Las Provincias

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El parque deseado
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Paco Moreno | 16-02-2015 | 14:01

Es una de esas cosas que parecían imposibles después de tantos años que nos hemos pasado contando las alternativas, discusiones y problemas para iniciar el Parque Central. Pero el caso es que el viernes por la tarde, a una hora que los clásicos llaman intempestiva, la sociedad pública dijo que sí, que ya tenía claras las empresas que van a encargarse de la transformación de un montón de solares, campos en barbecho y viejas instalaciones ferroviarias en un flamante jardín.
Todavía está muy lejos el día que veamos todo terminado, quizás un par de generaciones, aunque este primer paso servirá para resolver la grave falta de equipamientos que padecen los vecinos de Ruzafa. Y ahí se encuentra uno de los dilemas del proyecto, a saber, darle más protagonismo a un gran parque de ciudad o permitir instalaciones de barrio al menos en parte de las naves pendientes de restauración.
Es decir, un pequeño centro Pompidou que sirva para concentrar la efervescente vida cultural de este barrio y enseñarla a toda la ciudad, por ejemplo, o una piscina cubierta para los residentes más próximos.
Una cuestión interesante que se definirá cuando se acerque el final de las obras, dentro de 22 meses. El gobierno municipal tiene ahora que nadar y guardar la ropa, no sea que un proyecto tan singular sea motivo de polémica. Sólo faltaría eso, cuando nos hemos pasado dos décadas hablando de la gran zona verde que sustituirá la barrera de hierro del ferrocarril.
Aunque no nos engañemos, el parque aprobado el viernes es muy importante pero no cumplirá el sueño de los vecinos de Parque Central-Iturbi, Cruz Cubierta, Malilla y San Marcelino. Para eso es necesario que pase la crisis y el mercado inmobiliario resucite. Sólo entonces desaparecerán las vías bajo tierra.
Una inversión importante y que será rentabilizada por la alcaldesa Barberá en su búsqueda de la reelección. Antes de que la legislación electoral lo prohíba, acudiremos a ver el movimiento de tierras y las primeras excavaciones. Quizás un poco tarde porque han pasado tres años desde que se adjudicó el proyecto, que se dice pronto.
En enero de 2017, a mediados del próximo mandato, será una realidad el diseño de Kathryn Gustafson, la elegida para darle forma al soterramiento de las vías. Me sorprendería que entonces esté en marcha el concurso para la estación Central y el túnel pasante, las dos piezas esenciales para que el jardín se extienda hasta el borde de todos los barrios que rodean el acceso ferroviario de Valencia.
Ruzafa ha recibido mucho este mandato, como las calles nuevas que están a punto de acabarse, aunque con otros proyectos los vecinos no hemos tenido tanta suerte, aunque sean mucho más económicos.
Dicen que en la recta final de los mandatos es cuando todas las concejalías se ponen las pilas. Siempre he dicho que es lícito aprovecharse de ese egoísmo electoral y conseguir que se mueva la maquinaria burocrática a favor de los vecinos, suficientemente inteligentes para decidir a qué partido votar. Por eso me sorprende que sobre algunas inversiones anunciadas parece que hay especial interés en que sigan empantanadas.
De otra manera no entiendo el retraso que acumula una obra tan sencilla de ejecutar como el carril bici de la ronda interior. Tras estudiar durante años cómo encajar la circulación de bicicletas por las calles más céntricas de la ciudad, ahora resulta que no sale todavía a concurso. Habrá que poner en algunos despachos del Ayuntamiento ese vídeo donde Pablo Iglesias dice lo del “tic tac” a Mariano Rajoy para ver si alguno capta la idea.
Y lo mismo ocurre con la reurbanización de la parte trasera del Museo de Bellas Artes. Ahora ya no hay disputas con gobiernos de otro color político. ¿Por qué no se hace entonces lo prometido? A poco más de tres meses de las elecciones, lo que se diga ahora sonará poco creíble.
Ya no digo nada del plan del Cabanyal, ni de las esperanzas que todos tenemos puestas en la Marina, un gran proyecto que avanza a paso de tortuga y sólo gracias a la iniciativa privada. ¿Para qué quiere la Administración tantos edificios en la dársena? Que sean generosos de una vez y permitan el avance del plan de usos. Las deudas hay que pagarlas, dice Montoro sobre la factura de la Copa América, y estoy de acuerdo con eso, pero también en que la inteligencia es un factor importante cuando se acerca una campaña electoral y hay que convencer a los vecinos de que se ha hecho una buena gestión. Y la próxima promete ser muy reñida.