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carril bici

La ciudad de los pedales
Paco Moreno 08-03-2017 | 10:30 | 0

No vamos a construir pirámides, asegura el alcalde Joan Ribó cuando le preguntan por sus planes para Valencia, queriendo huir de los grandes proyectos costosos como de la peste. Su apuesta más visible para la calle ha sido todo lo relativo al tráfico y en especial el empeño de reducir la circulación de coches, con el anillo ciclista como el gran símbolo de esta pretensión.

Valencia es una ciudad perfecta para la bicicleta, eso no hay nadie que lo discuta. Tamaño medio, ausencia de lluvia la mayor parte del año y plana por completo. Además, se trata de obras de presupuesto modesto y enorme rapidez. Un mundo maravilloso donde a los autores del cacareado cambio de paradigma que persiguen se les olvida a menudo que en el cap i casal viven 800.000 personas que se mueven de la manera más diversa. Y todas no quieren ir en bicicleta.

Aún más, el punto más débil de esa estrategia es no tener en cuenta el área metropolitana. Ya lo hemos contado alguna vez en LAS PROVINCIAS pero conviene recordar que la intensidad de tráfico en los accesos de la ciudad se ha mantenido igual los últimos años. El descenso del parque móvil en la capital ha sido un hecho coyuntural por la crisis pero los vecinos de las poblaciones cercanas necesitan el vehículo privado a diario. El Gobierno debe aportar fondos ya para la EMT y Metrovalencia.

Hay que pensar en eso cuando la inauguración del anillo ciclista está todavía reciente. Esta obra marcará un antes y un después en la movilidad de Valencia y sería muy triste que el balance fuera el de más atascos en el centro. Así no se reduce la contaminación, los comerciantes se enfadan porque se genera la impresión de que es imposible comprar en el centro y, seguramente lo más importante para el tripartito, a muchos les hará decidir su voto en 2019.

De ahí que ahora lo más importante sea gestionar ese proyecto municipal con cautela y moderación, lo que va en contra de todo lo que se percibe de la gestión del concejal de Movilidad, Giuseppe Grezzi. Tiene mucha prisa por sumar kilómetros de carriles bici, aunque en ocasiones sea sin el consenso necesario. La Federación de Vecinos lo ha dicho más de una vez, sobre todo cuando le da por anunciar cambios en la ordenanza como el estacionamiento en el carril bus o el fin de la obligación de los ciclistas de ir por el carril bici.

De lo primero hay un ejemplo ahora en la calle Colón, que promete convertirse en un laboratorio de ideas. En el primer tramo conviven las placas donde se autoriza el estacionamiento de diez de la noche a ocho de la mañana en el carril bus con una línea continua amarilla pintada estos días, el paso previo a la segregación definitiva como sucedió en Matías Perelló y Los Centelles para enfado de los hosteleros.

En el gobierno municipal aseguran que no se han planteado esa segregación. ¿A qué viene entonces la prohibición de estacionamiento? ¿Se refiere sólo al horario diurno? La impresión que tengo es se trata de un aviso de lo que vendrá, pero que de momento no se atreven a hacer. Veremos qué pasa cuando se acometa la segunda remodelación de líneas de la EMT.

Justo al lado de la línea amarilla habrá una gran parada de transbordo de autobuses. ¿Apostamos algo a que a partir de ese momento no se podrá aparcar en el carril bus de Colón por las noches? Si entonces existe el riesgo de que hayan aumentado los atascos (espero que no) por la falta de transporte metropolitano, la plaga seguirá con el veto a los clientes de restaurantes y cines que todavía creen en una ciudad con un centro potente y que importe. De ahí que ahora será la época de la moderación, igual que debe ocurrir con todos los carriles bici que llegarán al centro. El foco está demasiado puesto en el anillo ciclista, pero los itinerarios ciclistas que llegarán en los próximos meses desde los barrios son también en ocasiones focos de conflictos.

Mañana hay otra cita importante, como es la presentación del plan estratégico de la Marina de Valencia. El Consejo de Ministros renovó el viernes a todos sus consejeros, despejando así la duda de qué Ministerio será el negociador de la enorme deuda de 440 millones de la entidad. Será el de Hacienda, naturalmente, con un secretario de Estado a la cabeza y la sombra de Cristóbal Montoro siempre presente.

Veremos el resultado, aunque si Ribó ha dicho que ese problema necesita una solución política, entonces los hombres de negro no es la respuesta que esperaba el Ayuntamiento. La opción de Sáenz de Santamaría seguramente le habría ido mejor a los intereses de la ciudad.

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Camino, luego existo
Paco Moreno 31-08-2015 | 11:51 | 1

Escribo esto casi a ciegas, a la espera de ver el desarrollo de la pacificación del tráfico del centro de Valencia que promete el alcalde Joan Ribó. La parte fundamental se conoce, claro está, y consistirá en el pintado de calles y colocación de numerosas señales esta noche para limitar la velocidad a 30 por hora a partir de mañana.
Pero es la letra pequeña lo que más expectación despierta en comerciantes y vecinos. En el Mercado Central andan preocupados por las anunciadas restricciones del tráfico de coches, mientras que los tenderos alertan de que la peatonalización no servirá de nada sin una restricción a las terrazas de los bares.
Todo conduce a uno de los debates más interesantes del mandato municipal y que pasa por marcar las pautas de cómo se moverán los vecinos de esta ciudad durante los próximos lustros. Con este gobierno municipal la premisa está clara: el coche particular debe retroceder en favor del peatón.
Tiene razón el concejal Giuseppe Grezzi cuando dice que en el cap i casal no se ha pensado en la movilidad al aprobarse algunos grandes proyectos. Se me ocurre como ejemplo el barrio de Sociópolis, aislado salvo por alguna línea de la EMT que pasa por las inmediaciones.
Pero que nadie espere milagros. La zona 30 está implantada desde hace años en algunos barrios y es un elemento más para la concienciación ciudadana. Me sorprendería mucho un cambio de criterio y que la Policía Local coloque su radar (sigue teniendo uno solo) en la calle Colón o la calle de la Paz. El sentido común marca que debe estar en los lugares con más riesgo de accidentes serios, es decir, en la ronda de bulevares, accesos y túneles.
Más que multas, la solución debe ser urbanística y de formación. Cuando el Partido Popular empezó a poner carriles bici en la calzada hubo quien habló de riesgo para los ciclistas, dado que se estrechaba la calzada y aumentaba por ello la densidad del tráfico. La realidad es que funcionan muy bien y deberían extenderse sin demora a más zonas. Hablo de la calle General Elio y la avenida Baleares, donde los usuarios de la bicicleta marchan con seguridad.
Si hay algo demostrado es la facilidad de introducir cambios en la circulación, aunque sean negativos como ocurrió en la avenida del Puerto, donde el carril bici en la acera fue un error. Las rampas de los garajes, la falta de poda de los árboles y las trapas de los servicios públicos convierten esta ruta en una aventura.
Quitar un carril a la calzada se plantea ahora como algo más sencillo y seguro, sobre todo para los peatones en los pasos de peatones. Pocos lo dijeron entonces, el que suscribe no, pero ahora parece razonable una reforma.
Pero nos hemos salido del tema, del centro de Valencia. El Plan de Movilidad apunta cuestiones interesantes como la eliminación de atajos por Ciutat Vella. ¿Se atreverá Ribó con algo así? El Mercado Central da por sentado que tendrá una gran dársena de la EMT en la plaza Ciudad de Brujas y los comerciantes hablan de las barreras psicológicas que plante el diseño urbano actual. Hablar de ir andando desde el Mercado de Colón hasta la Catedral parece un mundo, cuando en realidad apenas hay unos minutos de paseo.
La reforma del Ensanche ya está ahí con sus garajes cerrados y molestias por las obras, aunque dentro de unos meses dejará unas calles nuevas que servirán como un excelente campo de pruebas para los planes del Consistorio. Tampoco se trata de demonizar al sector, pero sería muy decepcionante que todo se convirtiera en una sucesión de terrazas, como ocurre en Ruzafa.
Y mientras sucede todo eso, la concejalía de Movilidad tendrá que decidir qué hace con las motos. Lo que no quiere Grezzi es una barra libre de estacionamiento en las aceras y ajustar la ordenanza en consecuencia. Pero la realidad es que se trata de un vehículo anticrisis similar a la bicicleta, con los mismos defensores y detractores.
Sólo citaré un caso y fue cuando la Policía Local empezó a empapelar con multas hace unos años las motos aparcadas en las calles del centro y el Ensanche. Fue una de las noticias donde recuerdo que más afectados llamaron a este periódico, bramando por la sanción de lo que se había consentido hasta entonces. En suma, es muy difícil evitar las críticas en este asunto y es mejor ir poco a poco. De lo contrario, lo que debe ser el camino natural y lógico (la ciudad para los peatones) se convertirá en un motivo de enfrentamiento y el esfuerzo no servirá de nada, quedando como otro experimento sin éxito.

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La Valencia ciclista tarda en arrancar
Paco Moreno 27-07-2015 | 9:30 | 1

Recalo en el cap i casal después de varias semanas de asueto en lugares más frescos y compruebo entre la agonía del calor sofocante las noticias publicadas sobre la esperada eclosión del fomento de la bicicleta en la ciudad. Poca cosa por no decir nada.

Lo que debe ser el mandato de la bicicleta sigue estando en la bandeja de salida, la de las expectativas. Suscribo parte del lema de Valencia en Bici al decir que se trata de recuperar ciudad, en   este caso a base de pedaladas.

Un estudio del cronista de Valencia, Francisco Pérez Puche, sobre la llegada de los primeros velocípedos a las calles de la ciudad amurallada a principios del siglo XIX y su evolución durante los siguientes 150 años, es la excepción a este silencio municipal.

En el apartado de los anuncios, la creación de la Oficina de la Bicicleta, una mesa donde deben debatirse aspectos del tráfico, infraestructuras, educación vial y hasta política de multas de la Policía Local. Veremos el próximo otoño la efectividad de esta comisión.

Uno esperaba proyectos definidos, con planos, presupuesto y plazos, para el carril bici de la ronda interior. También cifras sobre los cientos de aparcabicis colocados para ofrecer a los ciclistas cómodos estacionamientos. También una mejor señalización de algunos itinerarios y media docena de campañas de concienciación para que no se circule por las aceras.

¿No quiere el Ayuntamiento que Valencia sea una referencia europea en el transporte en bicicleta? Pues a la faena porque parece que será más difícil construir el carril bici por la calle Colón que en su día el viaducto de Contreras para acabar la A-3. Y si quieren un ejemplo más cercano, el Ágora o la línea 2 del metro. Elijan.

El Partido Popular dejó un proyecto acabado y en concurso para iniciar las obras. Llegó el tripartito y paralizó el proceso para mejorarlo con una anchura superior y que fuera un verdadero itinerario en doble sentido. Magnífico porque será en beneficio de todos los ciclistas.

Eso sí, tampoco es cuestión de agotar el año dándole vueltas al asunto. Ni que hubiera que hacer un simposio sobre el color del pavimento. El otoño está a la vuelta de la esquina y sería un suicidio meter obras en Colón y Guillem de Castro en plena campaña navideña. Los comerciantes no quieren y el concejal de Movilidad, Giuseppe Grezzi, me consta que tampoco.

Los empresarios ya están suficientemente preocupados por el retraso de la reurbanización de calles como Hernán Cortés y Pizarro, adjudicadas pero a falta de un mes al menos para empezar los tajos de obra. Ya no hablo de Conde Salvatierra y San Vicente, aún en pleno proceso administrativo.

Después de años de estudios y propuestas para mejorar los itinerarios peatonales, las alarmas han empezado a sonar con tanta demora, pese a que se hará con dinero de la Generalitat. Si el diseño es similar finalmente al de la calle Félix Pizcueta, se notará demasiado la ausencia de arbolado o unos pocos maceteros esparcidos para imprimir algo de verde, pero que empiecen ya.

Ahora que parece mejorar el empleo y las cifras de turismo son buenas, no tiene sentido seguir en el Ensanche con calles de aceras estrechas, bordillos altos y otras barreras para los peatones. Pero añado un ruego y es que el pavimento no sea igual que el elegido para Ruzafa, donde las manchas y la suciedad no se quitan ni con lejía. Vaya fiasco de reurbanización del considerado barrio de moda.

Antes de que se acabara el anterior mandato, la junta de gobierno aprobó el proyecto del carril bici de la carrera Malilla. Si hablamos de vertebración entre los barrios y el centro, nada mejor que esa ruta. Tampoco es que requiera mucha complejidad y, nuevamente, el dinero es de la Generalitat. ¿Por qué no activar el concurso y reclamar la financiación? ¿La respuesta sería negativa?

Aunque si el Consistorio quiere mejorar un itinerario muy utilizado en verano, entonces que parchee el vergonzoso acceso de la ruta hacia El Saler en su arranque junto al Ágora. Es, sin duda, uno de los trayectos más bonitos con permiso de algunos que pasan por la huerta, aunque está mal señalizado y falto de mantenimiento.

Vamos hacia el año récord en turismo y por todos lados se ven bicicletas de alquiler, llevadas por visitantes ávidos de conocer la ciudad. Toca aprovechar el momento y que a Valencia no la conozca ni la “madre que la parió” en movilidad cuando se acabe el mandato. Las primeras pedaladas están resultando más lentas de lo esperado para inversiones que no son millonarias.

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