Las Provincias

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Puente sin flores, Lonja sin turistas
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Paco Moreno | 26-10-2011 | 13:59

Lo del gasto del puente de las Flores en la idem es algo que cae por su propio peso. Desde 2002, cuando se abrió al tráfico el excéntrico paso sobre el viejo cauce de Valencia, repleto de macetas, alguien debería haber caído en la cuenta de que la reposición de las plantas iba a pasar factura. Tacita a tacita, la oposición no ha tenido más que hacer las cuentas desde entonces y llegar a la conclusión de que el mantenimiento y reposición tres veces al año del vergel cuesta una millonada.

La concejala socialista Isabel Dolz dice que han sido 4,5 millones de euros. Aunque fuera la mitad, ya me parece una pasada. Ahora que llega la época de la flor de Pascua, es de rogar que el sentido común impere en el gobierno municipal y nos olvidemos todos de verlas. Lo contrario sería un error.

Si queremos contentar a los turistas, mejor dedicar ese dinero a limpiar mejor las calles y eliminar las pintadas de los monumentos. Sin ir más lejos, en el puente del Real han aparecido unas descomunales por su tamaño, inversamente proporcional al tamaño del cerebro del que las hizo. Los pasos históricos del viejo cauce están al borde de la ruina, graves con pronóstico reservado que diría Pilar de la Oliva. El de la Trinidad da pena verlo, cuando en teoría está restaurado desde hace poco. Con el de Serranos ocurre lo mismo.Fallta una solución global, idear un sistema que protega este patrimonio.

Y si el puente de las Flores acabará sin ellas, o con algunas de plástico hasta que pase la crisis económica, el mismo riesgo corre la Lonja. La concejala de Cultura, Mayrén Beneyto, justificó el lunes el cobro de la entrada al edificio Patrimonio Mundial de la Humanidad diciendo que muchos turistas entraban para guarecerse de la lluvia o, simplemente, para ir al baño. Opinión muy discutible para mí, teniendo en cuenta que los dos euros por cabeza van a producir el efecto contrario, es decir, desbandada de los visitantes.

¿Qué ofrece la Lonja? Una arquitectura de lujo, una decoración cuidada en algunas de sus salas y rincones bonitos para fotografiar. Hoy en día, no es suficiente eso para atrapar al turista y lograr que saque la cartera. El Ayuntamiento debería haber ofrecido al mismo tiempo algo más. ¿Por qué no una exposición permanente sobre la historia del edificio? ¿Y la recreación de la decoración de su bóveda, algo técnicamente posible como demostró la Politécnica? ¿Las audioguías van incluidas en el precio? Dice Beneyto que la entrada pagará la reforma de una sala para abrir una tienda. Precisamente se tenía que haber hecho justo lo contrario, antes la venta de recuerdos, para justificar el pago.

Sigo con las preguntas. ¿Por qué no es visitable la torre? ¿Los dos euros ayudarán a que se termine la restauración? ¿Qué pasa con el plan director? ¿El tráfico de coches se va a limitar de una vez o seguirá apestando el diésel junto a las fachadas del edificio? Cuando el Ayuntamiento decide pedir dinero a los turistas, que sea con razones más sólidas que la lluvia y la vejiga urinaria.