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La huerta
Paco Moreno 02-10-2017 | 8:43 | 0

Imaginen una superficie equivalente a 77 campos de fútbol seguidos en lo que hace más de 20 años fue un paisaje de huerta trufado de alquerías. Y ahora vean una sucesión de naves industriales, con camiones y contenedores portuarios alrededor. Eso es la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) del puerto de Valencia.

Y ese es el sapo que se ha tragado el gobierno tripartito para bendecir un plan de la Generalitat donde las únicas aportaciones (está por ver si serán estimadas) son una serie de carriles ciclistas, amén de varios recorridos peatonales. Faltaría más.

Dentro de la vorágine soberanista en Cataluña y los serios problemas de gestión que padece el Ayuntamiento, ha pasado algo desapercibido el tramo final del proyecto pactado el pasado año entre el alcalde Joan Ribó y el presidente del Puerto, Aurelio Martínez, cuando el primero dio por imposible la recuperación de los terrenos.

El argumento del primer edil es de peso. La ZAL penetra más de un metro en el subsuelo de La Punta y consideró al pactar que su recuperación es inviable. Lo mismo que dijo este viernes la portavoz adjunta del gobierno municipal, María Oliver, quien sorprendentemente mantuvo el guión establecido.

Pero entonces recuerdo lo que me contaba la representante de una de las 40 asociaciones que han alegado para revertir los terrenos y convertirlos de nuevo en huerta: “Antes de ser alcalde nos dijo que iba a eliminar la ZAL y le creímos”. Eso es lo que más les escuece, por lo que termina con una sentencia: “Se lo recordaremos”.

Yo no entiendo de agricultura y desconozco si en la ZAL se pueden a volver plantar tomates, pero lo que sí sé es que a Compromís este asunto le pasará factura política. La pretensión de que el borde del polígono industrial tenga algo de cuidado con las edificaciones para evitar que las naves se “caigan” encima de la huerta del entorno no será suficiente para calmar los ánimos.

Tampoco la petición de que se garantice la “habitabilidad” de varias alquerías que se quedan dentro de la actuación, lo que ya se sabía. ¿Es qué van a recalificarlas para viviendas? Ya sería excesivo para unas asociaciones que en privado dicen con claridad una palabra: “Traición”.

Seguramente ha faltado algo más de pedagogía estos dos años de mandato con los antiguos propietarios, en el sentido de convencerlos de que recuperar el paisaje de su niñez era imposible. Pero es que aunque se hubiera hecho eso, tampoco habría sido suficiente. Justo enfrente de Mercavalencia, por ejemplo, se levantaba la antigua pedanía de San Antonio de Padua, machacada por el olvido pero viva con campos de cultivo y algunas alquerías. Todo aquello desapareció en favor de unas bases de contenedores y unos aparcamientos de camiones. Ahora, por cierto, sólo hay solares llenos de basura porque los depósitos están en otro lugar. Quiero decir que es gente que ha sufrido mucho desde hace años y no se fían de las promesas políticas.

Y con seguridad han sobrado lo que llamaría momentos escénicos, como montar un mercado de frutas y hortalizas en la plaza del Ayuntamiento un domingo o decorar algunas esquinas de la ciudad con tomates y berenjenas gigantes. Ambas cosas sirven para que el político de turno de Compromís se haga la foto y poco más.

Si este Ayuntamiento quiere ayudar a la huerta, entonces debería preguntarse cuánto dinero ha destinado a las ayudas para rehabilitar alquerías o mejorar el alumbrado público de los caminos o sencillamente facilitar proyectos privados para que abrir una puerta en una casa en la huerta no suponga un papeleo de un año en todo tipo de ventanillas burocráticas. Me temo que de eso, de lo real y tangible, se ha hecho poco.

Guardo el último trozo del artículo para una petición que me llega. Dos de la madrugada, Travesía de Pescadores esquina calle Padre Luis Navarro. Un vídeo colgado en las redes sociales muestra a una joven (juraría que menor) acompañada por otra mujer, riéndose mientras de una furgoneta aparcada sale una música estruendosa. Parece que son rumbas y entre baile y baile un trago de ron a palo seco, directamente de la botella. Sí, es la zona cero del Cabanyal.

Hoy se pone en marcha el nuevo retén con el que la Policía Local quiere estar más cerca de los problemas. A la vista del vídeo citado, serán recibidos con fiesta y jaleo del bueno de madrugada. Algo hará estar en la misma zona del conflicto, aunque los miles de servicios realizados hasta ahora han servido de poco. Y los vecinos ya no pueden más con tanto ruidos nocturnos ni escándalos.

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La huerta entra en campaña electoral
Paco Moreno 09-02-2015 | 8:25 | 0

Hasta los organizadores se dieron cuenta de que aquello era algo más que una manifestación en una pedanía de Valencia. La protesta celebrada este sábado en Castellar-Oliveral contra la ocupación de más terreno de huerta por la ciudad puede considerarse el primer acto de campaña electoral. La revisión del Plan General va a calentar el ambiente pese a los intentos del concejal de Urbanismo, Alfonso Novo, en apagar fuegos y comprometerse a revisar todas las objeciones que plantean entidades vecinales y afectados como ha sido este caso.

Pero eso no basta y antes de que acabe el mes volverán las pancartas a la calle en contra del Plan General, es decir, la construcción de 17.000 viviendas más en Valencia, buena parte de ellas en terrenos de huerta en cultivo y donde los agricultores podrían seguir trabajando varias décadas más.

El documento ahora en discusión ha sido matizado y suavizado respecto a lo que se quería aprobar hace unos pocos años, cuando se pensaba que el festival del ladrillo no tendría fin y que los barrios del cap i casal se rompían por las costuras. Al contrario, el paisaje habitual ahora en la periferia es de fincas aisladas rodeadas de solares. La enumeración es larga, aunque se pueden tomar como ejemplo Sociópolis, Malilla, Patraix y Quatre Carreres. Más debería el Ayuntamiento preocuparse por dar los servicios adecuados a esos vecinos que han quedado aislados que buscarse nuevos problemas.

¿Necesita la Politècnica crecer sobre la huerta de Vera? Más bien no, todo lo contrario. Tiene todo el resto de la ciudad para abrir las facultades que quiera, del mismo modo que hacen algunas universidades privadas. La destrucción de este paisaje, pese a que se ha reducido sobre las pretensiones de hace unos años, promete convertirse en uno de los símbolos de la próxima campaña electoral.

Nadie duda de que el Plan General de 1988 está agotado en muchos aspectos, aunque sus carencias se concentran en el casco urbano consolidado, que es precisamente lo que se ha guardado en un cajón a la espera de encontrar una solución. Todos los solares, calles que acaban en muro, edificios con paredes medianeras a un montón de matorrales. Ese debería ser el foco del problema, más que en construir cientos de viviendas alrededor del cementerio de Benimaclet. Tienen razón los vecinos de este barrio, los difuntos se merecen al menos descansar.

Y si en los años de las vacas gordas muchas de estas parcelas cambiaron de manos y ahora son propiedad de bancos y grandes fortunas, ese es su problema. Jugar en el mercado especulativo conlleva riesgos y pueden continuar como terratenientes alquilando los campos a los agricultores.

Arrinconado el plan del Cabanyal en un cajón, olvidado convenientemente por el Ministerio de Cultura para perjuicio de los vecinos, la destrucción de huerta, su ocupación por viviendas y grandes bulevares, cobrará más protagonismo en los próximos meses. Los representantes del tripartito ya han dicho que es papel mojado y que harán decaer la propuesta tan pronto lleguen a la alcaldía. No parece conveniente por lo tanto aprobarlo deprisa y corriendo por el mero hecho de cumplir una promesa electoral. Sirva de ejemplo para esto el caso de Castellar, donde el gobierno municipal se ha comprometido a revisar todas las propuestas de los vecinos, una por una. ¿No es mejor hacer las cosas bien y con tranquilidad?

Porque si hablamos de tiempos, el gobierno municipal debe desatascar antes las alegaciones presentadas al plan del Cabanyal. Ahí sí que hablamos de urgencias históricas porque muchas casas se caen a pedazos. Cada semana recibo al menos una llamada de algún vecino del barrio, pidiendo que pongamos altavoz a los problemas que padecen: ocupaciones ilegales, suciedad en las calles, degradación de las viviendas e inseguridad ciudadana. Ya no pueden más tras confiar durante varios mandatos en que el Partido Popular sacaría adelante la recuperación de la zona.

Eso sí que necesita rapidez, más que decidir ahora si la Politècnica debe machacar el paisaje de Vera o se necesita un bulevar por el norte para quitarle tráfico a la avenida de los Naranjos, atascos que por cierto ahora no tiene. O si hay que ampliar la V-30, algo que el Ministerio de Fomento no tiene ni en su imaginación. Pero entonces habría que enfrentarse abiertamente al Gobierno, pegar un puñetazo en la mesa y decir que ya está bien de historias, que digan lo que piensan del Cabanyal. Y de momento no gusta la respuesta.

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Sufrir en la huerta
Paco Moreno 14-11-2011 | 10:41 | 15

La bucólica imagen de las puertas abiertas en todas las casas y los campos en cultivo ha pasado a la historia. Los escasos vecinos de Valencia que todavía vinculan su hogar con la huerta viven ahora con el teléfono móvil siempre en la mano, listos para alertar de robos y asaltos. Así ha sucedido en Font d’En Corts, donde deben echar mano hasta de las sirenas para avisarse unos a otros.

Asentamientos. Uno de los problemas pasa por la ocupación ilegal de casas abandonadas. Y es un problema que se reitera con frecuencia. Hay más ejemplos, como el grupo de casas de la calle San Vicente Mártir, junto a las vías de Renfe, así como la zona cero del Cabanyal, en la calle San Pedro. Hablamos también de Guillem d’Anglesola, felizmente desaparecido tras años de quejas de los vecinos. Algo falla en la legislación cuando las mismas quejas llegan a los periódicos año tras año.

Degradación. El caso de Font d’En Corts tiene todos los ingredientes de un barrio descuidado por el desarrollo de la ciudad. Linda con el bulevar sur, salpicado de centros comerciales, grandes hospitales y torres de viviendas, pero el Ayuntamiento no ha logrado favorecer una convivencia sencilla. Los vecinos de las alquerías recogen el rechazo, todo lo que la ciudad no quiere. Y les llega de la peor manera posible, con pequeños delitos para la Justicia pero que larvan la tranquilidad en las alquerías.

Modas. Muchos defienden desde el estilo de vida de la huerta. Los huertos urbanos en Benimaclet son el último caso, fallido por culpa de la burocracia urbanística. En otra escala, otra apuesta será Sociópolis, donde ofrecen pisos rodeados de campos. Pero sería mejor esforzarse por mantener lo que queda y olvidarse de propuestas tan insensatas como la ampliación de la Universidad Politécnica en la huerta de Vera. Nos iría mucho mejor y no harían falta sirenas de aviso.

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