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Joan Calabuig

La caída del caballo del tripartito
Paco Moreno 09-11-2015 | 10:47 | 8

Como si se hubieran caído del caballo. Es lo que pensé este viernes cuando escuchaba al alcalde Joan Ribó explicar los problemas que tiene con sus socios del tripartito municipal para confeccionar el Presupuesto de 2016. Una vez que quitas los gastos fijos, lo que queda para poder lucirse uno es muy poco, pese al deseo de plantear unas cuentas radicalmente distintas a las últimas de Rita Barberá.

Eso es lo que ha pasado estos días, unido al zapatazo de los concejales de València en Comú, que por tener más dinero para el teatro El Musical han agrietado la imagen del gobierno municipal por primera vez, apenas seis meses después de que se colgaran las medallas al cuello como ediles. Dice el alcalde que no sabe dónde guardaron la vara de mando que dejó en la mesa el 13 de junio como si le quemara en los dedos, aunque sería conveniente que ordenara buscarla porque con las cosas de comer no se juega.

Dentro de su vasta experiencia en el Ayuntamiento (véase la ironía), València en Comú contaba seguramente con la lealtad institucional del Partido Popular y Ciudadanos, que se abstuvieron en la Fundación Deportiva Municipal y el Consejo Rector Fallero. Con un voto contrario se hubiera montado la mundial por unas cuentas devueltas a los corrales para sonrojo de un supuesto gobierno estable. Tantos riesgos temían algunos que Grezzi no se atrevió a celebrar el consejo de la EMT para aprobar su Presupuesto.

Así estaban las cosas cuando compareció el alcalde el viernes. A su derecha Joan Calabuig, sonriente no se sabe si para ofrecer una imagen positiva a los fotógrafos o evitar que se le escapara la carcajada. Ribó bien en su papel de rebajar la crisis doméstica y a su izquierda Jordi Peris, incómodo y pensando en cómo contestar las preguntas sin decir nada.

Pero del rato que estuvieron en la sala de prensa me quedo con otros detalles al margen del morbazo político de explicar la ruptura de la unidad de voto. Escuché varias veces al primer edil hablar de la complejidad de las cuentas, de cuadrarlas a satisfacción de todos pese a que disponen de 50 millones de euros más el próximo año, dato desvelado por el PP que no desmintieron. Y me pregunto qué pasará en 2017 si no disponen de esa cantidad.

Gobernar en tiempos de crisis no es fácil y el próximo año será un espejismo por los 75 millones de euros de inversión municipal. Con esa cantidad extraordinaria acallarán reivindicaciones vecinales, aunque ya vaticino a los analistas del tripartito que no será suficiente. Sólo hay que recordar la lluvia de millones de los dos planes ZP en Valencia, su ejecución en tiempo récord y dónde está ahora el Partido Popular.

Por eso es mejor recurrir a los clásicos y pensar en el “laissez faire, laissez passer” con el que se construyó Europa. No fue tan mal el experimento, sobre todo si se compara con las aventuras genocidas soviéticas y el infame periodo negro del fascismo y el nazismo. Es para pensarlo y seguir ese camino. Ojo, no digo que el actual gobierno defienda posturas dictatoriales, sólo que a veces es mejor quedarse en un segundo plano y dar más margen a los vecinos para desarrollar la ciudad.

Lo digo porque el alcalde insistía en que es necesaria la subida de impuestos para hacer frente a los proyectos sociales que quiere lanzar como el fomento de las viviendas sociales o ayudas para la educación. ¿Y qué pasa con los 50 millones que tendrá de más? Es una cantidad suficiente para hacer frente a esa estrategia sin aumentar la presión fiscal. Si me apuran, con una bajada de impuestos lo sacan en hombros al balcón municipal y se asegura otro mandato pese a su edad.

Mañana conoceremos más detalles del Presupuesto en el Consejo Social, donde espero que los comerciantes pregunten por la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles. Afecta a más de 5.000 empresas aunque este sector es el mejor organizado para intentar una rectificación. Con las cosas de comer no se juega y bastantes problemas tienen en el Consistorio con la Marina, donde los inversores no ganan para sustos.

Y como colofón una nota de servicio público. Evite hoy el bulevar sur junto al centro comercial El Saler. El concejal de Movilidad sigue con su cruzada particular y asfaltarán dos carriles en hora punta del tráfico, en una zona donde no vive ni un solo vecino y por la noche no se habría molestado a nadie. ¿Por qué se hace así? La respuesta es para cumplir la ordenanza contra el ruido, aunque creo que flota en el ambiente cierta persecución a los coches. Me gustaría equivocarme pero también me he caído del caballo.

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Primeros errores del tripartito
Paco Moreno 06-07-2015 | 8:46 | 7

Llegan las primeras decisiones y con ellas, los primeros errores. La ausencia de los dos partidos de la oposición municipal de la comisión que pretende resucitar el Cabanyal es un fallo estratégico mayúsculo en la imagen de transparencia y participación que intenta labrarse el tripartito.

El PP ya se lo esperaba porque será el muñeco de feria al que disparen todas las culpas y males de lo sucedido en el barrio estos años de paralización de obras. No digo que sean inocentes como unos niños porque se han ganado a pulso el título de los responsables del fracaso, pero es necesario recordar una obviedad y es que su proyecto lo paró la ministra socialista González-Sinde pese a que no sabía ni donde estaba el Cabanyal en el mapa.

Pero lo realmente chocante, de carcajada, es el veto a Ciudadanos. Después del papelón que tuvo que hacer Fernando Giner posando en la foto que se hicieron todos los opositores a la prolongación de Blasco Ibáñez, ahora se queda fuera. Todavía recuerdo al candidato en la terraza del Centro Octubre, pisando el parqué que pagó Jordi Pujol a su amigo Eliseu Climent. Tragó saliva y apretó el botón del ascensor en favor de la participación y el consenso en contra de un plan que consideraba erróneo y mejorable. Para nada.

Pero lo que ya roza la risa histérica es que el portavoz de València en Comú, Jordi Peris, le haya ofrecido firmar la moción que llevará el gobierno municipal al pleno. No debatirla antes, ni que participe en la redacción del documento. Sólo que la apoye si quiere. Y de estar en la comisión que se olvide, por supuesto, aunque estén representadas todas las asociaciones del barrio que lo han deseado, da igual de su representatividad.

Vamos, que si Giner quiere participar en el proceso le convendría poner en marcha una asociación de fabricantes de abanicos de la calle de la Reina con tres asociados más, por ejemplo, porque de nada le valen los seis concejales logrados en las urnas, con más votos que el PSPV y València en Comú. Pero así es la política y Giner la ha descubierto sin anestesia.

Y todo esto sin que ninguna asociación vecinal ni de comerciantes ni de nada haya dicho una sola palabra a su favor. Al menos yo no las he escuchado. Si tuviera que poner título a la comisión que pretende recuperar el barrio le pondría ‘Uno de los nuestros’ por los que no están al carecer del ADN necesario.

Un buen punto de partida de esa comisión habría sido escuchar a los concejales del PP para ver lo que han hecho estos años para mejorar la limpieza y la seguridad ciudadana, las ocupaciones ilegales de las viviendas y la retirada de vertederos en los solares.

Pero nada de eso será posible, ni siquiera una mínimo debate sobre las zonas del barrio, que son muchas, donde es posible aprovechar el plan que se derogará ahora. La mayor parte del planeamiento sirve para lo que quiere hacer el concejal de Urbanismo, Vicent Sarrià. ¿Por qué no ponerlo en marcha sin más? Eso sí que habría servido de verdad al barrio y evitaría la sensación de que en este caso no hay paredes de cristal ni están abiertas las paredes del balcón.

Y el segundo error de la semana ha sido lo que ha provocado el primer engachón entre dos de los socios del gobierno municipal, la elección de la directiva de la Junta Central Fallera, donde Compromís no ha dejado al PSPV que elija ni el color de las paredes. Tantas milongas sobre la transversalidad y las decisiones colegiadas en el tripartito para concluir que la organización del principal movimiento social de Valencia es coto vedado para los muchachos de Pere Fuset, el que prometió despolitizar la fiesta fallera. De esto no opino todavía porque espero a que gobierne, pero de lo primero sí lo tengo claro. Compromís se ha propuesto capitalizar toda la gestión de las Fallas y confío en que sean los éxitos y no los fracasos porque supondría un perjuicio para mucha gente.

Es la concejalía más jugosa porque es donde se reparten más subvenciones y tiene la llave de las actividades en la calle al tramitar multitud de permisos. Y si hace falta refuerzo, Carlos Galiana, al que se le llegó a hacer traspaso de poderes de Fiestas, gestionará Actividades. Más claro, agua.

Un traspaso demasiado lento, según aseguraba el portavoz municipal del PP, Alfonso Novo, quien recordaba la semana pasada que apenas había empezado. Y estos días se nombrarán a los consejeros de las empresas y organismos autónomos. Tranquilos, no hay prisa. Abramos el balcón a los turistas y con eso cumplimos.

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Más rápido, alcalde Ribó
Paco Moreno 29-06-2015 | 1:05 | 6

No me acuerdo de lo que tardó hace cuatro años, pero es que no fue lo mismo. Un gobierno municipal del mismo partido sucedió al anterior con concejales que seguían en sus despachos y proyectos encauzados sin temor a que fueran frenados.

Ahora no hay muchas más delegaciones, alrededor de medio centenar, aunque el reparto del poder entre los tres partidos que gobernarán el Ayuntamiento este mandato se está haciendo demasiado largo y con incógnitas sobre proyectos esenciales.

Ha pasado un mes desde las elecciones municipales y todavía faltan cosas por acordar. Los concejales del PP dejaron de tener firma el 12 de junio a las dos de la tarde. Desde entonces nadie toma una decisión de calado en lugares tan importantes como el Consorcio de la Marina, donde se juega buena parte del prestigio de la ciudad.

Tras el pinchazo que supuso la etapa posterior a la Copa América, con un desacuerdo permanente entre el Consistorio y el Gobierno, ahora estamos a la espera de ver qué derroteros toma el alcalde Ribó sobre la gestión de la dársena. ¿Le gusta el plan de usos? ¿Piensa que el destino del Veles e Vents es el adecuado? ¿Qué quiere cambiar?

Todavía no hay consejeros nombrados por el tripartito y la entidad se limita a resolver las cuestiones más sencillas. Hay dinero para rehabilitar el tinglado 2 y construir una nueva lonja de pescadores, pero no se hace ni decide nada.

La sociedad Parque Central tiene ya en ejecución el 40% del jardín que debe sustituir a los terrenos ferroviarios en la parte de Ruzafa. Las dificultades son cada día que pasa mayores y al menos en tres zonas no tienen permiso de los dueños de los solares para que entren las máquinas. ¿Qué hace el Ayuntamiento?

Comprendo que las negociaciones han sido duras, con cambios de última hora que no se esperaban los mismos protagonistas y que trabajar en la empresa privada no tiene nada que ver con la Administración. Pero, como bien apunta el portavoz de Ciudadanos, Fernando Giner, tenemos que dejar ya la política de gestos y empezar con la de hechos. A gestionar y rápido porque cuatro años pasan enseguida y los vecinos no esperan.

Esperar por ejemplo a que el Gobierno condone la deuda de 420 millones de la Marina para poner en marcha el proyecto que quiere Compromís, a mí me parece poco práctico. Si en Madrid esquivaron el tema con Rita Barberá, ahora lo probable es que no descuelguen ni el teléfono.

Y lo mismo sucede con la estrategia de movilidad que quiere acometer el concejal Giuseppe Grezzi. Confío en que no cuadre las cuentas con el famoso contrato programa de ayudas al transporte metropolitano. Podemos estar años esperando los carriles bici y las obras de peatonalización si el dinero tiene que venir del Gobierno.

Son sólo tres casos aunque podrían ser muchos más. No es de recibo que los grupos de la oposición carezcan todavía de todos los recursos para poder fiscalizar al gobierno municipal. Así no se demuestra la transparencia, una de las banderas del mandato.

El alcalde Ribó dejó la vara de mando sobre la mesa porque dijo que esa no era su manera de gobernar. Eso hay que respetarlo, pero de ahí a no gobernar sólo hay una palabra de diferencia y conforme pasen los días se hará más legible. Los asuntos deben resolverse a veces por la vía ejecutiva, pese a que el propósito es que todo sea colegiado entre los tres partidos.

Habrá que ver cuánto tardará el nuevo proyecto del carril bici de la ronda interior. El viernes pasado se metió en un cajón el itinerario aprobado por el PP y ahora se dibujará un nuevo trazado, con la promesa de que será más ancho y cómodo para los ciclistas.

El problema es que el reloj no para y las obras se pueden solapar con la campaña de Navidad, la época de más ventas para los comercios del centro. A nadie le apetece ver la calle Colón convertida en un atasco permanente, y menos al concejal de Movilidad.

Y lo mismo sucede con la reforma de las calles del Ensanche que deben servir para facilitar el paseo a los peatones desde la Gran Vía Marqués del Turia. Los proyectos ya están en pleno concurso, pero han surgido voces en el gobierno municipal que ponen pegas al diseño. ¿Paralizarán también esa inversión?

Muchos frentes abiertos para el alcalde, pese a contar con la ayuda de otros dos partidos para repartirse la faena. El socialista Joan Calabuig que no se tocará de momento nada que cueste dinero al Consistorio y se dará prioridad a emplear ese dinero en ayudas sociales. Es un criterio acertado y convendría que todos lo siguieran.

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Pactos alemanes
Paco Moreno 03-11-2014 | 6:29 | 0

En el ayuntamiento empiezan a decir medio en broma que no habrá sitio el próximo mandato para tantos grupos políticos en la sede del consistorio. Es un ejemplo del ambiente de fragmentación que se respira en los pasillos cuando faltan siete meses para las elecciones.
Volátil fue la palabra que empleó el portavoz socialista Joan Calabuig para describir la situación de lo que queda hasta la cita con la urnas. El Partido Popular tiene cada vez menos tiempo para recuperar terreno y la última encuesta publicada lo dejaba a expensas de un pacto con UPyD en el mejor de los casos.
Con un nivel de inversión bajo a las alturas del último presupuesto ejecutivo de verdad antes de los comicios y una plantilla envejecida (en ideas, los años no importan tanto), es difícil que remonten el mal resultado que auguran los sondeos.
Deberían aprobar cada dos semanas una propuesta atractiva y que llegue a la gente. Hablo de los descuentos aprobados para familias numerosas en la EMT, sin ir más lejos. Cosas concretas, palpables y que ofrezcan un resultado rápido.
Hay que echar mano de la imaginación y ser más reivindicativos. Daba un poco de rubor escuchar el viernes al vicealcalde, Alfonso Grau, cuando le tocó justificar en el pleno las inversiones del Gobierno en 2015 diciendo que no es realista compararse con lo que reciben otras ciudades, que el AVE sólo se puede construir una vez. Hace menos de un lustro asistíamos a ruedas de prensa donde se mostraban hasta gráficos del dinero estatal recibido por Barcelona, Sevilla y Zaragoza, mientras Valencia tenía que apechugar con un préstamo la Copa América. En suma, que el partido se juega en las calles del ?cap i casal? y no en la calle Génova, y que conviene de vez en cuando sacar la pancarta porque forma parte del juego político.
Pero volviendo a las encuestas, he de reconocer que no me creo ninguna. Recuerdo la jornada electoral de 2011, cuando un periódico se atrevió a poner en portada en letras de a palmo que Rita Barberá iba a perder la mayoría absoluta. Llegó a 20 concejales. Los sondeos hace tiempo que forman parte de la alta cocina propagandística.
En esto opino lo mismo, y es lo único en lo que coincidimos, que Pablo Iglesias. El entorno del líder de Podemos reduce el entusiasmo que les otorga ser incluso la primera fuerza política en España. Esa encuesta, dicen, es fruto del calentón de los electores con la corrupción.
Además, queda la traca final, los proyectos que se reservan todos los ayuntamientos para el primer trimestre de los años electorales. En el caso de Valencia, el inicio del Parque Central y la esperanza eterna de desbloquear el plan del Cabanyal. Esto último no lo tengo claro tras la respuesta de manual tecnócrata dada por el Ministerio de Cultura. En esos despachos no se han enterado aún de la importancia para ellos de mantener en la alcaldía a Rita Barberá.
Pero supongamos que las encuestas aciertan y nos plantamos en mayo con seis grupos políticos. Incluyo a Podemos aunque no tienen nada claro lo de presentarse con esa marca a las municipales.
¿Asumiría Joan Calabuig encabezar un pacto a la griega tan dispar que casi parece irreal? Ya vemos en lo que ha acabado el gobierno catalán y eso es una minucia comparado con meter en el mismo gobierno a sensibilidades tan dispares como la del mismo PSPV con las asamblearias de Podemos o la tendencia al histrionismo de Compromís. La verdad es que no lo veo nada claro, al menos con sentido común.
Hablamos de la tercer ciudad de España y eso es mucho, como para pensárselo dos veces. A Barberá le quedan siete meses para rascar votos y que los cabreados vuelvan a escoger su papeleta, pero en el supuesto de que no lo consiga, ya hay quien en privado señala (todavía tímidamente) formar un pacto a la alemana entre los dos grandes partidos.
Lo que Calabuig debe decidir es si le conviene más un gobierno viable o encabezar una jaula de grillos. A día de hoy lo segundo, eso seguro. Mantenerse como el único sensato junto con los siempre disciplinados de Esquerra Unida le daría más opciones cuatro años después.
Eso si se cumplen las encuestas, aunque si algo tiene Barberá es la capacidad de romper las expectativas, incluso aunque el bombardeo llegue de la misma Generalitat, la teórica Administración amiga.
¿Qué necesita? Primero que no le pongan más zancadillas como la del asunto de Feria Valencia. Segundo, un equipo renovado que empiece a trabajar desde ya. Dando las gracias a los que la han acompañado durante 20 años y presentando caras nuevas. Y tercero, una sucesión de aciertos hasta mayo donde no aparezca en ningún momento la palabra maldita: corrupción.

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Barberá, a por los 33 concejales
Paco Moreno 29-04-2011 | 5:42 | 1

Otro golpe maestro de Rita Barberá. Dejar a cero la deuda del Ayuntamiento con los proveedores (3 millones frente a 112 hace un mes) es contentar al que le vende los pantalones a la Policía Local, suministra el tóner para las impresoras y al que se encarga de colocar bombillas en las calles por Navidad. Es decir, a cientos de pequeñas empresas que han respirado tranquilas después de esta jugada sin precedentes y a 24 días de las elecciones municipales.

La segunda lectura de la noticia, dada por el concejal de Hacienda, Silvestre Senent, en el último pleno del mandato es de dónde ha salido esa enorme cantidad de dinero. Menos inversiones, más deuda bancaria, malabarismos contables,… Da igual porque ese subtítulo nadie lo lee. Frente a los enormes problemas de la Generalitat con sus proveedores (véase la plataforma de empresarios creada para cobrar los suministros sanitarios) y que ha obligado al conseller de Economía, Gerardo Camps, a anunciar la medida desesperada de un recurso judicial contra el Gobierno por la disminución de las transferencias, sorprende la agilidad de Barberá en anticiparse a ese “marrón”.

Así las cosas, está claro que el mayor adversario del PP en los próximos comicios será la abstención. Si después de cinco mandatos consigue movilizar a sus votantes, incluso podría superar la actual cifra aplastante de 21 concejales. Joan Calabuig, que se enfrenta a su primera campaña de este tipo, debe conseguir todavía que lo conozca el electorado, mientras mira de reojo que Esquerra Unida o Compromís no le coman fichas por la izquierda. Demasiado trabajo para muy poco tiempo.

Después de resolver el caso Jesuitas y el pago a los proveedores, parece difícil que Barberá tenga algún triunfo más para rematar la partida, aunque no pondré la mano en el fuego vistos los precedentes. Este año sería capaz hasta de dominar con un seis doble.

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