Las Provincias

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A vueltas con los comercios
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Paco Moreno | 19-01-2015 | 12:02

Jamás me he jugado mi dinero detrás de un mostrador y siempre he vivido de una nómina en diferentes lugares. No sé qué se siente cuando pasan las horas y no entra ni un cliente, ni tampoco cuando al hacer las cuentas permanecen los números rojos.

Lo digo porque este año ha empezado con un debate acerca del peso del comercio en las ciudades con el final de la renta antigua y la liberalización de horarios. Y quiero acercarme a esas cuestiones con precaución, consciente de que es un terreno desconocido y que afecta a muchas personas.

El final de la moratoria de la renta antigua ha impuesto los precios de mercado en muchos locales, acabando con una anomalía desconocida para la mayoría. Su efecto ha sido limitado en Valencia con unos pocos casos de cierre en las zonas más turísticas, dado que casi todos negociaron los nuevos alquileres el pasado año.

El Ayuntamiento intentó de manera tardía una ayuda para esos arrendamientos sin que se presentara nadie, lo que demostró que la estrategia había sido muy mala. Incluso produjo agravios con otros comercios que han hecho un esfuerzo en modernizarse.

Pero de todo fracaso sale una buena lección y esa fue la de subrayar la falta de ayudas públicas al pequeño comercio. Sí que hay campañas promocionales y algún evento aislado, pero los proyectos de enjundia siguen sin ser asumidos. Hablo por ejemplo de la iluminación navideña, la colocación de cámaras de vigilancia en las calles más comerciales o una serie de obras de peatonalización que permitan crear itinerarios cómodos para los consumidores.

Yo ya me he cansado de escribir sobre la ampliación de aceras en la calle San Vicente. ¿Para cuándo esa mejora? Y de la reforma de la plaza de la Reina ni hablamos porque es un toro que nadie quiere torear en el gobierno municipal.

La pista de patinaje en la plaza del Ayuntamiento ha sido un éxito otro año y su recuerdo agranda el error de no fomentar este espacio público todo tipo de actividades. Es absurdo perder oportunidades para convertirla en el ágora que merece ser.

En Valencia hay alrededor de 11.000 comercios y su peso se nota cada vez más. El turismo ha reforzado a la ciudad de servicios y si las franquicias han emergido con tanta fuerza en las rutas monumentales se debe en parte a la falta de ayudas que tienen los autónomos.

El urbanismo comercial es lo importante, como se ha cansado de decir la asociación de comerciantes del centro y el Ensanche. Y la reforma de la calle Félix Pizcueta sólo debe ser el comienzo de todas las transversales que llegan hasta Colón. ¿Por qué no ha salido a contratación todavía?

Preguntas que caen en el vacío, al igual que el motivo de que la avenida Cortes Valencianas no fuera declarada zona turística. Una juez ha puesto las cosas en su sitio para permitir la apertura de una tienda en la zona los 365 días al año.

Aquello ya se sabía que iba a acabar de esta manera, dicen los que participaron en la negociación con el Ayuntamiento. De lo que se aprobó a la liberalización total en toda la ciudad no queda nada, sólo el centro comercial Ademuz ahora tras esta sentencia, por lo que es tontería seguir hablando de zonas turísticas.

Lo importante de este tema es que no hay ningún estudio que diga si la apertura en festivos ha sido beneficiosa. Ni lo habrá, por la misma razón de que las tiendas de renta antigua no pidieran subvenciones ante la subida del alquiler. Los balances económicos no se difunden así como así porque es darle demasiada información a la competencia.

Como consumidor me gustaría que las tiendas estuvieran siempre abiertas y a todas horas, aunque eso es inviable porque nadie debe ser esclavo del trabajo. Eso sí, en el templo mundial del pequeño comercio que es Barcelona han empezado a abrir ya los domingos.

Defienden las asociaciones de los autónomos que la apertura en festivos ha cambiado los días de compras sin aumentarlas. Ahora compramos en el super los domingos, por ejemplo. Del otro lado, entiendo que si una ciudad quiere ganar dinero con los turistas no los puede tener paseando aburridos por las calles por ser festivo.

En todo caso y al margen de una opinión u otra, lo que lamentan los pequeños es el ninguneo que recibieron del consistorio cuando tomó la decisión. Otro error.