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Ayuntamiento

El callejero salda cuentas
Paco Moreno 22-05-2017 | 11:51 | 1

Diecisiete mil euros y cinco meses de trabajo después, estaba claro que los cambios en el callejero de Valencia iban a provocar polémica, sobre todo por lo que los espías llaman en las novelas daños colaterales. Víctimas fusiladas los primeros días de la Guerra Civil, profesionales liberales o familias sin carné de ningún partido saldrán del nomenclátor por la puerta de atrás acompañando a generales franquistas y procuradores en las Cortes Generales.

Menos mal que el gobierno municipal decidió tomárselo con calma y estudiar las modificaciones al detalle. De lo contrario, en lugar de un mal resultado habrían ido al desastre total. El informe de la Universitat de València tiene fecha de noviembre de 2016, con lo que la concejal de Cultura, Glòria Tello, ha tenido seis meses para darle vueltas a todos los nombres, pese a lo que se vio obligada a mover rótulos como si fueran los garbanzos de un trilero las últimas 48 horas y meter a martillazos a Pere Maria Orts, mecenas que legó numerosos fondos al Museo de Bellas Artes y el Archivo del Reino.

Cambios que no han supuesto la permanencia de ejemplos palmarios de víctimas, sin más. El matrimonio Alcántara-Ríos o Jerónimo Luzzati fueron asesinados en un paredón o una cuneta. ¿De qué sirve rememorar aquello ahora, desempolvar los días del odio tantos años después? La fuerza de los votos modificará el callejero, aunque siempre quedará la duda de la injusticia. Si el propio informe apunta a que fueron muertes utilizadas por la propaganda franquista, la misma utilización se está haciendo ahora en sentido contrario. Se hace tabla rasa y se saldan cuentas, sin más, trazando con brocha gorda una línea que debería ser fina y atenta a evitar cualquier tipo de enfrentamiento.

El alcalde Joan Ribó tiene fe ciega en el informe de la Universitat, como dijo la semana pasada, aunque no estaría de más un informe de los abogados del Ayuntamiento y del servicio de Patrimonio Cultural. Garantía doble para evitar injusticias y argumentar tanto las bajas en el callejero como las altas.

Los cuatro investigadores universitarios han hecho un resumen de los 55 nombres afectados, en ocasiones demasiado breve, una mera reproducción del expediente municipal. Además, se caen del callejero hasta siete nombres de docentes vinculados a esa institución, lo que ha sido interpretado como un exceso al menos un caso que me ha llegado y cuyos descendientes enviaron una carta al alcalde para que rectificase, sin éxito. Alguien podría pensar que en esas propuestas ha faltado objetividad. De ahí lo adecuado de confrontar la información con una investigación del propio Consistorio.

Pero si algo me ha quedado claro de este asunto es que cuando se trata del callejero, torpes hay en todas partes. Torpezas ahora similares a las cometidas por el Partido Popular cuando rotuló con el nombre de Manuel Azaña un callejón que separa el centro comercial Arena con uno de los vomitorios del estadio Ciudad de Valencia, sin patios por supuesto. O cuando llamó Amado Granell a una calle junto a la estación de Fuente de San Luis donde hay 13 vecinos empadronados, cuando se trata del valenciano que entró antes que nadie en París tras la huida de los nazis con una columna acorazada.

De ahí que ya me pueden poner delante todos los informes que quieran porque en estos cambios rezuma  un olor a revancha indiscutible. De los 51 nombres seleccionados en las altas del callejero, 16 son de políticos e intelectuales con carné vinculados a socialistas, comunistas y anarquistas. ¿Por qué no aprovechar para buscar otros rótulos que no tuvieran tanto el tufillo de una compensación?

Pero eso es pedir demasiado en este Ayuntamiento de los gestos, donde nos entretenemos desde hace una semana con estos asuntos, en lugar de preguntarnos por la razón de que la rehabilitación de los Docks haya fracasado o la Generalitat dé largas al Ayuntamiento para finalizar la línea T2 del metro, al menos en la primera fase desde Nazaret hasta el centro. Por no hablar del perjuicio que ha supuesto a la hostelería la prohibición de aparcar por las noches en el carril bus.

Eso sería mucho para un Ayuntamiento que ha llegado a su ecuador y que debe empezar a rendir cuentas. Aunque prefiere enseñarnos a los vecinos lecciones de Barrio Sésamo como que una calle deba llamarse Democracia, lo que en la Administración local se remonta a 1979. Aunque si tengo que elegir, me quedo con la calle de la Poesía. No es como en la canción de Sabina, pero casi igual de cursi.

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Encuesta con purpurina con hadas
Paco Moreno 17-04-2017 | 9:42 | 9

¿Se puede aprobar con 5,11 puntos sobre diez la gestión de la circulación en Valencia aunque el 88,7% de los encuestados considere que esté igual o peor en el último año? Eso es lo que ha pasado en el barómetro de opinión ciudadana presentado la semana pasada por el alcalde Joan Ribó, donde la magia de las estadísticas ha esparcido tanta purpurina de hadas que al final no sabes si estás leyendo una encuesta o un guión con final feliz.
Y no lo digo por los datos, que la empresa contratada sin concurso previo (¿me equivoco?) habrá recolectado pacientemente, sino por el uso que se hace de ellos, o más bien las interpretación que nos quieren hacer tragar cual aceite de ricino.
Otro ejemplo. La gestión de la limpieza de las calles aprueba con un 5,3 pese a que el 78,1% de los encuestados considera que está igual o peor en el último año. Es más, el 13,1% de la ciudadanía cree que es el mayor problema de Valencia en la actualidad, por delante incluso de la corrupción, el tráfico, la educación o el transporte público.
Cucharada de aceite de ricino y a rebosar, pese a que ha sido la delegación donde más dinero ha aumentado el presupuesto, de momento con escaso éxito a la vista de lo sucedido estas Fallas. Sólo hay que hablar con vecinos del centro y hosteleros para escuchar lo que opinan del refuerzo en los servicios de limpieza y si ha sido suficiente. O sea, no.
En lo que ya no han podido tirar purpurina ha sido en la gestión del aparcamiento, donde el Ayuntamiento tiene el último frente abierto con la anunciada prohibición de estacionamiento en el carril bus por las noches. La nota ha sido de un 3,91 pese a que el 92% considera que la situación está igual o peor en el último año. Y que conste que no hago la misma interpretación que el alcalde Ribó acerca de la pregunta, cuando aseguró que muchos responden sobre la segunda fila, el aparcamiento en pasos de peatones o el mismo parking en el carril bus. Pienso que el punto de vista de las respuestas es el de los conductores y la falta de plazas. Hablamos de la casi totalidad de los encuestados, en uno de los asuntos que más tiempo dedica el Consistorio.
Pero entonces me tiro a la cara dos datos que me parecen concluyentes. El 20,3% de los encuestados utiliza el coche para sus desplazamientos más frecuentes, sólo por detrás de la EMT y los itinerarios peatonales. Esa es la realidad, pese a quien pese. El segundo es la respuesta sobre los que el Ayuntamiento debería priorizar. Y después del autobús y el metro, aparece el coche. ¿Por qué tanto empeño en borrarlo de la faz de la Tierra? ¿No sería mejor convencer con alternativas viables y no parches como la rebaja nocturna en los aparcamientos?
El gobierno municipal debería leer las declaraciones publicadas en este periódico de la asociación de comerciantes del centro y el Ensanche. Antes de tocar las plazas, pactar todos los cambios en las paradas de la EMT, ponerlos a prueba y estudiar los resultados. Sólo entonces proceder a la reurbanización definitiva.
Por último, el detalle en la encuesta de que sólo el 2,7% declara ir en moto habitualmente, mientras que en bicicleta (particular más Valenbisi) suponen el 5,7%.
Para los que quieran contrastar el dato, en el parque móvil del cap i casal hay registradas 77.614 motos y ciclomotores, que digo yo utilizarán sus dueños alguna vez. No me creo, aunque me pongan delante a todos los encuestadores que han hecho esta estadística, que en Valencia se va más en bici que en moto.
Es lo que en periodismo se llama cuadrar un titular a martillazos. El gobierno municipal quiere cambiarnos sí o sí el “paradigma” de la circulación en la ciudad, una palabreja que empieza a cansar por hartazgo. Por lo que leído esto último, me niego a seguir con la encuesta de intención de voto, que tengo una novela de Ken Follet esperando para la semana pascuera.
Sólo un apunte más aparte de la ensalada de números del barómetro. No paran de llegar quejas de Pinedo por el aluvión de personas que acuden con sus mascotas a disfrutar del tiempo primaveral. Claro, que falta el pequeño detalle de que el Ayuntamiento no ha acotado la zona para perros, por lo que son lógicas las protestas de los bañistas. Estaba claro que esto iba a ocurrir porque al gobierno municipal le cuesta distinguir el gesto de la gestión. Queda muy bonito lo de la playa para perros, pero después hay que saber gestionarla.

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El tripartito y sus ofensas
Paco Moreno 14-12-2015 | 10:36 | 4

Cada vez que escucho a los concejales del gobierno municipal hablar del reparto de subvenciones del próximo año me viene una idea a la mente: borrón y cuenta nueva. No se me ocurre otra cosa después de lo que están haciendo con Lo Rat Penat y el Banco de Alimentos, por citar los dos casos más recientes.

El concejal de Fiestas, Pere Fuset, no tiene que investigar mucho cuando después de su primera entrevista con el presidente de Lo Rat Penat, Enric Esteve, insistía en que el Ayuntamiento dará dinero sólo para “actividades festivas”, creando así una sombra de duda sobre la entidad por el uso que ha hecho hasta ahora de los fondos.

No tiene que esperar mucho porque Lo Rat Penat entregó las cuentas del pasado año al céntimo de todo lo que realizó, incluyendo una partida de 4.680 euros para pagar sueldos de un total de 57.000 euros. El Consistorio tiene los documentos y LAS PROVINCIAS los ha publicado. A ver si alguien piensa que la subvención se la han gastado en mariscadas.

Dejar caer la sombra de que la subvención ha sido para pagar sueldos es de manual de propaganda, pero sólo para los crédulos que se creen ese mensaje. La asociación valencianista, igual que todas las demás, necesitan empleados que ayuden a realizar todas las actividades, aunque sea un administrativo o un abogado. Es de bobos pensar lo contrario cuando se habla de decenas de eventos culturales al año, algunos tan importantes como el de llibrets falleros.

Lo mismo ocurre con el Banco de Alimentos, al que le que quieren poner encima la misma sombra de sospecha desde la concejalía de Bienestar Social. Los 85.000 euros del convenio anual permiten que una parte sea para sueldos porque así lo deja bien claro el acuerdo. Con una atención que llega a cientos de familias al mes, por no decir miles, sería inaudito lo contrario.

Pero es el principio del borrón y cuenta nueva, donde el gobierno del tripartito ha decidido hacer el reparto de otro modo, en concreto el suyo. Es legítimo (hasta cierto punto) porque han podido formar gobierno después de las últimas elecciones, pero al menos podrían tener la elegancia de no querer manchar el nombre de asociaciones que llevan muchos años trabajando en la ciudad.

Si a Fuset no le gusta el concurso de las cruces de mayo, los altares de Sant Vicent o los llibrets de falla, que lo diga claro. Lo Rat Penat existe desde 1878 y ya recibe el apoyo de la sociedad valenciana, que puede dar más. Pero que deje de marear con las insinuaciones de ayudar sólo a las “actividades festivas”.

Casa Caridad ha presentado unas instalaciones ejemplares en Benicalap, un albergue con 70 plazas y otras instalaciones para familias. Una inversión de 4,3 millones de euros donde el anterior gobierno municipal tuvo el acierto de que el Ayuntamiento cediera la parcela. Al presidente de la asociación, Antonio Casanova, se le ve bastante solo en las fotografías de la semana pasada. Vale que no era la apertura del edificio, aunque lo adecuado habría sido que algún concejal se acercara, más que nada para mostrar su apoyo a un proyecto tan beneficioso. No tengo claro del todo que ahora hubiera cuajado la cesión del solar, a la vista del nuevo reparto de subvenciones que ha afectado al Banco de Alimentos.

La semana también ha servido para conocer algún detalle más del proyecto gastronómico en el Veles e Vents. Empiezo a ver demasiados cuchillos y tenedores en la Marina, como si en la dársena no hubiera sitio para otra cosa. El Consorcio debe facilitar la llegada de más empresas, náuticas, oficinas, comercios y hasta la construcción de una nueva lonja para los pescadores.

Poner todos los huevos en la misma cesta es un error si no queremos que un lugar de privilegio acabe convertido en una zona para ir a celebrar comuniones y bodas. El tinglado 2 sigue en ruinas y los otros dos acumulan una gruesa capa de excrementos de palomas, a la espera de que la Generalitat aclare su cesión.

El éxito de la Marina será su diversificación y es una pena que la legislación portuaria no permita construir viviendas porque sería el acicate decisivo para la reurbanización de la dársena. Además, la señalética y el diseño viario que se hizo para la Fórmula 1 es tan malo que lo extraño es que los clientes no se caigan al mar buscando los restaurantes.

Han pasado seis meses de este mandato y apenas distingo las diferencias con lo que dejó el PP. Si el Cabanyal marcará el mandato en cuanto a la gestión en los barrios, la Marina supondrá lo mismo como proyecto de toda la ciudad. Y se ha hecho muy poco.

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La caída del caballo del tripartito
Paco Moreno 09-11-2015 | 10:47 | 8

Como si se hubieran caído del caballo. Es lo que pensé este viernes cuando escuchaba al alcalde Joan Ribó explicar los problemas que tiene con sus socios del tripartito municipal para confeccionar el Presupuesto de 2016. Una vez que quitas los gastos fijos, lo que queda para poder lucirse uno es muy poco, pese al deseo de plantear unas cuentas radicalmente distintas a las últimas de Rita Barberá.

Eso es lo que ha pasado estos días, unido al zapatazo de los concejales de València en Comú, que por tener más dinero para el teatro El Musical han agrietado la imagen del gobierno municipal por primera vez, apenas seis meses después de que se colgaran las medallas al cuello como ediles. Dice el alcalde que no sabe dónde guardaron la vara de mando que dejó en la mesa el 13 de junio como si le quemara en los dedos, aunque sería conveniente que ordenara buscarla porque con las cosas de comer no se juega.

Dentro de su vasta experiencia en el Ayuntamiento (véase la ironía), València en Comú contaba seguramente con la lealtad institucional del Partido Popular y Ciudadanos, que se abstuvieron en la Fundación Deportiva Municipal y el Consejo Rector Fallero. Con un voto contrario se hubiera montado la mundial por unas cuentas devueltas a los corrales para sonrojo de un supuesto gobierno estable. Tantos riesgos temían algunos que Grezzi no se atrevió a celebrar el consejo de la EMT para aprobar su Presupuesto.

Así estaban las cosas cuando compareció el alcalde el viernes. A su derecha Joan Calabuig, sonriente no se sabe si para ofrecer una imagen positiva a los fotógrafos o evitar que se le escapara la carcajada. Ribó bien en su papel de rebajar la crisis doméstica y a su izquierda Jordi Peris, incómodo y pensando en cómo contestar las preguntas sin decir nada.

Pero del rato que estuvieron en la sala de prensa me quedo con otros detalles al margen del morbazo político de explicar la ruptura de la unidad de voto. Escuché varias veces al primer edil hablar de la complejidad de las cuentas, de cuadrarlas a satisfacción de todos pese a que disponen de 50 millones de euros más el próximo año, dato desvelado por el PP que no desmintieron. Y me pregunto qué pasará en 2017 si no disponen de esa cantidad.

Gobernar en tiempos de crisis no es fácil y el próximo año será un espejismo por los 75 millones de euros de inversión municipal. Con esa cantidad extraordinaria acallarán reivindicaciones vecinales, aunque ya vaticino a los analistas del tripartito que no será suficiente. Sólo hay que recordar la lluvia de millones de los dos planes ZP en Valencia, su ejecución en tiempo récord y dónde está ahora el Partido Popular.

Por eso es mejor recurrir a los clásicos y pensar en el “laissez faire, laissez passer” con el que se construyó Europa. No fue tan mal el experimento, sobre todo si se compara con las aventuras genocidas soviéticas y el infame periodo negro del fascismo y el nazismo. Es para pensarlo y seguir ese camino. Ojo, no digo que el actual gobierno defienda posturas dictatoriales, sólo que a veces es mejor quedarse en un segundo plano y dar más margen a los vecinos para desarrollar la ciudad.

Lo digo porque el alcalde insistía en que es necesaria la subida de impuestos para hacer frente a los proyectos sociales que quiere lanzar como el fomento de las viviendas sociales o ayudas para la educación. ¿Y qué pasa con los 50 millones que tendrá de más? Es una cantidad suficiente para hacer frente a esa estrategia sin aumentar la presión fiscal. Si me apuran, con una bajada de impuestos lo sacan en hombros al balcón municipal y se asegura otro mandato pese a su edad.

Mañana conoceremos más detalles del Presupuesto en el Consejo Social, donde espero que los comerciantes pregunten por la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles. Afecta a más de 5.000 empresas aunque este sector es el mejor organizado para intentar una rectificación. Con las cosas de comer no se juega y bastantes problemas tienen en el Consistorio con la Marina, donde los inversores no ganan para sustos.

Y como colofón una nota de servicio público. Evite hoy el bulevar sur junto al centro comercial El Saler. El concejal de Movilidad sigue con su cruzada particular y asfaltarán dos carriles en hora punta del tráfico, en una zona donde no vive ni un solo vecino y por la noche no se habría molestado a nadie. ¿Por qué se hace así? La respuesta es para cumplir la ordenanza contra el ruido, aunque creo que flota en el ambiente cierta persecución a los coches. Me gustaría equivocarme pero también me he caído del caballo.

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Las multas de la basura
Paco Moreno 04-11-2015 | 8:37 | 1

Elogio la solidaridad donde la veo y por eso escuché con agrado al alcalde Joan Ribó cuando dijo la semana pasada que no tenía estómago para multar a los que rebuscan en los contenedores de basura. Incluso creo recordar algunos aplausos entre los estudiantes que atendían sus palabras, aunque después de meditarlo mi conclusión es que no estoy de acuerdo.

Meterse dentro de un contenedor para ver si hay algo de metal o cartón, algo útil que revender o aprovechar, es muy duro. Durísimo. Yo no podría. Dicho eso, lanzar a la Policía Local el mensaje de que no deben multar a las personas que hagan eso me parece inadecuado y perjudicial para todos los vecinos.

Me explicaré. En casi todas las ocasiones, esa búsqueda supone sacar bolsas de basura del depósito, romperlas y esparcir los restos por la acera. Lo mismo sucede con los televisores o pequeños electrodomésticos que son reventados hasta que escupen el cobre y los metales que contienen.

La factura de la limpieza de toda esa porquería sale del bolsillo del Ayuntamiento, es decir, de todos nosotros y nuestros impuestos. Sería mucho más útil que ese dinero se dedicara a escolarizar niños que malviven en casas y naves abandonadas, además de repartir mantas y una mínima oportunidad de integración al resto de las familias.

El alcalde dijo rebuscar y no ensuciar. Estoy de acuerdo con quien quiera poner ese matiz a mis palabras, pero mi conclusión es que esos mensajes confunden a los policías de barrio que intentan mantener sus calles asignadas de la mejor manera posible. No pagan ninguna porque son insolventes, aunque se trata de que sientan la presencia de la policía. Ya no hablo de los ladrones profesionales, aquellos que van en furgonetas sacando todo el papel y cartón de los depósitos para venderlo cuando sube un poco el precio en el mercado.

Gobernar debe ser tener estómago para esas cosas también, lo que ocurrirá dentro de poco en el medio centenar de edificios del Consistorio en el Cabanyal que están ocupados de manera ilegal. La Policía Local ya ha empezado un intento de mediación para evitar el desalojo forzoso, aunque eso llegará en algunos casos.

La rehabilitación del barrio ya ha empezado tras la firma del convenio con el Ministerio de Fomento, al menos sobre el papel. Queda lo más duro y es convertir esta zona del Marítimo en atractiva para que lleguen nuevos vecinos. Se equivocan aquellos que piensan que el Cabanyal debe ser una especie de Ruzafa, repleto de locales de ocio, lo mismo que los que proyectan una imagen basada en viviendas sociales e integración de los cientos de familias sin recursos que están en las casas abandonadas.

Esto último debe ser una solución de toda la ciudad y es lo que piensan los mismos vecinos. Por eso digo que el gobierno tripartito necesita tres estómagos para hacer frente a esta situación. Sólo una clase media potente y un comercio al mismo nivel será capaz de lo que hoy pienso que sólo podría ser un milagro, después de pasear por algunas de sus calles.

El mismo estómago que ha tenido el alcalde para decir a los vecinos de Nazaret que se olviden de la vuelta de la línea 3 de la EMT, por mucho que dijeran antes de las elecciones. Es la primera vez si no me equivoco que sucede esto, aunque habrá más ocasiones en que el gobierno municipal tendrá que rectificar y hacer frente a las críticas vecinales.

De todos modos ya han empezado a conocer la verdad de los números y el Presupuesto municipal. La concejal de Parques y Jardines, Pilar Soriano, no lo pudo decir más claro en el pleno de este viernes: un columpio cuesta 1.500 euros y si es adaptado sale por 8.000 euros. Colocar juegos infantiles accesibles para niños minusválidos en todas las zonas verdes se hará, aunque no se fijan plazos. Es decir, cuando se pueda.

Lo mismo ocurrirá con todos los servicios municipales, aunque el riesgo que corre el tripartito es no frenar el entusiasmo actual por engrosar la plantilla. Habría que estudiar más la productividad de los 4.700 funcionarios antes de tomar un paso irreversible.

Y eso después de olvidar ideas peregrinas como la de municipalizar las contratas de la grúa y la ORA, algo que por cierto divide a los socios del tripartito. Sólo la segunda necesita más de un centenar de empleados. Apretar las tuercas para conseguir más ingresos sí, pero nunca engordar sin sentido el funcionariado. De ahí al “vuelva usted mañana” de Larra sólo hay un paso.

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