Las Provincias

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Se acaba el mandato, toca autocrítica
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Paco Moreno | 20-05-2015 | 21:31

Mirando una foto de fofisanos y metiendo la barriga para parecerme a ellos, me acabo de dar cuenta de que se acaba el mandato. Entre tanto mitin, visitas a los mercados y golpes de calor, echo un vistazo a la mesa de contratación del Ayuntamiento, para ver cómo ha quedado el patio.

La montaña rusa de las concesiones ya se ha tranquilizado. El pinchazo de los Barrachina en el Alameda Palace después de años de buena gestión, además del surrealista paso de José Luis Moreno por el Teatro el Musical, ya son un mal recuerdo, algo que se difumina en la bruma.

En ambos casos se han presentado un montón de empresas, con las que el próximo Consistorio entablará nuevas relaciones. Y eso pese a las inversiones que deben afrontar, como es el caso de la Piscina Valencia. Pese a la incógnita lógica de estos procesos, la pesadilla ha terminado.

Lo mismo ocurre con el peligro de colapso que sufrió la EMT antes de la firma del acuerdo laboral. Las excelentes cifras de los últimos años con el aumento de pasaje son un acicate para el próximo mandato, decisivo en cuanto a la movilidad.

Empezamos a leer datos de recuperación del tráfico de coches tras el final de lo peor de la crisis y caer en ese argumento para no forzar la peatonalización y el transporte público sería un error colosal. Ha llegado la hora de apostar de una vez en contra del coche y hacer la ciudad más habitable.

Otro de los procesos en marcha es la construcción del carril bici de la ronda interior. El 1 de junio, con el nuevo Ayuntamiento todavía sin constituir, se conocerán las empresas aspirantes. Auguro al menos una docena de ofertas. Oportunidad perdida para el PP de lograr ese triunfo en favor de la bicicleta antes de las elecciones.

Lo mismo ocurre con el Parque Lineal de Benimàmet, una inversión de cinco millones de euros para esta pedanía y que todavía no ha salido a concurso. Está aprobada por la junta de gobierno, pero eso no ha sido suficiente para evitar que la asociación de vecinos convoque una protesta esta semana.

También se ha pillado los dedos el gobierno municipal con el plan del Cabanyal. Demasiado tarde para convencer a los vecinos de la buena voluntad del Gobierno. Las primeras 27 licencias ya se han concedido tras un parón de cinco años, aunque tendrían que haber sido 270 para quitar argumentos a los opositores al plan urbanístico que intenta sacar adelante Barberá desde hace ya demasiado tiempo.

Igual ha pasado con la Marina Juan Carlos I. De momento han salido adelante concesiones como el club de playa de Antonio Calero y la escuela de negocios y la sede de emprendedores promovidas por Juan Roig. Pero de lo que debe hacer la propia Administración, el mandato acaba con el plan de usos aprobado, algunos derribos (base china, varadero) y otro puñado de concesiones. ¿Para cuándo la reforma del tinglado 2, por ejemplo?

El Parque Central empieza a ser una realidad, aunque sigue en el aire su continuidad más allá del 40% de su superficie, lo que ya está en obras. Existe un compromiso del Ministerio de Fomento, pero digo lo que escribí hace años: la estación Joaquín Sorolla estará en servicio al menos 20 años más. Al tiempo.

Y si pasamos a los barrios, con Ruzafa tengo una sensación agridulce. La reurbanización de sus calles ha salido bien, aunque falta un aparcamiento público para los vecinos. Y tampoco creo que sea acertada la política de favorecer la concentración de locales de hostelería. El comercio tradicional es un recuerdo y la gentrificación (¡vaya palabreja!) empieza a ser un hecho aceptado. Dudo de que sea el modelo más acertado.

En algunos proyectos se ha notado el cansancio del gobierno municipal, que ahora presenta Barberá rejuvenecido para continuar los próximos cuatro años. Pero lo que más me sorprende del mandato que se acaba es la escasa atención prestada por el Gobierno de Rajoy a Valencia.

Aseguraba la alcaldesa en la entrevista concedida a este periódico que las ayudas no han venido tanto en inversiones como para tapar agujeros y evitar la quiebra de la Generalitat, con una lluvia de miles de millones para pagar hasta la extra de Navidad. Vale, de acuerdo con ese hecho objetivo, aunque han faltado gestos como en la regeneración de las playas, las mejoras en los accesos a Valencia y, sobre todo, la subvención para el transporte público de la que gozan Madrid y Barcelona.

Con esos tres elementos resueltos, seguro que ahora saldrían otros números en las encuestas y Barberá no se lo tendría que jugar todo a la baza de los indecisos.