Las Provincias

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La trampa del Parque Central
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Paco Moreno | 08-09-2015 | 16:34

De aquellos polvos vinieron estos lodos. El convenio firmado en 2003 para el Parque Central está lleno de trampas, redactado en una época donde parecía que el dinero seguiría fluyendo sin pausa y ahora nos hemos topado con la dura realidad.

Releo el documento y lo primero que me viene a la memoria es la maqueta de los rascacielos de Calatrava. No lo puedo evitar, ese día que nos enseñaron las torres pegadas al corredor mediterráneo y nadie se fijó en una pequeña figura casi achatada en contraste con la majestuosidad del estilismo de viviendas hasta el cielo. Hoy, por el contrario, la Generalitat no sabe qué hacer con el jarrón chino en el que se ha convertido el Ágora.

Pues lo mismo pasa con este convenio, cuando dice que el Ministerio de Fomento debe aportar 419 millones de euros (¿Los ha puesto ya por cierto?), y que el resto de la participación del Gobierno saldría de la venta de parcelas para pisos.

Pero la trampa, el pequeño Ágora, se encuentra en un párrafo donde se menciona que si los socios del Parque Central quieren adelantar los plazos de las obras, entonces sin problemas, podrán recurrir a los “canales de financiación que estime la sociedad”, es decir, a préstamos.

Igual que se ha hecho con la primera fase del jardín, donde se tuvo que avalar el crédito de hasta la última rosa elegida por Kathryn Gustafson, dice la ministra de Fomento, Ana Pastor, que debe hacerse con la parte ferroviaria. A las plusvalías por la venta de viviendas ni se las conoce ni se las espera.

Pero, repito, ¿se ha gastado los 419 millones Fomento? Y no me vale el presupuesto de la estación Joaquín Sorolla porque esa terminal es provisional, no la buena que permitirá el soterramiento de las vías. Ni me vale la estación del AVE en Albacete, para aquellos aficionados a mirar los Presupuestos del Estado a su manera. Sólo me sirve lo ejecutado en Valencia.

De la propuesta de Pastor deduzco que sí. La ministra no osaría pedir al Ayuntamiento y a la Generalitat que se rasquen el bolsillo sin haber hecho antes esa cuenta, pero como las cosas de la política son así, no le vendría mal al alcalde Ribó pedirle una copia de esa suma.

Al margen de esa pequeña maldad matemática, la reunión la semana pasada en Madrid deparó la sorpresa de que la prolongación del túnel de Serrería todavía no se ha resuelto. Han pasado tantos años que debo recurrir a la hemeroteca para localizar una noticia de octubre de 2008, donde en una reunión entre Rita Barberá y María Teresa Fernández de la Vega se dijo que las obras costarían 110 millones de euros y ya trabajaban en el proyecto. Pues parece que Fomento no tiene mucha prisa pese a que condena el crecimiento de la ciudad hasta la Marina y contribuye al aislamiento de Nazaret, pero ese queda lejos del Paseo de la Castellana.

Pero hay que volver al convenio firmado en 2003 para entender la razón de que la barrera de hierro siga llegando hasta el centro de Valencia. En otro párrafo surge otro pequeño Ágora escondido cuando se habla de que la estación Central tendrá una edificabilidad para hoteles, comercios y oficinas de 82.666 metros cuadrados. Limpios de polvo y paja y que supondrán un mamotreto en la puerta del Parque Central.

En los últimos doce años han pasado varios gobiernos por Madrid, cambios en el diseño de la estación de César Portela y compromisos para reducir esa torre, aunque la presencia de este edificio en el acuerdo ha enturbiado y demorado las obras hasta la extenuación.

Un dato más que recomienda una revisión del convenio. No sólo en la parte económica para actualizar las aportaciones sino para adaptarlas a la realidad. Es evidente que la venta de las parcelas no es una respuesta razonable a medio plazo, aunque vista la propuesta de Pastor lo mejor sería esperar a que se forme un nuevo Gobierno en Madrid, del PP o de otro partido. Las promesas que se hagan ahora servirán de poco porque todas serán en clave electoral.

Y mientras los vecinos se tendrán que conformar con el 40% del parque a principios de 2017, cuando se ha previsto su apertura, y con una de las zonas más degradadas de la ciudad. La calle San Vicente Mártir debería ser un paseo cómodo y repleto de comercios y viviendas nuevas. En cambio, está decorada con viejos cuarteles, muros de fábricas y restos de botellón.

El canal de acceso, la estación Central y el túnel pasante debe hacerse con dinero de las viviendas, pero como eso es imposible, ya es hora que el Gobierno entienda aquello de que las deudas con Valencia hay que pagarlas.