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Ayuntamiento de Valencia

Primeros errores del tripartito
Paco Moreno 06-07-2015 | 8:46 | 7

Llegan las primeras decisiones y con ellas, los primeros errores. La ausencia de los dos partidos de la oposición municipal de la comisión que pretende resucitar el Cabanyal es un fallo estratégico mayúsculo en la imagen de transparencia y participación que intenta labrarse el tripartito.

El PP ya se lo esperaba porque será el muñeco de feria al que disparen todas las culpas y males de lo sucedido en el barrio estos años de paralización de obras. No digo que sean inocentes como unos niños porque se han ganado a pulso el título de los responsables del fracaso, pero es necesario recordar una obviedad y es que su proyecto lo paró la ministra socialista González-Sinde pese a que no sabía ni donde estaba el Cabanyal en el mapa.

Pero lo realmente chocante, de carcajada, es el veto a Ciudadanos. Después del papelón que tuvo que hacer Fernando Giner posando en la foto que se hicieron todos los opositores a la prolongación de Blasco Ibáñez, ahora se queda fuera. Todavía recuerdo al candidato en la terraza del Centro Octubre, pisando el parqué que pagó Jordi Pujol a su amigo Eliseu Climent. Tragó saliva y apretó el botón del ascensor en favor de la participación y el consenso en contra de un plan que consideraba erróneo y mejorable. Para nada.

Pero lo que ya roza la risa histérica es que el portavoz de València en Comú, Jordi Peris, le haya ofrecido firmar la moción que llevará el gobierno municipal al pleno. No debatirla antes, ni que participe en la redacción del documento. Sólo que la apoye si quiere. Y de estar en la comisión que se olvide, por supuesto, aunque estén representadas todas las asociaciones del barrio que lo han deseado, da igual de su representatividad.

Vamos, que si Giner quiere participar en el proceso le convendría poner en marcha una asociación de fabricantes de abanicos de la calle de la Reina con tres asociados más, por ejemplo, porque de nada le valen los seis concejales logrados en las urnas, con más votos que el PSPV y València en Comú. Pero así es la política y Giner la ha descubierto sin anestesia.

Y todo esto sin que ninguna asociación vecinal ni de comerciantes ni de nada haya dicho una sola palabra a su favor. Al menos yo no las he escuchado. Si tuviera que poner título a la comisión que pretende recuperar el barrio le pondría ‘Uno de los nuestros’ por los que no están al carecer del ADN necesario.

Un buen punto de partida de esa comisión habría sido escuchar a los concejales del PP para ver lo que han hecho estos años para mejorar la limpieza y la seguridad ciudadana, las ocupaciones ilegales de las viviendas y la retirada de vertederos en los solares.

Pero nada de eso será posible, ni siquiera una mínimo debate sobre las zonas del barrio, que son muchas, donde es posible aprovechar el plan que se derogará ahora. La mayor parte del planeamiento sirve para lo que quiere hacer el concejal de Urbanismo, Vicent Sarrià. ¿Por qué no ponerlo en marcha sin más? Eso sí que habría servido de verdad al barrio y evitaría la sensación de que en este caso no hay paredes de cristal ni están abiertas las paredes del balcón.

Y el segundo error de la semana ha sido lo que ha provocado el primer engachón entre dos de los socios del gobierno municipal, la elección de la directiva de la Junta Central Fallera, donde Compromís no ha dejado al PSPV que elija ni el color de las paredes. Tantas milongas sobre la transversalidad y las decisiones colegiadas en el tripartito para concluir que la organización del principal movimiento social de Valencia es coto vedado para los muchachos de Pere Fuset, el que prometió despolitizar la fiesta fallera. De esto no opino todavía porque espero a que gobierne, pero de lo primero sí lo tengo claro. Compromís se ha propuesto capitalizar toda la gestión de las Fallas y confío en que sean los éxitos y no los fracasos porque supondría un perjuicio para mucha gente.

Es la concejalía más jugosa porque es donde se reparten más subvenciones y tiene la llave de las actividades en la calle al tramitar multitud de permisos. Y si hace falta refuerzo, Carlos Galiana, al que se le llegó a hacer traspaso de poderes de Fiestas, gestionará Actividades. Más claro, agua.

Un traspaso demasiado lento, según aseguraba el portavoz municipal del PP, Alfonso Novo, quien recordaba la semana pasada que apenas había empezado. Y estos días se nombrarán a los consejeros de las empresas y organismos autónomos. Tranquilos, no hay prisa. Abramos el balcón a los turistas y con eso cumplimos.

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Al tripartito
Paco Moreno 15-06-2015 | 2:48 | 17

Tiempo nuevo. Cambios. Clima de acuerdos. Asalto a la Historia. Son palabras sueltas que cojo de los discursos de este sábado en el Ayuntamiento de Valencia pronunciados por los miembros del tripartido, las personas que decidirán este mandato sobre un presupuesto de 800 millones de euros anuales.

Y si me preguntan entre reforma o ruptura, prefiero lo primero por la sencilla razón de que no hay grupo más asustadizo que el de los inversores privados. Por eso se me ponen los pelos de punta cuando escuché al portavoz de València en Comú, Jordi Peris, decir que Valencia es un paraíso de la especulación y que hay que quitarle la soberanía a los bancos.

Menos mal que esos discursos hay que tomarlos como lo que son, palabras dirigidas en su mayor parte al público de cada uno, aunque no hay que olvidar que estos anuncios llegan a todo el mundo en la era de internet.

Más que nada porque el Ayuntamiento acabará este año con una deuda superior a los 700 millones de euros, la cifra más baja en diez años, y hay que devolver los préstamos porque los bancos deben seguir fiándose de esta ciudad. Vivir sin crédito es algo que sólo se ha hecho por la crisis económica y los recortes impuestos con los planes de ajuste del Gobierno. Pero algo temporal, que sólo se puede aguantar unos años hasta que los barrios gritan para que se barran más sus calles o edificios rehabilitados para servicios púbicos hace mucho siguen cerrados por falta de dinero.

Eso sí, tampoco quiero arrear demasiado en el inicio del mandato a los socios del tripartito. Me gustaron mucho las referencias de Peris al control de las contratas y las concesiones. En el último mandato se ha dado demasiado cuerda a algunas empresas y sólo recordaré los conflictos en el servicio de grúa y en la Piscina Valencia.

Ojeo después las palabras escritas del portavoz socialista. A Joan Calabuig le queda la difícil papeleta de reivindicar el segundo escalón del tripartito después de un resultado electoral muy malo. De ahí las referencias que hizo a Ricard Pérez Casado y Clementina Ródenas y los 127 años de historia del partido. Sólo así, echando mano del álbum de los abuelos, pudo aguantar el tipo antes de recordar su advertencia desde la misma campaña electoral.

Su mensaje fue que si alguien lo busca lo encontrarán en el centro de la mesa, propiciando pactos también con los dos grupos de la oposición. Sólo así espera no ser engullido por Compromís al final del mandato.

Pero en ninguno de ellos escucho hablar de contención del gasto público. Leo y repaso los discursos y no encuentro, salvo error por el cansancio de la jornada histórica, ninguna referencia. Mucho hablar de la rehabilitación del Cabanyal, del derecho a la vivienda (me quedo sin palabras con esto diciéndose en un Ayuntamiento) y de que debe garantizarse los servicios de agua y luz a todas las familias que pasen apuros.

¿Alguien me explica de dónde sale el dinero? Y que la respuesta no sea de la bajada de sueldo de los concejales. Eso será el chocolate del loro. Los gestos están bien para contentar al electorado y ganar credibilidad ética, aunque luego hay que gobernar.

Gestos se produjeron muchos y de distinto valor en la investidura de Joan Ribó como alcalde de Valencia. El más conocido fue el que protagonizó con la vara de mando, renunciando a ella de manera simbólica. Habrá que darle un poco de tiempo, aunque como sus concejales empiecen a gastar sin control tendrá que sacarla y utilizarla. Para eso es el alcalde.

También tuvo otros momentos de más calado como sus referencias a la huerta y a la movilidad. Sobre lo primero, la protección del paisaje agrícola de Valencia estaría garantizado si se ayuda al que trabaja las tierras. No hay otra manera porque lo de proteger la tierra, las alquerías y todo eso ha fracasado por completo. Lo primero, conseguir que alguien trabaje la huerta.

Pero el discurso que hay que releer es el del portavoz de Compromís, Pere Fuset. Habló mucho de revisionismo de la etapa de Rita Barberá, de buscar las líneas escritas con tinta invisible. ¿Va a dedicarse el gobierno de la tercera ciudad de España a investigar la factura de un hotel de hace diez años? Espero que no porque eso no genera riqueza ni empleo. Me quedo con otra parte de su discurso, cuando dijo que está abierto al diálogo sin exclusiones con el PP, con el reto abierto de su imprescindible regeneración después de 24 años de mandato. Porque sin esas 107.000 personas que votaron a los populares es difícil avanzar.

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Turistas, algo funciona
Paco Moreno 06-04-2015 | 10:37 | 0

Conste que soy el primero en ponerme en la fila de los criticones y destacar cuando puedo que las quejas vecinales mayoritarias vienen por la falta de limpieza de las calles y el mantenimiento de los jardines, entre otros temas que suelo tratar habitualmente. Tampoco me gusta la falta de acción decidida para salvar las pocas alquerías habitables que quedan en Valencia, de la misma manera que la estrategia de vivir de las rentas en Fallas y convertir una bella fiesta en una verbena continua de bocadillo y orines en la calle, como ha pasado estos años.
Pero no por eso hay que dejar de reconocer las cosas que funcionan, como es el caso del turismo. Cada mes que pasa refleja un aumento sobre el año anterior y se producen pocas excepciones a esta norma, como precisamente las Fallas de este año, lluviosas y entre semana, la peor combinación posible.
¿Qué tiene Valencia para los visitantes? Es difícil contestar a esa pregunta porque para gustos los colores. El otro día vi a una joven fotografiando naranjas en un árbol junto al puente de Aragón y es habitual también que esto suceda en el viaducto de Monteolivete, con selfies continuos con la Ciudad de las Ciencias al fondo.
Quizás yo veo las cosas de otra manera, como las mismas naranjas chafadas en el suelo reventadas por los coches y los peatones. O la ruina del puente de Monteolivete hasta que el Ayuntamiento cambió toda la barandilla de hormigón. Pero el caso es que la ciudad funciona para los turistas, los índices de satisfacción de todos los organismos del sector están por las nubes y el negocio marcha mejor cada día.
No todo ha sido un camino de todas porque el descenso de cruceristas es un hecho, aunque siempre he pensado que se trata de un turismo sobrevalorado. Unas personas que tienen barra libre en un crucero para comer y beber lo que quieran tampoco es que tengan ganas de gastar en las ciudades donde recalan.
Ante esta situación, hay que poner en cuarentena el discurso catastrofista de los que hablan de estancamiento, pérdida de influencia y posición del cap i casal respecto a otras ciudades europeas. A ese cacareado fin de ciclo, donde se incluye al Ayuntamiento por supuesto, hay que enfrentar las cifras de visitantes para atemperar el discurso.
Está claro que no podemos fiar todo nuestro futuro al sector turístico y que hay decenas de factores distintos que influyen para el desarrollo de una ciudad, aunque la pena es que durante años no hayamos tenido el apoyo necesario para alcanzar unas cotas todavía más altas.
Hablo por ejemplo de las ayudas del Gobierno para la rehabilitación de monumentos y edificios turísticos. Si el Ministerio de Cultura hubiera hecho algo más por Valencia que opinar sobre el Cabanyal, el entorno de la Lonja podría ser una bella plaza peatonal y la trasera del Museo San Pío V sería eso, un museo en lugar de un montón de solares.
Dos casos muy sencillos de acciones puntuales y efectivas para ayudar a la ciudad y, al mismo tiempo, aumentar la oferta turística. Y si miramos a la Generalitat, entonces preguntaría cómo es posible que fueran tan ciegos de no ver que el Ágora es un desastre, que no funciona ni funcionará nunca lo necesario para compensar el montón de dinero que costó. Y justo al lado hay unas vías de tranvía que cogen cada día más óxido, dado que la misma Administración es incapaz de poner fecha a la finalización de esta infraestructura. En suma, que Valencia avanza pese a las circunstancias.
Por eso es bueno que se vayan eliminando esos obstáculos poco a poco. Hablo del trabajo realizado por el Consistorio para permitir la construcción de los nuevos restaurantes de la Malvarrosa, los populares chiringuitos. Los hosteleros tienen la certeza de que las gestiones de la concejala de Playas, Lourdes Bernal, han servido para acabar de una vez con los problemas crónicos por las autorizaciones de las terrazas.
Y como para creer muchos tenemos que ver, prefiero reservar parte del optimismo al día que empiecen las obras en el paseo marítimo, donde por cierto no le vendría mal un saneado general aprovechando la inversión privada.
No sólo en el maltratado carril bici y algún equipamiento más, sino en el enorme solar propiedad del Consistorio en la calle Eugenia Viñes, en la esquina con la Marina. Los sueños de las piscinas termales hace tiempo que se disiparon y toca hacer algo más realista, palpable y capaz de ser rentable. Nada de ágoras ni similares que ya no nos quedan ganas para tantos experimentos pese al aumento de los turistas.

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Anuncios para la cosecha de votos
Paco Moreno 30-03-2015 | 1:57 | 8

Compromiso cierto fue la redundancia utilizada por la alcaldesa Rita Barberá el pasado viernes para hablar de la millonada que está dispuesta a soltar el Ministerio de Fomento el próximo mandato en Valencia. La V-30, la V-21, la A-3 en su enlace en Xirivella con el nuevo cauce y todo el resto de denominaciones que salpican el mapa de carreteras del municipio. Demasiado envite para una partida de truc que se juega a menos de dos meses de las elecciones municipales.

La repercusión lógica que ha tenido el anuncio ha sido la de escepticismo porque a lo dicho deben añadirse las obras ferroviarias que faltan para hacer el Parque Central. Casi nada. De ahí que el único comentario hasta ahora de los contratistas haya sido que, al menos, se ponga todo en un papel firmado.

Habría sido más creíble para los desmotivados votantes del PP que el anuncio se hubiera ceñido a una parte de las reivindicaciones de la ciudad en infraestructuras, sobre todo porque falta que el señor del dinero, o sea Montoro, diga que adelante con los números y que habrá para todo.

Ya ni me acuerdo de cuándo se dijo que la estación Central iba a ser de una sola planta en lugar de dos para abaratar costes. Un par de años por lo menos y el primero que contó la noticia fue Alfonso Grau. ¿Dónde está el proyecto reformado? Ahora nos dicen que habrá dinero para esta obra como una medicina que anestesia el retraso del inicio del Parque Central en Ruzafa. El recurso de una de las empresas perdedoras del jardín ha hecho añicos el calendario de final de mandato.

Y hablamos de la remodelación de accesos cuando los atascos han bajado por la crisis. ¿No sería mejor destinar parte de los mil millones a terminar la línea 2 del metro? Lo único que se atasca a diario es el enlace de la A-3 con la V-30 y Xirivella hace tiempo que alcanzó un acuerdo con Fomento para construir el túnel anunciado con los gobiernos de Zapatero.

En cambio, la línea 2 ha desaparecido hasta de los folletos de Metrovalencia. Millones enterrados bajo el suelo de Ruzafa, por no hablar de la estación del Mercat. Acabar eso sí que supondría una revolución en el transporte público de Valencia, igual a lo que supuso la línea 5. Mucho más por ejemplo que añadir un carril a la V-21 desde el Carraixet hasta la rotonda de la avenida Cataluña, que por cierto provocará la desaparición de campos de huerta.

Sólo hay que echar un vistazo al Plan de Movilidad. La velocidad media comercial de la EMT y Metrovalencia está muy por debajo de lo que ocurre en otras grandes ciudades españolas. ¿Por qué no poner el foco en que los autobuses municipales reciban más dinero del Gobierno?

Y, por favor, lo que se vaya a hacer que sea con sentido común. Es lo que pienso cada vez que paso por la ronda norte y me topo con el inútil mirador de la avenida Cataluña, rodeado de las todavía más ínútiles fuentes y cascadas decoradas en el túnel como si fueran la sala de una horchatería, con una cerámica que ya estaba pasada de moda en los años 80.

Hablo por ejemplo del túnel pasante del AVE y otros trenes de larga distancia con estación en la avenida de Aragón. ¿Seguro que es necesaria esa última inversión? Estamos más que hartos de aeropuertos fantasma y otras zarandajas que han dejado un reguero de millones en el camino.

La mejora de los servicios ferroviarios es vital para finalizar algunos trozos de la ciudad. El nuevo barrio del Grao nunca será una realidad si no se amplía el soterramiento del túnel de Serrería. Eso es una obviedad, lo mismo que la falta de dinero del Gobierno para acometer esa inversión.

Y lo mismo ocurre para el único sector de la revisión del Plan General donde los dos grandes partidos están de acuerdo y será una realidad el próximo mandato sea cual sea el resultado de las elecciones. La huerta de la Punta entre el camino de las Moreras y la autovía de El Saler está tan transformada que es imposible recuperar el paisaje agrícola. La idea de la alcaldesa Barberá es que el túnel ferroviario salve por debajo incluso la autovía.

Con la misma óptica de ciudad deben examinarse el resto de obras, aunque tengo mis dudas de la estación Central. El arquitecto César Portela dijo en unas jornadas de LAS PROVINCIAS  que  en su proyecto no cabía ni una bicicleta, tal cual fue de rotunda su afirmación. Lo afirmaba al hilo de una petición para ampliar la dársena de taxis y autobuses en el subsuelo. ¿Cómo han logrado mantener la calidad del diseño del prestigioso profesional gallego en una sola planta? La respuesta, el próximo mandato.

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Razones para la cremà en lunes
Paco Moreno 09-03-2015 | 11:54 | 10

Si la gente supiera el empleo que se crea, la cremà sería siempre un lunes”. La frase no es mía y su autoría es de José Palacios, vicepresidente de la Federación de Hostelería. Ahora que la ciudad ha comenzado ya a vibrar con las Fallas todo el mundo se ha puesto a mirar los números. Hasta el Ayuntamiento ha propuesto a un instituto autonómico que haga un estudio económico sobre la fiesta.

Todo el mundo parece coincidir en que si los días importantes caen en fin de semana es mucho mejor para el turismo. Entonces ¿Por qué no se cambia?

Una histórica asamblea de presidentes de falla lo dejó bien claro hace tiempo, cuando el presidente Fabra tuvo el desliz de proponerlo sin contar antes con ellos. Ahí estuvo la clave porque esa votación lo que dejó claro fue el deseo de seguir siendo independientes.

Pero un análisis frío no deja lugar a dudas. La cremá el tercer lunes de marzo, caiga como caiga San José, sería un acierto y lo notarían muchos negocios en la ciudad. La festividad religiosa se haría el día 19, adaptando el programa fallero sin ninguna complicación.

Sería bueno para los falleros porque librarían los días grandes. Sería bueno para las empresas porque no bajaría la productividad los días laborables y, sobre todo, sería bueno para los hosteleros, hoteleros y el resto del sector servicios del cap i casal.

Y si alguien tiene dudas que eche un vistazo a la estadística municipal, donde aparece que estos negocios son los únicos que han subido durante la crisis desde hace años. El turismo es un filón cada vez con más peso. Facilitar que se produzca eso es una obligación del Ayuntamiento, que se ha escudado en la frase “lo que digan los falleros” para no hacer una pedagogía necesaria y demostrar que el cambio de fechas es beneficioso para todos.

Este años, por supuesto, a nadie se le va a ocurrir avivar ese debate. Sería estéril porque a dos meses y pico de las elecciones municipales, cuantos menos callos se pisen mejor. Pero algún día habrá que esperar en que alguien se decida a dar el primer paso.

Hablamos de empleo y hay que tener mucha sangre fría para decirle a un parado que sus probabilidades de encontrar trabajo bajan por un capricho del calendario. Y eso es lo que está ocurriendo ahora, cuando en otras fiestas religiosas se llegó incluso a trasladar la festividad por las mismas razones. En este caso no haría falta mover a San José en el santoral.

Por eso este año habrá que cruzar los dedos y confiar en que los turistas extranjeros se queden el viernes día 20 en Valencia para prolongar las vacaciones hasta el fin de semana. Dejando más dinerito en la ciudad porque de eso se trata. Y confiar en la suerte una vez más.

Y los hosteleros se la jugarán una vez más contratando personal y llenando el almacén a la espera de unas buenas fiestas, cuando todo podría programarse de una manera más racional.

Pero quizás estas fiestas tengan ese punto de irracionalidad, de la calle cortada un mes antes de la cremà, del top manta colocado en la puerta de la Lonja y de la costumbre de miles de personas de tirar toda la basura en el suelo en la plaza del Ayuntamiento en cada mascletà, en lugar de guardarse el bote o la bolsa hasta encontrar una papelera.

Quizás pido demasiado pero no creo. La mejor fiesta del mundo, donde se unen las artes plásticas, la música y la pirotecnia, debe ser capaz de lograr un acuerdo sobre algo tan básico como que generen más empleos, siempre sin perder la espontaneidad de los festejos de barrio, de encontrarte a la vuelta de la esquina con una verbena o una falla donde se hace un diagnóstico completo de la sociedad con un guión brillante.

Es decir, todo lo contrario al inmovilismo que cubre algunos temas como el del traslado de la cremà. Y no será porque el Ayuntamiento no dé las máximas facilidades. Cortes de calles los que hagan falta, lo mismo que el nivel de ruido y el botellón permitido en toda la ciudad.

Aunque de todo esto lo que más me interesa es la peatonalización efectiva del centro histórico durante unos días. Un experimento anual del que salen lecciones para el resto del año. Por ejemplo, las líneas de la EMT que no entran en la plaza del Ayuntamiento podrían quedarse de la misma manera el resto del año. Así, dejaría de tener el aspecto actual de dársena de autobuses y reurbanizarse con otros criterios. Y lo mismo ocurre con la plaza de la Reina, otro caso donde la asociación de comerciantes y el Colegio de Arquitectos han pedido que el próximo mandato se tomen decisiones. Si pasa igual que con la cremà, esperemos sentados.

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