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Ruzafa

El jardín maldito
Paco Moreno 23-11-2015 | 9:21 | 6

Ha pasado casi una semana y todavía no doy crédito. Doce años después de la firma del convenio, tras un plan urbanístico peleado por Barberá en contra de la oposición municipal y con un prestigioso concurso que atrajo a los mejores arquitectos y paisajistas, resulta que el Parque Central ha sido puesto en duda abiertamente por el Gobierno. Para no echar gota, oiga.

El Ministerio de Fomento, gobernado por el mismo partido que firmó el acuerdo de 2003, no es que se haya caído del caballo sino del burro. Y lo más hilarante es que el 40% del jardín ya está en obras, a la espera de que se completen las obras ferroviarias que ahora se borran de los planos para querer trazar otras totalmente distintas.

Modificar a estas alturas el diseño de la norteamericana Gustafson para el que debe ser el principal jardín de la ciudad es, lo tengo claro, un nuevo ejemplo de cómo el destino, la providencia o como quiera llamarse se burla de Valencia. Igual que ha ocurrido siempre desde que alguien decidió que el cap i casal no es relevante para gobernar España.

Dice el secretario de Estado Gómez-Pomar que así se ahorra la mitad del presupuesto y con 1.400 millones estaría todo hecho, los túneles para entrar y salir de la ciudad más una estación soterrada. Pero la trampa es que, además de estropear sin remedio el parque, afectaría al menos a una de las cuatro torres reservadas como pórticos del jardín.

Al menos porque ya pongo en duda las otras tres, dado que el canal ferroviario que llegue por Giorgeta habría que ampliarlo para acabar en una estación de planta única en lugar de los dos sótanos previstos. Así las cosas, ¿cómo se paga todo esto? Con la venta de pisos no porque han desaparecido y entonces queda la aportación pública, de la que la mitad debe llegar de las instituciones valencianas.

O sea, volvemos al sello del Plan Sur, lo que me parece ya he escrito en otras ocasiones. Siempre acabamos en el mismo lugar, como si el fatum de los romanos, ese poder sobrenatural inevitable, llevara a esta ciudad a pagarse sus cosas. Para eso no hacía falta haber esperado dos años a los técnicos del Ministerio mientras hacían las cuentas y trazaban líneas.

Sería interminable la lista de proyectos que el Gobierno ha dejado de lado. Cada vez que se hace una mejora en uno de los accesos de la ciudad nos acordamos de que siguen pendientes. De los museos ya ni hablo, lo mismo que ocurre con el acceso norte al puerto, una quimera hoy en día.

Pero volviendo al Parque Central, la cuestión es que se le ha tratado como un proyecto  ferroviario cuando en realidad se trata de uno urbanístico, donde el jardín no puede ser un mero complemento de la estación subterránea, ni las cuatro torres un accesorio de quita y pon. Servirán entre otras ventajas para revitalizar zonas degradadas, además de ser indispensables para la financiación.

Y toda esa madeja de problemas para una alternativa presentada a poco más de un mes de las elecciones generales, cuando los presupuestos del Estado para el próximo año vuelven a dejar fuera la prolongación del túnel de Serrería. En suma, una enorme bola de papel mojado poco creíble que tendrá que ser considerada de nuevo después de los comicios.

La semana se presentó movida con la propuesta de repensar el Parque Central, descartada a los cinco minutos por el alcalde Joan Ribó y la consellera de Obras Públicas, María José Salvador, aunque todo puede mejorar. La iniciativa aprobada en el pleno para pedir el cierre del Centro de Internamiento de Zapadores ha supuesto un capítulo más de las chispas que saltan entre los socios del tripartito que gobierna el Ayuntamiento.

La propuesta de acuerdo parece sacada de una asamblea estudiantil y las acusaciones veladas a la policía fueron la guinda de unos concejales que se creen todavía en la oposición. Los socialistas han estado de nuevo incómodos con algo que votaron a favor con una mano en la nariz, por mucho que se empeñara en matizar la concejal de Protección Ciudadana, Sandra Gómez, que la Policía Local no hace identificaciones por cuestiones étnicas. Se le olvidó decir lo mismo sobre el trabajo de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Además, el momento no ha podido ser más inadecuado, cuando París, Bruselas y otras ciudades europeas se encuentran en estado de sitio a la búsqueda de terroristas. Muchos estamos en contra de las penosas condiciones en las que están recluidos los inmigrantes sin papeles en Zapadores, pero acusar de racistas a los policías ahora, cuando se juegan la vida por el resto de ciudadanos, es torpe e irresponsable.

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El parque deseado
Paco Moreno 16-02-2015 | 2:01 | 0

Es una de esas cosas que parecían imposibles después de tantos años que nos hemos pasado contando las alternativas, discusiones y problemas para iniciar el Parque Central. Pero el caso es que el viernes por la tarde, a una hora que los clásicos llaman intempestiva, la sociedad pública dijo que sí, que ya tenía claras las empresas que van a encargarse de la transformación de un montón de solares, campos en barbecho y viejas instalaciones ferroviarias en un flamante jardín.
Todavía está muy lejos el día que veamos todo terminado, quizás un par de generaciones, aunque este primer paso servirá para resolver la grave falta de equipamientos que padecen los vecinos de Ruzafa. Y ahí se encuentra uno de los dilemas del proyecto, a saber, darle más protagonismo a un gran parque de ciudad o permitir instalaciones de barrio al menos en parte de las naves pendientes de restauración.
Es decir, un pequeño centro Pompidou que sirva para concentrar la efervescente vida cultural de este barrio y enseñarla a toda la ciudad, por ejemplo, o una piscina cubierta para los residentes más próximos.
Una cuestión interesante que se definirá cuando se acerque el final de las obras, dentro de 22 meses. El gobierno municipal tiene ahora que nadar y guardar la ropa, no sea que un proyecto tan singular sea motivo de polémica. Sólo faltaría eso, cuando nos hemos pasado dos décadas hablando de la gran zona verde que sustituirá la barrera de hierro del ferrocarril.
Aunque no nos engañemos, el parque aprobado el viernes es muy importante pero no cumplirá el sueño de los vecinos de Parque Central-Iturbi, Cruz Cubierta, Malilla y San Marcelino. Para eso es necesario que pase la crisis y el mercado inmobiliario resucite. Sólo entonces desaparecerán las vías bajo tierra.
Una inversión importante y que será rentabilizada por la alcaldesa Barberá en su búsqueda de la reelección. Antes de que la legislación electoral lo prohíba, acudiremos a ver el movimiento de tierras y las primeras excavaciones. Quizás un poco tarde porque han pasado tres años desde que se adjudicó el proyecto, que se dice pronto.
En enero de 2017, a mediados del próximo mandato, será una realidad el diseño de Kathryn Gustafson, la elegida para darle forma al soterramiento de las vías. Me sorprendería que entonces esté en marcha el concurso para la estación Central y el túnel pasante, las dos piezas esenciales para que el jardín se extienda hasta el borde de todos los barrios que rodean el acceso ferroviario de Valencia.
Ruzafa ha recibido mucho este mandato, como las calles nuevas que están a punto de acabarse, aunque con otros proyectos los vecinos no hemos tenido tanta suerte, aunque sean mucho más económicos.
Dicen que en la recta final de los mandatos es cuando todas las concejalías se ponen las pilas. Siempre he dicho que es lícito aprovecharse de ese egoísmo electoral y conseguir que se mueva la maquinaria burocrática a favor de los vecinos, suficientemente inteligentes para decidir a qué partido votar. Por eso me sorprende que sobre algunas inversiones anunciadas parece que hay especial interés en que sigan empantanadas.
De otra manera no entiendo el retraso que acumula una obra tan sencilla de ejecutar como el carril bici de la ronda interior. Tras estudiar durante años cómo encajar la circulación de bicicletas por las calles más céntricas de la ciudad, ahora resulta que no sale todavía a concurso. Habrá que poner en algunos despachos del Ayuntamiento ese vídeo donde Pablo Iglesias dice lo del “tic tac” a Mariano Rajoy para ver si alguno capta la idea.
Y lo mismo ocurre con la reurbanización de la parte trasera del Museo de Bellas Artes. Ahora ya no hay disputas con gobiernos de otro color político. ¿Por qué no se hace entonces lo prometido? A poco más de tres meses de las elecciones, lo que se diga ahora sonará poco creíble.
Ya no digo nada del plan del Cabanyal, ni de las esperanzas que todos tenemos puestas en la Marina, un gran proyecto que avanza a paso de tortuga y sólo gracias a la iniciativa privada. ¿Para qué quiere la Administración tantos edificios en la dársena? Que sean generosos de una vez y permitan el avance del plan de usos. Las deudas hay que pagarlas, dice Montoro sobre la factura de la Copa América, y estoy de acuerdo con eso, pero también en que la inteligencia es un factor importante cuando se acerca una campaña electoral y hay que convencer a los vecinos de que se ha hecho una buena gestión. Y la próxima promete ser muy reñida.

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¿Qué pasa con el Parque Central?
Paco Moreno 09-07-2012 | 12:18 | 0

No pretendo ser agorero pero se acerca el mes de agosto, cuando todas las Administraciones bajarán la persiana por vacaciones, y seguimos sin noticias del Parque Central. La paisajista Gustafson ya entregó su proyecto, ganador en el concurso celebrado hace año y medio, pero del resto no se sabe nada.

Recordarán que la primera fase del parque debe ser la más cercana a Ruzafa, en concreto a la calle Filipinas. Unos terrenos que ya no tienen uso ferroviario y que albergan varias naves que servirán de equipamientos públicos al colmatado barrio. Precisamente la presentación del proyecto ganador, elogiado por todos y con un presupuesto de 73 millones de euros, se celebró en el único inmueble de ese grupo que ya está restaurado. La primera fase, la que podría hacerse a partir de hoy, sale por 34 millones y supondrá un salvavidas para la zona más multicultural y dinámica de la ciudad.

Hasta que no se reúna el consejo de Administración con los nuevos consejeros del Gobierno de Rajoy no hay nada que hacer. El primer paso es sacar a licitación las obras de una parte del jardín, además del modelo de convenio que se firmará con los propietarios de los solares. Dinero hay, al parecer por un préstamo avalado por el ICO, aunque la máquina no se pone en marcha. La aportación de la parte del Consell a las obras, donde se suma la estación Central y el tramo de túnel que falta desde el bulevar sur, la hizo la entonces portavoz de la Generalitat, Paula Sánchez de León, para que tengan una idea del retraso.

Al igual que sucede con el plan del Cabanyal, todo lo que requiere la participación del Gobierno es como tirar del freno de mano y aparcar junto a la acera. La alcaldesa Barberá sólo ha conseguido desbloquear la cesión de la dársena del puerto, que si todo marcha bien estará rematada a finales de este año.

Ya no pido a Rajoy el gesto de que presida el consejo del Parque Central. Al fin y al cabo, si no ha venido a visitar a los afectados por los incendios de Cortés de Pallás y Andilla, esto sería una frivolidad. Aunque me gustaría que el Gobierno diera alguna muestra de que le interesa lo que ocurre en Valencia, que de momento es poco.

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Ruzafa, banco de pruebas
Paco Moreno 23-05-2010 | 12:57 | 0

La Administración se ha dado cuenta, aunque actúa como esos dinosaurios gigantescos de las películas que se mueven a cámara lenta. Las primeras inversiones del Plan Riva han  sido para la urbanización de calles, precisamente lo contrario de lo que quieren los vecinos. Colegios, centros de salud, bibliotecas, en fin, lo normal en cualquier barrio.

Buena parte de esas dotaciones se fian al Parque Central, aunque es una jugada a largo plazo y las urgencias son muchas. Nadie discute los beneficios de la línea 2 del metro, con estaciones en General Urrutia y Reino de Valencia, pero cualquiera ve las reivindicaciones vecinales que han tomado el barrio esta semana. Es hora de aprovechar esas ideas.

Y surgen problemas, como es obvio, pero para eso están las ordenanzas municipales. Si las camionetas toman las calles por la saturación de almacenes, entonces deben buscarse zonas de carga y descarga, además de las multas disuasorias. Del banco de pruebas pueden salir muchos experimentos con éxito que sirvan para el resto de la ciudad. Que se lo digan a los artistas que han encontrado decenas de galerías de arte y talleres donde desarrollar su trabajo.

Soy optimista y no creo que la mezcla de nacionalidades y continentes sea perjudicial para la convivencia. Si queremos poner a Valencia en la lista de grandes ciudades, es el único camino posible. Facilitar su llegada.

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