Las Provincias

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Buques calcinados, fotógrafos y diputaciones
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Paco Moreno | 04-05-2015 | 11:20

Intento ordenar las ideas pero el calor me derrite los dedos sobre el teclado. Centrar el toro es lo peor a la hora de arrancar un artículo, sobre todo cuando se viene de una semana tan convulsa donde ha habido de todo, desde las filtraciones interesadas que han dado con los huesos de Alfonso Rus fuera del PP (qué casualidad, a 25 días de ir a votar), el arreón que le ha pegado Rita Barberá a Ciudadanos en los primeros compases de la precampaña electoral (nos quieren gobernar desde Barcelona) y hasta los simpáticos dueños del Sorrento, que quieren traer el calcinado ferry al puerto de Sagunto, cumpliendo aquello de que a perro flaco…

Pero antes de saber si el buque revienta enfrente de la Malvarrosa, quedaba la última noticia paranormal, a saber, una conspiración ideada por Rita Barberá contra un fotógrafo que había decorado el muro de un solar con unas fotos en el Cabanyal. Eso sí, bonitas y grandes. Como si no tuviera bastantes problemas la candidata del PP con lo que dicen las encuestas de todos los medios.

Un ataque a la Constitución, a la cultura y a todo lo que se menea con ese rascado de los carteles para dejar el muro sin mácula. Así lo decían, producto sin duda del calor creciente. El responsable de zona de la contrata de limpieza debe estar todavía alimentándose con yogures hasta que el estómago le vuelva al sitio, dado que la impresión de los apocalípticos es que ha hecho desaparecer algo así como el proyecto secreto para resucitar el Cabanyal que contenta tanto a la mayoría que votó de nuevo por la prolongación de Blasco Ibáñez en 2011 como al resto del vecindario.

Desgraciadamente no ha sido así, aunque ahora que lo pienso lo mejor hubiera sido dejar el ataúd encontrado junto a un contenedor de la calle San Vicente. Por si las moscas, nunca se sabe lo que es arte. Sorrento, Rus, Cabanyal y pompas fúnebres se han unido en una colección para la hemeroteca.

Dicen algunos que lo que viene será como la segunda Transición. Pues sí que debieron divertirse en la primera. Y lo digo sin querer ofender porque muchos se toman en serio estas cuestiones. Pero yo también diré una cosa sin sombra de humor: nos hemos pasado años  debatiendo el futuro de las diputaciones como parte de ese monstruo burocrático y político que se come buena parte de los impuestos de todos. Pues ahora ha llegado el momento, señores. Para que nadie cuente nunca más billetes, lo mejor es que desaparezcan.

A ver quién se atreve. Pocos o nadie, juraría. Hay muchas nóminas políticas en juego, demasiados dedazos aprobados de uno y otro partido. Demasiadas empresas y fundaciones de nombres impronunciables, oscuras y que nadie sabe muy bien a qué se dedican. La solución parece sencilla y sería cogerlo todo tal cual y pasarlo a la Generalitat. ¿No creemos en la autonomía? ¿No se nos pone la piel de gallina escuchando el himno del maestro Serrano? Pues a la faena. Todo lo demás es tocar el violón, expresión sublime que en periodismo significa cuando el político dice algo que no sirve para nada.

Y paro porque me caliento y este espacio me lo dejan cada semana para hablar de los asuntos del cap i casal. Pues hablaré de la ocupación de la calle, tema elegido por la Federación de Vecinos para un debate esta semana. Todos estaban de acuerdo en que es excesiva. Obvio, como las razones de cada uno. El ayuntamiento porque estamos en precampaña, los hosteleros porque no quieren competencia y los vecinos porque la sufren.

Pero que nadie se engañe. La ordenanza es un instrumento lento, demasiado. En Valencia hay de largo más de tres mil terrazas de bares y el asunto se ha ido de las manos al Consistorio. Las garantías del proceso de marcado ralentizan las autorizaciones y facilitan el colapso de muchas calles. En Ruzafa, aseguran, no se ha marcado ninguna, lo que me parece increíble de ser así aunque sea porque es la zona más saturada de la ciudad.

Por cierto, que eso no ha tenido consecuencias más allá de las licencias de nuevos negocios, cuando la situación había llegado ya al colapso. Algo que no consuela a los vecinos de calles como Vivons, Tomassos y las conocidas por las Fallas, donde los decibelios de las terrazas se meten en los dormitorios.

Pero ya veremos en el siguiente mandato como evoluciona el enfermo. El Cabanyal tiene para los arquitectos exceso de anestesia y puede morir en el quirófano. Yo en cambio necesito algo fresco urgente para el sopor dominical. Así rebajaré el colmillo que me ha salido en estas líneas. Debe ser el calor.

  • fernand

    Estás enfermo, no hay duda