Las Provincias
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Autor: pmoreno_1390756718228
La huerta
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Paco Moreno | 02-10-2017 | 8:43| 0

Imaginen una superficie equivalente a 77 campos de fútbol seguidos en lo que hace más de 20 años fue un paisaje de huerta trufado de alquerías. Y ahora vean una sucesión de naves industriales, con camiones y contenedores portuarios alrededor. Eso es la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) del puerto de Valencia.

Y ese es el sapo que se ha tragado el gobierno tripartito para bendecir un plan de la Generalitat donde las únicas aportaciones (está por ver si serán estimadas) son una serie de carriles ciclistas, amén de varios recorridos peatonales. Faltaría más.

Dentro de la vorágine soberanista en Cataluña y los serios problemas de gestión que padece el Ayuntamiento, ha pasado algo desapercibido el tramo final del proyecto pactado el pasado año entre el alcalde Joan Ribó y el presidente del Puerto, Aurelio Martínez, cuando el primero dio por imposible la recuperación de los terrenos.

El argumento del primer edil es de peso. La ZAL penetra más de un metro en el subsuelo de La Punta y consideró al pactar que su recuperación es inviable. Lo mismo que dijo este viernes la portavoz adjunta del gobierno municipal, María Oliver, quien sorprendentemente mantuvo el guión establecido.

Pero entonces recuerdo lo que me contaba la representante de una de las 40 asociaciones que han alegado para revertir los terrenos y convertirlos de nuevo en huerta: “Antes de ser alcalde nos dijo que iba a eliminar la ZAL y le creímos”. Eso es lo que más les escuece, por lo que termina con una sentencia: “Se lo recordaremos”.

Yo no entiendo de agricultura y desconozco si en la ZAL se pueden a volver plantar tomates, pero lo que sí sé es que a Compromís este asunto le pasará factura política. La pretensión de que el borde del polígono industrial tenga algo de cuidado con las edificaciones para evitar que las naves se “caigan” encima de la huerta del entorno no será suficiente para calmar los ánimos.

Tampoco la petición de que se garantice la “habitabilidad” de varias alquerías que se quedan dentro de la actuación, lo que ya se sabía. ¿Es qué van a recalificarlas para viviendas? Ya sería excesivo para unas asociaciones que en privado dicen con claridad una palabra: “Traición”.

Seguramente ha faltado algo más de pedagogía estos dos años de mandato con los antiguos propietarios, en el sentido de convencerlos de que recuperar el paisaje de su niñez era imposible. Pero es que aunque se hubiera hecho eso, tampoco habría sido suficiente. Justo enfrente de Mercavalencia, por ejemplo, se levantaba la antigua pedanía de San Antonio de Padua, machacada por el olvido pero viva con campos de cultivo y algunas alquerías. Todo aquello desapareció en favor de unas bases de contenedores y unos aparcamientos de camiones. Ahora, por cierto, sólo hay solares llenos de basura porque los depósitos están en otro lugar. Quiero decir que es gente que ha sufrido mucho desde hace años y no se fían de las promesas políticas.

Y con seguridad han sobrado lo que llamaría momentos escénicos, como montar un mercado de frutas y hortalizas en la plaza del Ayuntamiento un domingo o decorar algunas esquinas de la ciudad con tomates y berenjenas gigantes. Ambas cosas sirven para que el político de turno de Compromís se haga la foto y poco más.

Si este Ayuntamiento quiere ayudar a la huerta, entonces debería preguntarse cuánto dinero ha destinado a las ayudas para rehabilitar alquerías o mejorar el alumbrado público de los caminos o sencillamente facilitar proyectos privados para que abrir una puerta en una casa en la huerta no suponga un papeleo de un año en todo tipo de ventanillas burocráticas. Me temo que de eso, de lo real y tangible, se ha hecho poco.

Guardo el último trozo del artículo para una petición que me llega. Dos de la madrugada, Travesía de Pescadores esquina calle Padre Luis Navarro. Un vídeo colgado en las redes sociales muestra a una joven (juraría que menor) acompañada por otra mujer, riéndose mientras de una furgoneta aparcada sale una música estruendosa. Parece que son rumbas y entre baile y baile un trago de ron a palo seco, directamente de la botella. Sí, es la zona cero del Cabanyal.

Hoy se pone en marcha el nuevo retén con el que la Policía Local quiere estar más cerca de los problemas. A la vista del vídeo citado, serán recibidos con fiesta y jaleo del bueno de madrugada. Algo hará estar en la misma zona del conflicto, aunque los miles de servicios realizados hasta ahora han servido de poco. Y los vecinos ya no pueden más con tanto ruidos nocturnos ni escándalos.

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Grezzi se la juega
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Paco Moreno | 11-09-2017 | 9:43| 0

Muy fino tiene que ir el dispositivo de tráfico este mes para que no se monte la marimorena en el centro de Valencia. Cinco días cerrada la plaza del Ayuntamiento y alrededores parece demasiado incluso para un gobierno municipal que ha hecho de este tema su emblema, a falta de lograr una gestión efectiva y real de las inversiones, atascadas desde prácticamente el principio de este año.

Es cierto que el plan del concejal Grezzi para la Semana de la Movilidad incluye un pasillo hacia el Mercado Central y que seguramente habrá algún ajuste más en favor de los comercios, pero con la calle San Vicente Mártir cortada por obras, Barón de Cárcer en doble sentido y las retenciones habituales en Colón pese a la pérdida de intensidad (hay un carril menos y se nota), es jugársela demasiado y con muchas posibilidades de que todo el centro se convierta en un puro atasco.

Los comerciantes del centro ya han avisado en redes sociales. Se puede rectificar y mejorar lo anunciado para los días 16, 17, 22 y 23 con el añadido del 24 al ser último domingo de mes, pero al concejal de Movilidad empiezan a conocerlo en el Ayuntamiento como ‘el ungido’ por aquello de que todo lo que hace es una extensión de la estrategia del alcalde Joan Ribó. Sí, el que dijo hace poco que aparcar en la calle no es un derecho de los vecinos, plantea objeciones a la ampliación de la V-30 y pertenece a un partido que rechaza un carril más en la V-21 entre Port Saplaya y Valencia. Todo lo que huela a favorecer al tráfico privado se incluye en el listado de las obras satánicas y acaba guardado en algún cajón de la alcaldía. Hay que cambiar el paradigma.

Y para calentar un poco más al personal, paros en el metro para alegrar hoy el primer día de colegios y universidades, con dos jornadas más hasta llegar al día 22 con huelga convocada. Menos mal que ese día la EMT es gratuita para seguir la costumbre de la jornada europea, aunque auguro problemas en las frecuencias de paso por los atascos. En fin, que la vuelta al cole estará este año un poco más entretenida para los conductores.

Será el preludio del debate sobre el estado de la ciudad que se celebrará el próximo día 20, donde casi que se podría escribir ya la crónica. Ribó, Fuset y Gómez pondrán el acento en los casos de corrupción que no cesan en el PP, mientras queda la incógnita de si María Oliver irá por el mismo camino o elegirá un discurso positivo como hizo el año pasado su antecesor en el cargo, Jordi Peris.

Hasta que no acabe el proceso judicial abierto por el llamado pitufeo de los populares, ese será el mantra del tripartito y dará igual que Eusebio Monzó diga que sólo se han gastado el 23% del presupuesto de inversiones, que ya es decir, o que los socialistas han descubierto que es bueno dedicar más recursos a la Policía Local. O que el Cabanyal sigue siendo un agujero negro donde la renovación de las calles adquiere cada día más la tristeza de un decorado que esconde un barrio degradado.

De poco sirven detalles de calidad y gusto por la historia como dejar a la vista un tramo de los raíles del antiguo tranvía en la calle de la Reina. A pocos metros sigue un problema indisoluble con viviendas ocupadas ilegalmente, montones de basura en las aceras y vecinos que deben soportar las palmas y las rumbas de madrugada pese a que al día siguiente deben trabajar para pagar más impuestos.

Esta semana pasada fue noticia el intento de ocupación de una finca sin terminar en las Moreras, una propiedad del Ayuntamiento. Familias en la calle, niños incluidos, a la espera de que se fuera la Policía Local y los vigilantes contratados para pegar patada en la puerta y todos adentro. Ese es el paradigma que debe cambiarse, es decir, que se deje de considerar que todo lo público es gratis y no es de nadie. Pues sí, es de todos y la misma regla debe aplicarse en el Cabanyal y el Canyamelar, donde hay 76 casas ocupadas ilegamente y subiendo.

Problemas viejos que se solapan con los nuevos. El próximo 9 d’Octubre estará sin duda condicionado por la prevención de atentados yihadistas y es previsible un aumento de la seguridad en todo el recorrido. Antes, este viernes, se acabará el refuerzo en las playas por la temporada de verano. La petición de los hosteleros de que se mantengan dotaciones repartidas en el paseo marítimo, al menos los fines de semana y festivos, no ha encontrado respuesta. De momento ya tienen más que suficiente para encontrar agentes disponibles que trabajen este mes los cinco días de cortes de tráfico en el centro.

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El callejero salda cuentas
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Paco Moreno | 22-05-2017 | 11:51| 0

Diecisiete mil euros y cinco meses de trabajo después, estaba claro que los cambios en el callejero de Valencia iban a provocar polémica, sobre todo por lo que los espías llaman en las novelas daños colaterales. Víctimas fusiladas los primeros días de la Guerra Civil, profesionales liberales o familias sin carné de ningún partido saldrán del nomenclátor por la puerta de atrás acompañando a generales franquistas y procuradores en las Cortes Generales.

Menos mal que el gobierno municipal decidió tomárselo con calma y estudiar las modificaciones al detalle. De lo contrario, en lugar de un mal resultado habrían ido al desastre total. El informe de la Universitat de València tiene fecha de noviembre de 2016, con lo que la concejal de Cultura, Glòria Tello, ha tenido seis meses para darle vueltas a todos los nombres, pese a lo que se vio obligada a mover rótulos como si fueran los garbanzos de un trilero las últimas 48 horas y meter a martillazos a Pere Maria Orts, mecenas que legó numerosos fondos al Museo de Bellas Artes y el Archivo del Reino.

Cambios que no han supuesto la permanencia de ejemplos palmarios de víctimas, sin más. El matrimonio Alcántara-Ríos o Jerónimo Luzzati fueron asesinados en un paredón o una cuneta. ¿De qué sirve rememorar aquello ahora, desempolvar los días del odio tantos años después? La fuerza de los votos modificará el callejero, aunque siempre quedará la duda de la injusticia. Si el propio informe apunta a que fueron muertes utilizadas por la propaganda franquista, la misma utilización se está haciendo ahora en sentido contrario. Se hace tabla rasa y se saldan cuentas, sin más, trazando con brocha gorda una línea que debería ser fina y atenta a evitar cualquier tipo de enfrentamiento.

El alcalde Joan Ribó tiene fe ciega en el informe de la Universitat, como dijo la semana pasada, aunque no estaría de más un informe de los abogados del Ayuntamiento y del servicio de Patrimonio Cultural. Garantía doble para evitar injusticias y argumentar tanto las bajas en el callejero como las altas.

Los cuatro investigadores universitarios han hecho un resumen de los 55 nombres afectados, en ocasiones demasiado breve, una mera reproducción del expediente municipal. Además, se caen del callejero hasta siete nombres de docentes vinculados a esa institución, lo que ha sido interpretado como un exceso al menos un caso que me ha llegado y cuyos descendientes enviaron una carta al alcalde para que rectificase, sin éxito. Alguien podría pensar que en esas propuestas ha faltado objetividad. De ahí lo adecuado de confrontar la información con una investigación del propio Consistorio.

Pero si algo me ha quedado claro de este asunto es que cuando se trata del callejero, torpes hay en todas partes. Torpezas ahora similares a las cometidas por el Partido Popular cuando rotuló con el nombre de Manuel Azaña un callejón que separa el centro comercial Arena con uno de los vomitorios del estadio Ciudad de Valencia, sin patios por supuesto. O cuando llamó Amado Granell a una calle junto a la estación de Fuente de San Luis donde hay 13 vecinos empadronados, cuando se trata del valenciano que entró antes que nadie en París tras la huida de los nazis con una columna acorazada.

De ahí que ya me pueden poner delante todos los informes que quieran porque en estos cambios rezuma  un olor a revancha indiscutible. De los 51 nombres seleccionados en las altas del callejero, 16 son de políticos e intelectuales con carné vinculados a socialistas, comunistas y anarquistas. ¿Por qué no aprovechar para buscar otros rótulos que no tuvieran tanto el tufillo de una compensación?

Pero eso es pedir demasiado en este Ayuntamiento de los gestos, donde nos entretenemos desde hace una semana con estos asuntos, en lugar de preguntarnos por la razón de que la rehabilitación de los Docks haya fracasado o la Generalitat dé largas al Ayuntamiento para finalizar la línea T2 del metro, al menos en la primera fase desde Nazaret hasta el centro. Por no hablar del perjuicio que ha supuesto a la hostelería la prohibición de aparcar por las noches en el carril bus.

Eso sería mucho para un Ayuntamiento que ha llegado a su ecuador y que debe empezar a rendir cuentas. Aunque prefiere enseñarnos a los vecinos lecciones de Barrio Sésamo como que una calle deba llamarse Democracia, lo que en la Administración local se remonta a 1979. Aunque si tengo que elegir, me quedo con la calle de la Poesía. No es como en la canción de Sabina, pero casi igual de cursi.

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Encuesta con purpurina con hadas
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Paco Moreno | 17-04-2017 | 9:42| 0

¿Se puede aprobar con 5,11 puntos sobre diez la gestión de la circulación en Valencia aunque el 88,7% de los encuestados considere que esté igual o peor en el último año? Eso es lo que ha pasado en el barómetro de opinión ciudadana presentado la semana pasada por el alcalde Joan Ribó, donde la magia de las estadísticas ha esparcido tanta purpurina de hadas que al final no sabes si estás leyendo una encuesta o un guión con final feliz.
Y no lo digo por los datos, que la empresa contratada sin concurso previo (¿me equivoco?) habrá recolectado pacientemente, sino por el uso que se hace de ellos, o más bien las interpretación que nos quieren hacer tragar cual aceite de ricino.
Otro ejemplo. La gestión de la limpieza de las calles aprueba con un 5,3 pese a que el 78,1% de los encuestados considera que está igual o peor en el último año. Es más, el 13,1% de la ciudadanía cree que es el mayor problema de Valencia en la actualidad, por delante incluso de la corrupción, el tráfico, la educación o el transporte público.
Cucharada de aceite de ricino y a rebosar, pese a que ha sido la delegación donde más dinero ha aumentado el presupuesto, de momento con escaso éxito a la vista de lo sucedido estas Fallas. Sólo hay que hablar con vecinos del centro y hosteleros para escuchar lo que opinan del refuerzo en los servicios de limpieza y si ha sido suficiente. O sea, no.
En lo que ya no han podido tirar purpurina ha sido en la gestión del aparcamiento, donde el Ayuntamiento tiene el último frente abierto con la anunciada prohibición de estacionamiento en el carril bus por las noches. La nota ha sido de un 3,91 pese a que el 92% considera que la situación está igual o peor en el último año. Y que conste que no hago la misma interpretación que el alcalde Ribó acerca de la pregunta, cuando aseguró que muchos responden sobre la segunda fila, el aparcamiento en pasos de peatones o el mismo parking en el carril bus. Pienso que el punto de vista de las respuestas es el de los conductores y la falta de plazas. Hablamos de la casi totalidad de los encuestados, en uno de los asuntos que más tiempo dedica el Consistorio.
Pero entonces me tiro a la cara dos datos que me parecen concluyentes. El 20,3% de los encuestados utiliza el coche para sus desplazamientos más frecuentes, sólo por detrás de la EMT y los itinerarios peatonales. Esa es la realidad, pese a quien pese. El segundo es la respuesta sobre los que el Ayuntamiento debería priorizar. Y después del autobús y el metro, aparece el coche. ¿Por qué tanto empeño en borrarlo de la faz de la Tierra? ¿No sería mejor convencer con alternativas viables y no parches como la rebaja nocturna en los aparcamientos?
El gobierno municipal debería leer las declaraciones publicadas en este periódico de la asociación de comerciantes del centro y el Ensanche. Antes de tocar las plazas, pactar todos los cambios en las paradas de la EMT, ponerlos a prueba y estudiar los resultados. Sólo entonces proceder a la reurbanización definitiva.
Por último, el detalle en la encuesta de que sólo el 2,7% declara ir en moto habitualmente, mientras que en bicicleta (particular más Valenbisi) suponen el 5,7%.
Para los que quieran contrastar el dato, en el parque móvil del cap i casal hay registradas 77.614 motos y ciclomotores, que digo yo utilizarán sus dueños alguna vez. No me creo, aunque me pongan delante a todos los encuestadores que han hecho esta estadística, que en Valencia se va más en bici que en moto.
Es lo que en periodismo se llama cuadrar un titular a martillazos. El gobierno municipal quiere cambiarnos sí o sí el “paradigma” de la circulación en la ciudad, una palabreja que empieza a cansar por hartazgo. Por lo que leído esto último, me niego a seguir con la encuesta de intención de voto, que tengo una novela de Ken Follet esperando para la semana pascuera.
Sólo un apunte más aparte de la ensalada de números del barómetro. No paran de llegar quejas de Pinedo por el aluvión de personas que acuden con sus mascotas a disfrutar del tiempo primaveral. Claro, que falta el pequeño detalle de que el Ayuntamiento no ha acotado la zona para perros, por lo que son lógicas las protestas de los bañistas. Estaba claro que esto iba a ocurrir porque al gobierno municipal le cuesta distinguir el gesto de la gestión. Queda muy bonito lo de la playa para perros, pero después hay que saber gestionarla.

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La ciudad de los pedales
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Paco Moreno | 08-03-2017 | 10:30| 0

No vamos a construir pirámides, asegura el alcalde Joan Ribó cuando le preguntan por sus planes para Valencia, queriendo huir de los grandes proyectos costosos como de la peste. Su apuesta más visible para la calle ha sido todo lo relativo al tráfico y en especial el empeño de reducir la circulación de coches, con el anillo ciclista como el gran símbolo de esta pretensión.

Valencia es una ciudad perfecta para la bicicleta, eso no hay nadie que lo discuta. Tamaño medio, ausencia de lluvia la mayor parte del año y plana por completo. Además, se trata de obras de presupuesto modesto y enorme rapidez. Un mundo maravilloso donde a los autores del cacareado cambio de paradigma que persiguen se les olvida a menudo que en el cap i casal viven 800.000 personas que se mueven de la manera más diversa. Y todas no quieren ir en bicicleta.

Aún más, el punto más débil de esa estrategia es no tener en cuenta el área metropolitana. Ya lo hemos contado alguna vez en LAS PROVINCIAS pero conviene recordar que la intensidad de tráfico en los accesos de la ciudad se ha mantenido igual los últimos años. El descenso del parque móvil en la capital ha sido un hecho coyuntural por la crisis pero los vecinos de las poblaciones cercanas necesitan el vehículo privado a diario. El Gobierno debe aportar fondos ya para la EMT y Metrovalencia.

Hay que pensar en eso cuando la inauguración del anillo ciclista está todavía reciente. Esta obra marcará un antes y un después en la movilidad de Valencia y sería muy triste que el balance fuera el de más atascos en el centro. Así no se reduce la contaminación, los comerciantes se enfadan porque se genera la impresión de que es imposible comprar en el centro y, seguramente lo más importante para el tripartito, a muchos les hará decidir su voto en 2019.

De ahí que ahora lo más importante sea gestionar ese proyecto municipal con cautela y moderación, lo que va en contra de todo lo que se percibe de la gestión del concejal de Movilidad, Giuseppe Grezzi. Tiene mucha prisa por sumar kilómetros de carriles bici, aunque en ocasiones sea sin el consenso necesario. La Federación de Vecinos lo ha dicho más de una vez, sobre todo cuando le da por anunciar cambios en la ordenanza como el estacionamiento en el carril bus o el fin de la obligación de los ciclistas de ir por el carril bici.

De lo primero hay un ejemplo ahora en la calle Colón, que promete convertirse en un laboratorio de ideas. En el primer tramo conviven las placas donde se autoriza el estacionamiento de diez de la noche a ocho de la mañana en el carril bus con una línea continua amarilla pintada estos días, el paso previo a la segregación definitiva como sucedió en Matías Perelló y Los Centelles para enfado de los hosteleros.

En el gobierno municipal aseguran que no se han planteado esa segregación. ¿A qué viene entonces la prohibición de estacionamiento? ¿Se refiere sólo al horario diurno? La impresión que tengo es se trata de un aviso de lo que vendrá, pero que de momento no se atreven a hacer. Veremos qué pasa cuando se acometa la segunda remodelación de líneas de la EMT.

Justo al lado de la línea amarilla habrá una gran parada de transbordo de autobuses. ¿Apostamos algo a que a partir de ese momento no se podrá aparcar en el carril bus de Colón por las noches? Si entonces existe el riesgo de que hayan aumentado los atascos (espero que no) por la falta de transporte metropolitano, la plaga seguirá con el veto a los clientes de restaurantes y cines que todavía creen en una ciudad con un centro potente y que importe. De ahí que ahora será la época de la moderación, igual que debe ocurrir con todos los carriles bici que llegarán al centro. El foco está demasiado puesto en el anillo ciclista, pero los itinerarios ciclistas que llegarán en los próximos meses desde los barrios son también en ocasiones focos de conflictos.

Mañana hay otra cita importante, como es la presentación del plan estratégico de la Marina de Valencia. El Consejo de Ministros renovó el viernes a todos sus consejeros, despejando así la duda de qué Ministerio será el negociador de la enorme deuda de 440 millones de la entidad. Será el de Hacienda, naturalmente, con un secretario de Estado a la cabeza y la sombra de Cristóbal Montoro siempre presente.

Veremos el resultado, aunque si Ribó ha dicho que ese problema necesita una solución política, entonces los hombres de negro no es la respuesta que esperaba el Ayuntamiento. La opción de Sáenz de Santamaría seguramente le habría ido mejor a los intereses de la ciudad.

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