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Ayuntamiento

El tripartito y sus ofensas
Paco Moreno 14-12-2015 | 10:36 | 4

Cada vez que escucho a los concejales del gobierno municipal hablar del reparto de subvenciones del próximo año me viene una idea a la mente: borrón y cuenta nueva. No se me ocurre otra cosa después de lo que están haciendo con Lo Rat Penat y el Banco de Alimentos, por citar los dos casos más recientes.

El concejal de Fiestas, Pere Fuset, no tiene que investigar mucho cuando después de su primera entrevista con el presidente de Lo Rat Penat, Enric Esteve, insistía en que el Ayuntamiento dará dinero sólo para “actividades festivas”, creando así una sombra de duda sobre la entidad por el uso que ha hecho hasta ahora de los fondos.

No tiene que esperar mucho porque Lo Rat Penat entregó las cuentas del pasado año al céntimo de todo lo que realizó, incluyendo una partida de 4.680 euros para pagar sueldos de un total de 57.000 euros. El Consistorio tiene los documentos y LAS PROVINCIAS los ha publicado. A ver si alguien piensa que la subvención se la han gastado en mariscadas.

Dejar caer la sombra de que la subvención ha sido para pagar sueldos es de manual de propaganda, pero sólo para los crédulos que se creen ese mensaje. La asociación valencianista, igual que todas las demás, necesitan empleados que ayuden a realizar todas las actividades, aunque sea un administrativo o un abogado. Es de bobos pensar lo contrario cuando se habla de decenas de eventos culturales al año, algunos tan importantes como el de llibrets falleros.

Lo mismo ocurre con el Banco de Alimentos, al que le que quieren poner encima la misma sombra de sospecha desde la concejalía de Bienestar Social. Los 85.000 euros del convenio anual permiten que una parte sea para sueldos porque así lo deja bien claro el acuerdo. Con una atención que llega a cientos de familias al mes, por no decir miles, sería inaudito lo contrario.

Pero es el principio del borrón y cuenta nueva, donde el gobierno del tripartito ha decidido hacer el reparto de otro modo, en concreto el suyo. Es legítimo (hasta cierto punto) porque han podido formar gobierno después de las últimas elecciones, pero al menos podrían tener la elegancia de no querer manchar el nombre de asociaciones que llevan muchos años trabajando en la ciudad.

Si a Fuset no le gusta el concurso de las cruces de mayo, los altares de Sant Vicent o los llibrets de falla, que lo diga claro. Lo Rat Penat existe desde 1878 y ya recibe el apoyo de la sociedad valenciana, que puede dar más. Pero que deje de marear con las insinuaciones de ayudar sólo a las “actividades festivas”.

Casa Caridad ha presentado unas instalaciones ejemplares en Benicalap, un albergue con 70 plazas y otras instalaciones para familias. Una inversión de 4,3 millones de euros donde el anterior gobierno municipal tuvo el acierto de que el Ayuntamiento cediera la parcela. Al presidente de la asociación, Antonio Casanova, se le ve bastante solo en las fotografías de la semana pasada. Vale que no era la apertura del edificio, aunque lo adecuado habría sido que algún concejal se acercara, más que nada para mostrar su apoyo a un proyecto tan beneficioso. No tengo claro del todo que ahora hubiera cuajado la cesión del solar, a la vista del nuevo reparto de subvenciones que ha afectado al Banco de Alimentos.

La semana también ha servido para conocer algún detalle más del proyecto gastronómico en el Veles e Vents. Empiezo a ver demasiados cuchillos y tenedores en la Marina, como si en la dársena no hubiera sitio para otra cosa. El Consorcio debe facilitar la llegada de más empresas, náuticas, oficinas, comercios y hasta la construcción de una nueva lonja para los pescadores.

Poner todos los huevos en la misma cesta es un error si no queremos que un lugar de privilegio acabe convertido en una zona para ir a celebrar comuniones y bodas. El tinglado 2 sigue en ruinas y los otros dos acumulan una gruesa capa de excrementos de palomas, a la espera de que la Generalitat aclare su cesión.

El éxito de la Marina será su diversificación y es una pena que la legislación portuaria no permita construir viviendas porque sería el acicate decisivo para la reurbanización de la dársena. Además, la señalética y el diseño viario que se hizo para la Fórmula 1 es tan malo que lo extraño es que los clientes no se caigan al mar buscando los restaurantes.

Han pasado seis meses de este mandato y apenas distingo las diferencias con lo que dejó el PP. Si el Cabanyal marcará el mandato en cuanto a la gestión en los barrios, la Marina supondrá lo mismo como proyecto de toda la ciudad. Y se ha hecho muy poco.

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La caída del caballo del tripartito
Paco Moreno 09-11-2015 | 10:47 | 8

Como si se hubieran caído del caballo. Es lo que pensé este viernes cuando escuchaba al alcalde Joan Ribó explicar los problemas que tiene con sus socios del tripartito municipal para confeccionar el Presupuesto de 2016. Una vez que quitas los gastos fijos, lo que queda para poder lucirse uno es muy poco, pese al deseo de plantear unas cuentas radicalmente distintas a las últimas de Rita Barberá.

Eso es lo que ha pasado estos días, unido al zapatazo de los concejales de València en Comú, que por tener más dinero para el teatro El Musical han agrietado la imagen del gobierno municipal por primera vez, apenas seis meses después de que se colgaran las medallas al cuello como ediles. Dice el alcalde que no sabe dónde guardaron la vara de mando que dejó en la mesa el 13 de junio como si le quemara en los dedos, aunque sería conveniente que ordenara buscarla porque con las cosas de comer no se juega.

Dentro de su vasta experiencia en el Ayuntamiento (véase la ironía), València en Comú contaba seguramente con la lealtad institucional del Partido Popular y Ciudadanos, que se abstuvieron en la Fundación Deportiva Municipal y el Consejo Rector Fallero. Con un voto contrario se hubiera montado la mundial por unas cuentas devueltas a los corrales para sonrojo de un supuesto gobierno estable. Tantos riesgos temían algunos que Grezzi no se atrevió a celebrar el consejo de la EMT para aprobar su Presupuesto.

Así estaban las cosas cuando compareció el alcalde el viernes. A su derecha Joan Calabuig, sonriente no se sabe si para ofrecer una imagen positiva a los fotógrafos o evitar que se le escapara la carcajada. Ribó bien en su papel de rebajar la crisis doméstica y a su izquierda Jordi Peris, incómodo y pensando en cómo contestar las preguntas sin decir nada.

Pero del rato que estuvieron en la sala de prensa me quedo con otros detalles al margen del morbazo político de explicar la ruptura de la unidad de voto. Escuché varias veces al primer edil hablar de la complejidad de las cuentas, de cuadrarlas a satisfacción de todos pese a que disponen de 50 millones de euros más el próximo año, dato desvelado por el PP que no desmintieron. Y me pregunto qué pasará en 2017 si no disponen de esa cantidad.

Gobernar en tiempos de crisis no es fácil y el próximo año será un espejismo por los 75 millones de euros de inversión municipal. Con esa cantidad extraordinaria acallarán reivindicaciones vecinales, aunque ya vaticino a los analistas del tripartito que no será suficiente. Sólo hay que recordar la lluvia de millones de los dos planes ZP en Valencia, su ejecución en tiempo récord y dónde está ahora el Partido Popular.

Por eso es mejor recurrir a los clásicos y pensar en el “laissez faire, laissez passer” con el que se construyó Europa. No fue tan mal el experimento, sobre todo si se compara con las aventuras genocidas soviéticas y el infame periodo negro del fascismo y el nazismo. Es para pensarlo y seguir ese camino. Ojo, no digo que el actual gobierno defienda posturas dictatoriales, sólo que a veces es mejor quedarse en un segundo plano y dar más margen a los vecinos para desarrollar la ciudad.

Lo digo porque el alcalde insistía en que es necesaria la subida de impuestos para hacer frente a los proyectos sociales que quiere lanzar como el fomento de las viviendas sociales o ayudas para la educación. ¿Y qué pasa con los 50 millones que tendrá de más? Es una cantidad suficiente para hacer frente a esa estrategia sin aumentar la presión fiscal. Si me apuran, con una bajada de impuestos lo sacan en hombros al balcón municipal y se asegura otro mandato pese a su edad.

Mañana conoceremos más detalles del Presupuesto en el Consejo Social, donde espero que los comerciantes pregunten por la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles. Afecta a más de 5.000 empresas aunque este sector es el mejor organizado para intentar una rectificación. Con las cosas de comer no se juega y bastantes problemas tienen en el Consistorio con la Marina, donde los inversores no ganan para sustos.

Y como colofón una nota de servicio público. Evite hoy el bulevar sur junto al centro comercial El Saler. El concejal de Movilidad sigue con su cruzada particular y asfaltarán dos carriles en hora punta del tráfico, en una zona donde no vive ni un solo vecino y por la noche no se habría molestado a nadie. ¿Por qué se hace así? La respuesta es para cumplir la ordenanza contra el ruido, aunque creo que flota en el ambiente cierta persecución a los coches. Me gustaría equivocarme pero también me he caído del caballo.

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Las multas de la basura
Paco Moreno 04-11-2015 | 8:37 | 1

Elogio la solidaridad donde la veo y por eso escuché con agrado al alcalde Joan Ribó cuando dijo la semana pasada que no tenía estómago para multar a los que rebuscan en los contenedores de basura. Incluso creo recordar algunos aplausos entre los estudiantes que atendían sus palabras, aunque después de meditarlo mi conclusión es que no estoy de acuerdo.

Meterse dentro de un contenedor para ver si hay algo de metal o cartón, algo útil que revender o aprovechar, es muy duro. Durísimo. Yo no podría. Dicho eso, lanzar a la Policía Local el mensaje de que no deben multar a las personas que hagan eso me parece inadecuado y perjudicial para todos los vecinos.

Me explicaré. En casi todas las ocasiones, esa búsqueda supone sacar bolsas de basura del depósito, romperlas y esparcir los restos por la acera. Lo mismo sucede con los televisores o pequeños electrodomésticos que son reventados hasta que escupen el cobre y los metales que contienen.

La factura de la limpieza de toda esa porquería sale del bolsillo del Ayuntamiento, es decir, de todos nosotros y nuestros impuestos. Sería mucho más útil que ese dinero se dedicara a escolarizar niños que malviven en casas y naves abandonadas, además de repartir mantas y una mínima oportunidad de integración al resto de las familias.

El alcalde dijo rebuscar y no ensuciar. Estoy de acuerdo con quien quiera poner ese matiz a mis palabras, pero mi conclusión es que esos mensajes confunden a los policías de barrio que intentan mantener sus calles asignadas de la mejor manera posible. No pagan ninguna porque son insolventes, aunque se trata de que sientan la presencia de la policía. Ya no hablo de los ladrones profesionales, aquellos que van en furgonetas sacando todo el papel y cartón de los depósitos para venderlo cuando sube un poco el precio en el mercado.

Gobernar debe ser tener estómago para esas cosas también, lo que ocurrirá dentro de poco en el medio centenar de edificios del Consistorio en el Cabanyal que están ocupados de manera ilegal. La Policía Local ya ha empezado un intento de mediación para evitar el desalojo forzoso, aunque eso llegará en algunos casos.

La rehabilitación del barrio ya ha empezado tras la firma del convenio con el Ministerio de Fomento, al menos sobre el papel. Queda lo más duro y es convertir esta zona del Marítimo en atractiva para que lleguen nuevos vecinos. Se equivocan aquellos que piensan que el Cabanyal debe ser una especie de Ruzafa, repleto de locales de ocio, lo mismo que los que proyectan una imagen basada en viviendas sociales e integración de los cientos de familias sin recursos que están en las casas abandonadas.

Esto último debe ser una solución de toda la ciudad y es lo que piensan los mismos vecinos. Por eso digo que el gobierno tripartito necesita tres estómagos para hacer frente a esta situación. Sólo una clase media potente y un comercio al mismo nivel será capaz de lo que hoy pienso que sólo podría ser un milagro, después de pasear por algunas de sus calles.

El mismo estómago que ha tenido el alcalde para decir a los vecinos de Nazaret que se olviden de la vuelta de la línea 3 de la EMT, por mucho que dijeran antes de las elecciones. Es la primera vez si no me equivoco que sucede esto, aunque habrá más ocasiones en que el gobierno municipal tendrá que rectificar y hacer frente a las críticas vecinales.

De todos modos ya han empezado a conocer la verdad de los números y el Presupuesto municipal. La concejal de Parques y Jardines, Pilar Soriano, no lo pudo decir más claro en el pleno de este viernes: un columpio cuesta 1.500 euros y si es adaptado sale por 8.000 euros. Colocar juegos infantiles accesibles para niños minusválidos en todas las zonas verdes se hará, aunque no se fijan plazos. Es decir, cuando se pueda.

Lo mismo ocurrirá con todos los servicios municipales, aunque el riesgo que corre el tripartito es no frenar el entusiasmo actual por engrosar la plantilla. Habría que estudiar más la productividad de los 4.700 funcionarios antes de tomar un paso irreversible.

Y eso después de olvidar ideas peregrinas como la de municipalizar las contratas de la grúa y la ORA, algo que por cierto divide a los socios del tripartito. Sólo la segunda necesita más de un centenar de empleados. Apretar las tuercas para conseguir más ingresos sí, pero nunca engordar sin sentido el funcionariado. De ahí al “vuelva usted mañana” de Larra sólo hay un paso.

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¿Quiere decidir doce millones de las inversiones del Ayuntamiento?
Paco Moreno 12-10-2015 | 9:05 | 5

No es broma, a partir del próximo lunes y hasta el jueves cualquier vecino de Valencia que tenga una idea para invertir 12 millones de euros podrá proponerla en su junta de distrito. Bueno, realmente no es así, pero no me digan que resultaría hasta cinematográfico.

El caso es que el Ayuntamiento ha decidido reservar el próximo año la millonaria cantidad para que sean los propios vecinos los que decidan las inversiones que quieran en sus barrios. El asunto es bastante complejo y se decidirá a través de las juntas de distrito, antes de que sea aprobado en el pleno municipal con el Presupuesto de 2016.

La Federación de Vecinos ya tiene la lista de lo que han pasado 30 asociaciones, aunque cualquier vecino puede acercarse y proponer una obra, equipamiento o iniciativa. Por más peregrina que parezca, nunca lo será más que el Ágora o la torre mirador de la avenida Cataluña.

Hay que quitarse complejos y tratar de influir en el Presupuesto municipal para después no ir con lamentaciones. Más dinero para la limpieza, farolas de fundición o carriles bici, cualquier cosa será positiva porque llega desde la base, desde los que conocen directamente los problemas de sus barrios.

Y lo dice alguien desconfiado con la democracia directa, uno que piensa en la responsabilidad de los concejales porque para eso han sido elegidos. Pero ante la oportunidad de influir mínimamente en el destino del 20% del Presupuesto, entonces hay que ponerse las pilas.

Por eso animo a todos los vecinos del cap i casal para que averigüen donde están las juntas de distrito para acercarse cuando se celebren las asambleas. Algunas de las peticiones serán imposibles o difíciles de conseguir, aunque lo importante es crear el caldo para que sean tenidas en cuentas este mandato.

A priori parece una gran ocasión, aunque el refuerzo de la participación ciudadana ha dado pocos resultados, teniendo en cuenta que el gobierno municipal del tripartito tiene a gala mejorarla respecto a lo que hacía el Partido Popular. Todavía no me puedo creer, por ejemplo, que el Consistorio carezca de presupuesto para pintar los muros de los solares del Cabanyal. Para respuestas como esa no hace falta tantas reuniones.

Pero todo eso ocurrirá la próxima semana, mientras toca hablar de lo que ocurrió este viernes en la procesión cívica del 9 d’Octubre. Menos jaleo del esperado por los más pesimistas, aunque fue muy desagradable asistir a los insultos recibidos por el alcalde Ribó y otros concejales.

La procesión cívica debe ser un día de fiesta, de acudir con la familia para aplaudir a la Reial Senyera. Así lo entendió la mayoría por lo que vi en todo el recorrido, aunque por desgracia los insultos se hicieron notar. Claro que hay discrepancias lógicas entre todas las sensibilidades alrededor de la cultura valenciana, aunque no era lugar para los improperios sino para los aplausos al estandarte de la Comunitat. Y menos para los que directamente iban sólo a insultar, lo que me recordó las gradas más ultras de cualquier campo de fútbol. A ver si el próximo año los que quieren el conflicto se quedan en sus casas.

Aunque no quiero desaprovechar la oportunidad de lo que pediría en las inversiones municipales. Lo primero sería recordarle al gobierno municipal que no ha hecho ni un solo metro de carril bici, ni siquiera de proyectos dejados por el Partido Popular. Los aparcabicis previstos todos los años y muchos fuegos de artificio, pero los ciclistas necesitan infraestructuras para moverse por la ciudad. De la Agencia de la Bicicleta y la Mesa de la Movilidad, o cualquier otro nombre que se quiera dar a la participación ciudadana, ya no digo nada porque ni están ni se les espera.

Lo segundo es que la Marina sigue esperando que alguien se acuerde de ella, aunque sólo sea para no hacerle el feo al empresario Juan Roig después de los millones que ha invertido en la dársena. ¿Dónde está la aportación anual del Consistorio? ¿Y las ofertas para las concesiones que faltan por salir como el varadero o los tres tinglados? Es público que existe un problema grave con los préstamos pedidos para la Copa América, aunque tampoco se avanza en nada más.

Con esas dos cosas me conformaría porque las mejoras en la EMT ya son ciencia ficción (hablo de cambios sustanciales, no de subir un grupo de música a un autobús) para que sea una alternativa seria al coche privado. Y de la peatonalización del entorno de la Lonja qué les voy a contar que no sepan. Pues eso, que es una idea bonita y nada más.

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Por un 9 d’Octubre sin insultos
Paco Moreno 05-10-2015 | 7:19 | 46

Será el día del morbo y eso es muy triste. Este viernes, cuando descienda la Real Senyera por el balcón del Ayuntamiento todos los ojos y oídos estarán puestos en cualquier incidente, aunque sea insignificante y provenga de una minoría. El ambiente está caldeado por las modificaciones que ha hecho el gobierno municipal de Valencia para que no suene la Marcha Real en el momento cumbre y que la comitiva no acuda al Te Deum a la catedral.
En realidad debería ser, debe mejor dicho, un día de júbilo, de fiesta, para acudir con los niños a contemplar la enseña más querida de la Comunitat, disfrutar de la mascletà de Pirotecnia Turis y por la tarde, ya con las fuerzas algo justas, acudir a la Entrada de Moros y Cristianos por la calle de la Paz.
Pero no será así. El gobierno del tripartito, en especial la parte de Compromís, ha decidido imprimir su sello el primer año del mandato y dejar de lado la necesaria diplomacia para no herir sensibilidades y aunar a cuantas más personas mejor.
Pero eso hay que criticarlo en el hemiciclo, como lo han hecho los dos grupos de la oposición, y en cualquier otra tribuna, pero nunca en la plaza del Ayuntamiento con la Senyera delante. Abomino de esos tiempos donde los concejales iban escoltados por la policía a lo largo del recorrido. En Valencia no somos así.
Y utilizo las palabras empleadas por el arzobispo Cañizares ayer mismo sobre este asunto, a quien le parece “muy legítimo que la corporación municipal decida libremente no asistir al Te Deum” para invitar después a todos los que quieran a acudir a la ceremonia con la Senyera propiedad de Lo Rat Penat, una réplica de la municipal.
Me quedo con la palabra “legitimidad” del discurso del cardenal. Hay que respetar las decisiones tomadas y, cuando se pueda, cambiarlas por las que se entiendan más afines con la celebración. Valencia tiene raíces cristianas y el 9 d”Octubre muchos entienden que se celebra la dedicación de Jaume I a la catedral por la victoria lograda al conquistar la ciudad musulmana.
Pero ninguno de esos argumentos sirve de nada si la imagen en las televisiones nacionales es la de una Senyera rodeadas por policías con porras en el cinto y cascos con la visera calada, como si el paseo fuera por una calle de Afganistán en lugar de la calle de la Paz. En Valencia no somos así y menos con lo sagrado.
Todavía queda tiempo para la reflexión en estos cinco días que faltan para la procesión cívica. Tiempo suficiente para que el alcalde Joan Ribó reciba al presidente de Lo Rat Penat, Enric Esteve, para escenificar una fotografía tranquilizadora.
Tiempo incluso para hacer un guiño a la Iglesia. ¿Una visita al Museo de la Semana Santa Marinera? Personas tiene de sobra para pensar alternativas, tendiendo puentes que salven una jornada complicada.
Ya sé que estar en el centro en este asunto es peligroso porque es donde a uno le atropella el expreso de Irún, pero es donde me siento más cómodo, lejos de las pancartas de unos y otros, aunque capaz de reconocer errores (lo de relegar el himno de España es de los gordos porque el 9 d”Octubre es una fiesta de la Comunitat y no de la ciudad).
Pero no quiero agotar la página semanal con un tema que parece claro. Hay otros asuntos con la misma urgencia como la publicación de las ordenanzas fiscales esta semana, para que los comerciantes puedan presentar alegaciones contra el Impuesto de Bienes Inmuebles. Ese recargo a las grandes superficies y las tiendas céntricas no es lo más conveniente para fomentar empleos.
En Madrid, los socialistas han entendido que no se podía gravar más a estas empresas y le han dado la vuelta a la propuesta de Manuela Carmena, alcaldesa que está dando tardes de gloria con sus iniciativas. Aquí es cierto que ese recargo nunca se ha aplicado al contrario de lo ocurrido en la capital de España, aunque romper la tendencia de estos años con un incremento que afecta al menos a 1.500 comercios no me parece lo más prudente.
Y la semana acabó con una nueva decisión más del gobierno municipal por un camino que conduce al aumento de la plantilla municipal y del presupuesto. El concurso de la Piscina Valencia, al que se habían presentado cinco empresas, se guarda en un cajón para revisarlo en favor de una posible gestión directa.
¿Tiene el Consistorio más de tres millones de euros para gastarse en una piscina? Me temo que no, como ha quedado claro con anuncios como que el aumento de presupuesto de la EMT dependerá de las ayudas del Gobierno. Entonces, no entiendo el deseo de retrasar el equipamiento.

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