Las Provincias
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Autor: pmoreno_1390756718228
Rita elige el peor camino
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Paco Moreno | 14-09-2016 | 7:42| 0

Uno le tiene cariño al equipo de fútbol que gana las ligas en su niñez y pasa lo mismo con los alcaldes, sobre todo cuando coinciden con los primeros años de trabajo después de la Universidad, años duros de bocadillo y jornadas eternas, lo que por desgracia no ha cambiado para muchos periodistas. Por eso me da pena cómo escribirá la historia de esta ciudad los últimos años en la política de Rita Barberá.

La alcaldesa de los mercados, aquella que perdió las elecciones frente a Clementina Ródenas pero logró 14.738 votos más que Vicente González Lizondo, ha escrito una de las páginas más confusas de su vida. Fuera del Partido Popular pese a ser una de las fundadoras de Alianza Popular, dentro del Senado como un refugio frente a los vaivenes judiciales, lo que ocurra a partir de ahora es lo que recordará el público. Y será todo negativo, sin duda.

Ya ha pasado mucho tiempo desde 1991, cuando cogió la vara de mando al obtener un concejal más que Unio Valenciana. El pacto se respetó y empezó una sucesión de mayorías absolutas que parecía no tener fin. Es exagerado decir que construyó Valencia desde los cimientos porque desarrolló muchas de las ideas y decisiones del socialista Ricard Pérez Casado, pero es innegable reconocer que puso la ciudad en el mapa.

Más allá del centenar largo de equipamientos públicos puestos a disposición de los vecinos, de la llegada del turismo, de la Copa América, de los nuevos barrios y la expansión de la ciudad hacia su área metropolitana, prefiero quedarme con lo humano, con los momentos que viví mientras la acompañaba. Lo otro queda para el análisis político, para sus amigos y detractores, que los tiene a miles por ambos lados. Me quedo con el respeto.

Vivencias hay muchas, innumerables, pero las mejores son las que cuentan los demás para tratar de enfocar al personaje a distancia. Como aquella ocasión en que llamó a Carmen Berlanga, a la sazón presidenta de la asociación de vecinos de Marxalenes, para decirle que acababa de visitar su barrio y que se lo iba a cambiar de arriba abajo.

Fueron los años en los que se forjó la frase “rojo alcaldesa”, cuando la Lonja estaba a punto de ser Patrimonio de la Humanidad, el metro empezaba a rodar en Valencia en serio más allá de la primera línea construida en los 80 y los cimientos del pirulí de Calatrava servirían para sujetar el Palau de les Arts y nacía la Ciudad de las Ciencias.

Años que ahora se analizan con lupa, teñidos en muchos casos con el color de la denuncia por las grabaciones a concejales que se repartían dinero y las campañas orquestadas con el furor del sabor amargo que destilan las redes sociales. Pero busco un hueco en la memoria para localizar la misma idea: Respeto.

La ilusión de la Copa América ha dejado una deuda enorme, impagable, pero también una nueva frontera en la ciudad, un lugr de ilusión. Valencia no lo tuvo tan fácil como Barcelona en las Olimpiadas o Sevilla con la Expo 92, aunque seguro que salimos adelante pese a no tener un cheque en blanco. Por eso, ahora que muchos buscan el rostro de Barberá asomándose por el cristal de una ventana, escondida y a la espera del juicio popular y del Supremo, me quedo un instante con su imagen en la dársena, feliz de dejar para la posteridad un trozo de ciudad con su nombre.

¿Qué debería haber hecho Barberá? La respuesta es casi unánime y sale de su antiguo partido: Dejarlo en 2011 con mayoría absoluta e irse por la puerta grande. Ahora, lo más suave que he leído en las redes sociales es que cobrar como senadora después de dejar el PP es indecente. Y Valencia no se merece que eso quede en la pequeña historia de la ciudad.

 

 

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Somos inhumanos con nuestros amigos
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Paco Moreno | 03-06-2016 | 8:49| 0

En la Comunidad Valenciana hay algo más de un millón de perros registrados, según un estudio del Ministerio de Agricultura difundido a finales del pasado año. La cuenta es sencilla en una región donde viven cinco millones de personas. Tocamos a uno por cada cinco habitantes tirando por lo bajo en la estadística. Son parte de nuestra vida y, permitan el topicazo, nuestros mejores amigos. La pregunta es obvia entonces: ¿Por qué los tratamos tan mal, hasta el punto de perder por completo nuestra humanidad?
De un presupuesto de 836 millones de euros, el Ayuntamiento ha previsto este año una inversión de 30.000 euros en la concejalía de Bienestar Animal. De poco sirve que por primera vez se ponga ese nombre a una delegación cuando carece de más contenido. Bueno, sí que tiene, los más de 600 animales que viven hacinados en el refugio de Benimàmet.
Refresco estas cifras de la hemeroteca cuando todavía no salgo de mi asombro por la intención del Consistorio de crear una base de datos con el ADN de los perros registrados y poder multar a sus dueños si dejan las heces en la calle. Me parece una idea excelente para ayudar en la limpieza de la vía pública, pero la pondría en séptimo u octavo lugar en un listado de tareas del Consistorio con estas mascotas. Antes hay otras.
Otra curiosidad de la hemeroteca: La ordenanza de tenencia de animales es de 1990. Desconozco su contenido de memoria porque esto del periodismo tiene sus urgencias, pero no me extrañaría que incluyera un apartado sobre carruajes y burros guardados en los establos de las casas. Años tiene más que suficiente para ello.
O sea, que lo primero sería cambiar la normativa, pero haría un ruego a los señores y señoras de Compromís. Por favor, sin globos sonda ni milongas como que los perros podrán subir a los autobuses de la EMT, un anuncio que está a punto de cumplir un año y del que nadie sabe nada. Hace falta un trabajo serio y sin necesidad de irse a otras ciudades para copiar normativas lejanas.
Valencia se merece un modelo propio, sin más historias. Si les hablan de Copenhague o Estocolmo a los vendedores del Mercado Central seguro que no les hace ninguna gracia mientras cuentan las pérdidas que sufren por una estrategia de tráfico que parece salida de un manual escandinavo.
Pero antes de eso, convendría que alguien del Ayuntamiento se diera una vuelta por el refugio municipal. En lugar de poner el esfuerzo en el ADN, es mucho mejor fomentar la adopción de los animales abandonados a través de una web completa, profesional. Eso y empezar a poner ventiladores en los boxes porque los 30 grados centígrados de este fin de semana son sólo un anticipo de lo que sufrirán los perros y gatos el próximo verano.
Un lugar donde por cierto todavía están colocadas las pantallas acústicas para evitar que los ladridos molesten a los vecinos cercanos. El inconveniente ya es sabido, los animales se achicharran al cortar cualquier atisbo de brisa. Lo que en el pasado mandato era un horror porque lo puso un gobierno municipal del PP, ahora se consiente sin más problemas.
De anuncios estamos todos un poco cansados. La ampliación del refugio tampoco debe ser muy complicada dado que está rodeado por campos de huerta y las obras se limitarían a un pavimento, boxes con verjas metálicas y otro tipo de obras reversibles.
Cuando todos pensaban que este gobierno iba a prestar más atención a estos temas, se cumple el primer aniversario con muchas fotos en redes sociales, brindis con cava y sonrisas, pero los galgos siguen llegando esqueléticos al refugio. Eso no ha cambiado.
Pero no seamos pesimistas. Seguro que el Consistorio pone hasta un servicio de recogida de perros utilizando bicicletas para que todo sea más transversal, pacificador e inclusivo. O cualquier término de la palabrería que prefieran del nuevo vocabulario oficial.
Lamento enseñar el colmillo con estos temas, pero es que me puede el cansancio. Se acercan las vacaciones de verano, año I del primer mandato municipal y los viejos problemas no se solucionan, al contrario, crecen. Otros sí que se arreglan, todo hay que decirlo en favor del pago a los proveedores, por ejemplo, aunque en este saldo el mejor amigo del hombre sale muy mal parado. 

 

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El tripartito y sus ofensas
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Paco Moreno | 14-12-2015 | 10:36| 0

Cada vez que escucho a los concejales del gobierno municipal hablar del reparto de subvenciones del próximo año me viene una idea a la mente: borrón y cuenta nueva. No se me ocurre otra cosa después de lo que están haciendo con Lo Rat Penat y el Banco de Alimentos, por citar los dos casos más recientes.

El concejal de Fiestas, Pere Fuset, no tiene que investigar mucho cuando después de su primera entrevista con el presidente de Lo Rat Penat, Enric Esteve, insistía en que el Ayuntamiento dará dinero sólo para “actividades festivas”, creando así una sombra de duda sobre la entidad por el uso que ha hecho hasta ahora de los fondos.

No tiene que esperar mucho porque Lo Rat Penat entregó las cuentas del pasado año al céntimo de todo lo que realizó, incluyendo una partida de 4.680 euros para pagar sueldos de un total de 57.000 euros. El Consistorio tiene los documentos y LAS PROVINCIAS los ha publicado. A ver si alguien piensa que la subvención se la han gastado en mariscadas.

Dejar caer la sombra de que la subvención ha sido para pagar sueldos es de manual de propaganda, pero sólo para los crédulos que se creen ese mensaje. La asociación valencianista, igual que todas las demás, necesitan empleados que ayuden a realizar todas las actividades, aunque sea un administrativo o un abogado. Es de bobos pensar lo contrario cuando se habla de decenas de eventos culturales al año, algunos tan importantes como el de llibrets falleros.

Lo mismo ocurre con el Banco de Alimentos, al que le que quieren poner encima la misma sombra de sospecha desde la concejalía de Bienestar Social. Los 85.000 euros del convenio anual permiten que una parte sea para sueldos porque así lo deja bien claro el acuerdo. Con una atención que llega a cientos de familias al mes, por no decir miles, sería inaudito lo contrario.

Pero es el principio del borrón y cuenta nueva, donde el gobierno del tripartito ha decidido hacer el reparto de otro modo, en concreto el suyo. Es legítimo (hasta cierto punto) porque han podido formar gobierno después de las últimas elecciones, pero al menos podrían tener la elegancia de no querer manchar el nombre de asociaciones que llevan muchos años trabajando en la ciudad.

Si a Fuset no le gusta el concurso de las cruces de mayo, los altares de Sant Vicent o los llibrets de falla, que lo diga claro. Lo Rat Penat existe desde 1878 y ya recibe el apoyo de la sociedad valenciana, que puede dar más. Pero que deje de marear con las insinuaciones de ayudar sólo a las “actividades festivas”.

Casa Caridad ha presentado unas instalaciones ejemplares en Benicalap, un albergue con 70 plazas y otras instalaciones para familias. Una inversión de 4,3 millones de euros donde el anterior gobierno municipal tuvo el acierto de que el Ayuntamiento cediera la parcela. Al presidente de la asociación, Antonio Casanova, se le ve bastante solo en las fotografías de la semana pasada. Vale que no era la apertura del edificio, aunque lo adecuado habría sido que algún concejal se acercara, más que nada para mostrar su apoyo a un proyecto tan beneficioso. No tengo claro del todo que ahora hubiera cuajado la cesión del solar, a la vista del nuevo reparto de subvenciones que ha afectado al Banco de Alimentos.

La semana también ha servido para conocer algún detalle más del proyecto gastronómico en el Veles e Vents. Empiezo a ver demasiados cuchillos y tenedores en la Marina, como si en la dársena no hubiera sitio para otra cosa. El Consorcio debe facilitar la llegada de más empresas, náuticas, oficinas, comercios y hasta la construcción de una nueva lonja para los pescadores.

Poner todos los huevos en la misma cesta es un error si no queremos que un lugar de privilegio acabe convertido en una zona para ir a celebrar comuniones y bodas. El tinglado 2 sigue en ruinas y los otros dos acumulan una gruesa capa de excrementos de palomas, a la espera de que la Generalitat aclare su cesión.

El éxito de la Marina será su diversificación y es una pena que la legislación portuaria no permita construir viviendas porque sería el acicate decisivo para la reurbanización de la dársena. Además, la señalética y el diseño viario que se hizo para la Fórmula 1 es tan malo que lo extraño es que los clientes no se caigan al mar buscando los restaurantes.

Han pasado seis meses de este mandato y apenas distingo las diferencias con lo que dejó el PP. Si el Cabanyal marcará el mandato en cuanto a la gestión en los barrios, la Marina supondrá lo mismo como proyecto de toda la ciudad. Y se ha hecho muy poco.

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El jardín maldito
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Paco Moreno | 23-11-2015 | 9:21| 0

Ha pasado casi una semana y todavía no doy crédito. Doce años después de la firma del convenio, tras un plan urbanístico peleado por Barberá en contra de la oposición municipal y con un prestigioso concurso que atrajo a los mejores arquitectos y paisajistas, resulta que el Parque Central ha sido puesto en duda abiertamente por el Gobierno. Para no echar gota, oiga.

El Ministerio de Fomento, gobernado por el mismo partido que firmó el acuerdo de 2003, no es que se haya caído del caballo sino del burro. Y lo más hilarante es que el 40% del jardín ya está en obras, a la espera de que se completen las obras ferroviarias que ahora se borran de los planos para querer trazar otras totalmente distintas.

Modificar a estas alturas el diseño de la norteamericana Gustafson para el que debe ser el principal jardín de la ciudad es, lo tengo claro, un nuevo ejemplo de cómo el destino, la providencia o como quiera llamarse se burla de Valencia. Igual que ha ocurrido siempre desde que alguien decidió que el cap i casal no es relevante para gobernar España.

Dice el secretario de Estado Gómez-Pomar que así se ahorra la mitad del presupuesto y con 1.400 millones estaría todo hecho, los túneles para entrar y salir de la ciudad más una estación soterrada. Pero la trampa es que, además de estropear sin remedio el parque, afectaría al menos a una de las cuatro torres reservadas como pórticos del jardín.

Al menos porque ya pongo en duda las otras tres, dado que el canal ferroviario que llegue por Giorgeta habría que ampliarlo para acabar en una estación de planta única en lugar de los dos sótanos previstos. Así las cosas, ¿cómo se paga todo esto? Con la venta de pisos no porque han desaparecido y entonces queda la aportación pública, de la que la mitad debe llegar de las instituciones valencianas.

O sea, volvemos al sello del Plan Sur, lo que me parece ya he escrito en otras ocasiones. Siempre acabamos en el mismo lugar, como si el fatum de los romanos, ese poder sobrenatural inevitable, llevara a esta ciudad a pagarse sus cosas. Para eso no hacía falta haber esperado dos años a los técnicos del Ministerio mientras hacían las cuentas y trazaban líneas.

Sería interminable la lista de proyectos que el Gobierno ha dejado de lado. Cada vez que se hace una mejora en uno de los accesos de la ciudad nos acordamos de que siguen pendientes. De los museos ya ni hablo, lo mismo que ocurre con el acceso norte al puerto, una quimera hoy en día.

Pero volviendo al Parque Central, la cuestión es que se le ha tratado como un proyecto  ferroviario cuando en realidad se trata de uno urbanístico, donde el jardín no puede ser un mero complemento de la estación subterránea, ni las cuatro torres un accesorio de quita y pon. Servirán entre otras ventajas para revitalizar zonas degradadas, además de ser indispensables para la financiación.

Y toda esa madeja de problemas para una alternativa presentada a poco más de un mes de las elecciones generales, cuando los presupuestos del Estado para el próximo año vuelven a dejar fuera la prolongación del túnel de Serrería. En suma, una enorme bola de papel mojado poco creíble que tendrá que ser considerada de nuevo después de los comicios.

La semana se presentó movida con la propuesta de repensar el Parque Central, descartada a los cinco minutos por el alcalde Joan Ribó y la consellera de Obras Públicas, María José Salvador, aunque todo puede mejorar. La iniciativa aprobada en el pleno para pedir el cierre del Centro de Internamiento de Zapadores ha supuesto un capítulo más de las chispas que saltan entre los socios del tripartito que gobierna el Ayuntamiento.

La propuesta de acuerdo parece sacada de una asamblea estudiantil y las acusaciones veladas a la policía fueron la guinda de unos concejales que se creen todavía en la oposición. Los socialistas han estado de nuevo incómodos con algo que votaron a favor con una mano en la nariz, por mucho que se empeñara en matizar la concejal de Protección Ciudadana, Sandra Gómez, que la Policía Local no hace identificaciones por cuestiones étnicas. Se le olvidó decir lo mismo sobre el trabajo de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Además, el momento no ha podido ser más inadecuado, cuando París, Bruselas y otras ciudades europeas se encuentran en estado de sitio a la búsqueda de terroristas. Muchos estamos en contra de las penosas condiciones en las que están recluidos los inmigrantes sin papeles en Zapadores, pero acusar de racistas a los policías ahora, cuando se juegan la vida por el resto de ciudadanos, es torpe e irresponsable.

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La caída del caballo del tripartito
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Paco Moreno | 09-11-2015 | 10:47| 0

Como si se hubieran caído del caballo. Es lo que pensé este viernes cuando escuchaba al alcalde Joan Ribó explicar los problemas que tiene con sus socios del tripartito municipal para confeccionar el Presupuesto de 2016. Una vez que quitas los gastos fijos, lo que queda para poder lucirse uno es muy poco, pese al deseo de plantear unas cuentas radicalmente distintas a las últimas de Rita Barberá.

Eso es lo que ha pasado estos días, unido al zapatazo de los concejales de València en Comú, que por tener más dinero para el teatro El Musical han agrietado la imagen del gobierno municipal por primera vez, apenas seis meses después de que se colgaran las medallas al cuello como ediles. Dice el alcalde que no sabe dónde guardaron la vara de mando que dejó en la mesa el 13 de junio como si le quemara en los dedos, aunque sería conveniente que ordenara buscarla porque con las cosas de comer no se juega.

Dentro de su vasta experiencia en el Ayuntamiento (véase la ironía), València en Comú contaba seguramente con la lealtad institucional del Partido Popular y Ciudadanos, que se abstuvieron en la Fundación Deportiva Municipal y el Consejo Rector Fallero. Con un voto contrario se hubiera montado la mundial por unas cuentas devueltas a los corrales para sonrojo de un supuesto gobierno estable. Tantos riesgos temían algunos que Grezzi no se atrevió a celebrar el consejo de la EMT para aprobar su Presupuesto.

Así estaban las cosas cuando compareció el alcalde el viernes. A su derecha Joan Calabuig, sonriente no se sabe si para ofrecer una imagen positiva a los fotógrafos o evitar que se le escapara la carcajada. Ribó bien en su papel de rebajar la crisis doméstica y a su izquierda Jordi Peris, incómodo y pensando en cómo contestar las preguntas sin decir nada.

Pero del rato que estuvieron en la sala de prensa me quedo con otros detalles al margen del morbazo político de explicar la ruptura de la unidad de voto. Escuché varias veces al primer edil hablar de la complejidad de las cuentas, de cuadrarlas a satisfacción de todos pese a que disponen de 50 millones de euros más el próximo año, dato desvelado por el PP que no desmintieron. Y me pregunto qué pasará en 2017 si no disponen de esa cantidad.

Gobernar en tiempos de crisis no es fácil y el próximo año será un espejismo por los 75 millones de euros de inversión municipal. Con esa cantidad extraordinaria acallarán reivindicaciones vecinales, aunque ya vaticino a los analistas del tripartito que no será suficiente. Sólo hay que recordar la lluvia de millones de los dos planes ZP en Valencia, su ejecución en tiempo récord y dónde está ahora el Partido Popular.

Por eso es mejor recurrir a los clásicos y pensar en el “laissez faire, laissez passer” con el que se construyó Europa. No fue tan mal el experimento, sobre todo si se compara con las aventuras genocidas soviéticas y el infame periodo negro del fascismo y el nazismo. Es para pensarlo y seguir ese camino. Ojo, no digo que el actual gobierno defienda posturas dictatoriales, sólo que a veces es mejor quedarse en un segundo plano y dar más margen a los vecinos para desarrollar la ciudad.

Lo digo porque el alcalde insistía en que es necesaria la subida de impuestos para hacer frente a los proyectos sociales que quiere lanzar como el fomento de las viviendas sociales o ayudas para la educación. ¿Y qué pasa con los 50 millones que tendrá de más? Es una cantidad suficiente para hacer frente a esa estrategia sin aumentar la presión fiscal. Si me apuran, con una bajada de impuestos lo sacan en hombros al balcón municipal y se asegura otro mandato pese a su edad.

Mañana conoceremos más detalles del Presupuesto en el Consejo Social, donde espero que los comerciantes pregunten por la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles. Afecta a más de 5.000 empresas aunque este sector es el mejor organizado para intentar una rectificación. Con las cosas de comer no se juega y bastantes problemas tienen en el Consistorio con la Marina, donde los inversores no ganan para sustos.

Y como colofón una nota de servicio público. Evite hoy el bulevar sur junto al centro comercial El Saler. El concejal de Movilidad sigue con su cruzada particular y asfaltarán dos carriles en hora punta del tráfico, en una zona donde no vive ni un solo vecino y por la noche no se habría molestado a nadie. ¿Por qué se hace así? La respuesta es para cumplir la ordenanza contra el ruido, aunque creo que flota en el ambiente cierta persecución a los coches. Me gustaría equivocarme pero también me he caído del caballo.

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