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Compromís

El himno nacional, debate absurdo
Paco Moreno 17-08-2015 | 1:20 | 0

Constará de una frase de dieciséis compases, dividida en dos secciones, cada una de las cuales tendrá cuatro compases repetidos. La indicación metronómica será de negra igual a setenta y seis y la tonalidad de Si b mayor. Sus duraciones serán de cincuenta y dos segundos para la versión completa y de veintisiete segundos para la breve”.
¿A qué no saben de lo que estoy hablando? Pues lo mismo me ocurre a mí estos días cuando asisto entretenido a los intentos de alcaldes pedáneos y concejales de los nuevos gobiernos municipales de izquierda (supuestamente) de que no se toque el himno nacional en las procesiones y fiestas veraniegas.
El himno, cuyos requisitos son los del primer párrafo que habrán entendido sólo los músicos profesionales, no debe tocarse en estos actos por obligación, a tenor de lo que dice el decreto de 1997, pero tampoco lo prohíbe y esa es la clave del asunto. El legislador fue inteligente y entendió que hay costumbres y tradiciones sobre las que es mejor dejar margen al pueblo para que decida por ejemplo si quiere escuchar la Marcha Real.
Por eso no entiendo el empecinamiento de algunos políticos, sobre todo de Compromís, de intentar imponer su criterio frente a una costumbre de varias generaciones atrás. Si vamos a la literalidad de las ordenanzas y decretos, entonces que el Ayuntamiento de Valencia cumpla la obligación de que no se tienda ropa en las fachadas. Pero eso sería ridículo y nadie en su sano juicio pide esas cosas a la Policía Local, lo que debería equipararse al asunto de los himnos. Que dejen en paz a los festeros y a las sociedades musicales, que hay problemas más importantes para los vecinos.
Aunque si antes pienso en escribir de esto, antes se escucha el Himno de España en Indonesia con la letra de Pemán, texto pedido por Primo de Rivera y después retocado en la dictadura franquista. Si es que las carga el diablo y las disparan los tontos, que me diría alguno. Ahora estaremos unos días hablando de si el Ministerio de Cultura debe pedir una disculpa oficial por lo sucedido, en lugar de celebrar todos la medalla de oro en bádminton, una palabra que acabo de aprender a escribir y que merece todo el reconocimiento para la joven Carolina Marín.
O sea, que llegado a la mitad del espacio para juntar letras todavía no he entrado en la materia que me interesa. Primero, el Parque Central. Es posible que algunos piensen que al ser un proyecto heredado de Rita Barberá no merece todo el interés, aunque a mí me preocupa sobremanera el atasco de las obras en algunos solares. Estamos a punto de certificar oficialmente el primer retraso del que debe ser el jardín más decisivo para el cap i casal, con permiso del viejo cauce.
¿Hay alguien? se podría preguntar asomando la cabeza por la puerta de algunos despachos municipales. Señores, hablamos del primer paso para el soterramiento total de las vías y no basta con reivindicar al Gobierno de turno de Madrid, toca ponerse las pilas para resolver el bloqueo en los solares donde no pueden entrar las máquinas todavía.
Segundo, la limpieza de la ciudad. La Federación de Vecinos lo dijo la semana pasada alto y claro: hay calles en Valencia donde el olor es insoportable. Hay que baldear y con ganas, nada de rascar la superficie como se hace de vez en cuando en el barrio del Cabanyal.
Cuando llegue la inevitable gota fría ya no hará falta pasar la manguera. Entonces hablaremos del atasco del alcantarillado por la falta de barrido. A la concejala Pilar Soriano le ha tocado bailar con el más feo, unas contratas que han visto cómo en los últimos años se ha recortado el presupuesto hasta unos mínimos inaceptables para los vecinos.
Tercero, el botellón en los barrios. La concejala de Policía Local y alcaldesa en funciones, Sandra Gómez, ha demostrado que no tiene miedo a meter la cuchara en todos los temas y ha lanzado la idea de buscar un recinto para los jóvenes que sea alternativo al consumo sin pausa de alcohol en las calles.
Se ha intentado casi todo para evitar el perjuicio que causa a los vecinos (suciedad al día siguiente y escándalos nocturnos). Incluso grupos de voluntarios para tratar de convencer a los jóvenes de las malas consecuencias del botellón.
Pero nada ha tenido éxito, al menos uno palpable. Fomentar las actividades juveniles es algo que aparece en el Plan de Juventud, incluso con la opción de acordarlo con locales privados. Los mejores deseos para el propósito, que a mi juicio se topará con un enemigo insalvable: la falta de presupuesto municipal.

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Al tripartito
Paco Moreno 15-06-2015 | 2:48 | 17

Tiempo nuevo. Cambios. Clima de acuerdos. Asalto a la Historia. Son palabras sueltas que cojo de los discursos de este sábado en el Ayuntamiento de Valencia pronunciados por los miembros del tripartido, las personas que decidirán este mandato sobre un presupuesto de 800 millones de euros anuales.

Y si me preguntan entre reforma o ruptura, prefiero lo primero por la sencilla razón de que no hay grupo más asustadizo que el de los inversores privados. Por eso se me ponen los pelos de punta cuando escuché al portavoz de València en Comú, Jordi Peris, decir que Valencia es un paraíso de la especulación y que hay que quitarle la soberanía a los bancos.

Menos mal que esos discursos hay que tomarlos como lo que son, palabras dirigidas en su mayor parte al público de cada uno, aunque no hay que olvidar que estos anuncios llegan a todo el mundo en la era de internet.

Más que nada porque el Ayuntamiento acabará este año con una deuda superior a los 700 millones de euros, la cifra más baja en diez años, y hay que devolver los préstamos porque los bancos deben seguir fiándose de esta ciudad. Vivir sin crédito es algo que sólo se ha hecho por la crisis económica y los recortes impuestos con los planes de ajuste del Gobierno. Pero algo temporal, que sólo se puede aguantar unos años hasta que los barrios gritan para que se barran más sus calles o edificios rehabilitados para servicios púbicos hace mucho siguen cerrados por falta de dinero.

Eso sí, tampoco quiero arrear demasiado en el inicio del mandato a los socios del tripartito. Me gustaron mucho las referencias de Peris al control de las contratas y las concesiones. En el último mandato se ha dado demasiado cuerda a algunas empresas y sólo recordaré los conflictos en el servicio de grúa y en la Piscina Valencia.

Ojeo después las palabras escritas del portavoz socialista. A Joan Calabuig le queda la difícil papeleta de reivindicar el segundo escalón del tripartito después de un resultado electoral muy malo. De ahí las referencias que hizo a Ricard Pérez Casado y Clementina Ródenas y los 127 años de historia del partido. Sólo así, echando mano del álbum de los abuelos, pudo aguantar el tipo antes de recordar su advertencia desde la misma campaña electoral.

Su mensaje fue que si alguien lo busca lo encontrarán en el centro de la mesa, propiciando pactos también con los dos grupos de la oposición. Sólo así espera no ser engullido por Compromís al final del mandato.

Pero en ninguno de ellos escucho hablar de contención del gasto público. Leo y repaso los discursos y no encuentro, salvo error por el cansancio de la jornada histórica, ninguna referencia. Mucho hablar de la rehabilitación del Cabanyal, del derecho a la vivienda (me quedo sin palabras con esto diciéndose en un Ayuntamiento) y de que debe garantizarse los servicios de agua y luz a todas las familias que pasen apuros.

¿Alguien me explica de dónde sale el dinero? Y que la respuesta no sea de la bajada de sueldo de los concejales. Eso será el chocolate del loro. Los gestos están bien para contentar al electorado y ganar credibilidad ética, aunque luego hay que gobernar.

Gestos se produjeron muchos y de distinto valor en la investidura de Joan Ribó como alcalde de Valencia. El más conocido fue el que protagonizó con la vara de mando, renunciando a ella de manera simbólica. Habrá que darle un poco de tiempo, aunque como sus concejales empiecen a gastar sin control tendrá que sacarla y utilizarla. Para eso es el alcalde.

También tuvo otros momentos de más calado como sus referencias a la huerta y a la movilidad. Sobre lo primero, la protección del paisaje agrícola de Valencia estaría garantizado si se ayuda al que trabaja las tierras. No hay otra manera porque lo de proteger la tierra, las alquerías y todo eso ha fracasado por completo. Lo primero, conseguir que alguien trabaje la huerta.

Pero el discurso que hay que releer es el del portavoz de Compromís, Pere Fuset. Habló mucho de revisionismo de la etapa de Rita Barberá, de buscar las líneas escritas con tinta invisible. ¿Va a dedicarse el gobierno de la tercera ciudad de España a investigar la factura de un hotel de hace diez años? Espero que no porque eso no genera riqueza ni empleo. Me quedo con otra parte de su discurso, cuando dijo que está abierto al diálogo sin exclusiones con el PP, con el reto abierto de su imprescindible regeneración después de 24 años de mandato. Porque sin esas 107.000 personas que votaron a los populares es difícil avanzar.

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Valencia, fuera del ranking de ciudades ciclistas
Paco Moreno 08-06-2015 | 9:29 | 0

Precisamente cuando se ha instalado en la sociedad la idea de que la bicicleta es un modo de transporte apto para cualquier persona, que sirve para moverse por la ciudad y no tiene nada que ver con un deporte sino con un modo de ver la vida más sostenible, menos consumista y mucho más sana, entonces llega el grupo de todos los años para utilizarla mostrando sus vergüenzas por los lugares más turísticos de Valencia.

Me refiero a la marcha nudista que se realizó el sábado por la tarde por el jardín del Turia y algunas plazas del centro, incluyendo la del Ayuntamiento. Pocos por fortuna, lo que refleja que el sistema educativo no ha fracasado del todo, pero que estropean mucho la imagen de la bicicleta.

Ahí van esos bichos raros, pudo ser el comentario de cualquiera al ver al grupo, desnudos como sus pobres madres los trajeron al mundo, pedalear por las calles más turísticas. Todo lo contrario de lo que se pretende para la bicicleta, es decir, convertirla en parte del paisaje habitual de Valencia, normalizada hasta el extremo.

Eso es lo que me fastidia más de este asunto, al margen del mal gusto de los integrantes de la marcha, su pésima educación al pasar desnudos junto a jardines repletos de niños y la increíble casualidad que no encontrarse con ningún policía local que pudiera multarlos por exhibicionismo. Y eso que se fotografiaron justo delante del Consistorio, custodiado por la Policía Local.

Pero como las malas noticias no vienen nunca solas, Valencia se ha quedado fuera de nuevo en la clasificación de las 20 ciudades del mundo más amables con la bicicleta, donde sí figuran Sevilla (10) y Barcelona (11). El esfuerzo de los últimos años en aumentar los carriles bici y los aparcabicis no ha sido suficiente, ni tan siquiera el increíble número de usuarios de Valenbisi.

La clave entiendo que va desde las restricciones de la propia ordenanza, donde se prohíbe por ejemplo el estacionamiento en las farolas, a la conducta del tráfico de vehículos, donde se aprovecha la secuencia de los semáforos en verde para pisar el acelerador muy por encima del límite. Sin multas, claro.

¿Por qué no se ponen los radares de control de velocidad en las grandes vías? ¿Por qué las marginales del viejo cauce son una autopista donde se han colocado hasta barreras en algunos tramos como si fuera un circuito de Fórmula 1? Eso es lo que pienso cuando las veo por ejemplo antes de llegar a las Torres de Serranos. ¿A qué viene ese gasto?

Preguntas sin respuesta, supongo que también para los inspectores de Copenhagenize, la entidad más prestigiosa del mundo a la hora de analizar la relación de las ciudades con la bicicleta.

Este año, el ranking ha estado encabezado por Copenhague, Amsterdam y Utrecht. La primera ciudad española es Sevilla con un décimo puesto que debería ser envidiado por todos en el cap i casal.

Parece que se hablará mucho de transporte en los próximos cuatro años en Valencia. Los representantes del tripartito conocen, igual que sabían los del PP, que facilitar los desplazamientos a los ciclistas es ganarse parte de su voto dentro de cuatro años.

Otra cosa es que hagan todo lo que están anunciando  estos días de frenesí de pactos, donde el camino de Compromís para llegar a la alcaldía de Valencia está despejado con los votos del PSPV. Eso sí, tratándose de políticos cualquier cosa es posible y la ruptura de un acuerdo en la Generalitat entre los mismos partidos podría dar al traste con las expectativas de Joan Ribó.

Lo digo por su pretensión de ampliar el carril bici de la ronda interior más allá de lo que contempla el proyecto ahora en concurso. Veremos si después de la investidura y conocer de primera mano los números por parte de los técnicos de Tráfico sigue pensando lo mismo. No hay nada que me guste más que encajase un itinerario de tres metros de anchura, pero hay que resolver la carga y descarga para los comercios, así como las paradas de taxis y, por último, el tráfico privado.

He escrito aquí que estoy por la discriminación positiva hacia la bicicleta y eso lo mantengo, pero sin machacar a los demás. En la puntuación de Copenhagenize se habla de la aceptación social de este medio de transporte por todos los vecinos, lo que no se logrará con una política demasiado agresiva. Al contrario, pasaría como este sábado cuando muchos de los viandantes asociaron sin duda al grupo de nudistas con la bicicleta. Ese rechazo no conviene a nadie y menos cuando el concepto de moda ahora el es de evitar las políticas frentistas y trabajar para todos.

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