Las Provincias

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Luces y sombras de Carmen Alborch
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Paco Moreno | 13-09-2010 | 19:56

 

Su silencio apuntaba ya en una dirección, aunque el deseo de Carmen Alborch de no repetir como candidata del PSPV a la alcaldía de Valencia ha sido todo un bombazo. Muchos daban por hecho que asumiría otra campaña electoral el próximo año, aunque ella cree que ha llegado el momento de un “tiempo nuevo” en el partido.

De momento nos quedamos con eso, a falta de un análisis y conocimiento más profundo de lo acaecido en las últimas semanas en la cúpula socialista. La incógnita que se abre ahora es tremenda, aunque Juan Carlos Ferriol adelanta un nombre, el de Joan Calabuig, que yo doy por seguro porque el jefe de Política de LAS PROVINCIAS bebe en las mejores fuentes.

¿Qué deja Carmen Alborch en el Ayuntamiento? Para mí un buen recuerdo cuando hago un balance apresurado de sus tres años como portavoz. Quizá llegó con unas expectativas demasiado altas y los doce concejales que alcanzó su lista le supieron a poco, pero el momento era espléndido para Rita Barberá. No olvidemos que las elecciones fueron en 2007, cuando los datos económicos negativos todavía se escuchaban poco y la ciudad se ponía guapa para la Copa América.

De todas maneras, sus 140.187 votos siguen siendo el récord del PSPV en unas municipales en Valencia desde que perdieron la alcaldía, por delante de las marcas de Rafael Rubio, Ana Noguera y Aurelio Martínez. Incluso por unos cientos más de papeletas superó a Clementina Ródenas, aunque aquellos eran otros tiempos con distintos datos demográficos.

Claro que enfrente se encontró una alcaldesa que logró revalidar la mayoría absoluta y además con unas cifras nunca soñadas hasta entonces. Nada más y nada menos que 235.158 votos 16 años después de llegar al poder.

Al margen de la estadística electoral (insisto en que todo un reto para Calabuig), Alborch deja un estilo de entender la política municipal no entendido por algunos pero que ha llegado a calar. Con una excesiva insistencia en llevar a los juzgados la gestión de Barberá, donde casi nunca ha ganado nada, aunque también preocupada por todo lo que favoreciera la igualdad y la participación ciudadana.

Convirtió en símbolos de su estrategia iniciativas como su oposición a la reforma de la Tabacalera y al plan urbanístico del Cabanyal. En el primer asunto no tuvo éxito, aunque el segundo sí que logró el apoyo del Ministerio de Cultura (que dirigió en uno de los últimos gabinetes de Felipe González) para paralizar las obras, ahora empantanadas en el Constitucional.

Asuntos que al final no han logrado desgastar al gobierno de Rita Barberá, con un Partido Popular que afronta su reelección feliz de enfrentarse a un oponente que tendrá nueves meses para que lo conozcan los votantes. Poco tiempo para que sea alguien con dilatada trayectoria política pero nada conocido. Si Alborch tuvo que sacar a pasear cabezudos con su rostro en Fallas, no se me ocurre qué tendrá que hacer Calabuig.

  • josngel

    Lo normal.Por estos pagos se lleva bastante eso mezclar varios ingredientes:el desorden con el orden, la protesta con la fiesta, la alegría con la tristeza, el amor con el odio …, y así sucesivamente. Tal vez sea eso de la huida de la cruda realidad en que vivimos.
    Por cierto y hablando de cine. No sé lo que tu piensas, pero al menos para mí tengo que no siempre las películas premiadas, como en tantas manifestaciones del humano vivir, son las mejores.

    • 050509Anna

      Acción, emociones, pero escasa respuesta desde las instituciones al clamor ciudadano, me parece a mí en la gran mayoría de casos.
      Los premios son necesarios para el cine. No obstante no puedo estar más de acuerdo en que no siempre las premiadas son las mejores, sobre todo en certámenes más bien comerciales, aunque para quienes como yo carecen del tiempo de antaño, son un filtro orientativo a la hora de ir al cine.