Emery se ha dejado en el camino el primero de los dos salvoconductos para mantener su morada: uno era la Copa del Rey y el otro, la Europa League. Quedar tercero en la competición doméstica ya no vale. Realmente al que no le sirve es a Manuel Llorente. El presidente ha dejado caer en muchas ocasiones que hay que hacer feliz a la afición con algún título, porque para él convertirse en el campeón de la otra Liga es una obligación. Eso aunque el equipo se debilite año a año con la marcha de los referentes.
El técnico debe estar “teniente”. El oído se ha convertido en un órgano prescindible para él por inútil tras tres días que no paran de pitarle. La mayor parte de la afición le ha señalado en la diana como único culpable de la derrota frente al Barcelona, el club que lo ha ganado todo en los últimos años y que buena parte de los expertos del fútbol lo sitúan en la excelencia. Es innegable que Emery ha cometido errores. No cambiar antes a Feghouli se encuentra en su haber. Todos vieron, menos el donostiarra, que la velocidad de Piatti era la necesaria para aprovechar los espacios culés. Tanto tardó que el equipo se quedó con diez porque el franco-argelino acabó en la caseta por una acción infantil sobre Puyol.
Los centrales están fundidos -Rami y Víctor Ruiz no pueden estar más fallones-, mientras Banega no acaba de arrancar y sin él en el campo el balón no fluye. Patadón y tiente tieso. Y si arriba no tienes a Soldado, la vida es menos feliz. Y de la gripe del ariete valenciano poca culpa tiene Emery.
El debate sobre el futuro del técnico está a punto de abrirse y ya no parará hasta el final. Así ha sido las temporadas anteriores y esta no va a ser menos. La gente ansía caras nuevas, otras motivaciones y, además, el que manda no ha dejado de tener sus dudas. Todo ello deja a Emery al borde de la salida… salvo que el Valencia gane la Europa League. Al técnico ya no le queda otra oportunidad.
Si eres bueno para salir por la noche, también tienes que ser bueno para cumplir. Es la típica frase materna que en esta época social circularía por Twitter bajo el yugo de un hastag. Pues viene al pelo para escribir en el muro de Sandro Rosell -Sandruscu para su examigo Laporta-. Si eres bueno para criticar a los árbitros cuando te perjudican, debes ser bueno para hacerlo cuando al que lastiman es a tu rival. Pero en este caso el presidente del Barcelona se escondió. Silencio stampa. Desaparecido.
Pero la acción, ese ya famoso «la cosa no pinta bien», derivó en reacción en Mestalla: mano clarísima de Pinto fuera del área -el guardameta debía ser expulsado- que el colegiado González González obvió. Al final del encuentro, un tío como Dios manda tendría que haber pedido audiencia a la gran Mónica Marchante y exclamar: «La cosa ya pinta un poco mejor.» Sandro hubiera derivado en señor Sandro.
No sólo los dirigentes se enfundan el equipaje de aficionados del gallinero, también los periodistas. Leer alguna crónica sobre el partido copero en la prensa catalana provocaba sonrojo. Había quien ni nombraba la mano-sobaco de Pinto. Es lícito tirar para el equipo de tu región -aquí también lo hacemos-, pero de eso a esconder una acción que han visto millones de personas media un abismo. Con eso no ayudas a tu club y generas en el lector una sensación de que te están ocultando la realidad.
Y el miércoles ya está ahí. Previamente hay viaje al Vicente Calderón. Emery meditaba si dar descanso a los titulares o apostar a tope por este choque para mantener la posición de privilegio en la Liga. Cualquier decisión que tomara, como perdiera el Valencia, sería denostada. Era completamente entendible que el técnico vasco apostara a tope por el choque copero a pesar de que pasar a la final es altamente complicado. Llorente ha dicho muchas veces que el tercer puesto ya no es suficiente, que quiere títulos, por lo que la apuesta B para Madrid y la A para el Camp Nou sería la más razonable. Al final optó por dar descanso sólo a Banega y Jonas. El Barça espera. ¡Podemos!
Quedar tercero es una obligación. Palabra de Manuel Llorente. Muchos aficionados del Valencia pensarán como el presidente, que tras Real Madrid y Barcelona no hay equipo mejor que el blanquinegro. Pero esta exigencia hace que los méritos de alzarse al tercer peldaño del podio se reduzcan. Tiene que ser así y punto. Eso con la plantilla de la temporada pasada estaría justificado; con la actual es más discutible. El esfuerzo de Emery para compactar un grupo deslavazado muy pocas veces ha dado resultado: ridículos defensivos y excesivos momentos de sequía atacante. Y pese a ello, el equipo está en puesto de acceso directo a la próxima Liga de Campeones. ¿Eso tiene mérito o no?
Eso que lo juzgue cada cual, aunque lo que vocifere el ocupante del asiento 111 de la fila 12 de Gol Gran Bajo no tiene la misma trascendencia social que si el que dice esta boca es mía es el presidente del club, más que nada porque si Llorente da el valor que se merece a finalizar tras los dos mastodontes de la competición seguro que buena parte de los seguidores así lo harán también.
Aún hay quien se sorprende de que con esos mimbres se haya hecho tal cesto. Una defensa en la que el mejor es Stankevicius dice mucho de lo ocurrido y que lo normal sería ver al Valencia en la medianía de la clasificación. Y mientras esto sucede nadie sabe qué pasará con Emery. Si cumple la obligación reclamada por Llorente debería renovar. Otra cosa sería incongruente. Ahora falta saber la opinión del técnico vasco. Igual se arranca con una negativa a seguir si se lo ofrecen.
El Valencia tiene mañana la mejor oportunidad de hacerse casi con un hueco definitivo en la máxima competición continental. Se mide a la sensación de la temporada. El Villarreal llega tras brillar en la Europa League. Pese a todo, va por detrás del equipo de Mestalla en la Liga. ¿Esto tampoco tiene mérito? Manifiéstense.
Por el humo se sabe donde está el fuego. Así lo asegura el refranero español. La lógica indica que las llamas deben apagarlas los bomberos, que el resto de mortales deben alejarse cuanto puedan. Emery ha decidido obviar este consejo y prefiere poner la mano en las brasas por la reacción de la plantilla. Como acción moralizadora está bien y ojalá dé resultado, pero el técnico se la ha jugado por gente que por sus hechos no se lo merecen.
Esta semana ha regresado la indisciplina. Hasta cuatro jugadores por encima de la hora fijada para estar soñando con los angelitos. Todo ello cuando al día siguiente el entrenamiento era matinal. Además de una inconsciencia, porque para un futbolista del Valencia es casi imposible pasar desapercibido, resulta una falta de profesionalidad digna de un despido. Y para más cabreo, ocurre justo después de la peor racha de la temporada para el equipo.
Pues Emery confía en sus jugadores. Pese a ello, el presidente ha tenido que bajar al vestuario a leerles la cartilla, algo propio de alumnos de infantil. Les ha dicho algo que se da por supuesto, pero veremos si lo cumplen. Era el momento de que Llorente tomara el mando. Los intentos del entrenador habían caído en saco roto y a la vista está por la última farra -la situación derivó en una pelea callejera-, por lo llegó el día en que el máximo ejecutivo del club dijera esta boca es mía. De vez en cuando hay que dejar el despacho y pisar el barro del vestuario.
Los jugadores del Valencia tienen la mejor ocasión para callar bocas y sumar puntos, que al final es lo más importante, con un Villarreal que no quiere ceder en la lucha. Una vez asegurada la participación del equipo la próxima campaña en la máxima categoría continental sin fase previa será el momento de pegarse el festival, no antes. Emery, siempre valiente, se la ha jugado por sus futbolistas. Es de los que pone la otra mejilla cuando lo fácil sería mostrarse como un tío duro. Pero ese no sería Emery, sería otro. Lo recomendable es que los de corto no se conviertan en pirómanos.
Guaita, Bruno, Mathieu, David Navarro, Dealbert, Topal, Tino Costa, Joaquín, Mata, Jonas y Soldado. Alineación del Valencia frente al Sevilla, última vez que el esqueleto blanquinegro se enfundaba la piel. Cuatro valencianos, aunque sólo dos de ellos criados bajo el manto de Paterna. Guaita, descaradamente joven y ocupante de la portería, desde donde mandar resulta casi imposible, y David Navarro, a quien los silbidos por su inestable actuación le convertían en sordo y mudo. El conjunto rival se adelanta en el marcador. En ese momento la presencia de un Albelda es tan necesario como el comer. ¿Quién grita? ¿Quién anima? ¿Quién se cabrea? Nadie, porque nadie tiene alma valencianista, ninguno de ellos siente una derrota como si fuera una afrenta personal.
Braulio ya está confeccionando el grupo para la temporada que viene. Se habla de Coke para el lateral derecho (jugador del Rayo Vallecano) y un organizador turco. Vamos, de la Ribera no son. Históricamente se ha hablado de que los defensas deberían salir de la cantera y así guardarse el dinerito para los organizadores y los cazagoles. Eso se cumpliría si en el Valencia funcionase la fábrica. Entró en concurso de acreedores hace muchos años y ahí sigue. Sólo Guaita ha florecido de entre la maleza.
Llorente debería mandar una tarea a su gente: Paterna debe servir para algo más que para los entrenamientos del primer equipo. Y el mejor ejemplo lo da el Barcelona, excelso en su fútbol. Lo ha ganado todo con Valdés, Puyol, Piqué, Busquets, Iniesta, Xavi, Pedro y Messi, amamantados con butifarras y cava del Penedés. Coste escaso y rendimiento mayúsculo. Este grupo no consiente que nadie mancille el honor azulgrana, como en el Valencia no lo permite Albelda o antes futbolistas como Fernando, Claramunt o Puchades.
Pese a todo ello el Valencia va cuarto clasificado empatado a puntos con el tercero. Pero un cuerpo sin alma sobrevive con dificultad. La sangre corre, el corazón bombea, pero la existencia acaba por agotarse.

