Las Provincias

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Somos inhumanos con nuestros amigos
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Paco Moreno | 03-06-2016 | 08:54

En la Comunidad Valenciana hay algo más de un millón de perros registrados, según un estudio del Ministerio de Agricultura difundido a finales del pasado año. La cuenta es sencilla en una región donde viven cinco millones de personas. Tocamos a uno por cada cinco habitantes tirando por lo bajo en la estadística. Son parte de nuestra vida y, permitan el topicazo, nuestros mejores amigos. La pregunta es obvia entonces: ¿Por qué los tratamos tan mal, hasta el punto de perder por completo nuestra humanidad?
De un presupuesto de 836 millones de euros, el Ayuntamiento ha previsto este año una inversión de 30.000 euros en la concejalía de Bienestar Animal. De poco sirve que por primera vez se ponga ese nombre a una delegación cuando carece de más contenido. Bueno, sí que tiene, los más de 600 animales que viven hacinados en el refugio de Benimàmet.
Refresco estas cifras de la hemeroteca cuando todavía no salgo de mi asombro por la intención del Consistorio de crear una base de datos con el ADN de los perros registrados y poder multar a sus dueños si dejan las heces en la calle. Me parece una idea excelente para ayudar en la limpieza de la vía pública, pero la pondría en séptimo u octavo lugar en un listado de tareas del Consistorio con estas mascotas. Antes hay otras.
Otra curiosidad de la hemeroteca: La ordenanza de tenencia de animales es de 1990. Desconozco su contenido de memoria porque esto del periodismo tiene sus urgencias, pero no me extrañaría que incluyera un apartado sobre carruajes y burros guardados en los establos de las casas. Años tiene más que suficiente para ello.
O sea, que lo primero sería cambiar la normativa, pero haría un ruego a los señores y señoras de Compromís. Por favor, sin globos sonda ni milongas como que los perros podrán subir a los autobuses de la EMT, un anuncio que está a punto de cumplir un año y del que nadie sabe nada. Hace falta un trabajo serio y sin necesidad de irse a otras ciudades para copiar normativas lejanas.
Valencia se merece un modelo propio, sin más historias. Si les hablan de Copenhague o Estocolmo a los vendedores del Mercado Central seguro que no les hace ninguna gracia mientras cuentan las pérdidas que sufren por una estrategia de tráfico que parece salida de un manual escandinavo.
Pero antes de eso, convendría que alguien del Ayuntamiento se diera una vuelta por el refugio municipal. En lugar de poner el esfuerzo en el ADN, es mucho mejor fomentar la adopción de los animales abandonados a través de una web completa, profesional. Eso y empezar a poner ventiladores en los boxes porque los 30 grados centígrados de este fin de semana son sólo un anticipo de lo que sufrirán los perros y gatos el próximo verano.
Un lugar donde por cierto todavía están colocadas las pantallas acústicas para evitar que los ladridos molesten a los vecinos cercanos. El inconveniente ya es sabido, los animales se achicharran al cortar cualquier atisbo de brisa. Lo que en el pasado mandato era un horror porque lo puso un gobierno municipal del PP, ahora se consiente sin más problemas.
De anuncios estamos todos un poco cansados. La ampliación del refugio tampoco debe ser muy complicada dado que está rodeado por campos de huerta y las obras se limitarían a un pavimento, boxes con verjas metálicas y otro tipo de obras reversibles.
Cuando todos pensaban que este gobierno iba a prestar más atención a estos temas, se cumple el primer aniversario con muchas fotos en redes sociales, brindis con cava y sonrisas, pero los galgos siguen llegando esqueléticos al refugio. Eso no ha cambiado.
Pero no seamos pesimistas. Seguro que el Consistorio pone hasta un servicio de recogida de perros utilizando bicicletas para que todo sea más transversal, pacificador e inclusivo. O cualquier término de la palabrería que prefieran del nuevo vocabulario oficial.
Lamento enseñar el colmillo con estos temas, pero es que me puede el cansancio. Se acercan las vacaciones de verano, año I del primer mandato municipal y los viejos problemas no se solucionan, al contrario, crecen. Otros sí que se arreglan, todo hay que decirlo en favor del pago a los proveedores, por ejemplo, aunque en este saldo el mejor amigo del hombre sale muy mal parado.