solución integral, y sólo hablaré de la A-3 y la V-21, flamantes accesos donde las ampliaciones se ejecutan a ritmo de tortuga. Cuando finalice la parálisis financiera quedaría bien un pequeño empujón a esas obras.

Turismo. Y por último, no estaría de más una pequeña ayuda a la Generalitat para resolver de una vez la línea 2 del metro. Y encabezo la idea con la palabra turismo porque el metro ligero conectará la Ciudad de las Artes con el centro histórico. Casi nada para lograr una subida de la oferta de la ciudad a los visitantes.

Sufrir en la huerta

La bucólica imagen de las puertas abiertas en todas las casas y los campos en cultivo ha pasado a la historia. Los escasos vecinos de Valencia que todavía vinculan su hogar con la huerta viven ahora con el teléfono móvil siempre en la mano, listos para alertar de robos y asaltos. Así ha sucedido en Font d’En Corts, donde deben echar mano hasta de las sirenas para avisarse unos a otros.

Asentamientos. Uno de los problemas pasa por la ocupación ilegal de casas abandonadas. Y es un problema que se reitera con frecuencia. Hay más ejemplos, como el grupo de casas de la calle San Vicente Mártir, junto a las vías de Renfe, así como la zona cero del Cabanyal, en la calle San Pedro. Hablamos también de Guillem d’Anglesola, felizmente desaparecido tras años de quejas de los vecinos. Algo falla en la legislación cuando las mismas quejas llegan a los periódicos año tras año.

Degradación. El caso de Font d’En Corts tiene todos los ingredientes de un barrio descuidado por el desarrollo de la ciudad. Linda con el bulevar sur, salpicado de centros comerciales, grandes hospitales y torres de viviendas, pero el Ayuntamiento no ha logrado favorecer una convivencia sencilla. Los vecinos de las alquerías recogen el rechazo, todo lo que la ciudad no quiere. Y les llega de la peor manera posible, con pequeños delitos para la Justicia pero que larvan la tranquilidad en las alquerías.

Modas. Muchos defienden desde el estilo de vida de la huerta. Los huertos urbanos en Benimaclet son el último caso, fallido por culpa de la burocracia urbanística. En otra escala, otra apuesta será Sociópolis, donde ofrecen pisos rodeados de campos. Pero sería mejor esforzarse por mantener lo que queda y olvidarse de propuestas tan insensatas como la ampliación de la Universidad Politécnica en la huerta de Vera. Nos iría mucho mejor y no harían falta sirenas de aviso.

La Marina Real Juan Carlos I

Las cuentas que vienen

El vicealcalde, Alfonso Grau, entregó ayer a la alcaldesa Rita Barberá el borrador de los Presupuestos del próximo año, uno de los documentos más previsibles de los últimos años. En resumen, no hay dinero para casi nada.

Plan de ahorro. La voluntad municipal es darle una vuelta más a la reducción del gasto corriente. Los llamados gastos no productivos se llevarán la peor parte y el concejal de Presupuestos, Silvestre Senent, tendrá que cuadrar de nuevo la reducción de la deuda con la escasez de ingresos y las dudas enormes sobre las transferencias que llegarán del Gobierno.

En el alambre. Esto último es lo más peliagudo, debido a que está pendiente conocer si los Presupuestos del Estado se prorrogarán y qué cantidad final se destinará a los Ayuntamientos. Los dos últimos ejercicios se han saldado con sendos recursos contra el Ministerio de Economía, debido a que han hecho una rectificación que sólo en el caso de Valencia supondrá un descuento de 126 millones de euros.

Demandas vecinales. La Federación de Vecinos ya tiene claro que no será año de reivindicciones, salvo para terminar las obras iniciadas. Y sobre esto me parece adecuada la reflexión que hizo ayer Casilda Ossa, de la asociación de vecinos de Nou Moles. Los residentes están muy calientes con el abandono de la construcción del polideportivo. Si la Generalitat sabía que no podía pagar, entonces no entiende la razón de que adjudicaran el contrato.

Cambio electoral. Y mucho me temo que la probable victoria del Partido Popular en las elecciones generales no cambiará mucho el panorama. Auguro que las primeras semanas servirán para alertar de que las cifras son mucho más pesimistas, con facturas en los cajones que no se habían contabilizado. Para el ejercicio de 2012, lo mejor es una economía casi de guerra.

Puente sin flores, Lonja sin turistas

Lo del gasto del puente de las Flores en la idem es algo que cae por su propio peso. Desde 2002, cuando se abrió al tráfico el excéntrico paso sobre el viejo cauce de Valencia, repleto de macetas, alguien debería haber caído en la cuenta de que la reposición de las plantas iba a pasar factura. Tacita a tacita, la oposición no ha tenido más que hacer las cuentas desde entonces y llegar a la conclusión de que el mantenimiento y reposición tres veces al año del vergel cuesta una millonada.

La concejala socialista Isabel Dolz dice que han sido 4,5 millones de euros. Aunque fuera la mitad, ya me parece una pasada. Ahora que llega la época de la flor de Pascua, es de rogar que el sentido común impere en el gobierno municipal y nos olvidemos todos de verlas. Lo contrario sería un error.

Si queremos contentar a los turistas, mejor dedicar ese dinero a limpiar mejor las calles y eliminar las pintadas de los monumentos. Sin ir más lejos, en el puente del Real han aparecido unas descomunales por su tamaño, inversamente proporcional al tamaño del cerebro del que las hizo. Los pasos históricos del viejo cauce están al borde de la ruina, graves con pronóstico reservado que diría Pilar de la Oliva. El de la Trinidad da pena verlo, cuando en teoría está restaurado desde hace poco. Con el de Serranos ocurre lo mismo.Fallta una solución global, idear un sistema que protega este patrimonio.

Y si el puente de las Flores acabará sin ellas, o con algunas de plástico hasta que pase la crisis económica, el mismo riesgo corre la Lonja. La concejala de Cultura, Mayrén Beneyto, justificó el lunes el cobro de la entrada al edificio Patrimonio Mundial de la Humanidad diciendo que muchos turistas entraban para guarecerse de la lluvia o, simplemente, para ir al baño. Opinión muy discutible para mí, teniendo en cuenta que los dos euros por cabeza van a producir el efecto contrario, es decir, desbandada de los visitantes.

¿Qué ofrece la Lonja? Una arquitectura de lujo, una decoración cuidada en algunas de sus salas y rincones bonitos para fotografiar. Hoy en día, no es suficiente eso para atrapar al turista y lograr que saque la cartera. El Ayuntamiento debería haber ofrecido al mismo tiempo algo más. ¿Por qué no una exposición permanente sobre la historia del edificio? ¿Y la recreación de la decoración de su bóveda, algo técnicamente posible como demostró la Politécnica? ¿Las audioguías van incluidas en el precio? Dice Beneyto que la entrada pagará la reforma de una sala para abrir una tienda. Precisamente se tenía que haber hecho justo lo contrario, antes la venta de recuerdos, para justificar el pago.

Sigo con las preguntas. ¿Por qué no es visitable la torre? ¿Los dos euros ayudarán a que se termine la restauración? ¿Qué pasa con el plan director? ¿El tráfico de coches se va a limitar de una vez o seguirá apestando el diésel junto a las fachadas del edificio? Cuando el Ayuntamiento decide pedir dinero a los turistas, que sea con razones más sólidas que la lluvia y la vejiga urinaria.

¿Llegamos tarde para ayudar a los ciclistas?

Marina 'for sale'

Lo pongo en inglés por si alguna multinacional por las que suspira el Ayuntamiento decide alquilar una de las dos bases de la Copa América que saldrán a concurso esta semana. La del BMW Oracle es la más atractiva, enorme y con un cuidado diseño del arquitecto valenciano José María Tomás.

Rentabilidad. Todos tenemos muy claro que con esto no se soluciona la deuda que tiene el Consorcio Valencia 2007, que necesitó un préstamo de 320 millones para acometer las obras en la dársena. Aunque todo tiene un comienzo y tras los amarres, los restaurantes y el arrendamiento del Veles e Vents para saraos y eventos de empresas, el uso de las bases es un paso lógico.

Propósito. La alcaldesa Barberá quiere un centro tecnológico, un lugar empresarial sin humos y que dé un valor añadido a la ciudad. Laboratorios, locales de investigación y sedes de compañías, vinculado a las naves de la calle Juan Verdeguer, donde ya funciona un centro de diseño y jóvenes creadores. Los argentinos lograron algo parecido en Puerto Madero, en el río de la Plata, y en Londres, la zona de moda para las empresas fue una pestilente ribera del Támesis hace unos años.

Acuerdo político. Estos pasos se han logrado dar entre otras razones porque la participación del Gobierno se hace a través del Ministerio de Fomento, que a pesar de las reuniones en gasolineras que haya podido tener su titular, José Blanco, es más efectivo y beneficioso para Valencia que Elena Salgado, de infausto recuerdo en la plaza del Ayuntamiento.

Futuro. A partir del 20 de noviembre llegarán decisiones de más calado con el nuevo Gobierno. Y si está presidido por Mariano Rajoy (lo que yo no firmaría hoy teniendo de rival a Rubalcaba y sus sorpresas), la cosa debería ir más suave, lo que tampoco tengo tan claro. Cuando no hay dinero, da igual el color político. La caja está vacía.

Pedro García Rabasa tenía razón

Ya sé que el caso Monforte se ha centrado en la figura del concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, por todas las implicaciones políticas colaterales. Que si delfín de Rita Barberá, que si un golpe al líder del relevo generacional de los Grau, Senent, Igual y Domínguez, que si la corrupción llega a todas partes. Frases que se encontraba en los periódicos, al igual que sucedía con su familia y amigos. Hoy se le veía emocionado al comentar la sentencia favorable. Pues al final, después de la absolución lógica y esperada del Tribunal Superior de Justicia, me quedo con el testimonio de los que menos han aparecido en la prensa, pero que estaban igualmente amenazados.

Los cuatro funcionarios municipales iban cada día a la sala de lo Penal con una cara entre el asombro, la estupefacción y la honda preocupación de ver sus carreras (alguna de más de 40 años como la del jefe de Planeamiento, Juan Antonio Altés), sucias con una mancha indeleble por la cabezonería de la Fiscalía y un juez instructor que no supo parar el tema a tiempo. La vía penal, como ha quedado demostrado, está para cosas más serias.

Y me quedo de este colectivo con la declaración del secretario general del Ayuntamiento, Pedro García Rabasa, que en 2004 estaba al frente de la secretaría de Urbanismo. Lo dijo dos veces, el primer día y el último, cuando insistió en que el criterio a la hora de pedir permiso a la Conselleria de Cultura para una obra en un entorno protegido no incluye el subsuelo, a no ser que se trata de una zona de vigilancia arqueológica o el centro histórico. Es la tesis que ha refrendado el tribunal.

Está claro que para hacer el aparcamiento de la calle Severo Ochoa hubo que demoler aceras y calzada. Es obvio, lo mismo que dijeron media docena de técnicos municipales, aunque el propósito era ejecutar un proyecto en subterráneo, sin ninguna afección visual desde el interior del jardín, que para más inri está cerrado por un muro de dos metros de altura.

Por eso creo que ha sido la declaración más coherente de todo el juicio, junto con la explicación que ilustró a todos del jefe de Planeamiento. García Rabasa sí que sabía que se trataba de un Bien de Interés Cultural y decidió que no era necesario el permiso previo. Por eso me quedo con ese recuerdo de una semana dentro de la sala, viendo las caras de García Rabasa, Altés, el jefe de Tráfico, Juan Casañ, y María José Gasull, arquitecta técnico de Planeamiento. Que olviden lo más rápido posible un mal sueño que ha durado 18 meses.

La sala ha decidido salvar la cara a la Fiscalía y no incluir las costas del proceso que pedía el abogado del Ayuntamiento, José Vicente Sánchez Tarazaga, quien recriminó la temeridad y mala fe de los primeros en todo el proceso. Para estas personas lo que menos importancia tenía, aunque la pregunta ya está en la calle: ¿Quién paga esta fiesta?

El jardín del Hospital

Llega el caso Monforte

No suelo dedicar este espacio para defender a nadie, pero hoy arranca el juicio del llamado caso Monforte, donde irá como imputado el concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, junto a cuatro funcionarios municipales. A estos últimos no los conozco, aunque la defensa que han hecho sus compañeros de área debería bastar. Al edil sí y puedo asegurar, aunque mi opinión sirva de bien poco para el tribunal, que lo más alejado de esta persona es conspirar con otros para adjudicar un aparcamiento subterráneo hurtando parte del procedimiento a la Generalitat.

Desmesura. Dicho eso, lo único que queda por decir es preguntar lo mismo que se decía en el escrito de los jefes de servicio. ¿Por qué no utilizar la vía contenciosa-administrativa? Es muy fuerte que se enfrenten al final de sus carreras profesionales por la supuesta falta de un informe, que con toda seguridad hubiera sido positivo.

Parálisis. Pero si esto tiene alguna consecuencia, además del mal trago que pasarán los imputados hasta que se acabe el proceso con una absolución en toda regla, es la paralización de buena parte de la Administración municipal. Los 25 informes que se encargaron para el aparcamiento de la calle Severo Ochoa, en un expediente que supera las 1.500 páginas, no parecen suficientes para algunos. Desde que comenzó este asunto, decenas de proyectos han entrado en vía lenta. Dicen que la Apple Store de la calle Colón va con retraso sobre lo previsto. Apuesto un euro a que se debe a las precauciones infinitas que se toman ahora en cualquier obra en un edificio protegido.

Paja del arroz. Con lo fácil que es recoger y embalar la paja, no entiendo la incapacidad de la Conselleria de Medio Ambiente para darle un uso como combustible, forraje o mantas para animales. Cualquier alternativa es mejor que quemarla o dejarla pudrir.

Olvidos en Nazaret

Ya casi nos habíamos olvidado de los problemas que padece Nazaret en sus relaciones con el puerto. La frontera entre los muelles y el casco urbano ha originado una zona degradada que se ha difuminado con la crisis económica. Lo digo por el proyecto del que se habló hace tiempo para construir una serie de edificios, calles y espacios públicos que uniera esta maltratada parte del Marítimo con el paisaje portuario.

Moyresa en ruinas. Nos lo ha recordado a todos esta semana la concejala de Esquerra Unida Rosa Albert, al pedir que se haga algo con la antigua fábrica, tan criticada en su día por los vecinos debido a los problemas de contaminación que producía. Ahora es una nave en desuso, envejecida y que pide a gritos la piqueta para desaparecer.

Sin bicicletas. No creo mucho en las teorías de la conspiración, aunque cuando los vecinos de Nazaret se quejan, casi siempre tienen razón. Y si no, miren el mapa de Valenbisi plagado de paradas en toda la ciudad, excepto en los barrios vecinos al bulevar sur y un trozo del Marítimo, ya habrán adivinado el barrio. Dice el Ayuntamiento que en la última fase llegarán las paradas, aunque no hubiera costado nada incluir algunas hace meses. Más que nada, para que los vecinos no se sintieran tan abandonados.

Tierra de nadie. El parón inmobiliario ha frenado en seco la construcción del nuevo barrio de las Moreras, por no hablar del parón de la línea 2 del metro, que ha dejado la plataforma tranviaria hecha un artístico conjunto de matorrales. Y si seguimos hablando de infraestructuras, la promesa del ministro Blanco de incluir la prolongación del túnel de Serrería en el corredor mediterráneo me suena a música electoral. Habría que recordar en este punto los compromisos pasados de Jordi Sevilla y María Teresa Fernández de la Vega. Lamentablemente, nada nuevo bajo el sol de Nazaret.

El mal estado de los puentes del jardín del Turia

Apuesta de la Católica por el centro

Después de observar los problemas que han causado los campus universitarios, el de la Politécnica por la destrucción de la huerta de Vera y el de la Universitat en Tarongers por el botellón, es un alivio comprobar que otras instituciones docentes han apostado por el centro de la ciudad. La Universidad Católica inaugura hoy su Facultad de Derecho en la calle Jorge Juan, a unos metros del mercado de Colón, y para 1.200 alumnos.

Se habla mucho de la recuperación de Ciutat Vella desde el ámbito universitario, aunque es con hechos como el que hoy protagoniza el arzobispo Carlos Osoro con la apertura del inmueble del Ensanche, la única manera en contribuir a hacerlo de una manera efectiva. Colegios mayores, fundaciones, institutos de investigación y todo lo que quieran puede tener su sitio en el barrio del Carmen, en Velluters e incluso en el Cabanyal, donde el planeamiento está aprobado desde 1998.

Y en este último barrio la paralización de las obras tiene sólo un año de antigüedad. ¿Qué propuestas hacía antes la Universitat salvo oponerse a la prolongación de Blasco Ibáñez? Cuando los indicadores demográficos bajan por el éxodo de los inmigrantes, cuando la crisis económica ahoga más si cabe los barrios del centro, es con proyectos públicos como se ayuda. La sede de la Fundación Universidad-Empresa junto a la iglesia de Santa Catalina es un buen ejemplo. Que haya muchos más.

La Almoina ya se ve desde la plaza

Es una alegría poder pasar por la plaza de la Almoina, perdón, por la plaza Décimo Junio Bruto, y observar los restos de la ciudad fundacional a través de la lámina de agua. Ha estado meses, por no decir años, siendo una superficie opaca y repleta de desperdicios por la avería de la depuradora. Ahora que parece que ya se han subsanado los problemas, lo deseable es que dure. Uno de los lugares más turísticos de Valencia no merecía cómo estaba antes. Claro, que queda un problema todavía, los charcos resecos de orina que decoran todo el rincón del edificio museístico. Ante la imposibilidad de poner una valla o un policía, mejor algo más de concienciación ciudadana.

Palomas, esos bichos tan dañinos

Esto es lo que no debe hacerse nunca y me he encontrado esta mañana junto a las Torres de Serranos. Un montoncito de arroz esparcido en la acera, ensuciando la calle y dando alimento a uno de los animales más dañinos que existen. Las palomas, lejos de ser el símbolo de la paz, se encuentran más bien en el grupo de los destructores del patrimonio artístico, la ropa de los balcones y la pintura de los coches. La ordenanza municipal prohíbe alimentar esas aves, pero falta algo de sentido común entre los amig@s de llevar un kilo de arroz encima.

La ciudad y los trenes

A pesar de la pinta que tiene la licitación del AVE Valencia-Castellón a un mes de las elecciones generales, ya me gustaría que se hiciera un movimiento parecido para el Parque Central. Más en concreto, la estación subterránea que debe sustituir a la provisional y que el Ministerio de Fomento tiene pendiente desde hace tanto tiempo que hay que consultar en las hemerotecas.

Infraestructuras. Hablamos de prolongar la línea del AVE desde Madrid, de que Bruselas debe decir oficialmente el día 19 que el corredor será mediterráneo (ojalá se olviden de la madeja de vías que contó el otro día el ministro Blanco), pero pocos caen en la cuenta de que todo eso pasa por Valencia. Que el tren de alta velocidad siga hacia Castellón sin hacer el túnel pasante por la Gran Vía Marqués del Turia sería un error de bulto, casi tanto como será la estación Joaquín Sorolla si nadie lo remedia.

Avenida de Francia. Y con el corredor pasa lo mismo. Sólo hay que ir un día hasta el final de la prolongación de la Alameda y pararse junto a la verja degradada del túnel de Serrería. El soterramiento de las vías importa tanto como llevar los azulejos y los coches más rápidos hacia Europa porque hablamos del desarrollo pendiente más importante que tiene la ciudad, su unión verdadera con el mar hasta que se haga la prolongación de Blasco Ibáñez.

Revisión Plan General. Ya no hablo de enterrar las vías en la Punta, junto a lo que se llamó el triángulo de oro. Esa jugada se producirá dentro de 20 años, aunque ahora se ponen las piezas en el tablero. Esta campaña se habla mucho de las grandes líneas y poco del urbanismo de Valencia. El Ayuntamiento es comprensivo con el Gobierno por la crisis y no aprieta en la estación Central. Esperando a que llegue Rajoy a la Moncloa y se resuelvan los temas más espinosos. Aunque también es posible que la respuesta a todo esto sea que no hay dinero.

¿Qué hacer con el botellón?

Alquerías en peligro

Quieren vivir en ellas, conservarlas y legarlas como patrimonio de la ciudad. Observan cómo en ocasiones construyen edificios altos a unos metros, desaparecen caminos antiquísimos a favor del asfalto y el niñato de turno aparece con el espray para ensuciar las venerables piedras. Los habitantes de las alquerías son una especie en peligro de extinción y a nadie parece importarle.
Catálogo. El Ayuntamiento ha aprobado un completo catálogo, con 152 casos de alquerías, barracas, acequias y caminos. Cada uno con su ficha, descripción, lo que se puede hacer y lo que está prohibido. Un trabajo loable que ha durado años y que ahora necesita un paso más.
Financiación. Son tiempos difíciles para todos, tanto la Administración como los propietarios, pero se puede planificar para cuando lleguen tiempos mejores. Sociópolis puede ser un ejemplo, con sus luces y sombras, de adecuar el desarrollo de la ciudad con el paisaje de huerta y las alquerías. Veremos en qué queda el proyecto.
Salvem Vera. Y, desde luego, hay que evitar masacres como la que incluye la revisión del Plan General para la huerta de Vera. Un paisaje precioso, cuidado y con campos casi siempre con cultivos, se aleja mucho de la justificación de que la ciudad puede expandirse sobre la huerta degradada. Si la Universidad Politécnica necesita más espacio, ahí está uno de los mayores centros históricos de Europa. Por no hablar del Cabanyal, una idea que ha cogido con fuerza la Universitat.
Botellón. Y ya que hablamos de las universidades, ofrezco una idea para limitar los efectos de los botellones que cada semana dejan un rastro de toneladas de basura. ¿Qué hacen en las facultades los viernes? ¿Se dan cuenta los profesores de que sus clases huelen a alcohol? Si se impusiera la costumbre de programar los exámenes ese día a las ocho de la mañana, algo se conseguiría

Huertos urbanos, no en mi solar

Que un vigilante se plantase delante del solar donde los vecinos de Benimaclet pretenden cultivar pequeños huertos suena casi a cómico, aunque no tiene ni pizca de gracia. Después de limpiar la parcela, enviar varias cartas al banco propietario sin obtener ninguna respuesta y solicitar la mediación del Ayuntamiento, fallida por lo que se ha visto, el pequeño experimento social se quedará en el cajón. Y en unos solares donde no se colocará un ladrillo en la próxima década y volverán los escombros y los matorrales.

Propiedad privada. Lo primero que piensas es que si hay algo inviolable es la propiedad, aunque debe imperar el sentido común. Unos huertos provisionales, en precario desde el primer día y sin ánimo de usurpar ninguna escritura no hacen daño a nadie. Lo que se consigue es hacer barrio y unir a los vecinos.

Más ejemplos. Lo vimos este verano en la calle Beneficencia, a espaldas del IVAM. La asociación Amics del Carme presentó la propuesta de un despacho de arquitectos para darle un uso provisional de jardín y huertos al enorme espacio abierto tras el derribo de varias fincas. La Conselleria de Cultura se negó alegando que tocaba hacer la excavación arqueológica. En el caso de que eso se haga pronto, que lo dudo, me apuesto lo que quieran a que después no se pone ni un ladrillo. Se quedará como el solar de Benimaclet, lleno de hierbajos.

Aparcamientos. Para lo único que sirven los solares en esta ciudad es para que aparquen los coches. Y si están vallados, para criar basura. Ya es hora de que el Ayuntamiento se ponga a la faena con este tema y ofrezca equipamientos precarios, para mejorar la imagen de la ciudad. Y si no quiere hacer nada, que deje a los vecinos. Muchos quieren trabajar para tener al lado de su casa algo más que un terreno polvoriento que sólo cambia cuando llueve. Entonces es un lodazal.

Una selva en la línea 2 del metro

La hucha está vacía

Si alguien pensaba que 2012 iba a ser mejor que este año, sólo tiene que echar un vistazo a las previsiones del presupuesto municipal. La alcaldesa Barberá nos ha preparado para un mandato de sangre, sudor y lágrimas, aunque parezca un poco melodramático. Y un cambio de Gobierno suavizará apenas el estancamiento de las inversiones que necesita la ciudad.

En el cajón. Ante esa situación, me pregunto cuándo veremos acabada el Ágora o ajardinado el último tramo del viejo cauce, por no hablar de la línea 2 del metro. Qué triste es ver cómo se alegran los vendedores del mercado Central porque les van a acabar la plaza Ciudad de Brujas. De lo demás, comprenden resignados que no toca reivindicar.

Parque Central. La única alegría de la semana es que la paisajista Kathryn Gustafson ha hecho un buen trabajo, lo que por otra parte no es ninguna sorpresa. La alcaldesa dio ayer el visto bueno al desarrollo del proyecto del jardín, cuyas obras podrían empezar a finales de 2012. La fecha es importante porque no coincide con ninguna cita electoral, por lo que es posible que se cumpla.

Barrios. Pero volviendo al asunto de la falta de dinero, la Federación de Vecinos ha pedido que se tengan en cuenta sus reivindicaciones aunque los 25 millones previstos para inversiones tengan ya nombre y apellidos. Es posible, nunca se sabe, que con un nuevo Gobierno cambie la situación y se afloje la soga al cuello que tiene ahora el Ayuntamiento.

Falleras. Y para terminar con una nota de alegría y no ser tan cenizo, la elección de las cortes de honor mañana inicia el proceso de la mejor fiesta del mundo: ¡Bienvenidas las Fallas!

El abandono de la avenida Cataluña

La ruina de la muralla islámica

Nostalgia de la plaza Redonda

Será un centro comercial coqueto, con todas las comodidades para clientes y vendedores, pero no me digan que no han sentido algo de nostalgia al observar cómo han empezado a desmontar y derribar las tiendas de la plaza Redonda.

Casi con mimo para que no se rompieran los azulejos de cerámica, que aunque carecen de valor patrimonial sí lo tienen y mucho en el corazón. Dentro de unos meses no quedará nada y empezará la construcción de las nuevas tiendas, en unas obras que se llevarán también los recuerdos de muchos vecinos de Valencia.

Para los que como yo nacieron en un barrio, acudir los domingos a la plaza Redonda era un día de fiesta. De la mano de mi padre para admirar las decenas de pájaros que cantaban en las jaulas. O con los montones de cromos apretados, sobados de tanto buscar al jugador que siempre falta. Y para acabar la jornada, bocadillo de calamares en uno de esos bares donde había una barra a la altura del pie para apoyarlo y el éxito del negocio se medía por la cantidad de basura que se acumulaba en el suelo.

Por eso siento nostalgia al pensar que se pierde uno de los rincones de mi infancia. Íbamos con el trenet al centro y después de comprar un helado al corte, enorme y baratísimo en la calle Navellos, llegar al bullicio de la plaza Redonda era una emoción.

La razón me dice que los puestos actuales estaban en muy mal estado, que la marquesina se cae a pedazos y que el lugar mejorará mucho con el cambio. Estoy de acuerdo en todo eso, aunque no puedo evitar algo de tristeza. Aprovechen estos días para ir a la plaza, cámara en mano. Guardarán una imagen que ya no volverá. Como nuestra infancia.

La reforma de la plaza Redonda

Una de museos

Tras el inoportuno chaparrón, decido coger a la tropa en el siete plazas y largarnos al centro, pero no comercial sino al histórico, al de Valencia. Con ganas de que nos entre en vena algo de historia de la ciudad. Elijo sin dudarlo el museo de la Almoina para empezar.

Suciedad. Nada más llegar a la plaza, el primer comentario que me hace una de mis hijas. ¿Pero esto no era transparente? En efecto, la deseada lámina de agua, empeño personal de la alcaldesa Rita Barberá y con grandes posibilidades, es una gran superficie opaca de un tono tirando a verdoso, que sirve para el baño de las palomas. La depuradora sigue rota, a pesar de que el arreglo es cosa de unos pocos miles de euros. Mala imagen para las turistas.

Carteles. Nos encaminamos a la puerta del museo, sin más problemas porque sé por dónde se entra. Menos suerte tiene un grupo de turistas italianos (benditos sean por venir tantos este verano), que plano en mano me paran para preguntar. Yo no digo que se pongan tubos de neón, aunque un letrero bastaría.

Buena visita. La visita es barata y por 2,50 euros cada uno disfrutamos de 40 minutos de charla con la guía, perfecta conocedora de su trabajo. Echo en falta más de dramatismo cuando llegamos al lugar donde está Boro, como llaman al esqueleto de un romano torturado hasta la muerte en la guerra entre Valentia y las tropas del general Pompeyo, allá por el 75 a.C. Los huesos están incompletos porque el desgraciado fue mutilado de piernas y manos.

Museo de la Ciudad. Ya fuera de las ruinas fundacionales, vamos al palacio del marqués de Campo para apreciar la exposición sobre la Albufera. Y compruebo lo que denunció la edil de Compromís Pilar Soriano. Ni un funcionario ni agente de seguridad en las salas. Tan sólo dos personas en la entrada. Hay crisis, pero esto es demasiado.

Amigos italianos

Este verano, Valencia ha estado más llena de turistas que nunca. Las cifras hablan de un incremento muy por encima de la media española, que se explica en parte con la importancia creciente de los visitantes madrileños y extranjeros. La línea de alta velocidad y las guerras y conflictos políticos en el norte de África explican el aumento.

El segundo motivo es circunstancial y pasará pronto. De ahí que debamos volcarnos más que nunca en la proyección exterior de la ciudad. Hace unas semanas, LAS PROVINCIAS publicó un reportaje donde se hablaba de lo que nos piden: idiomas, transporte público y limpieza.

Si queremos llegar a los dos millones de turistas en 2012, el reto esta ahí. Más formación en la hostelería, en las oficinas de turismo y hasta en los taxistas. Un transporte de calidad en las zonas estratégicas, como en el centro, la Ciudad de las Artes y el puerto. Y por último, evitar que el plan de ahorro afecte tanto al estado de las calles.

Pero me quedo con un detalle de los números difundidos por la alcaldesa Rita Barberá. Hasta un 55% han aumentado los turistas italianos. Si algo ha quedado claro estos años, es que esos visitantes se encuentran especialmente a gusto en Valencia. Urge por lo tanto estrechar relaciones. ¿Por qué no una serie en la Mostra dedicada al cine italiano? Intercambios culturales, gastronómicos y hasta deportivos. Ahí existe un filón de negocio beneficiado por los vuelos de bajo coste. También los 216 cruceros que llegarán este año acercan el sueño de la ciudad al resultado enorme de Barcelona, aunque para eso falta mucho todavía.

Antes de que pase la marea de terror en el norte de África y destinos como Túnez, Marruecos y Egipto vuelvan a cobrar fuerza, debe llegar la oportunidad de Valencia.

Calor asfixiante en el mercado Central

Utilizo para el titular la misma expresión del compañero de LAS PROVINCIAS que se ha acercado esta mañana al mercado Central, transformado en parte para la presentación de dos nuevos jugadores del Valencia, Barragán y Ruiz. Y me acuerdo de las veces que hemos contado la avería del aparato de aire acondicionado en el edificio modernista.

Después de los quebraderos de cabeza que supuso la colocación de los tubos y aparatos sobre los comercios, con muchas reticencias al principio de la Conselleria de Cultura, en el principal mercado del centro histórico sigue haciendo calor. Uno de los transformadores está averiado desde el principio y el otro carece de la potencia suficiente.

De momento, una inversión que no sirve para nada, salvo para añadir una nota de color a las crónicas periodísticas, aumentar la venta de abanicos y los sofocos de los clientes que deben arrastrar la compra en un ambiente molesto y nada agradable.

El próximo lunes empieza la reforma de la pescadería, la última zona pendiente de rehabilitación y bloqueada desde hace años debido a la falta de coordinación entre el Gobierno y el Ayuntamiento. Sería ideal aprovechar esta ocasión para reparar el resto de las instalaciones del mercado que fallan.Y el aire acondicionado es una de las primeras.

La estrategia de la nueva junta directiva de promocionar el mercado con este tipo de actos es muy buena. El edificio se puede convertir en unos pocos años en lugar de presentaciones, eventos y actos culturales de todo tipo. En pleno centro de Valencia y para beneficio de los comerciantes. ¿Por qué no abrir algunas tiendas coincidiendo con ellos?

Reimpulsarán la construcción de la línea 2 del Metro de Valencia

Perdonen que haya utilizado un truco tan burdo para conseguir lo que los expertos en esto de internet llaman tráfico, pero es que la tentación era muy fuerte. El primer sorprendido he sido yo al repasar esta mañana las alertas de Google y echarme a la cara que la línea de metro paralizada desde hace meses volvía a la actividad. Claro, que ha sido hasta darme cuenta que la fuente era la agencia venezolana de noticias, un poco lejos del tramo que va desde Nazaret hasta la plaza de Toros.
Para desesperación de vecinos y comerciantes, la realidad es que la Conselleria de Infraestructuras sigue dandole vueltas a cómo encontrar financiación para que el suburbano entre en servicio. La inversión ha sido millonaria hasta ahora, pero en el último esfuerzo, la caja se ha quedado vacía. El túnel está hecho pero falta todo lo demás.
Las alarmas saltaron hasta en las obras de la estación del Mercat, las únicas de todo el trazado, donde se construye también un aparcamiento para medio millar de vehículos. El Ayuntamiento tranquilizó a los comerciantes al asegurar que en septiembre se retomaria la actividad normal. Es decir, que a partir de hoy empieza el tiempo de descuento para que se cumpla esa promesa en la mediación que realizó la concejala de Mercados, María Jesús Puchalt. Tic, tac, tic, tac,…

¿Qué hacemos con las palomas?

Abandono en Viveros

¿Por dónde deben circular los ciclistas?

Visiones del Cabanyal

Me he permitido parafrasear una de las mejores series de Joaquín Sorolla por ser el pintor un amante del Cabanyal. Al igual que todos los vecinos con los que hablé ayer de ese barrio, tanto los que están a favor como en contra de la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar.

La llegada masiva de familias sin recursos, bueno, con el recurso de patada en la puerta y para adentro, ha disparado todas las alarmas. Los edificios ocupados ilegalmente se cuentan por decenas y se habla de protestas vecinales para este otoño. La vuelta de vacaciones se presenta complicada para el Ayuntamiento.

En el plano político las posiciones no han cambiado. La posible negociación entre el PP y el PSPV a la espera de la sentencia del Constitucional quedó abortada casi de raíz por la torpeza de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, al cargar contra el modelo urbanístico de Rita Barberá cuando se desestimó la petición de suspensión del decreto que declaró ilegales las obras.

Pero es obvio que los vecinos no pueden, no deben esperar a un fallo judicial que se puede prolongar varios años. Ayer comentaban que a finales de 2010 sí que se apreció un refuerzo del Consistorio en la limpieza de las calles y en las patrullas de la Policía Local. Duró unos meses, aunque el duro ajuste presupuestario por la crisis ha menguado ese empuje.

Hay un montón de sectores del plan urbanístico que podrían acometerse a la espera de lo que se decida con la prolongación de Blasco Ibáñez. La mayoría de vecinos está a favor de la ampliación, como se constató de nuevo en las últimas elecciones municipales, aunque ahora todos padecen la degradación. Si hay que modificar el decreto para permitir esas obras, adelante. Si no, ¿a qué esperamos?

Héroes del Carmen

Desde que empecé a trabajar en LAS PROVINCIAS he tenido un aprecio por el barrio del Carmen, una preferencia innata a la hora de tratar las reivindicaciones de esos vecinos. Y tras el ataque de pulgas sufrido por una barrendera en la plaza Centenar de la Ploma no puedo más que recordar la heroicidad de los que viven allí.

Olores. Hace dos domingos fui por la mañana a comprobar si las fundas de ganchillo de Urban Knitting seguían en los bolardos de la plaza del Negrito. Lo primero que noté al bajar de la moto fue el dulce y nauseabundo aroma de la orina humana en mi nariz. ¿Se imaginan sentir lo mismo cada fin de semana en sus calles después de una noche de botellón? Vivir en esas fincas merece incluso una exención de impuestos.

Limpieza. Todavía recuerdo los efectos de la última fiesta de Halloween en las plazas y jardines del barrio. Para lo bueno y para lo malo, el barrio es siempre protagonista, mientras los proyectos públicos de mejora duermen el sueño de los justos. Si quieren ver la imagen de la degradación, asómense al torreón y la muralla islámica desde un solarcito de la calle En Borrás. Pintadas, matorrales, grietas en las paredes y el resto de ingredientes de un barrio en decadencia. ¿Para cuándo el proyecto que el Ayuntamiento paga con el Plan Confianza?

Atracción. A pesar de todo, vivir en el Carmen, Velluters, el Mercat y el resto de Ciutat Vella ofrece algo maravilloso. En los últimos años he conocido a personas llegadas a Valencia que su primer opción era encontrar una vivienda en estos barrios. No en la avenida de Francia ni en Cortes Valencianas, ni siquiera junto a la playa de la Malvarrosa y la marina del puerto. Primero el centro histórico, con su falta de luz, sus malos olores, la inexistencia de aparcamientos y la saturación de bares. Lo que decía, hay que tratar a estos vecinos como héroes.

Sinde resbala con el Cabanyal

Que el fallo del Supremo sobre el Cabanyal iba a ser contrario a los intereses del gobierno municipal era una noticia cantada. Todos sabíamos que el recurso se presentó para demostrar la determinación política de desbloquear el plan urbanístico. Levantar la suspensión mientras se dirime la cuestión de fondo en el Constitucional era algo imposible, al incluir derribos y obras de edificación.

La ministra González-Sinde se ha colado con un optimismo desaforado al pedir al Ayuntamiento que piense en otro modelo de ciudad. Más le convendría en decidir otro modelo de las relaciones de su Ministerio con la Sociedad de Autores, a tenor de las últimas detenciones. El recurso no cambia nada sobre los litigios en el Constitucional y la Audiencia Nacional. Si lo sabe, malo. Si desconoce el proceso, entonces el patinazo es mucho peor.

Decía Joan Cabalabuig la semana pasada que trabaja en una solución para el plan fuera de los tribunales. El portavoz socialista debería primero emplazar a la ministra a que deje de calificar de ilegal lo aprobado en el pleno, como volvió ayer a insistir. El bloqueo actual nace del decreto de paralización del Gobierno, que desencadenó hace más de un año todo un rosario de recursos. La prolongación de Blasco Ibáñez acumula varios fallos judiciales a su favor.

Y si Calabuig habla en serio con lo de ser intermediario para desbloquear las obras, el primer dato a tener en cuenta fuera del juzgado es el resultado electoral, donde la candidatura de Barberá consiguió el 50,2% de los votos y casi duplicó al PSPV. Y si le hace falta otro dato a la ministra, entonces puede decirle que la prolongación supone el 4% de la superficie del plan y que se protegen 561 edificios.

A pesar de las buenas intenciones del portavoz, Sinde sigue la doctrina Rubalcaba, idéntica a lo hecho por el candidato con las acampadas del 15M, al dejar que se conviertan en un problema de todos y no del Gobierno. Cuanto más tiempo pase sin concederse licencias de obras, piensa, peor para la alcaldesa Barberá. Espero equivocarme.

La plaza vuelve a ser de todos

La primera vez que escribí contra la permanencia de la acampada del 15-M en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, los comerciantes acusaban a la prensa de haber sido permisivos, tolerantes y quizá cobardes con este asunto. Ahora, cuando la Policía ha desalojado las últimas carpas y los servicios de limpieza pasan la manguera, es momento de recordarlo.

Poco queda de aquellos días románticos, cuando los conductores se paraban a dejar garrafas de agua y comida. El paro afecta a todas las familias y los jóvenes tenían el apoyo de casi todos. Pero después empezaron a llegar los perroflautas a la plaza, desvirtuando el propósito inicial. Y los apoyos iniciales se esfumaron en unos días.

De la comprensión con los acampados se pasó al asombro y después a la crítica abierta hacia la delegada del Gobierno. Ana Botella ha seguido fielmente la consigna dada por Rubalcaba de dejar dormir a los acampados hasta que el desalojo ha estado maduro, aunque la espera ha sido demasiado larga para los comerciantes y la imagen turística del centro. Tampoco nos olvidemos de los vecinos, que soportaban conciertos de música por la noche ante la mirada impasible de la Policía Local. Nadie quería dar el primer paso.

El Ayuntamiento de Barcelona se ha gastado 240.000 euros en reparar y limpiar la plaza de Cataluña después de la acampada. En Valencia será menos dinero porque la cosa ha estado más controlada, sobre todo cuando los representantes del movimiento empezaron a dar la espalda a los perroflautas. De todas maneras, el precedente es muy preocupante porque las dudas sobre la legimitidad de las instituciones nos perjudican a todos.

La democracia ha presidido las asambleas pero esto sucede mucho más en el hemiciclo de enfrente, donde se sientan los 33 concejales. Para mí, desde esta mañana la plaza del Ayuntamiento vuelve a ser de todos, de los que muchas veces se ha llamado la mayoría silenciosa. A disfrutarla.

Barberá, a por los 33 concejales

Otro golpe maestro de Rita Barberá. Dejar a cero la deuda del Ayuntamiento con los proveedores (3 millones frente a 112 hace un mes) es contentar al que le vende los pantalones a la Policía Local, suministra el tóner para las impresoras y al que se encarga de colocar bombillas en las calles por Navidad. Es decir, a cientos de pequeñas empresas que han respirado tranquilas después de esta jugada sin precedentes y a 24 días de las elecciones municipales.

La segunda lectura de la noticia, dada por el concejal de Hacienda, Silvestre Senent, en el último pleno del mandato es de dónde ha salido esa enorme cantidad de dinero. Menos inversiones, más deuda bancaria, malabarismos contables,… Da igual porque ese subtítulo nadie lo lee. Frente a los enormes problemas de la Generalitat con sus proveedores (véase la plataforma de empresarios creada para cobrar los suministros sanitarios) y que ha obligado al conseller de Economía, Gerardo Camps, a anunciar la medida desesperada de un recurso judicial contra el Gobierno por la disminución de las transferencias, sorprende la agilidad de Barberá en anticiparse a ese “marrón”.

Así las cosas, está claro que el mayor adversario del PP en los próximos comicios será la abstención. Si después de cinco mandatos consigue movilizar a sus votantes, incluso podría superar la actual cifra aplastante de 21 concejales. Joan Calabuig, que se enfrenta a su primera campaña de este tipo, debe conseguir todavía que lo conozca el electorado, mientras mira de reojo que Esquerra Unida o Compromís no le coman fichas por la izquierda. Demasiado trabajo para muy poco tiempo.

Después de resolver el caso Jesuitas y el pago a los proveedores, parece difícil que Barberá tenga algún triunfo más para rematar la partida, aunque no pondré la mano en el fuego vistos los precedentes. Este año sería capaz hasta de dominar con un seis doble.

Vivir en el Carmen

Tan lejos como este lunes hablaba de la conveniencia de celebrar una fiesta rave en la calle Beneficencia, para ver si la Conselleria de Cultura se enteraba de que tiene un problema en pleno barrio del Carmen. No ha sido necesario. Un día después, la locura transitoria de uno de los indigentes que viven en la trasera del IVAM causó media docena de heridos.

Confío en que los que toman decisiones en Cultura no esperen a que se peguen fuego las fincas. De momento, la única que se ha derribado ha sido por ese motivo. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas malviven en los edificios, aunque los vecinos recuerdan que las casas estaban en perfectas condiciones cuando vivían en ellas sus dueños.

Ahora, echando la vista atrás, parece claro que el desalojo fue precipitado e innecesario. La ampliación del IVAM es de momento una buena idea y la Generalitat tiene antes prioridades como pagar las facturas a sus proveedores. La famosa segunda piel del museo de los japoneses Sejima y Nishizawa es un proyecto espectacular, quizá demasiado para los tiempos que corren hoy en día.

Pero eso no quita para que se haga algo con esas fincas. Y lo más sensato es derribarlas antes de que suceda otra desgracia. La asociación Amics del Carme presentó hace poco una interesante propuesta del estudio de arquitectura EKA (David Estal, Henning Klouman) que ofrece un uso provisional a los solares hasta que se amplíe el museo. Huertos urbanos, juegos infantiles, incluso un bello jardín vertical. ¿Por qué no intentarlo?

Incluso un aparcamiento provisional, con una capa de grava o asfalto, sería mucho más útil para los vecinos que ahora, donde hay un riesgo real para los que malviven entre los montones de basura. Tan difícil no debe ser dar una solución a este asunto. Si Rita Barberá ha podido con el hotel de Jesuitas, la Generalitat debe demostrar un impulso parecido. Aunque sólo sea para demostrar que el desalojo de las 18 familias que vivían en la calle Beneficencia no fue en vano.

Desde el atasco

Muy interesante el estudio de la Fundación RACC sobre los atascos entre Valencia y su área metropolitana. La enumeración de carreteras es la conocida (enlace de la V-30 con la A-3, ronda norte y autovía de Llíria), aunque transformar la pérdida de tiempo y combustible en euros es la mejor manera de que todos entendamos el problema.

Estoy de acuerdo en reservar un carril para el transporte público o compartido, aunque no en convertir la ronda norte en una vía rápida. Ese borde de la ciudad con la huerta no necesita una carretera, sino un bulevar donde se circule a 50 kilómetros por hora. Quizá ahora es innecesario porque la crisis ha paralizado un montón de promociones inmobiliarias (camino de Moncada, Torrefiel y Benimaclet), aunque dentro de unos años lo normal es que el desarrollo urbano se tope con la ronda.

Y la única receta conocida es fomentar el transporte público y ampliar los accesos, es decir, disponer de mucho dinero. Es precisamente lo que ahora falta, por lo que habrá que echar mano del apoyo privado. La Conselleria de Infraestructuras quiere empezar con la línea 2 del metro, una obra que parece inacabable, además de un trocito de tranvía desde la Malvarrosa hasta la Patacona. Hasta que no salga el primer concurso no podremos hacer la prueba del algodón y conocer la respuesta de las grandes empresas.

Me dirán que lo del peaje en sombra (tantos coches pasan, tanto pago) ya demostró el escaso interés en estas infraestructuras, aunque lo más indicado sería vincularlo a otra explotación comercial. Vean el ejemplo de Valenbisi, con unas cifras tan buenas que no se las esperaban ni los más optimistas. La empresa no vive de alquilar bicicletas, sino del alquiler de más de 800 paneles publicitarios en toda la ciudad. ¿No se podría encontrar algo parecido para hacer una línea de metro o un carril más en cada acceso de Valencia?

Botánico gratuito y un hotel singular

El solar de Jesuitas servirá para ampliar el jardín Botánico de Valencia. Así lo ha determinado la alcaldesa Rita Barberá, tras cerrar un acuerdo con Expogrupo y darles el nuevo Ayuntamiento para que construyan en la avenida Aragón el hotel de lujo que persiguen desde hace casi tres décadas. A 26 días de las elecciones municipales, arría una de las banderas de la izquierda, la de que al PP sólo le interesa el ladrillo y el negocio fácil, apartando los intereses de los ciudadanos.

El hotel se hará en lugar de uno de los iconos arquitectónicos del Ayuntamiento socialista de los años 80, que acabará convertido en escombros. No me negarán que este hecho tiene también morbo político. La ciudad de Barberá elimina toda huella reciente anterior y nadie podrá decir nada porque se consigue así la ampliación del Botánico, una reivindicación del PSPV y de Esquerra Unida.

Ahora bien, hago dos apuntes tras conocer las primeras declaraciones sobre el pacto para la permuta de solares. La ampliación del Botánico se hará sobre terrenos municipales, con lo que sería injusto convertirlo en un jardín de pago. Ahora, la entrada ordinaria cuesta dos euros, un montoncito de monedas si vas con la familia. Claro que hay tarifas más económicas con bonos de diez visitas e incluso por meses, pero la cuestión es si habrá pagar, aunque sólo sea un céntimo, por visitarlo.

Y el segundo apunte es el diseño del futuro hotel. al quedar fuera de una zona protegida, la Generalitat no podrá decir nada sobre las alturas, materiales y formas de las fachadas, aunque opino que la ciudad, es decir, el Ayuntamiento, debe exigir un proyecto de gran calidad, incluso un concurso internacional. Por la misma razón que cuestiono la entrada de dos euros en la ampliación del jardín, el esfuerzo municipal debe ser recompensado. Nada de un hotel al uso, sino algo que eleve a Valencia desde el punto de vista arquitectónico. Después de tres décadas, los vecinos nos lo merecemos.

Caso Botánico, ¿El principio del fin?

Salvem el Botànic ha decidido no presentar recurso en el Tribunal Constitucional contra el hotel de Jesuitas, sin duda, el conflicto urbanístico por excelencia en la historia reciente de Valencia con permiso de la prolongación de Blasco Ibáñez. Alegan razones técnicas y económicas, a lo que yo añado serias dudas sobre el éxito de la nueva aventura judicial.
Veintisiete años hace que empezó este conflicto, ahí es nada. Ha enredado a todos los partidos que han gobernado en el Ayuntamiento y hasta, dice la leyenda, provocado la caída de algún alcalde. Por eso es importante lo que pase en los próximos meses, cuando podríamos asistir todos al final de esta historia.
El empresario dueño del solar, entre Fernando el Católico y el paseo de la Pechina, tiene dos alternativas, seguir con la licencia de obras que tramitaba en el Ayuntamiento antes del golpe de mano de la Conselleria de Cultura, o acordar con la alcaldesa Barberá un cambio de cromos y levantar el hotel en otra parcela. En los últimos tiempos, cobra fuerza esta opción.
Y como pieza añadida, la nada despreciable cantidad de 38 millones de euros que pide Expo Grupo a la Generalitat por daños y perjuicios, debido a las maniobras para evitar que construyera el edificio.
La voluntad del Ayuntamiento es ampliar el jardín de las Hespérides o crear una nueva zona verde para rematar ese chaflán. Detrás hay una capilla y el colegio de Jesuitas y al fondo, el jardín Botánico, argumento durante décadas para mantener viva la oposición a las obras de uno de los primeros salvem creados en la ciudad.
La opción de construir un hotel de lujo se vislumbra muy lejana, viendo el panorama de los cinco estrellas en Valencia. Sin embargo, los derechos urbanísticos están ahí y valen un montón de dinero, por no hablar de la posible indemnización. Una historia interesante a la que le pueden quedar muy pocos capítulos.

La lista de Calabuig

Había expectación por conocer el equipo que acompañará al candidato socialista a la alcaldía de Valencia, Joan Calabuig. Renovación total. Caras nuevas. Limpiar el actual grupo municipal como una patena. Todo eso, acompañado por lo que los expertos califican de grupo de perfil bajo, con gente desconocida y ausencia de estrellas.

Pero yo les digo que parten un paso atrás en la línea de salida respecto a Rita Barberá. Sin fe en la victoria ni en mejorar los resultados de Carmen Alborch. ¿Cómo sé algo así si ni siquiera ha empezado la campaña? No es por un análisis exhaustivo. Tampoco llego a esa conclusión después de sesudas conversaciones con “fuentes solventes”.

Lo sé por dos cosas, las fotografías y las biografías. En el comunicado donde se informó ayer de la candidatura me llamaron la atención esas dos cuestiones. El PSPV difundió 11 imágenes individuales de los componentes de la lista. Ni una más. Es decir, una persona menos del resultado que obtuvieron en 2007. Por no hablar de la calidad de las mismas. Joan Calabuig, con sus 20 kilobytes escasos, es una pequeña cara perdida en la inmensidad de la pantalla del ordenador. ¿Cómo esperan que alguien reconozca al candidato socialista? Y cuando vamos al apartado de las biografías, la cosa llega al puesto número 12. ¿Una broma del subconsciente de alguien que no espera más escaños?

Esperé un buen rato el siguiente envío. Sin éxito, a no ser que se debiera a una avería de mi ordenador. Confío en que fuera así. Lo deseo con todas mis ganas. Si al principio de la pelea uno de los dos contrincantes empieza ya con esos ánimos, podemos acabar con la campaña electoral más aburrida de todos los tiempos.

Tomás no es un mendigo

Mendigar es solicitar el favor de alguien con importunidad y hasta con humillación. Es lo que dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua y es lo que no hace Tomás, el malabarista austriaco al que conocí ganándose la vida en un semáforo de la avenida Pío Baroja, en Campanar.

Respondo así con mi opinión a los comentarios de varios internautas que sostienen que la publicación del reportaje este domingo es un modo de hacer proselitismo de la mendicidad. Con todo respeto les digo que no. Cuando un artista se sube a una bicicleta de una rueda, coge unos bolos o unos discos, hace unos malabares y luego pide una ayuda económica, entiendo que es una manera digna de ganarse la vida. No se puede comparar con un gorrilla o con el que simplemente se pone en la puerta del supermercado pidiendo dinero.

Y no olvidemos que Tomás se juega una multa que puede llegar a los 300 euros y el decomiso de todo el material, lo que no ocurre evidentemente en los otros dos casos. La cuestión es si la ciudad tiene espacio para acoger estas actividades. Entiendo que sí. Las actuaciones de circo en los jardines son un acierto. ¿Por qué no se pueden poner un grupo de mimos en la terraza de l’Umbracle? Con permisos del Ayuntamiento e incluso una tasa si procede. Esta tarde he visto la exposición de esculturas de Ripollés en el mismo lugar. Recuerdo la que se hizo de varios autores en la Gran Vía Marqués del Turia. Todo un acierto, pero espero que nadie diga que tienen preferencia sobre las personas.

Botella empieza con bala

Me quedo con una idea del discurso de la nueva delegada del Gobierno en la Comunitat, Ana Botella. La estocada que ha colocado en la quinta página, cuando dice que la inversión del Ejecutivo socialista estos años “nunca ha sido suntuaria o de dudosa utilidad social, ni se ha entretenido en proyectos de efímera vigencia”, en clara alusión a uno de los mantras del PSPV contra la alcaldesa Rita Barberá y su estrategia de atraer los grandes eventos a la ciudad. ¿Qué pensará el candidato Calabuig, siempre dispuesto al consenso?
Una pista de lo que nos espera los próximos meses, de las peleas y bajonazos entre las dos Administraciones. Afirma la delegada que habla de “atender las aspiraciones colectivas antes que a los intereses estrictamente privados”. Otro disparo a quemarropa. La palabra “privado” como un insulto, sin concretar nada, sencillamente dejándolo caer para que permanezca en el ambiente el sonido del tortazo. Eso sí, menos mal que después dice que está por la colaboración con la Generalitat y los Ayuntamientos. Que buen rollito sale de la plaza del Temple.

El futuro de la Cigüeña

Ya ni me acuerdo cuando nos citaron para conocer una fría mañana en el Palau de la Generalitat las maquetas de las llamadas torres de Calatrava, los cuatro rascacielos luego convertidos en tres que debían rematar el proyecto de la Ciudad de las Artes. Pasó entonces desapercibido el Ágora, único elemento construido, discutido por su escasa utilidad, enorme presupuesto y dudoso tamaño, apelotonado entre l’Assut de l’Or y l’Oceanogràfic.

La Generalitat ha puesto a la venta el solar sin la obligación de construir las torres, a pesar de que en su momento el Ayuntamiento autorizó un complejo cambio en el planeamiento, al pasar los derechos de edificabilidad del Ágora a esos terrenos. Es la primera duda que me asalta, que alguien me explique cómo encajar esa cantidad de metros cuadrados si no es con grandes edificios en altura.

Es decir, que la estrategia pasa por reducir las dificultades actuales para vender el solar. Los rascacielos de Calatrava serían caros, eso nadie lo duda, y con la opción de presentar un diseño alternativo se hace un guiño al mercado inmobiliario. Las parcelas estaban a la venta desde el primer día, aunque con otras condiciones.

Debido a la enormidad de las torres, habría que poner más atención a otros inmuebles que salen a la venta por la mudanza prevista en 2012 al complejo administrativo 9 d’Octubre, ahora en obras en la antigua cárcel Modelo. Y en esto se lleva la palma la Cigüeña, el hospital de maternidad del paseo de la Alameda fundada por la Caja de Ahorros. Su aspecto actual se debe a una reforma de 1951 y cualquiera de los planes que se tengan para su futuro, oficinas o un hotel, debe descartar de inicio derribos o modificaciones, incluido el característico muro que rodea el chaflán.

Y aprovecho la circunstancia para reivindicar de nuevo que un paseo tan bello deje de servir sólo para el aparcamiento de coches. Faltan espacios peatonales y, sobre todo, la ampliación del arbolado que devuelva algo de frondosidad al que fuera lugar de esparcimiento de la ciudad. Sólo hay que comparar fotografías tomadas apenas hace un par de décadas para darse cuenta del peligro que corre la Alameda. Si el Ayuntamiento apuesta de verdad por las zonas peatonales, ya tiene por donde empezar. De hacerlo, sería toda una declaración de intenciones para el resto de los espacios singulares de la ciudad.

El mar se traga la Casbah

Era cuestión de tiempo que un temporal se tragara la estrecha calzada que separa la urbanización La Casbah de la fuerza del mar. El primer día complicado del otoño ha hundido parte del pavimento, dejando el muro en vilo y listo para que se venga abajo con una próxima tormenta.

Los vecinos de esta parte del Saler se han cansado de reinvidicar el recrecimiento de la playa, así como la construcción de una escollera. Inútil por la falta de inversiones del Ministerio de Medio Ambiente, cuya única actuación fue reparar los accesos a la playa, ejemplo de la regresión que sufre el litoral del sur de Valencia.

Y en esta historia se cruza el pleito que tienen los residentes con Costas debido a un deslinde que los deja sin propiedades, tan sólo concesionarios del Estado en el mejor de los casos. Sus casas se han quedado en la orilla del mar, aunque hace 30 años debían andar muchos metros para poder bañarse.

Sea como propietarios o titulares de una concesión, el caso es que el Saler ya no puede vivir más de las rentas de lo que se hizo en los últimos años 90, cuando se derribó el antiguo paseo marítimo y se levantó buena parte de la urbanización fallida de los 70. Necesita de un plan integral desde Pinedo hasta el Perelló y en el que participen las tres Administraciones públicas.

Si decían el ministro Blanco y la alcaldesa Barberá que el AVE es un ejemplo de colaboración institucional, no menos importante son las playas del Parque Natural de la Albufera. En el Perellonet hace falta un paseo marítimo, mientras que en el Saler es evidente la urgencia de un aporte de arena. Eso para empezar.

La lista es larga e incluye piezas como la antigua fábrica Plexi, el colegio Sebastián Burgos y, si me apuran, la carretera Nazaret-Oliva. La Conselleria de Infraestructuras presentó un proyecto de autobús guiado para dar servicio desde la ciudad a todas las pedanías del sur. ¿Dónde está?

Ahora, el Parque Central

Desde la lealtad institucional, como ha dicho la alcaldesa Rita Barberá en la estación Joaquín Sorolla, ahora toca rematar las obras de la línea de alta velocidad con el canal de acceso y la estación Central, piezas claves para el desarrollo del Parque Central. Conscientes de las dificultades económicas pero sin ninguna pausa, para que los andenes provisionales no se conviertan en definitivos junto a una playa de vías que todavía sigue siendo uná barrera de hierro para muchos barrios.

El acto celebrado con motivo de las primeras pruebas con pasajeros de un tren AVE ha sido todo un modelo de cómo guardar las discrepancias políticas en un cajón y apoyar sin fisuras un proyecto estratégico para la ciudad. Llegará el tiempo de Alicante y Castellón, aunque ahora el foco hay que centrarlo en Valencia.

Comienza una cuenta atrás, asegura Barberá, y no debería ser muy larga. La sociedad Parque Central tiene ya en marcha el concurso del diseño del gran jardín, aunque las obras ferroviarias son las que van a marcar el ritmo. La oferta de la estación a las empresas privadas debe ser suficientemente atractiva para ganarse el interés del mercado inmobiliario.

Las palabras de gratitud hacia el ministro José Blanco suenan en este contexto aún más relevantes. Sin la estación subterránea y el canal de accceso, el gran parque es casi un imposible, aunque digan que se puede empezar por la parte de Ruzafa. La transformación histórica a la que se refería en sus palabras la alcaldesa no debe pararse sólo en el gran triunfo del viaje a Madrid en una hora y media, sino en la eliminación de todas las vías del tren en superficie.

Si Blanco cumple su compromiso con Valencia hasta el final, con un empujón definitivo el próximo año para que el Parque Central sea una realidad, olvidaremos incluso que en su discurso llamó “Levante” cuatro veces a la Comunitat Valenciana.

Adiós a las terrazas de la Malvarrosa

A menos de 24 horas del desmontaje de las terrazas de la Malvarrosa, pienso en la campaña que ha liderado LAS PROVINCIAS en los últimos meses a favor de los hosteleros. Algunos nos decían que ha sido demasiado esfuerzo por unos pocos negocios. Opino que no.

Hemos intentado demostrar que en estos tiempos donde el empleo es tan precario, la Administración debe hacer lo posible en no perjudicar todavía más la situación de los empresarios. El derribo de las terrazas cubiertas y su sustitución por otras más pequeñas y al aire libre carece ahora de sentido, en un paseo marítimo tan urbano como el de la Malvarrosa y una playa que crece cada vez más por la acumulación de arena junto al puerto.

Al final habrá que poner un autobús de la EMT para llegar a la orilla y con ese mal chiste quiero decir que ha llegado el momento de transferir las competencias de toda esa parte de la costa a la ciudad, al Ayuntamiento. Como ocurrirá con la dársena interio, en un proceso imparable y que tendrá su colofón en la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar. La nueva frontera, si me permiten la cursilada, está allí.

Ahora empieza una nueva batalla para los hosteleros, ampliar y consolidar sus establecimientos en la concesión a partir de 2013. Curiosamente, habrá otro Gobierno entonces, de distinto color político si hacemos caso de las encuestas. Deshacer para volver a hacer.

La lluvia acompaña al último acto de las terrazas. Incluso podría dar una prórroga de unos días más a los hosteleros. Pero cuando luzca el sol, muchos empleados habrá dejado de serlo. Eso sí, el medio ambiente de la Malvarrosa está más “limpio”, a salvo de algo tan molesto como unos clientes sentados en unas mesas comiendo mirando al mar.

La Albufera pasa el control antidoping

Menos de una semana después de conocerse un estudio que hablaba de la presencia de restos de drogas en la Albufera, la alcaldesa Rita Barberá ha exhibido toda una batería de informes y analíticas sobre el estado del agua, para contrarrestar así la mala imagen que podría suponer para el turismo el chiste fácil de que los turistas navegan en un lago de cocaína y las llisas condimentan su menú diario con polvo de éxtasis.

La conclusión ha sido en todos que el agua está en buenas condiciones. Quizá no para meter la cantimplora y beber un buen trago, aunque sí muy lejos del alarmismo que creó el llamativo informe químico. Y el trabajo debe servir para eliminar todas las dudas. El esfuerzo realizado con la limpieza de las acequias y la  depuración de las aguas ha sido mucho. Falta por hacer, por supuesto, aunque sería injusto maltratar una de las principales ofertas turísticas que tiene Valencia.

Tras dar a conocer el resultado de los informes y subrayar que los restos de drogas se medían en nanogramos, la alcaldesa no ha dejado desaprovechar la ocasión y reclamar a la Confederación del Júcar más atenciones e inversión en la limpieza de los barrancos que desembocan en el humedal. Desde luego, no da puntada sin hilo.

La conservación de la Albufera me trae a la memoria el reciente debate sobre la preservación de la huerta, al hilo de la revisión del Plan General. Mantener el lago en una urna de cristal es imposible, sobre todo porque es un parque inusual repleto de zonas residenciales y varias carreteras  que lo atraviesan. Es buen momento para la promoción turística, más líneas de autobuses con parada en los embarcaderos y más pantalanes, además de que se renueve el caudal con más frecuencia y prosiga sin pausa la limpieza de residuos.

La piedra de Luna y el ladrillo de Soto

La piedra blandengue, como diría El Fary, que aterrizó esta mañana suavemente en el parqué del hemiciclo de Les Corts fue lanzada casi con timidez por el portavoz socialista, Ángel Luna. Nada que ver con el pedazo de ladrillo añejo y carmesí que depositó el concejal Juan Soto en la presidencia del pleno del Ayuntamiento de Valencia, a dos palmos de los ojos abiertos como platos de la alcaldesa Rita Barberá.

El PSPV acumula de esta manera dos “pedradas” en una dudosa táctica para convencer a la opinión pública de la bondad de sus ideas. El ladrillazo (exagero porque Soto lo dejó con cuidado para no rayar la madera del hemiciclo municipal) se produjo el 30 de noviembre de 2007, en el transcurso de un acalorado debate sobre la reforma de la Tabacalera como sede del nuevo Ayuntamiento.

Soto acabó su tiempo en el turno de ruegos y preguntas, con tal mala suerte que se le olvidó formular la pregunta en cuestión. La alcaldesa no perdió la oportunidad de devolverle con el reglamento algunos epítetos lanzados por el edil mas combativo con el gobierno municipal desde la bancada de la oposición. Y le cortó la posibilidad de seguir hablando a pesar de que el otro exhibía documentos y tenía guardada la sorpresa de la piedra,  no se sabe muy bien si para enseñarla solamente  o para dársela a Barberá, lo que finalmente hizo.

Intentó mediar la portavoz socialista, Carmen Alborch, quien habló de “tolerancia” y “puntos de encuentro”. De nada le sirvió y el edil ya no pudo seguir con su discurso reivindicativo sobre la conservación de la fábrica original y en contra de los derribos de las naves laterales. Entonces se levantó y ante la mirada atónita de todos, dejó el ladrillo como recuerdo en  la mesa de la presidencia. Barberá ni siquiera lo tocó y un ordenanza se lo llevó. ¿Dónde? No se me ocurrió preguntarlo días después y ahora pienso donde estará el ladrillazo.

Por cierto, ¿Quién tiene la piedra de Luna? ¿Quedará como pisapapeles en algún despacho? Me imagino la tentación una campaña electoral parecida a la de la ceja de Zapatero pero con candidatos, artistas y simpatizantes exhibiendo piedras en la mano, piedras estampadas en camisetas y más piedras en las portadas de los programas electorales. ¡Qué país!

La hora de González-Sinde

Es hora de que la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, nos diga a todos qué obras puede autorizar o acometer el Ayuntamiento en el barrio del Cabanyal. El informe de la Abogacía del Estado sobre esta cuestión ha servido, una vez más, para escuchar dos interpretaciones totalmente distintas, la de la alcaldesa Rita Barberá y la que ofreció después la portavoz socialista, Carmen Alborch.

¿La orden que paralizó el plan del Cabanyal en enero afecta a todo tipo de obras? ¿Cuáles sí y cuáles no? ¿También fuera de la zona protegida declarada Bien de Interés Cultural? ¿Qué es expolio cuando se habla de calles que ya son auténticos solares? ¿Invitamos a la ministra a que pasee por la calle San Pedro para que lo compruebe?

La deriva de todas estas preguntas nos lleva a una situación absurda. ¿Abrirá el Ministerio de Cultura una ventanilla de licencias urbanísticas para responderlas una a una? Decir que el Ayuntamiento podrá autorizar obras que no supongan derribos, como se ha leído estos días, tampoco tiene mucho sentido. ¿Qué derribos? Junto al bulevar Serrería, por ejemplo, una promoción pública de viviendas tiene pendiente la demolición de una pequeña nave. El resto son solares, muy alejados de la zona protegida. El proyecto está paralizado para cumplir la orden ministerial. ¿Se puede derribar? 

Es decir, que el Ayuntamiento de la tercera ciudad de España debe estar pendiente de un “árbitro de la elegancia” gubernamental que diga si se puede tirar una casa ruinosa para hacer un aparcamiento o un jardín. ¿Y si luego resulta que no le gusta el jardín y lo declara un expolio?

Demasiadas dudas, demasiadas preguntas. La oposición dice que lo tiene claro y propugnan que sólo hay que rehabilitar. Pero como no gobiernan conviene que los que sí lo hacen sepan con exactitud qué hacer en el limbo obligado por el recurso en el Tribunal Constitucional. La defensa legítima de la prolongación de Blasco Ibáñez, con la mayoría en las urnas varias veces, estará en la vía judicial durante varios años. ¿Qué hacer hasta que se resuelva?

¿Da licencia el Ayuntamiento para rehabilitar un edificio afectado por la prolongación? ¿Y si luego resulta que el Constitucional da la razón a la alcaldesa Barberá? ¿De quién sería la culpa del desastre?

Luces y sombras de Carmen Alborch

 

Su silencio apuntaba ya en una dirección, aunque el deseo de Carmen Alborch de no repetir como candidata del PSPV a la alcaldía de Valencia ha sido todo un bombazo. Muchos daban por hecho que asumiría otra campaña electoral el próximo año, aunque ella cree que ha llegado el momento de un “tiempo nuevo” en el partido.

De momento nos quedamos con eso, a falta de un análisis y conocimiento más profundo de lo acaecido en las últimas semanas en la cúpula socialista. La incógnita que se abre ahora es tremenda, aunque Juan Carlos Ferriol adelanta un nombre, el de Joan Calabuig, que yo doy por seguro porque el jefe de Política de LAS PROVINCIAS bebe en las mejores fuentes.

¿Qué deja Carmen Alborch en el Ayuntamiento? Para mí un buen recuerdo cuando hago un balance apresurado de sus tres años como portavoz. Quizá llegó con unas expectativas demasiado altas y los doce concejales que alcanzó su lista le supieron a poco, pero el momento era espléndido para Rita Barberá. No olvidemos que las elecciones fueron en 2007, cuando los datos económicos negativos todavía se escuchaban poco y la ciudad se ponía guapa para la Copa América.

De todas maneras, sus 140.187 votos siguen siendo el récord del PSPV en unas municipales en Valencia desde que perdieron la alcaldía, por delante de las marcas de Rafael Rubio, Ana Noguera y Aurelio Martínez. Incluso por unos cientos más de papeletas superó a Clementina Ródenas, aunque aquellos eran otros tiempos con distintos datos demográficos.

Claro que enfrente se encontró una alcaldesa que logró revalidar la mayoría absoluta y además con unas cifras nunca soñadas hasta entonces. Nada más y nada menos que 235.158 votos 16 años después de llegar al poder.

Al margen de la estadística electoral (insisto en que todo un reto para Calabuig), Alborch deja un estilo de entender la política municipal no entendido por algunos pero que ha llegado a calar. Con una excesiva insistencia en llevar a los juzgados la gestión de Barberá, donde casi nunca ha ganado nada, aunque también preocupada por todo lo que favoreciera la igualdad y la participación ciudadana.

Convirtió en símbolos de su estrategia iniciativas como su oposición a la reforma de la Tabacalera y al plan urbanístico del Cabanyal. En el primer asunto no tuvo éxito, aunque el segundo sí que logró el apoyo del Ministerio de Cultura (que dirigió en uno de los últimos gabinetes de Felipe González) para paralizar las obras, ahora empantanadas en el Constitucional.

Asuntos que al final no han logrado desgastar al gobierno de Rita Barberá, con un Partido Popular que afronta su reelección feliz de enfrentarse a un oponente que tendrá nueves meses para que lo conozcan los votantes. Poco tiempo para que sea alguien con dilatada trayectoria política pero nada conocido. Si Alborch tuvo que sacar a pasear cabezudos con su rostro en Fallas, no se me ocurre qué tendrá que hacer Calabuig.

Brisa fresca para Valencia

Los datos ofrecidos hoy por la alcaldesa Rita Barberá sobre el balance veraniego son buenos, un soplo de optimismo que refresca un periodo negro para la economía. Nos habíamos acostumbrado en los últimos meses a unas cifras de desempleo para llorar, planes de ajuste, recorte de inversiones y ahorro hasta en el alumbrado público. Y ahora resulta que a los turistas les gusta más Valencia que el año pasado, en concreto un 13% más de visitantes que en el verano de 2009.

Dicen los hosteleros que se gastan menos dinero, que la segunda botella de vino nunca cae, ni siquiera la primera. Que vienen mirando el céntimo y ahorrando hasta en los postres. Pero el caso es que vienen y hay que hacer lo imposible para que regresen. Y en esto es vital que la ciudad esté preparada para el estreno de la línea de alta velocidad que nos conectará con Madrid a una hora y media de viaje.

Para los que no lo sepan, la estación del AVE abrirá sus puertas en diciembre y el regalo navideño también obliga a hacer bien  los deberes. Incluso con unos precios asequibles por parte de Renfe, a ver si ahora resulta que la línea ferroviaria más rentable de España sirve sólo para bolsillos privilegiados.

Será el primer capítulo y lo veremos dentros de tres meses y medio, un suspiro para calendarios políticos que ahora tienen señalado en rojo fechas de campaña. Barberá ha dado muestras de su inteligencia al dar por buenas las palabras del ministro de Fomento, José Blanco, y de mostrar su máxima colaboración con el líder socialista para propiciar el éxito de la línea. Las relaciones con el Gobierno están muy tensas, aunque los populares municipales han sacado del ring al gallego, al menos de momento.

Y para demostrar que Valencia es un destino turístico inmejorable, nada mejor que acompañar estas palabras con una fotografía de Rafa Vives, amigo de LAS PROVINCIAS y que ha sabido sacar todos los matices al amanecer en la playa del Cabanyal. Para que los madrileños se enteren de que no hace falta irse al Caribe.

Aceras mojadas en Valencia

Salgo con precaución de casa. Llueve y dejo la moto para convertirme en parte del batallón de peatones. Y enseguida empiezan las precauciones. Las aceras resbalan. Y mucho.

Empiezo una lista mental de las más peligrosas camino del centro. Enseguida descubro que la Gran Vía Marqués del Turia puede alzarse con el primer premio. Esas losas rojizas y resbaladizas no se pueden pisar ni con suela de goma de contrastada calidad. 

 

Aunque para peligro, el pavimento que rodea la boca del metro en la plaza de los Pinazo. Será por la suciedad, por los restos de los miles de folletos de propaganda que se reparten a diario, incrustados en la piedra. El caso es que reduzco la velocidad mientras busco miradas cómplices, sobre todo de los ingenuos turistas que calzan chanclas y pisan charcos. 

 

Ya con la mente puesta en la caída, atravieso Juan de Austria, la calle peatonal más comercial de la ciudad. Será por la suciedad y la sombra de los chicles que decoran cada centímetro cuadrado, el caso es que piso algo más seguro. 

 

Me interno por la calle Barcas, una de las últimas obras de urbanización que ha hecho el Ayuntamiento en el centro histórico. Voy con mucha precaución aunque la sorpresa es que las aceras son seguras, al contrario de lo que había sucedido hasta ahora. 

 

Y en eso que veo a lo lejos las losas más temidas, las de la plaza del Ayuntamiento, con un aspecto de pista de patinaje, brillantes por la lluvia caída. Me encomiendo a quien eligiera la piedra para sonreir por primera vez. Resbala menos de lo que pensaba, a pesar de las crueles críticas que se hicieron cuando la última reforma

Entonces caigo en la cuenta de que he pisado por la pequeña historia municipal, con suelos elegidos por distintos responsables, de Administraciones y partidos diferentes. Y para desgracia de los vecinos, sin salir del centro he podido reunir toda una colección de baldosas y colores. ¿No sería más sencillo elegir uno o dos modelos?

Silencio en el barrio del Carmen

Esta semana se ponen en práctica las primeras medidas aprobadas por el Ayuntamiento para tratar de reducir los ruidos nocturnos en el barrio del Carmen. Las más duras llegarán a partir del otoño, como la retirada anticipada de las terrazas, lo que aliviará este verano a los hosteleros.

Descanso vecinal. Habrá que ver sonómetro en mano si la suspensión de nuevas licencias y el cierre al tráfico de los accesos principales surte algún efecto. Son algunos ejemplos del otoño que se prepara en esta zona de Ciutat Vella, junto con fuertes restricciones a las tiendas de comida y bebida, los llamados lateros y los músicos callejeros.

Variedad. En lugar de optar por unas medidas más duras y que garanticen la reducción de decibelios (léase plaza de Xúquer o Menéndez Pelayo), la concejala de Sanidad, Lourdes Bernal, ha optado por la línea prudente, una especie de cirugía que reduzca el ruido y calme a la asociación de vecinos, que ha advertido en varias ocasiones sobre acudir de nuevo a los tribunales.

Peatonalización. Los cortes de tráfico ya fueron probados hace unos años y no resultaron. Las calles se convirtieron en grandes espacios para el botellón, lo que ya ocurre en algunas plazas como la del Tossal. La medida, cuando se ponga en práctica, se iniciará a las diez de la noche. Combinada con la zona naranja, el estacionamiento preferente para los vecinos, pretende ser un alivio para residentes en una parte de Ciutat Vella donde escasean los parkings públicos.

Daño. Los hosteleros sufrirán recortes en sus ingresos y en este tiempos de crisis, el Consistorio ha querido ajustar al máximo la ecuación entre el derecho al descanso y las empresas afectadas. Donde más duele, como declaraban ayer algunos empresarios en LAS PROVINCIAS, será en el adelanto horario. Si los centros comerciales cierran a las diez de la noche, cuando llega el turno de las copas el reloj ha llegado a la madrugada, lo que abre un debate muy interesante.

Dejemos crecer a El Saler

Un año es el plazo que se han dado los técnicos de la oficina Devesa-Albufera para observar cómo evoluciona la zona quemada el pasado viernes junto al acceso principal a la playa. Un tiempo prudente y que servirá para comprobar si la regeneración natural es suficiente.

Esta técnica se ha demostrado como la más adecuada en el parque natural, con el refuerzo de plantaciones de especies autóctonas. El objetivo no es otro que devolver su aspecto original a la Devesa, hasta el último matorral.

Como ya opiné este lunes, la abundancia de matorrales puede ser una dificultad añadida en las tareas de extinción, aunque se trata de un sacrificio obligado. Pocos estarían de acuerdo en diseñar una pinada como si fuera el jardín de un barrio, limpia de hierbas, con banquitos para descansar y juegos infantiles. El Saler es otra cosa.

Disiento de los que quieren quitarle frondosidad a la joya ecológica de Valencia. Herramientas para hacer frente a un incendio forestal hay de sobra y hoy hemos sabido que las cámaras de infrarrojos que detectan las anomalías de calor alertaron del siniestro al mismo tiempo que la llamada de una vecina.

Las antiguas carreteras y pistas forestales se han mejorado con el Plan E desde el lago artificial hasta el Casal d’Esplai. Está pediente la ejecución de unas obras similares con el Plan Confianza, que consisten en sustituir los pavimentos de asfalto y hormigón por otros más respetuosos con el paisaje.

La oficina Devesa-Albufera cuenta con un excelente banco de semillas, quizá uno de los mejores del Mediterráneo. Si la regeneración natural no es suficiente, seguro que no faltarán manos para las plantaciones en todo El Saler. LAS PROVINCIAS ya impulsó una junto al Ayuntamiento hace años y fue todo un éxito.

La limpieza de El Saler

El testimonio de un vecino este vienes junto a la zona incendiada de El Saler ha puesto el foco de nuevo en el estado de la Devesa. Mientras que algunos residentes consideran que los matorrales deben ser eliminados para abrir nuevos caminos de acceso a los bomberos, la estrategia de los técnicos municipales ha sido estos años justo la contraria.

La tarea de limpieza que sí realiza el Ayuntamiento es la poda y triturado de ramas secas, que se luego se esparce sobre el terreno para que forme un manto apto para el crecimiento de los primeros arbustos. Del resto, sólo algunos árboles secos que pueden ser un problema para el tráfico y dejando los troncos en el lugar para que sean alimento de insectos, primeros eslabones de la fauna del parque natural.

En mi opinión la iniciativa es la acertada porque no se pueden regenerar las 850 hectáreas de El Saler como si se tratase de un jardín de barrio, con sus pipicanes y mantos de césped, bordillos que delimitan la tierra morterenca y juegos infantiles. El triunfo consiste precisamente en eliminar especies alóctonas como los perniciosos eucaliptus y la plantación de todo tipo de arbustos y árboles que mejoren poco a poco el paisaje.

El primer Plan E sirvió para adecuar decenas de accesos para los bomberos y las patrullas de la Oficina Devesa-Albufera. El pavimento de asfalto y grava de los años 70 fue sustituido por un material más respetuoso con el entorno, incluso por el color elegido. Las obras seguirán en dirección sur.

Los bomberos cuentan con cámaras de infrarrojos que detectan alteraciones de calor. Supongo que avisarían del siniestro del viernes, aunque algunas informaciones hablan de que fue el empleado de un colegio quien dio la voz de alarma.

Las pistas, cámaras y triturado de las ramas deberían ser medidas suficientes, junto con el refuerzo de bomberos. Ahora queda averiguar si el fuego fue intencionado o se debió a una imprudencia. En el primer caso, el castigo debería ser ejemplar si detienen al culpable.

Municipios unidos frente a la crisis

El ejemplo de Meliana y Tavernes de compartir funcionarios para ofrecer mejores servicios a los ciudadanos ha tenido continuidad en tres Ayuntamientos más de l’Horta y Camp de Túria (L’Eliana, Paterna y San Antonio de Benagéber). Es el momento de que Valencia lidere una iniciativa similar que ayude a amortiguar los efectos perniciosos de la crisis. El caso de los bomberos podría ser el primer caso y sólo hay que recordar lo que ocurrió en Mislata, donde un incendio casi acaba con una finca entera hasta que llegaron dotaciones mucho más alejadas que las situadas en el retén de Campanar.

Los términos municipales que separan la gran urbe del resto de municipios de l’Horta son, en demasiadas ocasiones, auténticas barreras que perjudican a los ciudadanos. Y en estos tiempos difíciles de planes de ajuste y recortes de gastos en todos los Ayuntamientos, resulta incomprensible que no se enfoquen los problemas desde un punto de vista metropolitano.

Las empresas dedicadas al suministro de agua potable y el tratamiento de la basura no son suficientes. Todos los servicios podrían mejorar sin aumentar demasiado los gastos. Pienso en las líneas de la EMT que conectan Valencia con otros municipios, en la limpieza de las playas y en los servicios de la Policía Local, por no hablar de la matrícula en los colegios.

La Diputación ha demostrado ser un instrumento ineficaz en este sentido. Una entidad metropolitana debería ser la solución, dotada incluso de competencias urbanísticas. Es incomprensible que los principales accesos de la ciudad estén salpicados de equipamientos y desarrollos urbanos sin ninguna cohesión, salvo las que ofrece la demanda comercial en cada momento.

La autovía de Llíria es quizá el mejor ejemplo, sobre todo en el tramo que va desde Valencia hasta el by-pass. Es como un escaparate del museo de los horrores, una acumulación de edificios con el único denominador de que se sirven de la gran arteria. Francisco Taberner, anterior presidente del Colegio de Arquitectos, tenía esta propuesta como una de sus principales reivindicaciones, que yo comparto.

José María Tomás

Formar parte de la selecta lista de arquitectos reconocidos en los premios del Chicago Athenaeum y el Centro Europeo de Arquitectura de Dublín llega en el mejor momento para el valenciano José María Tomás. La ampliación de Feria Valencia y el diseño de la nueva Piazza della Visitazione en Matera (Italia) son ejemplos de un trabajo sólido,  callado y  sin estridencias.

No en vano, Tomás es uno de los cinco candidatos a proyectar el Parque Central, al que aspira junto al británico Richard Rogers en un concurso que se presenta como uno de los más  apasionantes celebrados en  la ciudad. Todos los días no le ofrecen a uno diseñar 66 hectáreas de Valencia en pleno casco urbano.

La última referencia de un calado similar es el certamen organizado por el Consorcio de la Copa América, donde precisamente este profesional se alzó con el triunfo junto con el francés Jean Nouvel y el despacho alemán GMP en el concurso de ideas para la marina y que se extiende al nuevo barrio del grao, precisamente por donde se iniciará a ejecutar el proyecto. Es pronto para aventurar un pronóstico, pero en el caso de que  se le adjudique el futuro pulmón verde de la ciudad, diría que ha llegado el relevo del modelo Calatrava.

En una entrevista que encuentro en Internet, Tomás sorteaba esta comparación y demostraba una vez más que  su estilo no es ofrecer titulares llamativos. De la reordenación de la dársena interior se  habla de mantener alguna de las bases  efímeras diseñadas por su equipo para la 32 Copa América, otro ejemplo de su creciente vinculación con el litoral de Valencia. En Italia, un país donde se mueve con comodidad, le han encargado el nuevo frente marítimo de La Spezia.

Su último proyecto ganado en Valencia junto a una terna de ingenieros de caminos es la sustitución de la pasarela peatonal llamada Pont de Fusta por un nuevo paso sobre el jardín del Turia, el primero que hará en el cauce frente a los tres de Santiago Calatrava, con el que las comparaciones son cada vez más  evidentes. Incluirá un itinerario peatonal con un mirador para admirar las cercanas Torres de Serranos, aunque tardaremos en verlo terminado por el plan de ajuste municipal.

El Saler se aleja del Ayuntamiento

Directo al corazón de Valencia. La Audiencia Nacional ha ratificado el deslinde propuesto por el Ministerio de Medio Ambiente en El Saler, salvo las míseras ocho hectáreas de los extremos de la franja litoral. En caso de que no prospere el recurso de casación, no se podrá plantar ni un enebro sin el permiso gubernamental.

Igual exagero y hay resortes legales para que el Ayuntamiento pueda mantener algo de la gestión y competencias en la parte afectada de la Devesa. Pero la impresión es que se ha dado otra vuelta de tuerca en la presión impuesta por el Gobierno sobre Rita Barberá.

El expediente del deslinde permanecía en un cajón durmiendo el sueño de los justos durante años hasta que fue reactivado con una clara intención política, según mi opinión. Todavía quedan varios asaltos judiciales y el concejal de Patrimonio, Alfonso Novo, está convencido de que prosperará el recurso. No lo veo tan claro.

Y eso que las mejoras en la Devesa son evidentes. Desde luego, muy lejos de ser un litoral degradado salvo precisamente en la tarea que recae en la Demarcación de Costas. A pesar de las últimas inversiones, buena parte de El Saler sigue sufriendo una erosión evidente y el paseo marítimo de El Perellonet no es más que una idea.

 El fallo de la Audiencia Nacional marca el camino de las sentencias que caerán sobre los vecinos con viviendas afectadas por el deslinde, que protagonizaron hace unas semanas una singular protesta para reclamar servicios básicos y la regeneración de la playa. Un hotel cercano también está inmerso en el mismo expediente.

Y si las 40 hectáreas no son suficientes, otro recurso pendiente abarca cerca de un millón de metros cuadrados entre las golas del Puchol y la de El Perellonet. La considerada joya de Valencia está desde ayer un poco más lejos de la plaza de Ayuntamiento y más cerca de la plaza del Temple.

Los vecinos que se acerquen no notarán la diferencia, aseguran una y otra vez los responsables del Ministerio, aunque alejar al Consistorio de la gestión para la conservación de El Saler me suena a injusticia, como a un penalty mal señalado. Y, por descontado, animará la campaña de las próximas elecciones municipales.

Pancartas vecinales

El intento de boicoteo a la alcaldesa Rita Barberá que se produjo este miércoles en el barrio de Patraix en un acto público ha tenido una respuesta rápida de la presidenta de la Federación de Vecinos, María José Broseta. “No era el momento” asegura en la información de Lola Soriano, una respuesta más adecuada que la dada por otros representantes vecinales, comprensivos con los pitidos e insultos que rodearon la comitiva municipal.

Reivindicaciones. Broseta sabe que se acercan momentos complicados con una campaña electoral muy dura, y ha trazado una gruesa línea de defensa alrededor de la Federación de Vecinos. No en nuestro nombre, ha venido a decir, porque sabe que la utilización del movimiento vecinal es una tentación en la que ya se ha caído antes y no sólo por la izquierda.

Estrategia. Ahora que vivimos en la época de las redes sociales nada es más morboso que el vídeo de un político en apuros rodeado por gritos y pancartas. Es una idea que nace del zapatazo lanzado a Bush y meter a Barberá en esa trampa es demasiado goloso.

Alborch. La portavoz socialista dice que la alcaldesa no acepta las críticas ciudadanas. Ya dije el miércoles en el blog que todavía recuerdo la campaña electoral donde observé en primera fila cómo aguantaba con paciencia y calma el “no a la guerra” y los gritos de “asesina”, muchas veces de una sola persona en los actos electorales. Yerra en esto la concejala del PSPV, lo mismo que en no condenar el intento de boicoteo.

Barrios. Broseta tiene razón cuando dice que la postura de la Federación no supone dejar de reclamar los equipamientos para los vecinos. Pero no si degenera en insultos y en visitas de la alcaldesa que no tienen nada que ver con la reivindicación. Y les adelanto algo que observé en los derribos del Cabanyal. Hay personas deseosas de ser detenidas, con ganas de enfrentarse a la policía. Tarde o temprano sucederá esto en otro acto de Barberá pero no se fijen en estos vecinos, engañados para que sean los figurantes de la película. Fíjense en quién cuelga el vídeo en internet.

Vuvuzelas contra Barberá

Son pocos los que participan en el “concierto”, aunque sería muy conveniente que se pronunciara sobre este asunto la presidenta de la Federación de Vecinos, María José Broseta. Las reivindicaciones vecinales no se pueden confundir con el intento de boicoteo de un acto público, que es lo que ha ocurrido en las últimas semanas y ha vuelto hoy a producirse en Patraix.

Los silbidos de esta mañana suenan demasiado a oposición política, a música orquestada desde un despacho. Estoy de acuerdo con el portavoz vecinal del barrio, Antonio Pla, en que Barberá “debe acostumbrarse” a situaciones como la de hoy, aunque le pediría que aclare si lo dice como miembro de la Federación o de la Ejecutiva del PSPV, a la que pertenece desde hace casi un año. Sin ánimo de ofender y para distinguir.

Asegura la portavoz socialista, Carmen Alborch, que la alcaldesa es incapaz de soportar la crítica ciudadana y por eso la considera orquestada por el PSPV. Tendría que haberla seguido, como lo hice yo, en la campaña electoral de 2003, donde a cada sitio que iba se encontraba con la letanía del No a la guerra de Irak. No le deseo a nadie algo tan desagradable como a los energúmenos que se ponían a centímetros de tu cara a insultarte, sin distinguir si eras o no de la comitiva. 

La pauta está marcada y las pancartas seguirán a Barberá con dietas pagadas en Blanquerías. El error de su equipo sería caer en la provocación y situarse en el mismo nivel de ruido. La obligación de las asociaciones vecinales en reivindicar hasta quedarse sin voz para mejorar sus barrios, aunque recibiendo con pitos y malas caras a la alcaldesa dudo que les escuche mejor.

Roja y azul

Será el país donde nos ha tocado vivir, aunque no hay derecho. Por una vez que juegan bien, pese al empeño de De Bosque en poner a Torres, nos estamos entreteniendo con Sara Carbonero y el color de la camiseta. Hay que ser tontos. La denominación de la Roja nace como un producto comercial y no veo yo que salga de un contubernio de café.

No digo que no haya zopencos que se empeñen en eludir el nombre de España, que de todo hay. Lo de “selección nacional” también es de nota, aunque la tontería no ha llegado a que sea llamada la “selección del Estado Español”. Pero es que la respuesta a los de la Roja es también para que lo mire un médico de la cabeza. Decir que es mejor que ganen con la azul es reinventarnos una fractura cerrada hace ya 35 años.

Para mí es España y para mis hijos, que nacieron anteayer, también. Ellos hablan de Argentina y no de albicelestes, y de Brasil y no del equipo carioca. La Roja queda bien en una mera locución radiofónica y en un anuncio, pero el que tiene dos dedos de frente sabe que se refieren a España y no a la Pasionaria.

Y no quiero dejar pasar la ocasión de defender el trabajo de Sara Carbonero frente a los “abrazafarolas” que han insinuado que el rendimiento de Casillas ha sido bajo porque su novia es periodista y trabaja en la banda del campo. Mucho machismo es lo que hay detrás de esas opiniones, que además sólo aumentan la audiencia de la cadena, encantanda de la polémica generada.

Además, siempre ha habido periodistas varones en la banda de los campos de fútbol. ¿Seguro que no ha surgido el amor en otra ocasión?

Barberá mueve ficha en el Parque Central

Si fuera posible hacer realidad los cinco proyectos, seguro que todos estarían  en un nivel altísimo de calidad. La lista es corta pero sus biografías profesionales larguísimas. Un vistazo a sus páginas oficiales en internet causan vértigo. Sin duda, será una elección difícil dentro de cuatro meses, cuando presenten los anteproyectos de la urbanización de las 66 hectáreas del Parque Central, de las que 23 hectáreas serán zonas verdes.

De los Pritzker que se presentaron, tres se han caído en el primer corte. Rafael Moneo seguirá sin tener obra en Valencia, mientras que Norman Foster tampoco podrá competir para diseñar el principal pulmón verde de Valencia, a excepción del jardín del Turia. La flamante ganadora de la última edición del Nobel de Arquitectura,  Kazuyo Sejima, junto con su compañero Ryue Nishizawa, también ha quedado fuera. Ya avisó el concejal de Grandes Proyectos, Alfonso Grau, de que habría sorpresas debido a que el perfil que se buscaba en la relación de 36 ofertas iniciales era una combinación de arquitectura y paisajismo, quizá con más protagonismo de esta segunda profesión.

Por eso pienso que hay dos candidatos “tapados” a tener en cuenta cuando haya que elegir la mejor opción. El despacho Gustafson Porter, en unión de otras empresas de ingeniería, puede dar la campanada, lo mismo que West&Urban Design and Landscape Architecture, quien acude con Sener y Gestec. Sus webs están repletas de fotografías de parques maravillosos y proyectos en lugares tan diversos como un parque metropolitano en Arabia Saudí o la fuente que se hizo en memoria de la fallecida Diana de Gales en un jardín de Londres.

Brillan más los otros tres aspirantes entre la opinión pública, donde la arquitectura es la protagonista. El nombre de la británica de origen iraquí Zaha Hadid tiene espacio propio. La galardonada con el Pritzker en 2004 (primera mujer) se estrenaría en Valencia y se presenta con IDOM Ingeniería y Arquitectura. Una de sus obras destacadas en España es el comentado pabellón puente de la Expo de Zaragoza de 2008.

Y la terna se completa con el resto de arquitectos llamados globales por tener obra prácticamente en todos los continentes. Los valencianos de AiCEquip trabajarán en el anteproyecto con FOA, siglas que representan a Alejandro Zaera y Farshid Moussani. Juan Añón y sus socios son autores de la compleja remodelación de la cárcel Modelo en una ciudad administrativa, entre otras  obras, mientras que los británicos tienen uno de los encargos más llamativos de los últimos años en el parque olímpico de Londres 2012.

Por último, aunque quizá el primero a tener en cuenta, otro Pritzker. Richard Rogers, considerado por muchos como el número uno en la actualidad, se ha aliado con el valenciano José María Tomás, autor entre otras iniciativas del planeamiento del nuevo Grao, la ampliación de Feria Valencia y buena parte de las bases de la 32 Copa América, sólo por citar algunos proyectos en Valencia. Del británico poco hay que decir que no se sepa y sólo recordar que inició su carrera en un despacho junto a Norman Foster, del que se separó a mediados de los 60 para seguir su propio camino, con obras tan importantes como el Centro Pompidou (junto a Renzo Piano). Ahora tiene edificios, rascacielos y urbanización de grandes espacios en todo el mundo. En España destaca la terminal T4 del aeropuerto de Barajas.

Con un premio de tres millones de euros para el ganador, que deberá entregar el proyecto en un año, el Parque Central da un paso más, ensombrecido por la falta de financiación por parte del Gobierno. El presupuesto máximo será de 73 millones de euros y los elegidos tendrán que hacer un diseño a ejecutar por fases, para esquivar la estación provisional del AVE, necesaria hasta que entre en servicio la estación Central, subterránea debajo de parte del jardín.

Ruinas junto a la Lonja

Menos mal que en la misma plaza hay un par de edificios en rehabilitación porque de lo contrario el panorama sería desolador. La empresa municipal AUMSA asumió la reforma del inmueble de la esquina de la calle Pere Compte, justo enfrente del monumento declarado Patrimonio de la Humanidad. Aquella decisión fue adecuada, ideada por el concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, pero sin ningún resultado de momento.

Es el remate de un mal año para el edificio mercantil, donde hay pendientes obras de rehabilitación como el pavimento de la primera planta de la torre y el artesonado del antiguo Ayuntamiento, además de la revisión de los tejados para buscar goteras. Ya no hablo de la recreación de la decoración de la bóveda del salón Columnario, que propuso el equipo de la Politécnica encargado de la restauración. Aquello se guardó directamente en un cajón, a pesar de ser una excelente iniciativa.

Y mientras los autobuses siguen aparcando en la plaza del Mercado. Por cierto, ¿habrá plazas en el parking de Parcent para este tipo de vehículos? Echando la vista al otro lado de la calle,  lo mismo sucede con las ‘covetes’ de la iglesia de los Santos Juanes, algunas con matorrales saliendo entre las piedras. ¿Habrá pensado alguien que la imagen de decandencia y abandono gusta a los turistas? Yo preferiría un entorno peatonal, con vecinos en los edificios ahora ruinosos y con un mayor control de las terrazas de los bares.

Con la Fórmula 1 gana Valencia

Es una pena que en las primeras ediciones del Gran Premio se  hayan las nubes negras de la crisis. Pero eso es un acicate para ajustar la maquinaria, resolver errores como los problemas por la falta de adelantamientos, y presentarnos el próximo año, ojalá que en una mejor situación económica, como la mejor carrera urbana del Circo.

Adelantar la cita en el calendario se ha demostrado como un acierto. Los hoteles se han llenado y, aunque el calor ha sido tremendo, el público ha disfrutado a tope de una carrera cambiante que ha dado lugar a discusiones sobre el reglamento, de nuevo con la esperanza  fallida de ver a Alonso en los más alto del cajón.

A partir de hoy vuelve la normalidad en los alrededores del puerto. Los cortes de tráfico de esta semana se  han notado apenas y los aspectos a mejorar son cuestión de tiempo. Yo apuntaría dos esenciales como son la rehabilitación y la puesta en servicio de las naves de la calle Juan Verdeguer, y la inauguración de la línea 2 del metro hasta Nazaret.

En recuerdo de Juan Miquel

Esta mañana, en un cursillo sobre el manejo de Internet, alguien explicaba que se puede localizar al detalle los lectores de las ediciones digitales de los periódicos. Ponía como ejemplo los tres usuarios de Groenlandia que entraban de vez en cuando en una web regional y yo me acordé entonces de Juanmi, de lo que hubiera pensado.

Juan Miquel nos ha dejado en plena transición tecnológica, cuando el papel se retira a un segundo plano para dejar paso a la pantalla del ordenador. Seguro que se hubiera adaptado porque era un periodista de raza, como lo definió María José Carchano en su sentido obituario. Nada pasaba en Mislata sin que se enterese y nada lo hacía más feliz que ver su noticia, aunque fuera pequeña, en un rincón de las páginas de l’Horta.

Y siempre estaba allí, como los buenos del oficio, que huyen de la moqueta y la comodidad de la mesa y pisan la calle con la naturalidad de saber que las noticias ocurren siempre cerca de las personas. Con la dificultad añadida de quien no ha recibido formación de periodista pero que podría haber puesto esa profesión en su tarjeta de visita con letras mayúsculas. Su muerte prematura duele y el vacío que deja será difícil de llenar. Descanse en paz.

Quiero la estación de Portela

Los primeros viajeros llegarán para las rebajas de diciembre. El trayecto final también será “vistoso”, con unas vistas inmejorables de los nichos de la ampliación del Cementerio General y la avenida Federico García Lorca todavía convertida en una playa de vías. Quizá exagero un poco la nota, aunque es normal en esta ciudad quedar algo histriónico para que el poso de la protesta no desaparezca.

Agradeceremos al Gobierno la puesta en servicio de la línea de alta velocidad con Madrid, aunque la siguiente bocanada de aire debe ser para pedir la estación definitiva, la bonita, la que permitirá entrar por la estación del Norte y descender por las escaleras mecánicas hasta los andenes de todo tipo de líneas, incluida la de alta velocidad.

Lo de bajar con la maleta en Giorgeta y buscar un taxi o la parada de la EMT, como única altenativa a caminar casi un kilómetro es algo a erradicar. Los comerciantes del centro lo saben muy bien porque si el epicentro de miles de idas y llegadas está en la estación provisional, perderán otras tantas oportunidades de que pasen cerca de sus negocios.

Además, si hemos estado años discutiendo y negociando si el edificio comercial de la estación debía ser más alto o más bajo, ysi el diseño era demasiado moderno para su ubicación, es para que se haga lo antes posible, no para que se guarde en un cajón hasta que lo diga el Gobierno de turno.

La penumbra de la crisis

Lo decía esta mañana la alcaldesa Rita Barberá al señalar que la situación es dramática para los Ayuntamientos. La prohibición del Gobierno de que se pueda contratar préstamos en 2011 disparó todas las alarmas y ahora empiezan a verse las señales de una “cura de caballo” al más puro estilo Merkel después de una drástica reducción de las transferencias del Estado. ¿Qué más tendrá que hacer el Consistorio de Valencia para garantizar los servicios indispensables?

Todo apunta a que el siguiente paso será la bajada de sueldo de concejales y cargos políticos. Después, definir las llamadas competencias impropias que corresponden a otras Administraciones para dejar de prestarlas o reclamar su cobro. Fuera de toda duda está el hecho de que las inversiones se congelan hasta nuevo aviso. De ninguna manera se subirán los impuestos, aunque otro cantar son las bonificaciones por famila numerosa y domiciliación bancaria, donde está por ver qué hará el concejal de Hacienda, Silvestre Senent.

Una penumbra donde el único rayo de luz será la inauguración de la línea de alta velocidad hasta Madrid. Claro, que con una estación provisional a 800 metros del centro. La del arquitecto Césa Portela sigue a la espera del concurso que debe promover el Ministerio de Fomento, uno de los más afectados por el plan de ajuste de Zapatero.

¿Quién tiene la culpa de que muchas calles vuelvan a tener el aspecto de los barrios en los años 70? Entonces la gente se manifestaba porque quería farolas. ¿Habrá que salir ahora con la pancarta para que no las desconecten? El sentido común dice que no. Cuando un Ayuntamiento toma estas decisiones que alumbran con claridad su fragilidad, lo mejor es sacar las velas y desear al paciente que mejore porque la enfermedad es grave.

En defensa de los chiringuitos

Un movimiento popular surgido de manera tan espontánea como el de los vecinos que apoyan la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. Las miles de firmas recogidas hasta ahora son prueba palpable del sentido común que debe imperar. El Ministerio de Medio Ambiente tiene una oportunidad excelente este lunes, en la reunión que mantendrán los hosteleros con representantes de Costas, para autorizar el mantenimiento de las terrazas y no obligarles a reducir el número de mesas.

La protesta de mañana en el paseo marítimo de la Malvarrosa, a la que se ha sumado LAS PROVINCIAS, debe entenderse en esa clave, es decir, la petición de que se tenga en cuenta la crisis económica y no se ahogue más al sector, además de defender la tradición y beneficios de estos establecimientos. Pedimos el mismo trato que se ha dado a otras ciudades, donde hay restaurantes sobre la arena y se han producido cesiones del litoral.

Sobre esto último, la puerta la abrió el Ayuntamiento de Barcelona, ciudad a la que yo sí creo que hay que tener como referencia para muchas cosas. Más que lamentarse de lo que consigue en un supuesto detrimento de Valencia, hay que analizar cómo se hizo con la propiedad de 72 hectáreas de costa urbana, donde se incluye la gestión urbanística, para intentar lo mismo. Y para botoón de muestra, el arquitecto Ricardo Bofill es autor de un espectacular hotel que abrió sus puertas hace unos días casi en la orilla del mar.

No digo que se llene de hormigón la costa, ojo, pero sí que un espacio como la marina de la Copa América, urbano y ganado al mar, podría servir para mucho más que un puerto deportivo. Ya sé que todo depende de la voluntad del Gobierno, pero hay que buscar agumentos inapelables, convencer a la mayoría y olvidarse de los que siempre estarán en contra porque ese es su modo de vida.

Las difíciles torres de la cárcel Modelo

La estructura de las cuatro torres está prácticamente terminada, salvo la principal que recae al puente 9 d’Octubre. Opiniones hay para todos los gustos. Algunos piensan que los nuevos edificios taparán de manera irremediable las galerías carcelarias, ejemplo de prisión en su época. Otros, entre los que espero incluirme, opinan que no hay mejor manera de poner  en valor un inmueble olvidado durante décadas que creando un paisaje de contrastes.

Las láminas de cristal deben dar resultado y ser el espejo de la dureza de la Modelo. De momento tiene muy buena pinta la utilización de los patios ingleses y la creación de un semisótano. Antecedentes de este calibre hay pocos en Valencia, quizá la adaptación del mercado de Colón aunque a una escala mucho menor, con las tiendas y cafeterías acristaladas dentro del recinto modernista.

Mención aparte está la falta de espacio para equipamientos vecinales. Un proyecto de 92 millones de euros debería haber reservado una dotación de importancia, mayor de la anunciada. La demolición del muro, acertada a mi juicio, dio muchas esperanzas a los vecinos de Nou Moles, que se han quedado con las ganas. El Ayuntamiento intenta compensarlo con la construcción de un moderno polideportivo donde estaba el pabellón Marcol, aunque para los residentes es todavía una compensación insuficiente.

Paseos marítimos urbanos

Una solución perfecta para los hosteleros que ven amenazados sus negocios por la tozudez del Ministerio de Medio Ambiente de querer reducir las terrazas. El día 7, apenas dentro de nada, se celebra una reunión en Madrid donde mucho me temo que llegará la puntilla para estos establecimientos, a no ser que el Gobierno esconda una flor y la ofrezca con un espectacular golpe de efecto.

Mal rollo para la campaña veraniega, con un servicio de vigilancia en las playas que comienza en los días laborables precisamente el día de la reunión. Con todas las reservas ya tomadas para el fin de semana del Gran Premio de Fórmula 1, se apunta como la primera cita decisiva de la temporada.

Pero la propuesta del gobierno municipal va más allá, al querer asumir todas las competencias en la gestión de las licencias. Hay que presumir que si una institución tiene sentido común para colocar paradas de la EMT, alcantarillado y el servicio de limpieza, también la tendrá para los permisos de las terrazas y los restaurantes.

Puñalada a los Ayuntamientos

Es una señal inequívoca de que algo va a pasar. Nadie tiene en la memoria una situación parecida, quizás en una postguerra que todos quieren olvidar. Tras el ataque a los funcionarios, los jubilados y las familias, le ha llegado el turno a las Administración pública más débil, quizá por ser la más cercana a los ciudadanos.

Deía ayer el concejal de Hacienda de Valencia, Silvestre Senent, que la prohibición de acudir a los bancos para financiar obras tendrá un efecto demoledor. En mi opinión es aún más grave. Es una alarma de que el sistema hace aguas. Urge un Gobierno de concentración nacional para afrontar este caos, que ahora amenaza con echar el cierre en muchos servicios municipales.

La redacción del BOE necesita una aclaración, una explicación de las razones que se han llevado a paralizar las ciudades durante un año. Ahora es cuando hay que lamentar aún más el dinero gastado en los dos planes de ayudas estatales, donde en muchos pueblos se han hecho obras innecesarias, mientras se acumulaban los retrasos en el pago a los proveedores y las contratas municipales. Para que luego diga la directora general de Arquitectura, Anunciación Romero, que las calles del Cabanyal están sucias. A este paso, habrá que llevar la escoba al Monte de Piedad.

Escobas en el Cabanyal

Demasiado pronto para los que trapichean con droga, los operarios de la contrata se dedicaban a barrer entre casas ruinosas, algún coche abandonado y despojos de la chatarra desechada. Y es que el problema no es la ausencia de las escobas, sino que la degradación ha calado tanto en algunas zonas del barrio que no sirven ni escobas ni cepillos de dientes. En unas horas hay que volver a empezar.

Y es consecuencia de la orden del Ministerio de Cultura, redactada con tan mal tino que ha dejado en el limbo cualquier obra y reforma en el Cabanyal, no sólo las de derribo. Que se lo digan a los miembros de la Sociedad Musical Poblados Marítimo, colgados de la brocha con el convenio para rehabilitar el casinet convertido en papel mojado hasta que el Tribunal Constitucional falle el recurso del Gobierno.

Vistos los antecedentes, auguro que en la próxima campaña electoral irán pasando los representantes del Ejecutivo socialista en procesión por las calles del Marítimo. Sólo acompañados por los vecinos contrarios a las obras. Dijo la directora general que la invitación de la alcaldesa Barberá no había sido cortés. ¿El problema se solucionaría con más amabilidad?

Aprovechó también para criticar la falta de ayudas de la Generalitat a la reforma de edificios. Habrá que recordar la circular de la concejalía de Urbanismo, redactada por técnicos alejados de cualquier sospecha. La orden ministerial no deja lugar para la duda. Todas las licencias paralizadas y si no lo remedia antes un fallo judicial, las escobas subirán a los escenarios en los mítines para desgracia de los vecinos.

Ruzafa, banco de pruebas

La Administración se ha dado cuenta, aunque actúa como esos dinosaurios gigantescos de las películas que se mueven a cámara lenta. Las primeras inversiones del Plan Riva han  sido para la urbanización de calles, precisamente lo contrario de lo que quieren los vecinos. Colegios, centros de salud, bibliotecas, en fin, lo normal en cualquier barrio.

Buena parte de esas dotaciones se fian al Parque Central, aunque es una jugada a largo plazo y las urgencias son muchas. Nadie discute los beneficios de la línea 2 del metro, con estaciones en General Urrutia y Reino de Valencia, pero cualquiera ve las reivindicaciones vecinales que han tomado el barrio esta semana. Es hora de aprovechar esas ideas.

Y surgen problemas, como es obvio, pero para eso están las ordenanzas municipales. Si las camionetas toman las calles por la saturación de almacenes, entonces deben buscarse zonas de carga y descarga, además de las multas disuasorias. Del banco de pruebas pueden salir muchos experimentos con éxito que sirvan para el resto de la ciudad. Que se lo digan a los artistas que han encontrado decenas de galerías de arte y talleres donde desarrollar su trabajo.

Soy optimista y no creo que la mezcla de nacionalidades y continentes sea perjudicial para la convivencia. Si queremos poner a Valencia en la lista de grandes ciudades, es el único camino posible. Facilitar su llegada.

Dudas en la plaza Redonda

La marquesina que ahora protege del sol los finos tejidos e hilaturas de los puestos debió ser colocada en los años 70. El problema no es deshacerse de esta estructura, que lo pide a gritos el buen gusto, sino qué colocar en su lugar. La alcaldesa ha visitado ya varias veces las obras de rehabilitación y ha dado varias pistas, como que se piensa en la cerámica y el cristal para que la cubierta sea más ligera.

Ligera y pequeña para que se puedan contemplar las fachadas de los edificios. El conjunto de 34 fincas es único en la ciudad y ahora apenas se pueden ver algunos fragmentos. Pero el problema es que eso quitaría protección a los comercios, precisamente con productos que se queman al sol.

Y en esas estamos desde hace meses. A un año de que termine el mandato municipal se torna complicado que esté acabada por completo la plaza. Mientras en el modelo de tienda sí que hay consenso con los comerciantes, con un diseño parecido al que se empleó en el mercado de Colón, estos siguen a la espera de que el Ayuntamiento les diga la propuesta de la nueva cubierta.

En la plaza apenas queda actividad de albañiles, salvo la reforma interior de algún edificio. Sería triste que menguara el empuje del concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, impulsor de la reforma. Al tiempo.

El agujero negro del Ágora

Si tuviera que elegir un proyecto incómodo en esta época de crisis, de rebaja de pensiones y huelga de funcionarios, sería el Ágora. El presupuesto se ha disparado, nada nuevo en la Ciudad de las Artes, y cuando por fin entre en funcionamiento será difícil justificar los días que la explanada gigante esté vacía y sin alquilar.

¿Aporta un valor añadido a la Ciudad de las Artes? Habrá que verlo aunque la apuesta es muy arriesgada, por no decir imprudente. Se habla de 90 millones de euros (supera las inversiones de todo el Ayuntamiento en un año) y de momento se ha celebrado un campeonato de tenis, antes de volver a cerrar la instalación antes de cerrarla de nuevo para acabar las obras.

El rechazo a que sea ocupada por la Campus Party este verano (ojo, a partir del 26 de julio) siembra todas las dudas acerca de su finalización. Y cuanto más tiempo pase, más perjudicial será para la caja de la Ciudad de las Artes.

Encerrada entre l’Oceanogràfic y el puente de l’Assut de l’Or, sus magnitudes son tan enormes que el conjunto parece una colección de monumentos en un puñado de terreno. A su lado, la humilde casa protegida que se levanta en el extremo norte parece una caja de cerillas.

Desearía equivocarme, pero me temo que todas las semanas no habrá un evento en Valencia para más de 2.000 personas. Urgen ideas para darle utilidad al Ágora.

Botellón en el Grao

Las paellas de fin de curso no deberían suponer ningún problema, aunque la cuestión es la cantidad de personas y su control. En lo sucedido ayer en la calle Ingeniero Manuel Soto, en el barrio del Grao, la organización falló en ambas cuestiones, cuando se desbordaron todas las previsiones y el acto de la Universitat de València degeneró en un ensayo de macrobotellón en el puerto y la playa.

Hoy le toca el turno a la Politécnica y dicen que la asistencia estará algo más controlada. Pero el tema es si conviene mantener una “tradición” a costa de convertir los alrededores de la parcela del Ministerio de Fomento y a sus vecinos en víctima del botellódromo. La primera vez que la fiesta sale del campus se ha enseñado todavía más el problema.

En el último pleno se habló de estudiar una zona de Valencia para actividades de ocio y trasladar así el problema del botellón de barrios como el Carmen y San José. Con alcohol, el resultado lo vimos ayer y sin alcohol dudo que hubiera ido alguien. ¿Entonces qué hacemos?

El túnel navegable de Blanquerías

La bajada es tan pronunciada que roza lo ridículo, si no fuera porque al llegar al final del tobogán hay un charco esperando a los conductores. El Ayuntamiento tiene un problema muy serio con el túnel de Blanquerías y nadie parece que se lo toma en serio. La concejala del Ciclo Integral del Agua, María Àngels Ramón-Llin, perforó un pozo en el jardín del Turia para reducir el caudal de agua subterránea, aunque con escaso éxito.

¿Y ahora qué? No se sabe si es un problema de diseño o de obras mayores que obligaría a cortar el paso de vehículos durante mucho tiempo. El tema es que el día menos pensado habrá un accidente de tráfico muy serio y todos nos acordaremos entonces del charco.

El túnel es así no porque lo decidiera el Ayuntamiento, sino porque la Generalitat obligó a mantener en su lugar los restos de la muralla cristiana, que discurren por arriba. Con lo fácil que hubiera sido desmontar las piedras, numerarlas y llevarlas a un almacén.

Pero no, tuvo que ser la decisión equivocada, es decir, acercar la calzada al nivel freático. Antes pasaba un río por el jardín del Turia y es fácil deducir que por las aguas subterráneas llevan el mismo camino.

El agujero fantasma del Cabanyal

Es un  botón más de muestra de la oposición surgida a la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez entre quienes ni conocen el barrio. La oposición de algunos vecinos al proyecto es respetable porque defienden sus propiedades al fin y al cabo, aunque no comparto su postura. Ilustrar el “agujero” con edificios de la calle Progreso y Luis Navarro que se protegerán es otro asunto.

Ahora que la paralización se ha asentado en todas las calles es buen momento para reflexionar sobre las consecuencias que tendrá la orden del Ministerio de Cultura. Que se lo digan a los representantes de la sociedad musical con sede en el Casinet. El convenio firmado con el Ayuntamiento se ha convertido en papel mojado hasta que el plan urbanístico se desbloquee en el Tribunal Constitucional.

Y fuera de la zona protegida, ya me dirán qué problema supone la promoción de viviendas protegidas en los terrenos que hay entre el bulevar Serrería y la avenida Blasco Ibáñez. Ninguno, ni siquiera levantaron la voz los opositores a la prolongación. Pues también está paralizado.

Y lo de volver al Plan General tampoco me parece solución. Hasta un centenar de edificios protegidos por el plan actual se quedarían sin ninguna cobertura legal, según las cuentas del concejal de Urbanismo, Jorge Bellver. En fin, a cuatro días de las elecciones municipales no parece que se vislumbre  un ambiente optimista en el barrio. Y los que pierden son los de siempre, la mayoría de vecinos

Malditas palomas

Paso por la calle Guillem de Castro y no puedo evitar parar la moto y tirar unas fotos con el móvil. Docenas de palomas me rodean. Sa saben dueñas de la ciudad y de nada sirven los esfuerzos del Ayuntamiento para rebajar la escalofriante cifra de 30.000 aves.

Y lo que más gracia me hace es que muchas descansan en la ermita de Santa Lucía, en pleno proceso de restauración. Ya pueden poner cables eléctricos, ultrasonidos y hasta pinchos en las cornisas. De nada servirán, lo aseguro.

La última iniciativa de la concejalía de Sanidad es colocar diez palomares (de momento sólo está en servicio el de Viveros). Los técnicos controlan los nidos, pinchan algunos huevos y capturan animales enfermos. Todo es poco para luchar contra el perjuicio que causan las toneladas de residuos tóxicos en forma de excrementos sobre tendederos, coches aparcados, monumentos y edificios históricos por toda la ciudad. A mí no me engañan con la milonga de la rama de olivo, que las tengo en mi balcón al amanecer enloquecidas con los cortejos nupciales mientras intento robarle minutos al despertador. ¡A por ellas!

¿Hay mecenas para la Basílica de la Virgen?

La cúpula luce desde hace tiempo restaurada, lo mismo que la nave central y las pinturas murales de Antonio Palomino. Ahora, los trabajos se centran en la parte norte, donde se abrirá al público un museo y habrá espacio para otras dependencias.

Una intervención que podría marchar a un ritmo más rápido si se contara con un buen abanico de patrocinios privados y un mayor empuje de la Administración. No sólo por el indudable valor patrimonial y social, sino también por la atracción turística que supondrá. En la apuesta de la ciudad, el templo de la Virgen es un valor seguro por su historia y ubicación.

El siguiente paso debería ser pensar en la reforma de la plaza de la Virgen. El Ayuntamiento ha eliminado escalones en la parte norte  y sur, lo que ha cambiado notablemente el aspecto de la explanada, pero ¿es posible ir más allá? Vale la pena responder esta pregunta en un concurso de ideas para que los arquitectos tengan la oportunidad de difundir sus propuestas.

Cualquier cambio en lugares tan sensibles de la ciudad supone un riesgo. Puede que no guste y que genere un amplio rechazo entre los vecinos, aunque el aspecto actual desmerece los monumentos que la rodean.

El Colegio de Arquitectos regaló a la alcaldesa Barberá el trabajo ganador de un concurso sobre la remodelación de la plaza de la Reina. En este caso, urge todavía más que en el espacio que rodea la Basílica. El intento no cuajó, lo mismo que el anuncio del concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, de aumentar los jardines y zonas peatonales. De momento, no se sabe nada.

¿Los barrios del futuro serán así?

El arquitecto Vicente Guallart está convencido de las bondades del barrio cuyo proyecto ha coordinado desde que fuera presentado en la Bienal en 2003. Han pasado muchos años y es ahora cuando comienzan a verse los resultados. En unos pocos años brotarán 3.200 viviendas. Casi nada.

¿Funcionarán los huertos urbanos? Sólo el tiempo dirá si las 300 parcelas tienen aceptación entre los vecinos o se convierten en campos de barbecho. Por lo que ha sucedido en esta ciudad en otras épocas, con campos minúsculos a orillas de las vías de Renfe o la V-30, estoy seguro de que así será.

En el primer trimestre de este año se entregarán las primeras llaves. Un enorme campo cerrado de 70.000 metros cuadrados será el corazón del barrio. Los vecinos podrán pasear entre los naranjos, observar cómo discurre el agua por las acequias y luego volver a casa.

La huerta convertida en un jardín es la apuesta de Guallart para asegurar la supervivencia de este paisaje en el área metropolitana de Valencia. El concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, se mostró entusiasmado en la visita que hizo hace unos días. Apuntó que la revisión del Plan General absorberá parte de esos conceptos.

Dentro de unos meses sabremos más. El principal documento urbanistico se presentará con más detalles, aunque si quieren ejemplos observen los planos del nuevo barrio del Grao. El arquitecto José María Tomás ha diseñado edificios en altura rodeados de mucho verde. La ciudad y los grandes espacios ajardinados fusionados en una mezcla que puede dar un buen resultado. ¿Ustedes qué opinan?

El Palacio Real ya luce pintadas

La exposición se abrió al público en silencio, como corresponde a todas las obras realizadas con fondos del plan de ayudas estatales. Los paneles colocados en las vallas ayudan a entender los muros, cimientos y pavimentos que han quedado al descubierto en la parte del jardín que recae a la calle General Elío. Se echa en falta un mayor mantenimiento a la vista de restos de hojas y ramas entre las piedras.

Al menos las pintadas no se han hecho en restos históricos, sino en uno de los muros de contención que evitan el desprendimiento de tierra de la Montanyeta de Elío. A unos metros hay una caseta que servía para guardar utensilios de jardinería y que en teoría debe acoger una pequeña exposición sobre el Palacio Real. El día que fuí, cerrada a cal y canto.

De poco sirve la inversión pública si se trata de esa manera tan incívica y además la instalación no se abre por completo. Quizá el ejemplo más claro sea el portal de los judíos, los restos encontrados en la excavación de la estación del metro de los Pinazo. Aquellos que desconozcan el origen de los muros lo tienen muy difícil, debido a que los paneles donde se contaba la historia de la judería y la muralla cristiana están repletos de pintadas y papeles publicitarios de todo tipo pegados en cada centímetro cuadrado.

  

El puente peligroso

El viaducto que prolonga el puente de Monteolivete carece de farolas. Una rendición en toda regla a la estética de Calatrava, pero un riesgo para los peatones.

Ideas para la marina de Valencia

Es mejor prepararse para ese día, aunque luego salte la sorpresa y la 34 edición se celebre aquí. Los primeros pasos ya los ha dado la alcaldesa Rita Barberá, al anunciar que pedirá la propiedad de parte de la dársena, eso sí, para cederla al día siguiente al Consorcio Valencia 2007.
El siguiente es la gestión comercial de la marina. ¿Uno o varios operadores? Parece que no está claro si el pastel se repartirá entre varias concesiones o una sola. Pero, y eso es lo más importante, las líneas maestras del planeamiento urbanístico, los conceptos, ya están claros. ¿Para qué sirvió en caso contrario entonces el concurso al que se presentaron algunos de los mejores arquitectos del mundo? José María Tomás ya se ha encargado de fusionar las dos propuestas ganadoras para el diseño del nuevo Grao, aunque con una clara vocación de que los jardines y canales lleguen hasta la dársena.
Cuando lleguen mejores tiempos inmobiliarios, será entonces el momento de apretar el acelerador. Pero hasta entonces (siempre a la espera de lo que diga el señor Ellison), habrá que sacar un rendimiento económico a la dársena. Los amarres es una línea de negocio claro, junto con los bares y restaurantes. ¿Conviene ampliar esta actividad en lugar de mantener algunas de las bases? ¿Vale la pena alquilar la mayor parte de la dársena a los equipos para que Valencia sea sede permanente de varios sindicatos?
Demasiados interrogantes para desatascar la cuestión en caliente y sin un debate extenso. La premisa debería ser mantener la unanimidad ahora obligada en las decisiones del Consorcio. Pero sin que ello suponga aparcar los problemas sin resolver porque se acercan las elecciones municipales.

¿De qué color es el Parotet?

La libélula de 46 metros de altura fue el regalo que la Fundación Bancaixa hizo a la ciudad por el 125 aniversario de la caja de ahorros. Desde noviembre de 2003 preside la rotonda que une la prolongación de la Alameda con el puente de Monteolivete. Y está perdiendo a ojos vista el intenso color azul que eligió su autor, Miquel Navarro.

El azul perseguía dos motivos. Distanciarse de la estética blanca de Calatrava para la Ciudad de las Artes con el objetivo de interferir lo menos posible, y recordar un aspecto de la niñez del escultor de Mislata. El azulete con el que veía lavar a las mujeres en algunos pueblos, incluso el color de las ventanas que abundan en viviendas rurales de El Maestrazgo.

¿Qué queda de  todo aquello? Poca cosa porque el Parotet es un tótem casi blanco tanto de día como de noche. La pieza  es propiedad municipal y el Ayuntamiento debe  encargarse  de su mantenimiento. Mala época para pedir dinero para una mano de pintura, aunque si algo hay que cuidar con ahínco ahora es precisamente nuestro patrimonio cultural. Y el Parotet es de lejos una de las mejores esculturas que podemos disfrutar en Valencia.

Las redes rodean la Lonja

Paso por la plaza de Doctor Collado y no puedo evitar echar un vistazo a las redes que tapan varias fachadas. Al menos en una están de refomas, aunque la más próxima a la Lonja sigue enseñando los desconchados, barrotes oxidados y restos de carteles. El Ayuntamiento ha incluido el edificio en el registro de solares, por lo que la empresa AUMSA se encargará de su restauración. Ya tarda porque es un borrón demasiado grande junto al considerado por muchos como el icono arquitectónico de la ciudad. ¿No merece un mayor cuidado?

Y dentro, a pesar de que se ha invertido dinero público y esfuerzo, todavía hay demasiados tajos pendientes. La iluminación de la bóveda del Salón Columnario que recrearía la decoración original, con un azul estrellado en oro, podría ser toda una atracción turística. Por no hablar de la recuperación del artesonado de la antigua Casa de la Ciudad. Proyectos poco costosos que ayudarían a consolidar el monumento. De momento habrá que conformarse con las redes.

Cicatrices en el cauce

Tiene licencia municipal que incluye la obligación de dejar el viejo cauce en las mismas condiciones que antes, quizá mejor, pero no me negarán que las zanjas del cable de alta tensión de Red Eléctrica son un daño para los ojos, una cicatriz en la mejor zona verde de la ciudad.

El Ayuntamiento alegó para que la conexión entre las subestaciones de Fuente de San Luis y Beniferri discurriera por el nuevo cauce, en la parte de la v-30. Ni caso. Razones de índole técnico aconsejaron a la empresa estatal la alternativa más dolorosa. Bajo el puente 9 d’Octubre, además, tuerce para salir hacia el norte por la avenida Pío Baroja. Mayor movimiento de tierras si cabe.

La ordenanza del cauce debería ser mucho más restrictiva. Así evitaríamos este problema, donde los ciclistas y viandantes han tenido que eludir las zanjas en los últimos meses. Aunque después ya no se vea nada al estar todo soterrado, la imagen es penosa.

Cuando esté acabada la remodelación de todo el carril bici, unas obras que deben empezar antes del verano, el gobierno municipal debería darle una vuelta a la ordenanza, procedente de los años 80. Ha pasado demasiado tiempo y es hora de actualizarla.

Arte indefenso

Intento correr y después paseo por el tramo que va desde la Alameda al puente de Serranos. A mitad camino, me tropiezo con las esculturas que colocó el Ayuntamiento a la sombra del Museo San Pío V. En dos de las piezas apenas quedan huecos que rellenar de pintadas. ¿Arte sobre el arte? Lo dudo, a pesar de que algunos grafiteros han expuesto en galerías y han sido tentados por museos de arte moderno. ¿Qué hacer ante esta situación?

Recuerdo a mediados de los años 90, cuando surgió la idea de hacer un jardín de esculturas en este tramo. De momento hay sólo tres piezas. ¿Podemos aplicar el témino meninfotisme a esta situación?

¿Debería el Ayuntamiento abandonar ese proyecto? Aguas abajo, a la altura de la Ciudad de las Artes, Antonio Marí y Lucas Karvaz ya han tenido que reparar esculturas salidas de sus talleres, debido a actos vandálicos que aún no se explican. ¿Cómo se puede doblar una barra de acero reforzado?

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