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Rita Barberá

Los costosos compromisos del tripartito en Valencia
Paco Moreno 01-06-2015 | 3:23 | 19

Decía Joan Ribó en este periódico un día después de ser nombrado virtualmente alcalde de Valencia que pensaba iniciar el mandato aprobando cuestiones de escaso coste económico, incluso gratuitas como la derogación de la prohibición de actividades en la plaza del Ayuntamiento. El candidato de Compromís es conocedor de los compromisos con los bancos y de que andará corto de dinero, siempre que decida no subir los impuestos.

Pero han sido varias las noticias que me han inquietado, bien porque necesitan una aportación directa del Ayuntamiento o de la sempiterna reclamación al Gobierno. En este último caso, caerán en saco roto porque la estrategia de Montoro no ha cambiado un ápice. Si a Rita Barberá no le daba un euro, ahora menos por razones obvias.

Ejemplos no faltan de este tipo de soluciones tan caras como llamativas. Está la condonación de la deuda de 420 millones de euros del Consorcio de la Marina, premisa de la que parten los estrategas de Compromís antes de aprobar el nuevo plan de usos. Vaticino el rechazo del actual Gobierno y la llegada de un tiempo de recriminaciones mutuas sobre obligaciones y derechos.

El problema es que las víctimas serán las empresas que hayan apostado por la dársena para arriesgar su dinero, aunque sea en fase de licitación. El concurso para la gestión del Veles e Vents finaliza el día 12 y los que decidan dar el paso desembolsarán una respetable cantidad en estudios económicos, arquitectónicos y culturales. Si resulta que después se cambias las condiciones para su explotación, seguro que no les hará demasiada gracia.

La palabra condonación se escuchará mucho los próximos meses. Algo más al norte, en el barrio del Cabanyal, la apuesta es por la rehabilitación de las viviendas. Las que corresponden al sector privado irán más o menos como en el resto de la ciudad, es decir, bajo mínimos y con las licencias contadas con los dedos de una mano. Las del sector público depende de lo que ya habrán adivinado: ¡las ayudas del Gobierno! No tendremos suficientes páginas en los periódicos para escribir de las reivindicaciones a Madrid.

Y si vamos al centro, entonces volvemos a la misma teoría. El 40% del Parque Central está en obras, con un dinero prestado avalado por las tres Administraciones socias. Al menos he escuchado a dos miembros del tripartito hablar de romper el convenio de 2003 y que los costes recaigan ¿adivinan? en el Gobierno.

Y la revisión de los 39 contratos de obras, servicios y suministros al Ayuntamiento no es ninguna tontería porque en muchos pliegos se habla de compensar económicamente a los ofertantes en caso de abanbono del proceso. Más dinero.

También hay propuestas rocambolescas, como que el convento de la Trinidad sirva para ampliar el Museo San Pío V. De momento me conformaría con arreglar la trasera del edificio, un callejón que acaba en un muro aderezado por solares que cada cierto tiempo deben ser limpiados de basura y escombros. Eso por no hablar de la apertura de la calle Pintor Genaro Lahuerta y de la destrozada agencia de lectura de Viveros, que ha servido de todo menos para albergar libros. La Generalitat ha aprobado una partida de dinero. Aprovechémoslo.

A mí también me gustaría una solución integral para la fachada marítima desde El Saler hasta la Patacona, aunque lo que urge ahora es que vaya gente a la Marina, para evitar el desastre que vivieron los empresarios hasta hace pocos años. Y algunas cosas no cuestan dinero pero causan escalofríos, como lo que aparece en el programa electoral sobre prohibir el aparcamiento de motos en las aceras. En el censo del año pasado había 77.867 vehículos de este tipo en Valencia. ¿Alguien me puede explicar dónde aparcarán?

En un rápido vistazo al programa electoral de Comprimís, veo que propone exenciones de impuestos dos años en caso de que un comercio pase de padres a hijos, además de otras bonificaciones para el mismo sector. También aparece lo que se denomina deuda ilegítima, otro término igual de novedoso estos días como el de auditoría ciudadana. Miro y remiro pero en ninguna parte se habla de una subida de impuestos ni tasas.

Ahora bien, la prueba estará cerca, siempre que constituyan gobierno, con los Presupuestos de 2016. Y si a alguno de los tres partidos se le ocurre subir los impuestos más allá del IPC, entonces que me guarden sitio en la manifestación porque mi nómina ya no da para más, igual que ocurre con los recibos de agua y luz, hinchados de tasas y cánones por todas partes. Por eso pienso que la moderación no sale tan cara y es lo que deberíamos invitarles a practicar.

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Se acaba el mandato, toca autocrítica
Paco Moreno 20-05-2015 | 8:43 | 0

Mirando una foto de fofisanos y metiendo la barriga para parecerme a ellos, me acabo de dar cuenta de que se acaba el mandato. Entre tanto mitin, visitas a los mercados y golpes de calor, echo un vistazo a la mesa de contratación del Ayuntamiento, para ver cómo ha quedado el patio.

La montaña rusa de las concesiones ya se ha tranquilizado. El pinchazo de los Barrachina en el Alameda Palace después de años de buena gestión, además del surrealista paso de José Luis Moreno por el Teatro el Musical, ya son un mal recuerdo, algo que se difumina en la bruma.

En ambos casos se han presentado un montón de empresas, con las que el próximo Consistorio entablará nuevas relaciones. Y eso pese a las inversiones que deben afrontar, como es el caso de la Piscina Valencia. Pese a la incógnita lógica de estos procesos, la pesadilla ha terminado.

Lo mismo ocurre con el peligro de colapso que sufrió la EMT antes de la firma del acuerdo laboral. Las excelentes cifras de los últimos años con el aumento de pasaje son un acicate para el próximo mandato, decisivo en cuanto a la movilidad.

Empezamos a leer datos de recuperación del tráfico de coches tras el final de lo peor de la crisis y caer en ese argumento para no forzar la peatonalización y el transporte público sería un error colosal. Ha llegado la hora de apostar de una vez en contra del coche y hacer la ciudad más habitable.

Otro de los procesos en marcha es la construcción del carril bici de la ronda interior. El 1 de junio, con el nuevo Ayuntamiento todavía sin constituir, se conocerán las empresas aspirantes. Auguro al menos una docena de ofertas. Oportunidad perdida para el PP de lograr ese triunfo en favor de la bicicleta antes de las elecciones.

Lo mismo ocurre con el Parque Lineal de Benimàmet, una inversión de cinco millones de euros para esta pedanía y que todavía no ha salido a concurso. Está aprobada por la junta de gobierno, pero eso no ha sido suficiente para evitar que la asociación de vecinos convoque una protesta esta semana.

También se ha pillado los dedos el gobierno municipal con el plan del Cabanyal. Demasiado tarde para convencer a los vecinos de la buena voluntad del Gobierno. Las primeras 27 licencias ya se han concedido tras un parón de cinco años, aunque tendrían que haber sido 270 para quitar argumentos a los opositores al plan urbanístico que intenta sacar adelante Barberá desde hace ya demasiado tiempo.

Igual ha pasado con la Marina Juan Carlos I. De momento han salido adelante concesiones como el club de playa de Antonio Calero y la escuela de negocios y la sede de emprendedores promovidas por Juan Roig. Pero de lo que debe hacer la propia Administración, el mandato acaba con el plan de usos aprobado, algunos derribos (base china, varadero) y otro puñado de concesiones. ¿Para cuándo la reforma del tinglado 2, por ejemplo?

El Parque Central empieza a ser una realidad, aunque sigue en el aire su continuidad más allá del 40% de su superficie, lo que ya está en obras. Existe un compromiso del Ministerio de Fomento, pero digo lo que escribí hace años: la estación Joaquín Sorolla estará en servicio al menos 20 años más. Al tiempo.

Y si pasamos a los barrios, con Ruzafa tengo una sensación agridulce. La reurbanización de sus calles ha salido bien, aunque falta un aparcamiento público para los vecinos. Y tampoco creo que sea acertada la política de favorecer la concentración de locales de hostelería. El comercio tradicional es un recuerdo y la gentrificación (¡vaya palabreja!) empieza a ser un hecho aceptado. Dudo de que sea el modelo más acertado.

En algunos proyectos se ha notado el cansancio del gobierno municipal, que ahora presenta Barberá rejuvenecido para continuar los próximos cuatro años. Pero lo que más me sorprende del mandato que se acaba es la escasa atención prestada por el Gobierno de Rajoy a Valencia.

Aseguraba la alcaldesa en la entrevista concedida a este periódico que las ayudas no han venido tanto en inversiones como para tapar agujeros y evitar la quiebra de la Generalitat, con una lluvia de miles de millones para pagar hasta la extra de Navidad. Vale, de acuerdo con ese hecho objetivo, aunque han faltado gestos como en la regeneración de las playas, las mejoras en los accesos a Valencia y, sobre todo, la subvención para el transporte público de la que gozan Madrid y Barcelona.

Con esos tres elementos resueltos, seguro que ahora saldrían otros números en las encuestas y Barberá no se lo tendría que jugar todo a la baza de los indecisos.

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Buques calcinados, fotógrafos y diputaciones
Paco Moreno 04-05-2015 | 11:20 | 1

Intento ordenar las ideas pero el calor me derrite los dedos sobre el teclado. Centrar el toro es lo peor a la hora de arrancar un artículo, sobre todo cuando se viene de una semana tan convulsa donde ha habido de todo, desde las filtraciones interesadas que han dado con los huesos de Alfonso Rus fuera del PP (qué casualidad, a 25 días de ir a votar), el arreón que le ha pegado Rita Barberá a Ciudadanos en los primeros compases de la precampaña electoral (nos quieren gobernar desde Barcelona) y hasta los simpáticos dueños del Sorrento, que quieren traer el calcinado ferry al puerto de Sagunto, cumpliendo aquello de que a perro flaco…

Pero antes de saber si el buque revienta enfrente de la Malvarrosa, quedaba la última noticia paranormal, a saber, una conspiración ideada por Rita Barberá contra un fotógrafo que había decorado el muro de un solar con unas fotos en el Cabanyal. Eso sí, bonitas y grandes. Como si no tuviera bastantes problemas la candidata del PP con lo que dicen las encuestas de todos los medios.

Un ataque a la Constitución, a la cultura y a todo lo que se menea con ese rascado de los carteles para dejar el muro sin mácula. Así lo decían, producto sin duda del calor creciente. El responsable de zona de la contrata de limpieza debe estar todavía alimentándose con yogures hasta que el estómago le vuelva al sitio, dado que la impresión de los apocalípticos es que ha hecho desaparecer algo así como el proyecto secreto para resucitar el Cabanyal que contenta tanto a la mayoría que votó de nuevo por la prolongación de Blasco Ibáñez en 2011 como al resto del vecindario.

Desgraciadamente no ha sido así, aunque ahora que lo pienso lo mejor hubiera sido dejar el ataúd encontrado junto a un contenedor de la calle San Vicente. Por si las moscas, nunca se sabe lo que es arte. Sorrento, Rus, Cabanyal y pompas fúnebres se han unido en una colección para la hemeroteca.

Dicen algunos que lo que viene será como la segunda Transición. Pues sí que debieron divertirse en la primera. Y lo digo sin querer ofender porque muchos se toman en serio estas cuestiones. Pero yo también diré una cosa sin sombra de humor: nos hemos pasado años  debatiendo el futuro de las diputaciones como parte de ese monstruo burocrático y político que se come buena parte de los impuestos de todos. Pues ahora ha llegado el momento, señores. Para que nadie cuente nunca más billetes, lo mejor es que desaparezcan.

A ver quién se atreve. Pocos o nadie, juraría. Hay muchas nóminas políticas en juego, demasiados dedazos aprobados de uno y otro partido. Demasiadas empresas y fundaciones de nombres impronunciables, oscuras y que nadie sabe muy bien a qué se dedican. La solución parece sencilla y sería cogerlo todo tal cual y pasarlo a la Generalitat. ¿No creemos en la autonomía? ¿No se nos pone la piel de gallina escuchando el himno del maestro Serrano? Pues a la faena. Todo lo demás es tocar el violón, expresión sublime que en periodismo significa cuando el político dice algo que no sirve para nada.

Y paro porque me caliento y este espacio me lo dejan cada semana para hablar de los asuntos del cap i casal. Pues hablaré de la ocupación de la calle, tema elegido por la Federación de Vecinos para un debate esta semana. Todos estaban de acuerdo en que es excesiva. Obvio, como las razones de cada uno. El ayuntamiento porque estamos en precampaña, los hosteleros porque no quieren competencia y los vecinos porque la sufren.

Pero que nadie se engañe. La ordenanza es un instrumento lento, demasiado. En Valencia hay de largo más de tres mil terrazas de bares y el asunto se ha ido de las manos al Consistorio. Las garantías del proceso de marcado ralentizan las autorizaciones y facilitan el colapso de muchas calles. En Ruzafa, aseguran, no se ha marcado ninguna, lo que me parece increíble de ser así aunque sea porque es la zona más saturada de la ciudad.

Por cierto, que eso no ha tenido consecuencias más allá de las licencias de nuevos negocios, cuando la situación había llegado ya al colapso. Algo que no consuela a los vecinos de calles como Vivons, Tomassos y las conocidas por las Fallas, donde los decibelios de las terrazas se meten en los dormitorios.

Pero ya veremos en el siguiente mandato como evoluciona el enfermo. El Cabanyal tiene para los arquitectos exceso de anestesia y puede morir en el quirófano. Yo en cambio necesito algo fresco urgente para el sopor dominical. Así rebajaré el colmillo que me ha salido en estas líneas. Debe ser el calor.

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Anuncios para la cosecha de votos
Paco Moreno 30-03-2015 | 1:57 | 8

Compromiso cierto fue la redundancia utilizada por la alcaldesa Rita Barberá el pasado viernes para hablar de la millonada que está dispuesta a soltar el Ministerio de Fomento el próximo mandato en Valencia. La V-30, la V-21, la A-3 en su enlace en Xirivella con el nuevo cauce y todo el resto de denominaciones que salpican el mapa de carreteras del municipio. Demasiado envite para una partida de truc que se juega a menos de dos meses de las elecciones municipales.

La repercusión lógica que ha tenido el anuncio ha sido la de escepticismo porque a lo dicho deben añadirse las obras ferroviarias que faltan para hacer el Parque Central. Casi nada. De ahí que el único comentario hasta ahora de los contratistas haya sido que, al menos, se ponga todo en un papel firmado.

Habría sido más creíble para los desmotivados votantes del PP que el anuncio se hubiera ceñido a una parte de las reivindicaciones de la ciudad en infraestructuras, sobre todo porque falta que el señor del dinero, o sea Montoro, diga que adelante con los números y que habrá para todo.

Ya ni me acuerdo de cuándo se dijo que la estación Central iba a ser de una sola planta en lugar de dos para abaratar costes. Un par de años por lo menos y el primero que contó la noticia fue Alfonso Grau. ¿Dónde está el proyecto reformado? Ahora nos dicen que habrá dinero para esta obra como una medicina que anestesia el retraso del inicio del Parque Central en Ruzafa. El recurso de una de las empresas perdedoras del jardín ha hecho añicos el calendario de final de mandato.

Y hablamos de la remodelación de accesos cuando los atascos han bajado por la crisis. ¿No sería mejor destinar parte de los mil millones a terminar la línea 2 del metro? Lo único que se atasca a diario es el enlace de la A-3 con la V-30 y Xirivella hace tiempo que alcanzó un acuerdo con Fomento para construir el túnel anunciado con los gobiernos de Zapatero.

En cambio, la línea 2 ha desaparecido hasta de los folletos de Metrovalencia. Millones enterrados bajo el suelo de Ruzafa, por no hablar de la estación del Mercat. Acabar eso sí que supondría una revolución en el transporte público de Valencia, igual a lo que supuso la línea 5. Mucho más por ejemplo que añadir un carril a la V-21 desde el Carraixet hasta la rotonda de la avenida Cataluña, que por cierto provocará la desaparición de campos de huerta.

Sólo hay que echar un vistazo al Plan de Movilidad. La velocidad media comercial de la EMT y Metrovalencia está muy por debajo de lo que ocurre en otras grandes ciudades españolas. ¿Por qué no poner el foco en que los autobuses municipales reciban más dinero del Gobierno?

Y, por favor, lo que se vaya a hacer que sea con sentido común. Es lo que pienso cada vez que paso por la ronda norte y me topo con el inútil mirador de la avenida Cataluña, rodeado de las todavía más ínútiles fuentes y cascadas decoradas en el túnel como si fueran la sala de una horchatería, con una cerámica que ya estaba pasada de moda en los años 80.

Hablo por ejemplo del túnel pasante del AVE y otros trenes de larga distancia con estación en la avenida de Aragón. ¿Seguro que es necesaria esa última inversión? Estamos más que hartos de aeropuertos fantasma y otras zarandajas que han dejado un reguero de millones en el camino.

La mejora de los servicios ferroviarios es vital para finalizar algunos trozos de la ciudad. El nuevo barrio del Grao nunca será una realidad si no se amplía el soterramiento del túnel de Serrería. Eso es una obviedad, lo mismo que la falta de dinero del Gobierno para acometer esa inversión.

Y lo mismo ocurre para el único sector de la revisión del Plan General donde los dos grandes partidos están de acuerdo y será una realidad el próximo mandato sea cual sea el resultado de las elecciones. La huerta de la Punta entre el camino de las Moreras y la autovía de El Saler está tan transformada que es imposible recuperar el paisaje agrícola. La idea de la alcaldesa Barberá es que el túnel ferroviario salve por debajo incluso la autovía.

Con la misma óptica de ciudad deben examinarse el resto de obras, aunque tengo mis dudas de la estación Central. El arquitecto César Portela dijo en unas jornadas de LAS PROVINCIAS  que  en su proyecto no cabía ni una bicicleta, tal cual fue de rotunda su afirmación. Lo afirmaba al hilo de una petición para ampliar la dársena de taxis y autobuses en el subsuelo. ¿Cómo han logrado mantener la calidad del diseño del prestigioso profesional gallego en una sola planta? La respuesta, el próximo mandato.

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Pactos alemanes
Paco Moreno 03-11-2014 | 6:29 | 0

En el ayuntamiento empiezan a decir medio en broma que no habrá sitio el próximo mandato para tantos grupos políticos en la sede del consistorio. Es un ejemplo del ambiente de fragmentación que se respira en los pasillos cuando faltan siete meses para las elecciones.
Volátil fue la palabra que empleó el portavoz socialista Joan Calabuig para describir la situación de lo que queda hasta la cita con la urnas. El Partido Popular tiene cada vez menos tiempo para recuperar terreno y la última encuesta publicada lo dejaba a expensas de un pacto con UPyD en el mejor de los casos.
Con un nivel de inversión bajo a las alturas del último presupuesto ejecutivo de verdad antes de los comicios y una plantilla envejecida (en ideas, los años no importan tanto), es difícil que remonten el mal resultado que auguran los sondeos.
Deberían aprobar cada dos semanas una propuesta atractiva y que llegue a la gente. Hablo de los descuentos aprobados para familias numerosas en la EMT, sin ir más lejos. Cosas concretas, palpables y que ofrezcan un resultado rápido.
Hay que echar mano de la imaginación y ser más reivindicativos. Daba un poco de rubor escuchar el viernes al vicealcalde, Alfonso Grau, cuando le tocó justificar en el pleno las inversiones del Gobierno en 2015 diciendo que no es realista compararse con lo que reciben otras ciudades, que el AVE sólo se puede construir una vez. Hace menos de un lustro asistíamos a ruedas de prensa donde se mostraban hasta gráficos del dinero estatal recibido por Barcelona, Sevilla y Zaragoza, mientras Valencia tenía que apechugar con un préstamo la Copa América. En suma, que el partido se juega en las calles del ?cap i casal? y no en la calle Génova, y que conviene de vez en cuando sacar la pancarta porque forma parte del juego político.
Pero volviendo a las encuestas, he de reconocer que no me creo ninguna. Recuerdo la jornada electoral de 2011, cuando un periódico se atrevió a poner en portada en letras de a palmo que Rita Barberá iba a perder la mayoría absoluta. Llegó a 20 concejales. Los sondeos hace tiempo que forman parte de la alta cocina propagandística.
En esto opino lo mismo, y es lo único en lo que coincidimos, que Pablo Iglesias. El entorno del líder de Podemos reduce el entusiasmo que les otorga ser incluso la primera fuerza política en España. Esa encuesta, dicen, es fruto del calentón de los electores con la corrupción.
Además, queda la traca final, los proyectos que se reservan todos los ayuntamientos para el primer trimestre de los años electorales. En el caso de Valencia, el inicio del Parque Central y la esperanza eterna de desbloquear el plan del Cabanyal. Esto último no lo tengo claro tras la respuesta de manual tecnócrata dada por el Ministerio de Cultura. En esos despachos no se han enterado aún de la importancia para ellos de mantener en la alcaldía a Rita Barberá.
Pero supongamos que las encuestas aciertan y nos plantamos en mayo con seis grupos políticos. Incluyo a Podemos aunque no tienen nada claro lo de presentarse con esa marca a las municipales.
¿Asumiría Joan Calabuig encabezar un pacto a la griega tan dispar que casi parece irreal? Ya vemos en lo que ha acabado el gobierno catalán y eso es una minucia comparado con meter en el mismo gobierno a sensibilidades tan dispares como la del mismo PSPV con las asamblearias de Podemos o la tendencia al histrionismo de Compromís. La verdad es que no lo veo nada claro, al menos con sentido común.
Hablamos de la tercer ciudad de España y eso es mucho, como para pensárselo dos veces. A Barberá le quedan siete meses para rascar votos y que los cabreados vuelvan a escoger su papeleta, pero en el supuesto de que no lo consiga, ya hay quien en privado señala (todavía tímidamente) formar un pacto a la alemana entre los dos grandes partidos.
Lo que Calabuig debe decidir es si le conviene más un gobierno viable o encabezar una jaula de grillos. A día de hoy lo segundo, eso seguro. Mantenerse como el único sensato junto con los siempre disciplinados de Esquerra Unida le daría más opciones cuatro años después.
Eso si se cumplen las encuestas, aunque si algo tiene Barberá es la capacidad de romper las expectativas, incluso aunque el bombardeo llegue de la misma Generalitat, la teórica Administración amiga.
¿Qué necesita? Primero que no le pongan más zancadillas como la del asunto de Feria Valencia. Segundo, un equipo renovado que empiece a trabajar desde ya. Dando las gracias a los que la han acompañado durante 20 años y presentando caras nuevas. Y tercero, una sucesión de aciertos hasta mayo donde no aparezca en ningún momento la palabra maldita: corrupción.

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