Ya ni me acuerdo cuando nos citaron para conocer una fría mañana en el Palau de la Generalitat las maquetas de las llamadas torres de Calatrava, los cuatro rascacielos luego convertidos en tres que debían rematar el proyecto de la Ciudad de las Artes. Pasó entonces desapercibido el Ágora, único elemento construido, discutido por su

