Las Provincias

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Autor: Paco Moreno
Dudas sobre los horarios comerciales
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Paco Moreno | 18-06-2013 | 8:34| 0

“Llevo aquí desde las diez de la mañana y ya es hora de que vea a mis hijos”. La frase, escuchada por el que suscribe en unos grandes almacenes a las nueve de la noche, resuena en muchas tiendas de Valencia cada domingo. La apertura en los festivos despierta cierto sentimiento de culpabilidad mientras recibo la bolsa de la compra. Pero también observo que hay más clientes de lo habitual y que el cambio ha funcionado bien. No hay vuelta atrás y para algunas empresas es mucho mejor que antes.

“Tenemos que dormir en la parada”. Lo dice un taxista, autónomo y que vive de las horas que le eche al volante, ante la liberalización del horario. Este lunes, dos mil conductores se echaron a la calle para pedir un tope de 12 horas diarias. Que no es poco. En el otro lado de la moneda, los empresarios que alertan del riesgo de los 600 asalariados que se verían perjudicados, por no hablar de los usuarios, con más servicio ahora indudablemente.

¿Dónde hay que poner el límite para evitar la manida frase de que uno vive para trabajar? ¿Hay que poner un límite? Si algo ha provocado esta crisis económica es tensionar la conciliación familiar, restar tiempo a los tuyos para sobrevivir con un sueldo. ¿Hay que penalizar a los consumidores obligando a que tengan (tengamos) menos servicio? De momento gana por goleada la liberalización.

Entiendo el cabreo de comerciantes y taxistas, pero ya no lo veo tan claro cuando hago el sano ejercicio de la comparación. ¿El camarero que nos sirve la paella un domingo por la mañana no tiene familia? ¿Tiene menos derechos que nosotros? Absolutamente, no. Un argumento a favor de la libertad de horarios.

El otro día me preguntaba Ramón Palomar en la tertulia de ‘La hora de LAS PROVINCIAS’ el motivo de que todas las fruterías estén en manos de inmigrantes paquistaníes. Porque están dispuestos a vivir en la tienda, opiné. De sol a sol, acompañados por una televisión para matar los ratos sin clientes. Yo no elegiría esa vida, aunque un periodista no es el mejor ejemplo de conciliación familiar, sin duda.

Pero tampoco hay que irse al otro extremo. En un paseo por el centro, un sábado a las siete menos cuarto de la tarde, pasamos por la plaza Redonda, donde deambulaban grupos de turistas. Todas las tiendas estaban cerradas, sin excepción. Como si hubieran renunciado a ganar ni un euro. La escena era tremenda con gente fotografiando la fuente y la nueva marquesina con un fondo de persianas bajadas. “Esto no pasaría en Barcelona”, me dijo mi esposa, enamorada de las Ramblas. Seguro que no.

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El barco fantasma de El Saler
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Paco Moreno | 13-06-2013 | 8:11| 0

Es grande, tiene la proa mirando al mar y parece incluso que tiene ganas de navegar, pero no es así porque es de hormigón. De la antigua escuela de estibadores de El Saler sólo queda una enorme construcción pegada a una arrocería de prestigio. Tiene la puerta cerrada a cal y canto y la rampa de madera que conduce a la entrada tiene ya varios agujeros. Cosas del abandono.

Tiene su miga el tema porque se rehabilitó pensando en abrir algo así como un centro de visitantes de la Albufera, para que pudieran ver paneles, audiovisuales y recoger algún folleto. Lo tenía la Generalitat pero con los recortes y la caída de proyectos, el barco fue de los primeros en hundirse.

Volvió a manos del Ministerio de Medio Ambiente, su propietario, que lo guarda a la espera de mejor destino. Rumores ha habido muchos, incluso que en el nuevo plan de usos de la Albufera se destine a un restaurante, aunque de momento ahí sigue. Justo al lado, el solar donde se levantaba un colegio público derribado ya se ha integrado perfectamente en la playa, como si nunca hubiera existido el edificio.

Eso hubiera sido posiblemente lo mejor que le podía haber pasado al barco de hormigón, su demolición en favor de las dunas. Demasiados experimentos que sirven de bien poco, salvo para despertar la curiosidad de algunos bañistas y pescadores que llegan por primera vez a la zona. En la parte norte, también está pendiente una solución para el enorme solar de la vieja fábrica Plexi, donde por fortuna se demolieron todos los restos de las naves, que servían hasta ese momento como lugar de búsqueda de los ladrones de metales y citas inconfesables de parejas.

Valencia empieza a estar llena de lugares vacíos, sin ninguna utilidad y que reflejan lo equivocado de algunas decisiones políticas de la época de las vacas gordas. Justo en el otro extremo de la ciudad, en la avenida Cataluña, no deja de sorprenderme la torre mirador que corona la enorme rotonda repleta de fuentes, cascadas y palmeras muertas. La inutilidad de ese simulacro de pirulí me pasma tanto como los murales de cerámica que hay en el túnel, dignos de decorar cualquier horchatería pero no el acceso de una ciudad que se precie. Al igual que el barco fantasma, la torre sólo ve de momento cómo se pone el sol, sin ninguna utilidad para los ciudadanos.

 

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Los recortes llegan a Benedicto XVI
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Paco Moreno | 12-06-2013 | 8:34| 0

En julio de 2008, el expresidente Camps invitaba a contemplar la columna de 5,10 metros de altura como un lugar de reflexión. Pues yo le copio la idea y me paro en el puente de Monteolivete justo a la altura del monolito dedicado a Benedicto XVI. Observo los matorrales en los que se ha convertido el pequeño jardín de alrededor y pienso que los recortes llegan a cualquiera, incluso al Sumo Pontífice retirado del mundo por sus achaques.

Camps quería un icono de la visita del Papa a Valencia en 2006 y sin duda lo ha logrado. Tenemos todos los elementos de la realidad actual atrapados en un palmo de terreno, incluso las barreras que rodean la columna diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava. La unión del puente de Fernández Ordóñez y el viaducto no puede ser más chapucera y añade algo más de tristeza a los arbustos secos del jardín.

Un motivo más de la reflexión que pedía Camps es la iluminación del propio puente. Donde observo la columna dedicada a Ratzinger están los viejos huecos de los tubos de neón retirados hace tiempo por el ayuntamiento. El coste de mantenimiento y la factura eléctrica eran insoportables y al final tuvo que admitirse la necesidad de cambiarlos por farolas normales, las de toda la vida.

Sigo reflexionando alzando la vista y contemplando la cubierta del Palau de les Arts, agujereada como un queso gruyère a la búsqueda del responsable de las grietas que se adueñan cada vez más de la cerámica blanca. Dicen que hasta dos millones de euros puede costar reparalo todo. Me lo creo.

Tengo cuidado cuando enfoco el móvil para hacer la fotografía de los matorrales, dado que el puente no tiene carril bici y los ciclistas debe ir por la acera. Pocos se la juegan en la calzada pese a que se trata de la zona más turística de la ciudad y a unos metros hay una parada de Valenbisi. ¿A qué espera el ayuntamiento para rodear la Ciudad de las Ciencias de itinerarios para ciclistas? Ni siquiera hay zona reservada en el cauce y eso que ese tramo de jardín es muy reciente. Sigo reflexionando.

Benedicto XVI disfruta de su merecido descanso, lejos de las maquinaciones de la Curia y de la alta política. Su monolito nos recuerda su paso por Valencia y pienso en lo que ha cambiado todo en apenas cinco años. Vuelvo sobre mis pasos y esquivo a un grupo de jubilados ingleses que no paran de fotografiarlo todo. ¿En qué estarán reflexionando ellos?

 

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El estanque que quiere Barberá
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Paco Moreno | 10-06-2013 | 9:08| 0

Mañana del lunes, algo antes de las once. Han pasado sólo cinco días desde que la alcaldesa Rita Barberá dijera que prefiere el estanque de la Almoina seco, sin agua. Así se quita de un plumazo la incomodidad de las goteras sobre los restos arqueológicos de la ciudad romana fundacional. Pues sus deseos se han cumplido porque los cristales lucen como el tuétano, aunque con una gruesa capa de suciedad que convierte el conjunto en una lámina opaca.

Seguro que en más de una concejalía respiraron tranquilos al escuchar la frase de que ella nunca había querido agua, que sólo quería contemplar los cimientos de las termas romanas y los pozos visigodos desde la plaza, además de disfrutar de un lucernario

para la iluminación natural. El problema es que para cumplir ese deseo, cada día hay que pasar un manguerazo por todas las placas, amén de frotar con el cepillo a conciencia. En caso contrario, lo normal es que dentro de unas semanas puedan plantarse patatas sobre los cristales.

El agua se filtra por las juntas de silicona, pero igual es que toca cambiarla porque tiene un plazo de caducidad, normal y corriente en este tipo de materiales. De ahí a decir que todo el diseño ha fracasado hay un mundo. Lo más sensato sería gastarse los 27.000 euros que cuesta la reparación y seguir con la lámina de agua. La alternativa de una plataforma seca no parece viable, a la vista de la imagen que tenía la plaza a  los pocos días del anuncio de la alcaldesa.

Por cierto, que los peldaños de la escalera que da acceso a la lámina están más desplazados que hace poco. No quiero insistir en anuncios agoreros, anque la cosa no pinta muy bien, pese a que en el ayuntamiento dan por descartado un problema estructural. Antes de que un turista se deje los dientes, convendría reparar también esa  zona.

La lección que ofrece la rocambolesca historia de la plaza de la Almoina es que los experimentos en el centro histórico deben hacerse con gaseosa. Antes de colocar el estanque debieron pensarlo dos veces, incluida la alcaldesa aunque ella dijera que siguió el criterio de los técnicos del consistorio.

Lo digo por la petición de los comerciantes de Ciutat Vella para el rediseño de la plaza de la Reina. Barberá aceptaba la semana pasada la solicitud y añadía que debe hacerse con sentido común. Completamente de acuerdo a la vista del resultado que ha tenido la plaza de la Almoina.

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¿Qué pasa con el Parque Central?
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Paco Moreno | 09-07-2012 | 12:18| 0

No pretendo ser agorero pero se acerca el mes de agosto, cuando todas las Administraciones bajarán la persiana por vacaciones, y seguimos sin noticias del Parque Central. La paisajista Gustafson ya entregó su proyecto, ganador en el concurso celebrado hace año y medio, pero del resto no se sabe nada.

Recordarán que la primera fase del parque debe ser la más cercana a Ruzafa, en concreto a la calle Filipinas. Unos terrenos que ya no tienen uso ferroviario y que albergan varias naves que servirán de equipamientos públicos al colmatado barrio. Precisamente la presentación del proyecto ganador, elogiado por todos y con un presupuesto de 73 millones de euros, se celebró en el único inmueble de ese grupo que ya está restaurado. La primera fase, la que podría hacerse a partir de hoy, sale por 34 millones y supondrá un salvavidas para la zona más multicultural y dinámica de la ciudad.

Hasta que no se reúna el consejo de Administración con los nuevos consejeros del Gobierno de Rajoy no hay nada que hacer. El primer paso es sacar a licitación las obras de una parte del jardín, además del modelo de convenio que se firmará con los propietarios de los solares. Dinero hay, al parecer por un préstamo avalado por el ICO, aunque la máquina no se pone en marcha. La aportación de la parte del Consell a las obras, donde se suma la estación Central y el tramo de túnel que falta desde el bulevar sur, la hizo la entonces portavoz de la Generalitat, Paula Sánchez de León, para que tengan una idea del retraso.

Al igual que sucede con el plan del Cabanyal, todo lo que requiere la participación del Gobierno es como tirar del freno de mano y aparcar junto a la acera. La alcaldesa Barberá sólo ha conseguido desbloquear la cesión de la dársena del puerto, que si todo marcha bien estará rematada a finales de este año.

Ya no pido a Rajoy el gesto de que presida el consejo del Parque Central. Al fin y al cabo, si no ha venido a visitar a los afectados por los incendios de Cortés de Pallás y Andilla, esto sería una frivolidad. Aunque me gustaría que el Gobierno diera alguna muestra de que le interesa lo que ocurre en Valencia, que de momento es poco.

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