Las Provincias

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El futuro de la Cigüeña
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Paco Moreno | 24-10-2010 | 23:39

Ya ni me acuerdo cuando nos citaron para conocer una fría mañana en el Palau de la Generalitat las maquetas de las llamadas torres de Calatrava, los cuatro rascacielos luego convertidos en tres que debían rematar el proyecto de la Ciudad de las Artes. Pasó entonces desapercibido el Ágora, único elemento construido, discutido por su escasa utilidad, enorme presupuesto y dudoso tamaño, apelotonado entre l’Assut de l’Or y l’Oceanogràfic.

La Generalitat ha puesto a la venta el solar sin la obligación de construir las torres, a pesar de que en su momento el Ayuntamiento autorizó un complejo cambio en el planeamiento, al pasar los derechos de edificabilidad del Ágora a esos terrenos. Es la primera duda que me asalta, que alguien me explique cómo encajar esa cantidad de metros cuadrados si no es con grandes edificios en altura.

Es decir, que la estrategia pasa por reducir las dificultades actuales para vender el solar. Los rascacielos de Calatrava serían caros, eso nadie lo duda, y con la opción de presentar un diseño alternativo se hace un guiño al mercado inmobiliario. Las parcelas estaban a la venta desde el primer día, aunque con otras condiciones.

Debido a la enormidad de las torres, habría que poner más atención a otros inmuebles que salen a la venta por la mudanza prevista en 2012 al complejo administrativo 9 d’Octubre, ahora en obras en la antigua cárcel Modelo. Y en esto se lleva la palma la Cigüeña, el hospital de maternidad del paseo de la Alameda fundada por la Caja de Ahorros. Su aspecto actual se debe a una reforma de 1951 y cualquiera de los planes que se tengan para su futuro, oficinas o un hotel, debe descartar de inicio derribos o modificaciones, incluido el característico muro que rodea el chaflán.

Y aprovecho la circunstancia para reivindicar de nuevo que un paseo tan bello deje de servir sólo para el aparcamiento de coches. Faltan espacios peatonales y, sobre todo, la ampliación del arbolado que devuelva algo de frondosidad al que fuera lugar de esparcimiento de la ciudad. Sólo hay que comparar fotografías tomadas apenas hace un par de décadas para darse cuenta del peligro que corre la Alameda. Si el Ayuntamiento apuesta de verdad por las zonas peatonales, ya tiene por donde empezar. De hacerlo, sería toda una declaración de intenciones para el resto de los espacios singulares de la ciudad.