Las Provincias

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Pactos alemanes
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Paco Moreno | 03-11-2014 | 18:30

En el ayuntamiento empiezan a decir medio en broma que no habrá sitio el próximo mandato para tantos grupos políticos en la sede del consistorio. Es un ejemplo del ambiente de fragmentación que se respira en los pasillos cuando faltan siete meses para las elecciones.
Volátil fue la palabra que empleó el portavoz socialista Joan Calabuig para describir la situación de lo que queda hasta la cita con la urnas. El Partido Popular tiene cada vez menos tiempo para recuperar terreno y la última encuesta publicada lo dejaba a expensas de un pacto con UPyD en el mejor de los casos.
Con un nivel de inversión bajo a las alturas del último presupuesto ejecutivo de verdad antes de los comicios y una plantilla envejecida (en ideas, los años no importan tanto), es difícil que remonten el mal resultado que auguran los sondeos.
Deberían aprobar cada dos semanas una propuesta atractiva y que llegue a la gente. Hablo de los descuentos aprobados para familias numerosas en la EMT, sin ir más lejos. Cosas concretas, palpables y que ofrezcan un resultado rápido.
Hay que echar mano de la imaginación y ser más reivindicativos. Daba un poco de rubor escuchar el viernes al vicealcalde, Alfonso Grau, cuando le tocó justificar en el pleno las inversiones del Gobierno en 2015 diciendo que no es realista compararse con lo que reciben otras ciudades, que el AVE sólo se puede construir una vez. Hace menos de un lustro asistíamos a ruedas de prensa donde se mostraban hasta gráficos del dinero estatal recibido por Barcelona, Sevilla y Zaragoza, mientras Valencia tenía que apechugar con un préstamo la Copa América. En suma, que el partido se juega en las calles del ?cap i casal? y no en la calle Génova, y que conviene de vez en cuando sacar la pancarta porque forma parte del juego político.
Pero volviendo a las encuestas, he de reconocer que no me creo ninguna. Recuerdo la jornada electoral de 2011, cuando un periódico se atrevió a poner en portada en letras de a palmo que Rita Barberá iba a perder la mayoría absoluta. Llegó a 20 concejales. Los sondeos hace tiempo que forman parte de la alta cocina propagandística.
En esto opino lo mismo, y es lo único en lo que coincidimos, que Pablo Iglesias. El entorno del líder de Podemos reduce el entusiasmo que les otorga ser incluso la primera fuerza política en España. Esa encuesta, dicen, es fruto del calentón de los electores con la corrupción.
Además, queda la traca final, los proyectos que se reservan todos los ayuntamientos para el primer trimestre de los años electorales. En el caso de Valencia, el inicio del Parque Central y la esperanza eterna de desbloquear el plan del Cabanyal. Esto último no lo tengo claro tras la respuesta de manual tecnócrata dada por el Ministerio de Cultura. En esos despachos no se han enterado aún de la importancia para ellos de mantener en la alcaldía a Rita Barberá.
Pero supongamos que las encuestas aciertan y nos plantamos en mayo con seis grupos políticos. Incluyo a Podemos aunque no tienen nada claro lo de presentarse con esa marca a las municipales.
¿Asumiría Joan Calabuig encabezar un pacto a la griega tan dispar que casi parece irreal? Ya vemos en lo que ha acabado el gobierno catalán y eso es una minucia comparado con meter en el mismo gobierno a sensibilidades tan dispares como la del mismo PSPV con las asamblearias de Podemos o la tendencia al histrionismo de Compromís. La verdad es que no lo veo nada claro, al menos con sentido común.
Hablamos de la tercer ciudad de España y eso es mucho, como para pensárselo dos veces. A Barberá le quedan siete meses para rascar votos y que los cabreados vuelvan a escoger su papeleta, pero en el supuesto de que no lo consiga, ya hay quien en privado señala (todavía tímidamente) formar un pacto a la alemana entre los dos grandes partidos.
Lo que Calabuig debe decidir es si le conviene más un gobierno viable o encabezar una jaula de grillos. A día de hoy lo segundo, eso seguro. Mantenerse como el único sensato junto con los siempre disciplinados de Esquerra Unida le daría más opciones cuatro años después.
Eso si se cumplen las encuestas, aunque si algo tiene Barberá es la capacidad de romper las expectativas, incluso aunque el bombardeo llegue de la misma Generalitat, la teórica Administración amiga.
¿Qué necesita? Primero que no le pongan más zancadillas como la del asunto de Feria Valencia. Segundo, un equipo renovado que empiece a trabajar desde ya. Dando las gracias a los que la han acompañado durante 20 años y presentando caras nuevas. Y tercero, una sucesión de aciertos hasta mayo donde no aparezca en ningún momento la palabra maldita: corrupción.