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Sufrir en la huerta
Paco Moreno 14-11-2011 | 10:41 | 15

La bucólica imagen de las puertas abiertas en todas las casas y los campos en cultivo ha pasado a la historia. Los escasos vecinos de Valencia que todavía vinculan su hogar con la huerta viven ahora con el teléfono móvil siempre en la mano, listos para alertar de robos y asaltos. Así ha sucedido en Font d’En Corts, donde deben echar mano hasta de las sirenas para avisarse unos a otros.

Asentamientos. Uno de los problemas pasa por la ocupación ilegal de casas abandonadas. Y es un problema que se reitera con frecuencia. Hay más ejemplos, como el grupo de casas de la calle San Vicente Mártir, junto a las vías de Renfe, así como la zona cero del Cabanyal, en la calle San Pedro. Hablamos también de Guillem d’Anglesola, felizmente desaparecido tras años de quejas de los vecinos. Algo falla en la legislación cuando las mismas quejas llegan a los periódicos año tras año.

Degradación. El caso de Font d’En Corts tiene todos los ingredientes de un barrio descuidado por el desarrollo de la ciudad. Linda con el bulevar sur, salpicado de centros comerciales, grandes hospitales y torres de viviendas, pero el Ayuntamiento no ha logrado favorecer una convivencia sencilla. Los vecinos de las alquerías recogen el rechazo, todo lo que la ciudad no quiere. Y les llega de la peor manera posible, con pequeños delitos para la Justicia pero que larvan la tranquilidad en las alquerías.

Modas. Muchos defienden desde el estilo de vida de la huerta. Los huertos urbanos en Benimaclet son el último caso, fallido por culpa de la burocracia urbanística. En otra escala, otra apuesta será Sociópolis, donde ofrecen pisos rodeados de campos. Pero sería mejor esforzarse por mantener lo que queda y olvidarse de propuestas tan insensatas como la ampliación de la Universidad Politécnica en la huerta de Vera. Nos iría mucho mejor y no harían falta sirenas de aviso.

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Alquerías en peligro
Paco Moreno 03-10-2011 | 11:50 | 0

Quieren vivir en ellas, conservarlas y legarlas como patrimonio de la ciudad. Observan cómo en ocasiones construyen edificios altos a unos metros, desaparecen caminos antiquísimos a favor del asfalto y el niñato de turno aparece con el espray para ensuciar las venerables piedras. Los habitantes de las alquerías son una especie en peligro de extinción y a nadie parece importarle.
Catálogo. El Ayuntamiento ha aprobado un completo catálogo, con 152 casos de alquerías, barracas, acequias y caminos. Cada uno con su ficha, descripción, lo que se puede hacer y lo que está prohibido. Un trabajo loable que ha durado años y que ahora necesita un paso más.
Financiación. Son tiempos difíciles para todos, tanto la Administración como los propietarios, pero se puede planificar para cuando lleguen tiempos mejores. Sociópolis puede ser un ejemplo, con sus luces y sombras, de adecuar el desarrollo de la ciudad con el paisaje de huerta y las alquerías. Veremos en qué queda el proyecto.
Salvem Vera. Y, desde luego, hay que evitar masacres como la que incluye la revisión del Plan General para la huerta de Vera. Un paisaje precioso, cuidado y con campos casi siempre con cultivos, se aleja mucho de la justificación de que la ciudad puede expandirse sobre la huerta degradada. Si la Universidad Politécnica necesita más espacio, ahí está uno de los mayores centros históricos de Europa. Por no hablar del Cabanyal, una idea que ha cogido con fuerza la Universitat.
Botellón. Y ya que hablamos de las universidades, ofrezco una idea para limitar los efectos de los botellones que cada semana dejan un rastro de toneladas de basura. ¿Qué hacen en las facultades los viernes? ¿Se dan cuenta los profesores de que sus clases huelen a alcohol? Si se impusiera la costumbre de programar los exámenes ese día a las ocho de la mañana, algo se conseguiría

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