Las Provincias

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La piedra de Luna y el ladrillo de Soto
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Paco Moreno | 27-09-2010 | 14:41

La piedra blandengue, como diría El Fary, que aterrizó esta mañana suavemente en el parqué del hemiciclo de Les Corts fue lanzada casi con timidez por el portavoz socialista, Ángel Luna. Nada que ver con el pedazo de ladrillo añejo y carmesí que depositó el concejal Juan Soto en la presidencia del pleno del Ayuntamiento de Valencia, a dos palmos de los ojos abiertos como platos de la alcaldesa Rita Barberá.

El PSPV acumula de esta manera dos “pedradas” en una dudosa táctica para convencer a la opinión pública de la bondad de sus ideas. El ladrillazo (exagero porque Soto lo dejó con cuidado para no rayar la madera del hemiciclo municipal) se produjo el 30 de noviembre de 2007, en el transcurso de un acalorado debate sobre la reforma de la Tabacalera como sede del nuevo Ayuntamiento.

Soto acabó su tiempo en el turno de ruegos y preguntas, con tal mala suerte que se le olvidó formular la pregunta en cuestión. La alcaldesa no perdió la oportunidad de devolverle con el reglamento algunos epítetos lanzados por el edil mas combativo con el gobierno municipal desde la bancada de la oposición. Y le cortó la posibilidad de seguir hablando a pesar de que el otro exhibía documentos y tenía guardada la sorpresa de la piedra,  no se sabe muy bien si para enseñarla solamente  o para dársela a Barberá, lo que finalmente hizo.

Intentó mediar la portavoz socialista, Carmen Alborch, quien habló de “tolerancia” y “puntos de encuentro”. De nada le sirvió y el edil ya no pudo seguir con su discurso reivindicativo sobre la conservación de la fábrica original y en contra de los derribos de las naves laterales. Entonces se levantó y ante la mirada atónita de todos, dejó el ladrillo como recuerdo en  la mesa de la presidencia. Barberá ni siquiera lo tocó y un ordenanza se lo llevó. ¿Dónde? No se me ocurrió preguntarlo días después y ahora pienso donde estará el ladrillazo.

Por cierto, ¿Quién tiene la piedra de Luna? ¿Quedará como pisapapeles en algún despacho? Me imagino la tentación una campaña electoral parecida a la de la ceja de Zapatero pero con candidatos, artistas y simpatizantes exhibiendo piedras en la mano, piedras estampadas en camisetas y más piedras en las portadas de los programas electorales. ¡Qué país!