Las Provincias

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La huerta entra en campaña electoral
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Paco Moreno | 09-02-2015 | 08:25

Hasta los organizadores se dieron cuenta de que aquello era algo más que una manifestación en una pedanía de Valencia. La protesta celebrada este sábado en Castellar-Oliveral contra la ocupación de más terreno de huerta por la ciudad puede considerarse el primer acto de campaña electoral. La revisión del Plan General va a calentar el ambiente pese a los intentos del concejal de Urbanismo, Alfonso Novo, en apagar fuegos y comprometerse a revisar todas las objeciones que plantean entidades vecinales y afectados como ha sido este caso.

Pero eso no basta y antes de que acabe el mes volverán las pancartas a la calle en contra del Plan General, es decir, la construcción de 17.000 viviendas más en Valencia, buena parte de ellas en terrenos de huerta en cultivo y donde los agricultores podrían seguir trabajando varias décadas más.

El documento ahora en discusión ha sido matizado y suavizado respecto a lo que se quería aprobar hace unos pocos años, cuando se pensaba que el festival del ladrillo no tendría fin y que los barrios del cap i casal se rompían por las costuras. Al contrario, el paisaje habitual ahora en la periferia es de fincas aisladas rodeadas de solares. La enumeración es larga, aunque se pueden tomar como ejemplo Sociópolis, Malilla, Patraix y Quatre Carreres. Más debería el Ayuntamiento preocuparse por dar los servicios adecuados a esos vecinos que han quedado aislados que buscarse nuevos problemas.

¿Necesita la Politècnica crecer sobre la huerta de Vera? Más bien no, todo lo contrario. Tiene todo el resto de la ciudad para abrir las facultades que quiera, del mismo modo que hacen algunas universidades privadas. La destrucción de este paisaje, pese a que se ha reducido sobre las pretensiones de hace unos años, promete convertirse en uno de los símbolos de la próxima campaña electoral.

Nadie duda de que el Plan General de 1988 está agotado en muchos aspectos, aunque sus carencias se concentran en el casco urbano consolidado, que es precisamente lo que se ha guardado en un cajón a la espera de encontrar una solución. Todos los solares, calles que acaban en muro, edificios con paredes medianeras a un montón de matorrales. Ese debería ser el foco del problema, más que en construir cientos de viviendas alrededor del cementerio de Benimaclet. Tienen razón los vecinos de este barrio, los difuntos se merecen al menos descansar.

Y si en los años de las vacas gordas muchas de estas parcelas cambiaron de manos y ahora son propiedad de bancos y grandes fortunas, ese es su problema. Jugar en el mercado especulativo conlleva riesgos y pueden continuar como terratenientes alquilando los campos a los agricultores.

Arrinconado el plan del Cabanyal en un cajón, olvidado convenientemente por el Ministerio de Cultura para perjuicio de los vecinos, la destrucción de huerta, su ocupación por viviendas y grandes bulevares, cobrará más protagonismo en los próximos meses. Los representantes del tripartito ya han dicho que es papel mojado y que harán decaer la propuesta tan pronto lleguen a la alcaldía. No parece conveniente por lo tanto aprobarlo deprisa y corriendo por el mero hecho de cumplir una promesa electoral. Sirva de ejemplo para esto el caso de Castellar, donde el gobierno municipal se ha comprometido a revisar todas las propuestas de los vecinos, una por una. ¿No es mejor hacer las cosas bien y con tranquilidad?

Porque si hablamos de tiempos, el gobierno municipal debe desatascar antes las alegaciones presentadas al plan del Cabanyal. Ahí sí que hablamos de urgencias históricas porque muchas casas se caen a pedazos. Cada semana recibo al menos una llamada de algún vecino del barrio, pidiendo que pongamos altavoz a los problemas que padecen: ocupaciones ilegales, suciedad en las calles, degradación de las viviendas e inseguridad ciudadana. Ya no pueden más tras confiar durante varios mandatos en que el Partido Popular sacaría adelante la recuperación de la zona.

Eso sí que necesita rapidez, más que decidir ahora si la Politècnica debe machacar el paisaje de Vera o se necesita un bulevar por el norte para quitarle tráfico a la avenida de los Naranjos, atascos que por cierto ahora no tiene. O si hay que ampliar la V-30, algo que el Ministerio de Fomento no tiene ni en su imaginación. Pero entonces habría que enfrentarse abiertamente al Gobierno, pegar un puñetazo en la mesa y decir que ya está bien de historias, que digan lo que piensan del Cabanyal. Y de momento no gusta la respuesta.