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Paco Moreno

Somos inhumanos con nuestros amigos
Paco Moreno 03-06-2016 | 8:49 | 0

En la Comunidad Valenciana hay algo más de un millón de perros registrados, según un estudio del Ministerio de Agricultura difundido a finales del pasado año. La cuenta es sencilla en una región donde viven cinco millones de personas. Tocamos a uno por cada cinco habitantes tirando por lo bajo en la estadística. Son parte de nuestra vida y, permitan el topicazo, nuestros mejores amigos. La pregunta es obvia entonces: ¿Por qué los tratamos tan mal, hasta el punto de perder por completo nuestra humanidad?
De un presupuesto de 836 millones de euros, el Ayuntamiento ha previsto este año una inversión de 30.000 euros en la concejalía de Bienestar Animal. De poco sirve que por primera vez se ponga ese nombre a una delegación cuando carece de más contenido. Bueno, sí que tiene, los más de 600 animales que viven hacinados en el refugio de Benimàmet.
Refresco estas cifras de la hemeroteca cuando todavía no salgo de mi asombro por la intención del Consistorio de crear una base de datos con el ADN de los perros registrados y poder multar a sus dueños si dejan las heces en la calle. Me parece una idea excelente para ayudar en la limpieza de la vía pública, pero la pondría en séptimo u octavo lugar en un listado de tareas del Consistorio con estas mascotas. Antes hay otras.
Otra curiosidad de la hemeroteca: La ordenanza de tenencia de animales es de 1990. Desconozco su contenido de memoria porque esto del periodismo tiene sus urgencias, pero no me extrañaría que incluyera un apartado sobre carruajes y burros guardados en los establos de las casas. Años tiene más que suficiente para ello.
O sea, que lo primero sería cambiar la normativa, pero haría un ruego a los señores y señoras de Compromís. Por favor, sin globos sonda ni milongas como que los perros podrán subir a los autobuses de la EMT, un anuncio que está a punto de cumplir un año y del que nadie sabe nada. Hace falta un trabajo serio y sin necesidad de irse a otras ciudades para copiar normativas lejanas.
Valencia se merece un modelo propio, sin más historias. Si les hablan de Copenhague o Estocolmo a los vendedores del Mercado Central seguro que no les hace ninguna gracia mientras cuentan las pérdidas que sufren por una estrategia de tráfico que parece salida de un manual escandinavo.
Pero antes de eso, convendría que alguien del Ayuntamiento se diera una vuelta por el refugio municipal. En lugar de poner el esfuerzo en el ADN, es mucho mejor fomentar la adopción de los animales abandonados a través de una web completa, profesional. Eso y empezar a poner ventiladores en los boxes porque los 30 grados centígrados de este fin de semana son sólo un anticipo de lo que sufrirán los perros y gatos el próximo verano.
Un lugar donde por cierto todavía están colocadas las pantallas acústicas para evitar que los ladridos molesten a los vecinos cercanos. El inconveniente ya es sabido, los animales se achicharran al cortar cualquier atisbo de brisa. Lo que en el pasado mandato era un horror porque lo puso un gobierno municipal del PP, ahora se consiente sin más problemas.
De anuncios estamos todos un poco cansados. La ampliación del refugio tampoco debe ser muy complicada dado que está rodeado por campos de huerta y las obras se limitarían a un pavimento, boxes con verjas metálicas y otro tipo de obras reversibles.
Cuando todos pensaban que este gobierno iba a prestar más atención a estos temas, se cumple el primer aniversario con muchas fotos en redes sociales, brindis con cava y sonrisas, pero los galgos siguen llegando esqueléticos al refugio. Eso no ha cambiado.
Pero no seamos pesimistas. Seguro que el Consistorio pone hasta un servicio de recogida de perros utilizando bicicletas para que todo sea más transversal, pacificador e inclusivo. O cualquier término de la palabrería que prefieran del nuevo vocabulario oficial.
Lamento enseñar el colmillo con estos temas, pero es que me puede el cansancio. Se acercan las vacaciones de verano, año I del primer mandato municipal y los viejos problemas no se solucionan, al contrario, crecen. Otros sí que se arreglan, todo hay que decirlo en favor del pago a los proveedores, por ejemplo, aunque en este saldo el mejor amigo del hombre sale muy mal parado. 

 

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¿Quiere decidir doce millones de las inversiones del Ayuntamiento?
Paco Moreno 12-10-2015 | 9:05 | 5

No es broma, a partir del próximo lunes y hasta el jueves cualquier vecino de Valencia que tenga una idea para invertir 12 millones de euros podrá proponerla en su junta de distrito. Bueno, realmente no es así, pero no me digan que resultaría hasta cinematográfico.

El caso es que el Ayuntamiento ha decidido reservar el próximo año la millonaria cantidad para que sean los propios vecinos los que decidan las inversiones que quieran en sus barrios. El asunto es bastante complejo y se decidirá a través de las juntas de distrito, antes de que sea aprobado en el pleno municipal con el Presupuesto de 2016.

La Federación de Vecinos ya tiene la lista de lo que han pasado 30 asociaciones, aunque cualquier vecino puede acercarse y proponer una obra, equipamiento o iniciativa. Por más peregrina que parezca, nunca lo será más que el Ágora o la torre mirador de la avenida Cataluña.

Hay que quitarse complejos y tratar de influir en el Presupuesto municipal para después no ir con lamentaciones. Más dinero para la limpieza, farolas de fundición o carriles bici, cualquier cosa será positiva porque llega desde la base, desde los que conocen directamente los problemas de sus barrios.

Y lo dice alguien desconfiado con la democracia directa, uno que piensa en la responsabilidad de los concejales porque para eso han sido elegidos. Pero ante la oportunidad de influir mínimamente en el destino del 20% del Presupuesto, entonces hay que ponerse las pilas.

Por eso animo a todos los vecinos del cap i casal para que averigüen donde están las juntas de distrito para acercarse cuando se celebren las asambleas. Algunas de las peticiones serán imposibles o difíciles de conseguir, aunque lo importante es crear el caldo para que sean tenidas en cuentas este mandato.

A priori parece una gran ocasión, aunque el refuerzo de la participación ciudadana ha dado pocos resultados, teniendo en cuenta que el gobierno municipal del tripartito tiene a gala mejorarla respecto a lo que hacía el Partido Popular. Todavía no me puedo creer, por ejemplo, que el Consistorio carezca de presupuesto para pintar los muros de los solares del Cabanyal. Para respuestas como esa no hace falta tantas reuniones.

Pero todo eso ocurrirá la próxima semana, mientras toca hablar de lo que ocurrió este viernes en la procesión cívica del 9 d’Octubre. Menos jaleo del esperado por los más pesimistas, aunque fue muy desagradable asistir a los insultos recibidos por el alcalde Ribó y otros concejales.

La procesión cívica debe ser un día de fiesta, de acudir con la familia para aplaudir a la Reial Senyera. Así lo entendió la mayoría por lo que vi en todo el recorrido, aunque por desgracia los insultos se hicieron notar. Claro que hay discrepancias lógicas entre todas las sensibilidades alrededor de la cultura valenciana, aunque no era lugar para los improperios sino para los aplausos al estandarte de la Comunitat. Y menos para los que directamente iban sólo a insultar, lo que me recordó las gradas más ultras de cualquier campo de fútbol. A ver si el próximo año los que quieren el conflicto se quedan en sus casas.

Aunque no quiero desaprovechar la oportunidad de lo que pediría en las inversiones municipales. Lo primero sería recordarle al gobierno municipal que no ha hecho ni un solo metro de carril bici, ni siquiera de proyectos dejados por el Partido Popular. Los aparcabicis previstos todos los años y muchos fuegos de artificio, pero los ciclistas necesitan infraestructuras para moverse por la ciudad. De la Agencia de la Bicicleta y la Mesa de la Movilidad, o cualquier otro nombre que se quiera dar a la participación ciudadana, ya no digo nada porque ni están ni se les espera.

Lo segundo es que la Marina sigue esperando que alguien se acuerde de ella, aunque sólo sea para no hacerle el feo al empresario Juan Roig después de los millones que ha invertido en la dársena. ¿Dónde está la aportación anual del Consistorio? ¿Y las ofertas para las concesiones que faltan por salir como el varadero o los tres tinglados? Es público que existe un problema grave con los préstamos pedidos para la Copa América, aunque tampoco se avanza en nada más.

Con esas dos cosas me conformaría porque las mejoras en la EMT ya son ciencia ficción (hablo de cambios sustanciales, no de subir un grupo de música a un autobús) para que sea una alternativa seria al coche privado. Y de la peatonalización del entorno de la Lonja qué les voy a contar que no sepan. Pues eso, que es una idea bonita y nada más.

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Ribó, cien días de mucho ruido y pocas nueces
Paco Moreno 21-09-2015 | 4:58 | 14

Para los aficionados a Shakespeare, el título de esta página es una obra deliciosa. El guión escrito por el alcalde Joan Ribó en sus primeros cien días de gobierno, cumplidos ayer, ha resultado más accidentado, sobre todo por los conflictos abiertos con los comerciantes a cuenta de la reducción de las zonas turísticas y la apertura en domingo, además de la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles, junto a las críticas recibidas por la Federación de Hostelería debido a la intención del concejal de Movilidad, Giusseppe Grezzi, de suprimir el estacionamiento nocturno en el carril bus, esencial para los negocios de ocio.

Movilidad, el ruido ensordecedor. Sin duda es lo más mediático y donde más contestación ha habido de la opinión pública de las primeras decisiones del tripartito. La grandilocuencia del concejal Giusseppe Grezzi ha ido en sentido contrario de lo que debería proponerse el Ayuntamiento, un cambio suave en la manera de moverse en esta ciudad. En Valencia hay una opinión casi unánime de que la preferencia hacia el coche privado pertenece a otra época, pero patinazos como querer suprimir el estacionamiento nocturno en el carril bus no supone ningún beneficio para los que escribimos a favor del transporte público, la peatonalización de calles para los comercios y el fomento de la bicicleta como alternativa a la polución y en favor de una ciudad moderna. Con lo razonable que hubiera sido decir que los horarios hay que respetarlos y la EMT necesita el carril despejado a las seis de la mañana por el interés de todos los vecinos. Pero no, el edil optó por la versión más extrema de la movilidad sostenible.

Atascos a la vista. Ese postureo de anuncios que quedará en nada en la nueva ordenanza de Tráfico sí que tendrá mañana consecuencias negativas. El Día sin Coches cortará al tráfico la plaza del Ayuntamiento y parte del entorno (San Vicente, Paz, Marqués de Sotelo, etc.) en pleno día laborable desde la nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde.

Colapso seguro. ¿Qué necesidad hay de enfadar a los conductores? ¿Por qué no aplica el tripartito lo que dice el Plan de Movilidad sobre la EMT y después vamos a lo folclórico? Impuestos. Las ordenanzas fiscales gravan a los centros comerciales, las tiendas céntricas y ofrecen bonificaciones a los vehículos ecológicos y las licencias de rehabilitación. Mucho apretón el primer año a las grandes empresas de distribución, que deben pagar más mientras les dicen que posiblemente abrirán 40 domingos menos en 2016. Comercios en domingo. Con el convencimiento de que buena parte de los 93.000 votos de mayo pasado fue de los pequeños comerciantes, algo en lo que discrepo, el alcalde se ha mostrado firme en su intención de suprimir la apertura dominical y en festivos de los centros comerciales y las tiendas grandes. Los afectados, incluso los más beneficiados en teoría, le han pedido públicamente cautela y que no tome ninguna decisión antes de lograr un consenso. Ese sí que es un buen consejo.

Seriedad con los refugiados. Los primeros cien días del gobierno de Ribó también han tenido otros momentos efectistas como la propuesta de que el edificio Veles e Vents como centro de acogida de refugiados sirios. Una foto que vale su peso en oro para los parroquianos de Compromís pero muy poco práctica para los mismos inmigrantes que buscarán algo de comodidad en su primer día en Valencia. Con la antigua Estación Marítima justo enfrente, vacía y preparada porque fue hasta hace un año una terminal remota de cruceristas, la iniciativa es casi una variante de complejo de Edipo por la todavía alargada sombra de Rita Barberá en el Ayuntamiento.

Comedores escolares. Ya que entramos en materia social me acabo de acordar de una de las grandes noticias del arranque del mandato, el aumento de becas para comedores escolares en verano. Era una vergüenza que los niños de familias pobres pasaran hambre, insistían. ¿Se puso más dinero o se firmó lo que había dejado dispuesto el PP? Me temo que nada más. Cabanyal, un avance. En algunos proyectos sí que se ha avanzado aunque sea para dejar claro lo que no quiere el nuevo gobierno municipal. El plan que permitía la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez ya está derogado y poco más. El refuerzo policial y de limpieza siguen del anterior mandato y ahora se trabaja en una iniciativa para conseguir ayudas europeas, como se ha hecho decenas de veces en el Consistorio. Eso sí, la presentación en el Ateneo Marítimo parecía el hallazgo de la receta del chocolate suizo. Más fuegos de artificio.

Señas de identidad. Pero si en algo habrá pirotecnia será en lo que ata- ñe a la procesión cívica del 9 d’Octubre. Todavía falta mucho (Barberá propuso al socialista Salvador Broseta ser el abanderado el año pasado una semana antes), aunque entonces no había ningún cambio y esta vez se ha puesto en duda hasta el itinerario por la supresión del Te Deum en la Catedral con la Senyera municipal (habrá uno alternativo a las once de la mañana). Se ha dicho de todo en los mentideros, hasta que se evitará ir por la plaza de la Reina para no ofrecer la foto de la enseña con la Seo al fondo. Sería ridículo.

Mirador municipal. En los símbolos también ha tenido repercusión la apertura del balcón del Consistorio a turistas y vecinos. Lo que no se esperaba era un éxito tan grande (55.000 personas en tres meses), lo que obligó a aumentar la seguridad del edificio y descubrir que las decisiones de gobierno tienen un coste: los agentes de la Policía Local afectados dejaron de patrullar barrios del centro y tramos del cauce para enfado de los vecinos.

Discrepancias. Se ha visto la primera discrepancia entre Compromís y el PSPV, los dos socios principales de la coalición. El socialista Joan Calabuig dejó muy claro que en este asunto no hay ninguna prisa en tomar una decisión si supone encender un fuego innecesario. No es la primera vez que el portavoz del gobierno municipal ha tenido que atemperar el mensaje que sale desde el tripartito, como ocurre con las contratas municipales y el deseo de Compromís de municipalizar algunos de los servicios. Marina Real. Lo mismo ha ocurrido con las primeras decisiones sobre la dársena interior. El amago de Ribó de bloquearlo todo hasta lograr la condonación de la deuda se quedó en eso, dado que las inversiones de las empresas privadas no deben peligrar en ningún momento. La falta de coordinación entre el Consorcio y el Ayuntamiento ya ha motivado la pérdida de demasiadas inversiones millonarias. Y el anuncio del Veles e Vents como centro de acogida de refugiados no fomenta precisamente su alquiler.

Corrupción. En estos cien días muchos esperábamos el gran escándalo, la prueba fehaciente de las «malas artes» del PP como se denunció el pasado mandato hasta la saciedad en todos los plenos. Saqueo, adjudicaciones irregulares y una gestión donde se decía que habían metido mano en la caja. ¿Dónde está todo eso? A ver si resulta que después de levantar las alfombras no había nada. De momento, lo único que considero reprochable es que la oposición entonces no supiera del estado financiero catastrófico de la Marina.

Más ruido. Estos primeros cien días han servido para otros anuncios. Mascotas en los autobuses de la EMT, regulación de playas nudistas (¿Hace falta una?), huertos urbanos y hasta autorizar los patinetes como vehí- culo para circular. Por el contrario se ha hablado poco de empleo y la limpieza de calles, de la paralización del teatro el Musical y de una solución definitiva para el eterno problema del aparcamiento de la plaza de Brujas y el tráfico en el entorno de la Lonja.

Parque Central. En el plano reivindicativo sí que ha habido varios movimientos. Es el caso de la continuación de las obras ferroviarias, donde el único camino viable es aumentar los préstamos a través de la sociedad formada por el Ayuntamiento, la Generalitat y el Gobierno. También una petición (esta vez con éxito) para que el Puerto remodele su frontera con Nazaret. Programa electoral. Todavía es pronto para analizar el programa de Compromís y es más importante subrayar que el pasado día 9, el PP denunció que seguían atascadas 75 iniciativas que dejaron en el traspaso de poderes, donde se contabilizaron 122 proyectos. Demasiados.

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La trampa del Parque Central
Paco Moreno 08-09-2015 | 4:34 | 0

De aquellos polvos vinieron estos lodos. El convenio firmado en 2003 para el Parque Central está lleno de trampas, redactado en una época donde parecía que el dinero seguiría fluyendo sin pausa y ahora nos hemos topado con la dura realidad.

Releo el documento y lo primero que me viene a la memoria es la maqueta de los rascacielos de Calatrava. No lo puedo evitar, ese día que nos enseñaron las torres pegadas al corredor mediterráneo y nadie se fijó en una pequeña figura casi achatada en contraste con la majestuosidad del estilismo de viviendas hasta el cielo. Hoy, por el contrario, la Generalitat no sabe qué hacer con el jarrón chino en el que se ha convertido el Ágora.

Pues lo mismo pasa con este convenio, cuando dice que el Ministerio de Fomento debe aportar 419 millones de euros (¿Los ha puesto ya por cierto?), y que el resto de la participación del Gobierno saldría de la venta de parcelas para pisos.

Pero la trampa, el pequeño Ágora, se encuentra en un párrafo donde se menciona que si los socios del Parque Central quieren adelantar los plazos de las obras, entonces sin problemas, podrán recurrir a los “canales de financiación que estime la sociedad”, es decir, a préstamos.

Igual que se ha hecho con la primera fase del jardín, donde se tuvo que avalar el crédito de hasta la última rosa elegida por Kathryn Gustafson, dice la ministra de Fomento, Ana Pastor, que debe hacerse con la parte ferroviaria. A las plusvalías por la venta de viviendas ni se las conoce ni se las espera.

Pero, repito, ¿se ha gastado los 419 millones Fomento? Y no me vale el presupuesto de la estación Joaquín Sorolla porque esa terminal es provisional, no la buena que permitirá el soterramiento de las vías. Ni me vale la estación del AVE en Albacete, para aquellos aficionados a mirar los Presupuestos del Estado a su manera. Sólo me sirve lo ejecutado en Valencia.

De la propuesta de Pastor deduzco que sí. La ministra no osaría pedir al Ayuntamiento y a la Generalitat que se rasquen el bolsillo sin haber hecho antes esa cuenta, pero como las cosas de la política son así, no le vendría mal al alcalde Ribó pedirle una copia de esa suma.

Al margen de esa pequeña maldad matemática, la reunión la semana pasada en Madrid deparó la sorpresa de que la prolongación del túnel de Serrería todavía no se ha resuelto. Han pasado tantos años que debo recurrir a la hemeroteca para localizar una noticia de octubre de 2008, donde en una reunión entre Rita Barberá y María Teresa Fernández de la Vega se dijo que las obras costarían 110 millones de euros y ya trabajaban en el proyecto. Pues parece que Fomento no tiene mucha prisa pese a que condena el crecimiento de la ciudad hasta la Marina y contribuye al aislamiento de Nazaret, pero ese queda lejos del Paseo de la Castellana.

Pero hay que volver al convenio firmado en 2003 para entender la razón de que la barrera de hierro siga llegando hasta el centro de Valencia. En otro párrafo surge otro pequeño Ágora escondido cuando se habla de que la estación Central tendrá una edificabilidad para hoteles, comercios y oficinas de 82.666 metros cuadrados. Limpios de polvo y paja y que supondrán un mamotreto en la puerta del Parque Central.

En los últimos doce años han pasado varios gobiernos por Madrid, cambios en el diseño de la estación de César Portela y compromisos para reducir esa torre, aunque la presencia de este edificio en el acuerdo ha enturbiado y demorado las obras hasta la extenuación.

Un dato más que recomienda una revisión del convenio. No sólo en la parte económica para actualizar las aportaciones sino para adaptarlas a la realidad. Es evidente que la venta de las parcelas no es una respuesta razonable a medio plazo, aunque vista la propuesta de Pastor lo mejor sería esperar a que se forme un nuevo Gobierno en Madrid, del PP o de otro partido. Las promesas que se hagan ahora servirán de poco porque todas serán en clave electoral.

Y mientras los vecinos se tendrán que conformar con el 40% del parque a principios de 2017, cuando se ha previsto su apertura, y con una de las zonas más degradadas de la ciudad. La calle San Vicente Mártir debería ser un paseo cómodo y repleto de comercios y viviendas nuevas. En cambio, está decorada con viejos cuarteles, muros de fábricas y restos de botellón.

El canal de acceso, la estación Central y el túnel pasante debe hacerse con dinero de las viviendas, pero como eso es imposible, ya es hora que el Gobierno entienda aquello de que las deudas con Valencia hay que pagarlas.

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Camino, luego existo
Paco Moreno 31-08-2015 | 11:51 | 1

Escribo esto casi a ciegas, a la espera de ver el desarrollo de la pacificación del tráfico del centro de Valencia que promete el alcalde Joan Ribó. La parte fundamental se conoce, claro está, y consistirá en el pintado de calles y colocación de numerosas señales esta noche para limitar la velocidad a 30 por hora a partir de mañana.
Pero es la letra pequeña lo que más expectación despierta en comerciantes y vecinos. En el Mercado Central andan preocupados por las anunciadas restricciones del tráfico de coches, mientras que los tenderos alertan de que la peatonalización no servirá de nada sin una restricción a las terrazas de los bares.
Todo conduce a uno de los debates más interesantes del mandato municipal y que pasa por marcar las pautas de cómo se moverán los vecinos de esta ciudad durante los próximos lustros. Con este gobierno municipal la premisa está clara: el coche particular debe retroceder en favor del peatón.
Tiene razón el concejal Giuseppe Grezzi cuando dice que en el cap i casal no se ha pensado en la movilidad al aprobarse algunos grandes proyectos. Se me ocurre como ejemplo el barrio de Sociópolis, aislado salvo por alguna línea de la EMT que pasa por las inmediaciones.
Pero que nadie espere milagros. La zona 30 está implantada desde hace años en algunos barrios y es un elemento más para la concienciación ciudadana. Me sorprendería mucho un cambio de criterio y que la Policía Local coloque su radar (sigue teniendo uno solo) en la calle Colón o la calle de la Paz. El sentido común marca que debe estar en los lugares con más riesgo de accidentes serios, es decir, en la ronda de bulevares, accesos y túneles.
Más que multas, la solución debe ser urbanística y de formación. Cuando el Partido Popular empezó a poner carriles bici en la calzada hubo quien habló de riesgo para los ciclistas, dado que se estrechaba la calzada y aumentaba por ello la densidad del tráfico. La realidad es que funcionan muy bien y deberían extenderse sin demora a más zonas. Hablo de la calle General Elio y la avenida Baleares, donde los usuarios de la bicicleta marchan con seguridad.
Si hay algo demostrado es la facilidad de introducir cambios en la circulación, aunque sean negativos como ocurrió en la avenida del Puerto, donde el carril bici en la acera fue un error. Las rampas de los garajes, la falta de poda de los árboles y las trapas de los servicios públicos convierten esta ruta en una aventura.
Quitar un carril a la calzada se plantea ahora como algo más sencillo y seguro, sobre todo para los peatones en los pasos de peatones. Pocos lo dijeron entonces, el que suscribe no, pero ahora parece razonable una reforma.
Pero nos hemos salido del tema, del centro de Valencia. El Plan de Movilidad apunta cuestiones interesantes como la eliminación de atajos por Ciutat Vella. ¿Se atreverá Ribó con algo así? El Mercado Central da por sentado que tendrá una gran dársena de la EMT en la plaza Ciudad de Brujas y los comerciantes hablan de las barreras psicológicas que plante el diseño urbano actual. Hablar de ir andando desde el Mercado de Colón hasta la Catedral parece un mundo, cuando en realidad apenas hay unos minutos de paseo.
La reforma del Ensanche ya está ahí con sus garajes cerrados y molestias por las obras, aunque dentro de unos meses dejará unas calles nuevas que servirán como un excelente campo de pruebas para los planes del Consistorio. Tampoco se trata de demonizar al sector, pero sería muy decepcionante que todo se convirtiera en una sucesión de terrazas, como ocurre en Ruzafa.
Y mientras sucede todo eso, la concejalía de Movilidad tendrá que decidir qué hace con las motos. Lo que no quiere Grezzi es una barra libre de estacionamiento en las aceras y ajustar la ordenanza en consecuencia. Pero la realidad es que se trata de un vehículo anticrisis similar a la bicicleta, con los mismos defensores y detractores.
Sólo citaré un caso y fue cuando la Policía Local empezó a empapelar con multas hace unos años las motos aparcadas en las calles del centro y el Ensanche. Fue una de las noticias donde recuerdo que más afectados llamaron a este periódico, bramando por la sanción de lo que se había consentido hasta entonces. En suma, es muy difícil evitar las críticas en este asunto y es mejor ir poco a poco. De lo contrario, lo que debe ser el camino natural y lógico (la ciudad para los peatones) se convertirá en un motivo de enfrentamiento y el esfuerzo no servirá de nada, quedando como otro experimento sin éxito.

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