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EL CAMINÀS DE MARCHALENES

EL CAMINÀS DE MARCHALENES

EL CAMINÀS DE MARCHALENES

Juan B. Viñals Cebriá

Caminàs (palabra valenciana que aún tiene vigencia en algunos lugares de nuestra geografía autóctona), y que su significado es el siguiente. -Camino grande que no dice de donde viene ni a donde va: sencillamente viene y va de norte a sur y de sur a norte. Suele aceptarse su origen neolítico. Todos los demás caminos le son transversales, lo que indica su posterior apertura.

Lo primero que deseamos advertir al lector, es que esta narración se refiere al lejano verano de 1932, y es por esos tiempos cuando el caminàs de este antiquísimo poblado, o arrabal, ya había sufrido entre otros, desde el año 1919, el traumatismo de ver extirpada una importante arteria de su tramo principal, para convertirse como calle Doctor Olóriz. Si nos retrotraemos al Nomenclátor de la ciudad de Valencia de finales de siglo XIX, los primeros números rotulados con el nombre de Marchalenes, comprendían el Llano de la Zaidía, hasta alcanzar el puente de las Artes (antigua Rambla). La calle Arzobispo Fabián y Fuero, por aquellos mismos tiempos estaba rotulado como: Primera Travesía de Marchalenes.
El recuerdo que guardo corresponde al principio de esta calle, o dicho de forma más sencilla; al comienzo del resto que como calle quedó de lo que antaño fue el camí de Marjalenes. En mis retinas entonces infantiles, guardo con ternura una luminosa estampa llena de bulliciosa y colorista simpatía. Por aquellos tiempos los que pretendía acceder a la barriada desde el centro de la ciudad, rebasada la desaparecida iglesia de la Virgen del Rosario (desde 1940, Santiago Apóstol), adquiría la calle una ligera inclinación hasta conseguir la rasante del mismo nivel que se producía, precisamente, en unas grandes piedras de rodeno que cubrían la caudalosa acequia en ese lugar que aun existe, y que era conocida como braç de Rambla; ramal de la acequia de Mestalla, procedente del molí de Bas, y que discurría dicho cauce lindante con la parroquia desaparecida. Rebasadas las referidas piedras, en ese punto de la acequia descrita, precisamente desde ese punto, comenzaba desde el año 1919, el trozo en que quedó reducido el camí o carrer Marchalenes, y desde ese mismo lugar empezaba el empedrado y del suelo por medio de grandes adoquines rojizos, obra que se realizó por los primeros años de la década de los años 30 del siglo pasado, obra que fue realizada a instancia y solicitud del Casino Republicano (Blasquista) de la barriada.
Hemos de decir que las casas primeras de la parte derecha, con techumbre en forma de uve invertida, y rotuladas con el número dos, tenían tres puertas, al parecer con dos viviendas, sin ningún alto y formaba esquina con la senda del Ventrero, que según algunos de los más viejos vecinos, este lugar tomaba el nombre de una famosa taberna que se encontraba en el contiguo Camí Barcelona (Avenida Constitución), esquina calle Ruaya. En uno de los primeros bajos de la citada senda existía un obrador de preparar tanda (despojos de ternera y cordero), su propietario era conocido coloquialmente como Camilo el tandero. Entre la separación de los números dos y, cuatro es por donde daba comienzo la mencionada senda y formaba un ángulo en la calle. La casona, o vieja alquería, de enfrente es en donde su fachada se podía contemplar el retablo de la Virgen del Rosario; en su parte derecha esta casa terminaba con el muro del corral de la vivienda junto a una acequia, en la acera junto a la pared, se encontraba la tan loada font, en el centro de una carnicería; a la izquierda, esquina con la calle de Montanyana, existía lo que los lugareños llamábamos la barbería (peluquería).
La enorme casona donde lucía el retaule, el cual ocupaba la entrada de la senda del Ventrero y el principio de la calle Montanyana, se encontraba situada donde actualmente se halla la parada del metro de la línea número cuatro, incomprensiblemente rotulada con el nombre de Reus. La citada parada del metro y el mobiliario urbano allí existente, fue antiguamente el punto neurálgico del antiquisim Marjalena, lamentable y errónea interpretación que hace de nuestra historia la dirección de los Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana y, por lo tanto, nos privan de dar a conocer nuestras verdaderas raíces; además en la pequeña reseña histórica que figura en las vidrieras, incomprensiblemente, los datos corresponden a la popular barriada de la calle Sagunto.
Donde antaño se encontraba el principio de la calle Montanyana; donde en la esquina existía un viejo caserón habitado por numerosas familias procedentes de distintos lugares; este caserón por sus características era conocido popularmente como el corralot, y años antes fue una importante algepsería. Entre el muro del corral de esta casa se encontraban los campos de las huertas de la alquería de Barriga discurrían las aguas de la antiquísima acequia de Rascanya por el arrabal hasta que vertía sus aguas al mar por la ermita dels peixets de Alboraya. Los campos de la “alquería de Barriga” (Originariamente famosa alquería Guinart), estaban cercados por una clase de arboleda que tenían unas pequeñas hojas verdes y pinchos en sus ramas, las cuales coloquialmente se denominaban puncheres. Esta clase de arbolado alcanzaba hasta la misma portalà del corral de la alquería. La puerta principal de la entrada se encontraba en la parte recayente al camí vell de Burjassot donde formaba esquina y en ese lugar había una font. La otra esquina con la que se formaba la entrada del camí vell era una planta baja donde había una pequeña tienda: botigueta de Rafeleta y en el piso alto tenía la vivienda la familia del Pepitón, que en tiempos de la república fue nombrado alcalde del barrio. Como queda señalado, la alquería de Barriga y la botigueta de Rafeleta es por donde antaño se encontraba el principio del conocidísimo Camí vell de Burjassot (en 1960, rotulado como calle Bautista Esteve Ximeno). El referido Camí vell de Burjassot comenzaban sus números impares, con cuatro casas, sin ningún habitación en el alto y su techo estaba cubierto con tejas morunas.
La calle de Marchalenes (tramo correspondiente al antiguo camino de Lliria), continuaba con un grupo de once casas con una sola altura aunque los últimos edificios disponen de dos pisos. Este pequeño grupo de casas que terminaremos de reseñar nos ofreció una agradable sorpresa al descubrir que en este mismo lugar en algún tiempo se encontraba el principio del importante Camí de Llíria, como se demuestra con este documento.-“Otrosí: Que aunque se nombran dos caminos el uno de Liria, y el otro de Marchalena, y otro también en otra parte de Paterna; es un mismo Camino real; Pues baxando de Liria para Valencia, va a Marchalena; y saliendo de Valencia, va a Liria y Paterna”. (A.R.V, Escrivanies de Cámara, exp.119 (1764) p. 164.
Luego les separaba un campo, cercado también de puncheres y seguidamente cuatro plantas bajas con dos pisos de altura cada una. Esta finca era la más alta de este tramo. En la primera casa se encontraba una paraeta de cacaus i tramussos y a continuación una botigueta de Filo. Las otras dos casas tenían tan solo una altura. Las cuatro siguientes eran de menor elevación pero también contaban con dos pisos cada una, se prolongada la calle por un trozo de campo para huerta y, seguidamente, te encontrabas con “casa del Marino” las particulares características de este edificio por su ubicación y forma, por el año 1946, se desarrollaron algunas escenas de una película inglesa. La última casa reseñada como queda dicho; quedaba unida junto a los muros del desubicado Huerto de la Estrella, residencia que fue del médico y político Faustí Barberá y que tiene su puerta principal encarada al norte y figura rotulado en el número 80 de la calle de Marchalenes.Entre los muros de este huerto y el edificio en ruinas que había enfrente, que eran concretamente los restos del que fue renombrado Convento de la Esperanza, donde antiguamente aconteció el siguiente relato histórico narrado por JB. Perales.- “
A nueve de noviembre salieron el virrey y los regidores con toda la caballería hasta el Monasterio de la Esperanza a recibir a los marqueses, que como guerra acabada se venían a Valencia y entonces entraron todos por ella con paseo y vuelta pública; y en demostración del común aplauso de su sosiego se hundía de las campanas que tocaban sin parar y por la noche se ardía de luminarias (...).”
Después de comenzado el pasado siglo, en parte de los terrenos del huerto conventual se construyó una edificación que tenía forma de barraca, pero sus cubiertas eran de tejas, por debajo de esta nave discurría el braç de Petra (acequia que figura en el Repartiment).Al lado más saliente había una finca con dos plantas bajas y su correspondiente piso alto. Estas dos casas pertenecían al número noventa. Las últimas de la parte derecha de la calle Marchalenes después de construirse en 1895 el Camí Nou terminaban junto a la senda que formaba el muro del convento y a la otra parte del almacén de Obras Públicas y la caseta de los peones camioneros.
Frente a las referidas casas y antes de alcanzar el camino de Burjasot existía un amplio espacio y camino carretero donde se encontraba la font i la bassa, donde se conformaba “el Goleró quien per sequies i sequiols llegaba el agua hasta las huertas más bajas de esta partida. En este su primer tramo descubierto tenía un rústico puente de gruesas piedras de rodeno, señalizado con sendos pilones de piedra de regular altura que servía de paso a carros y caballerías y a los escasos vehículos a motor que circulaban por los años 1940 al 1945, que es cuando se cubrió la acequia y se plantaron tres árboles junto el goleró y de los que ahora tan solo queda un árbol de los llamados platanero, en medio de un bonito seto o rotonda, frente al referido Huerto, la avenida de Portugal, avenida de Burjasot, calle Fidalgo y el desaparecido tramo de la calle Marchalenes.

Retomando nuevamente el principio de los números impares de lo que quedó del antiquísimo camino diremos que: la suave inclinación referida al principio de esta calle Marchalenes, en la parte izquierda antes de llegar al ángulo que formaba la calle, existían unos corrales dedicados a cebaderos de animales porcinos, propiedad de la familia de bonica , después unas plantas bajas que a sus moradores se les conocía como les de Salom , a continuación una ebanistería y así hasta la calle de la Bomba esta pequeñísima calle sin salida(assusac), estaba compuesta por unas viviendas modestas.
Hace ahora más de medio siglo, cuando discurría el año 1950, la calle Marchalenes después de rebasar la calle de la Bomba, seguía largo trecho de casas compuesto por talleres y viviendas ocupadas entre otros por una pelleria, un taller metalúrgico, y uns trajiners conocidos como els blancos, y entre otros recordamos a la puntillera, el gallego, y una fábrica de abonos otras viviendas y así hasta alcanzar el número 29 donde hasta el año 1939 se encontraba el Casino Republicano (Blasquista), centro político de recreo donde en su escenario se celebraron funciones especialmente en valenciano. Después de este local había una finca compuesta por dos plantas bajas y dos alturas cada una, en este edificio residían entre otros la familia de Venancio padre del popular pirotécnico el traca, posteriormente también residía y tenía su taller Juan Canet, innovador de las fallas infantiles. No quiero olvidar al mutilado Eulogio, que como consecuencia de las gravísimas heridas sufridas durante la guerra civil le fueron amputadas ambas manos. En la última escalera también existió hasta el año 1939 el casino Liberal, seguidamente los muros de la parte posterior del huerto de Casa Gens, luego una pequeña senda que comunicaba la calle Marchalenes con la Avenida Burjasot, y seguidamente constaba un campo bastante grande, seguían cuatro casas con un piso artesanos de reconocida solvencia en reparación y construcción de aperos destinados a las huertas, luego estaba el corral la portalà de butifarra, después la puerta accesoria del Casino Sindical, hay que significar la nula actividad política de este casino, más bien era el típico y clásico lugar de solaz esparcimiento de la mayoría del vecindario del barrio. A continuación el corral del estanc (tabacos), después tres casas más a continuación un importante establecimiento regentado por la admirada Amparito la carnissera, donde se vendían comestibles, embutidos, carnes, carbones y toda clase de artículos para el hogar, un autentico supermercado de aquellos tiempos. Y desde la última casa del chaflán se accedía al camino de Burjasot, junto las vías del tranvía número 23 (Valencia, Burjasot-Godella).

La casa de enfrente la ocupaba una tienda de olis y piensos, y por último la conocida bassa del Braç de Petra, el Goleró, i la font
Hoy seria completamente imposible reconocer nada de lo que fue aquella arteria principal del caminás de Marjalena/ Marjalenes, donde la mayoría de sus vecinos eran modestos artesanos, o trabajadores de diferentes oficios o profesiones, excepto algunos huertanos que moraban en sus típicas alquerías. Todo el vecindario podía presumir, entre otras cosas, de practicar y de mantener una gran amistad y armonía entre todos ellos: Lo de Marchalenes-marxa, i no alenes, pura anécdota: nada más lejos de la realidad: La convivencia, armonía, y amistad, tenían carta de naturaleza en el caminás inclusive en todo el antiquísimo raval de Marjalena.

ANTIGUA PLAZA DE TOROS DE VALENCIA

ANTIGUA PLAZA DE TOROS DE VALENCIA

ANTIGUA PLAZA DE TOROS DE VALENCIA

EL CARAFAL DE MARCHALENES

Juan B. Viñals Cebriá

La plaza de toros que se instalaba en el siglo XVIII en el arrabal de Marchalenes, es un hecho posiblemente ignorado por muchos de los actuales vecinos de esta antaño típica barriada. La plaza de toros de la Zaidia o de Marchalenes según el historiador Orellana, por los años mil setecientos y pico fue el núcleo principal de las corridas de toros que se celebraban en la ciudad de Valencia. Salvador Carreres, de manera jocosa también dice, que entre los días 22 hasta el 30 de de septiembre de 1755 se celebraron en esta plaza diferentes festejos taurinos. Desde siempre los valencianos de las tres provincias, han sentido una gran afición por la fiesta de la tauromaquia. Las autoridades municipales, por las incomodidades que producía a los transeúntes y compradores del Mercado Central, eran reacias a conceder permiso en este céntrico lugar a los organizadores de festejos taurinos. Por lo tanto estos se vieron obligados ha instalar els carafals en diferentes lugares de la ciudad de Valencia, y en muchas ocasiones se instaló en Marchalenes, concretamente en la conocida Plaza del Llano de la Zaidia, cuyo palco principal o de autoridades se encontraba frente la desaparecida creu del camí de Marchalenes. En definitiva muchas dificultades y trasiegos tuvieron que soportar la Junta del Hospital General de Valencia, hasta que se consiguió ver realizada por fin, la flamante y actual plaza de mampostería de la calle de Játiva.
”El origen de la fiesta de los toros en Valencia se pierde en la oscura noche de los tiempos. Las más autorizadas opiniones sostienen que los romanos importaron a España la afición al circo, la cual decayó casi por completo durante la dominación de los godos y visigodos, hasta que, ocupado posteriormente por los árabes el territorio español, volvió a renacer, si bien sustituyendo a la lucha de gladiadores y de fieras por la lidia de toros, en la que ostentaban su pujanza y brío los más esforzados adalides de las distintas tribus sarracenas. La nobleza española, que bajo todos los conceptos sostenía una rivalidad sin limites con la musulmana, tomó una parte muy activa en tales diversiones, no solo impulsando por el espíritu y la galantería dominante en aquella época, sino también que nadie cedía en serenidad, esfuerzo y valor. Muchos fueron por este motivo los caballeros cristianos que se distinguieron en la lidia de los toros y adquirieron gran celebridad y renombre, por su singular destreza y bizarría. Valencia que nunca ha podido contar con pastos para la cría de reses de tales condiciones, es acaso de los pueblos más antiguos en donde se ha ejercido la tauromaquia como ley caballeresca, o como fiesta popular. Mucho interés despertó la afición a la fiesta de los toros, así como apetencia de ganancias en la organización de los primitivos corros, pues el 27 de de enero de 1612, ya se solicitó a Felipe III, un privilegio del derecho de renta de los corros de los toros de la municipalidad de Valencia, celosa por sus intereses y también por la comodidad del publico, hizo siempre cuanto pudo para alejar del mercado esta diversión. El Hospital fue atendido por SM y, en Real Cédula de trece de julio de 1742, se revocó la del quince de julio de 1741, que mandaba hacer corridas en la Plaza de Santo Domingo. Esto no bastó para que el ayuntamiento cejara en sus instancias, en términos que en los intervalos e indecisiones tuvo el Hospital que buscar sitio en el Llano de la Zaidia de Marchalenes”
Queremos recordar que en otros lugares de la ciudad también se celebraron también corridas de toros, pero por lo que a nosotros nos ataña, nos referirnos al importante carafal de la Plaça de la Çaidia.
“La plaza del Llano de la Zaidia, siempre fue cuadrada; pero su situación varió según los cálculos y gusto de los maestros carpinteros, que tomaban por su cuenta la construcción de los tinglados (carafals). Unas veces se hizo teniendo a su lado N. paralelo a la acequia de Algirós que pasa lamiendo el Monasterio de la Zaidia, apoyando el vértice N.O., sobre el puente antiguo frente la cruz que todavía existe. Otras se ladeaba toda ella de modo que este lado paralelo comenzando desde el mismo punto frente la cruz, tomaba la dirección oblicua al molino Villacampa, y en este caso cortaba la acequia, sobre la cual se construía la plaza. Generalmente, cada uno de los cuatro lados de esta plaza tenia doscientos veinte palmos valencianos; había tres puertas, una daba frente a Santa Mónica, a cuyo lado N. estaba el toril, otra frente al pretil del río y otra en el camino de Marchalenes, encima de la cual estaban los palcos de las autoridades”.

En el siglo dieciochesco, una tarde de toros o de cualquier otro festejo taurino de los que se celebraban en el carafal de Marchalenes, suponía un espectáculo multicolor y toda una diversión para la época. El trasiego de los entablados y de la piezas para concluir la plaza; el ir y venir dels mestres fusters (carpinteros) para dejarlo todo a punto y en su punto. Antes de la hora programada la plaza quedaba engalanada en cada uno de sus rincones y cada empleado hacia lo propio para el posible y normal desarrollo del festejo (areneros, alguacilillos, torileros, porteros, etc.…).Primero el espectáculo de la arriesgada desencajonada de las reses bravas. Las colas para adquirir las entradas. El emerger de las gentes quienes formando remolinos humanos entusiasmados esperaban ver la llegada de los toreros, sus cuadrillas y los mozos de espadas; carruajes y calesas, portando a las guapas cupletistas de los más importantes teatros de la ciudad, quienes aparecían luciendo bonitos mantones de Manila, mantones, que después eran extendidos en sus barreras. Mientras tanto la laureada Agrupación de la Música de La Vega, no cesaba de interpretar airosos pasodobles. Todo en sí, era festivo, por lo que los más curiosos no cesaban de ir de un sitio para otro, para no perderse nada de lo que por allí ocurría. La mayoría de la marejada de espectadores se trataba de labradores venidos de los poblados limítrofes quienes aparecían ataviados con la clásica brusa negra huertana. Los gremios que presumían de conocer el secreto de la fiesta, eran tratants i corredors d`orella, carnissers y blanquers (curtidores).La mayoría de los espectadores iban provistos de ostentosos puros habanos.
Junto a la avalancha de espectadores provenientes de la ciudad y de los pueblos, se congregaba toda una grey de vendedores y aiguders, portando el preciado líquido con botijos de arcilla, no faltaban tampoco los horchateros. Alrededor de la plaza como si de un mercadillo medieval se tratara se colocaban tenderetes con todo un sinfín de las más variadas chucherias, toda esa diversidad de vendedores pregonaban con potente vocerío las bondades de la mercancía, lo que impregnaba al ambiente, un bullicioso sabor festivo alrededor de la plaza de toros de la Saidia en el populoso barrio de Marchalenes.

Bibliografía.
.Juan Miquel de San Vicente.”Memoria sobre la Plaza de Toros de Valencia”.-1861.
.Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta y marjales (…)”2001.

TERRES MARJALENQUES

TERRES MARJALENQUES

TERRES MARJALENQUES

Juan B. Viñals Cebriá

Antaño, eran muchísimas las ocasiones en que el cauce del río Turia se desbordaba de forma menos violenta que durante la riada de 1957 y, por lo tanto sus aguas lograban anegar los terrenos que encontraba por todo vora riu hasta rebasar incluso el tramo conocido como la Rambla. Cuando nuevamente el río entraba en calma y sus aguas discurrían normalmente por su cauce, las tierras antes anegadas, aparecían ahora convertidas en amplísimos marjales; con esta forma de comportarse el río forma meandros, arrastra y construye tierras para el cultivo, que después el mismo se encarga de regar, y de esta forma tan circunstancial e imprevista, y caprichosa la NATURALEZA misma creó les terres marjalenques en esta parte del río, que dieron nombre a este popular raval conocido con el determinativo de MARJALENEA, terres baixes y humitdes junt al vivificador riu, (tierras bajas y húmedas junto al vivificador río).

De aquí infiero que MARJALENA tomó la denominación y tuvo su origen porque sus tierras más bajas, quedaban unidas con el margen del río, que según el caudal que derramaba se formaban las tierras anegosas quedando transformadas estas en lo que los valencianos llamamos terres marjalenques.

De esta misma forma y circunstancia es la que siempre ha concurrido en otros lugares junto a otros ríos valencianos, a cuya vera se han formado zonas húmedas, conocidas con el típico nombre de marjal, o marjals.
Desde la antigüedad junto a los ríos Turia, Júcar Magro y otros se han formado las zonas húmedas o aguanosas y marjales, de mayor notoriedad en la Comunidad Valenciana. La típica y popular Marjal se encuentra bañada por las aguas del río Júcar. En otros lugares, con diferentes formas, extensión y tamaños, también se han formado marjales conocidos como Marjal. De entre los muchos derivados de la palabra marjales existentes y que aun perduran en nuestra Comunidad Valenciana recordaremos algunos de ellos... Marjalena, antiquísimo y popular barrio situado en L’Horta Nord de Valencia, Marjaletes, partida de Sollana (Ribera Baixa), ciudad arrocera por excelencia. Marjaleneria, popular partida que se encuentra en nuestra ciudad hermana de Castellón de la Plana. Marjal dels Moros, en la histórica ciudad de Sagunto Marjal de Pego-Oliva, Marjal de Xeresa, Marjal de Massamagrell, Marjal de Almenara, la Marjal junto a la playa de l’Ampolla, en Moraira-Teulada, etc., etc..

Desde el asentamiento en el lugar de Marjalena nuestros antepasados, árabes vivieron y se acomodaron en almunias, rahals (finca rural compuesta por una o varias casas), alqueríes, barraques, o en una dumuncula (casa pequeña), llogarets y para viajeros, transeúntes y trashumantes se alojaban en alfondech (edificio que servía como hospedería y almacén), estas últimas casas por lo general se encontraban situadas junto al caminás (palabra que aún tiene vigencia en algunos lugares de la geografía valenciana). “Camino grande que no dice de donde viene ni a donde va: sencillamente viene y va de norte a sur y de sur a norte. Suele aceptarse su origen neolítico. Todos los demás caminos le son transversales, lo que indica su posterior apertura”.
Nuestros primeros moradores musulmanes con esfuerzo, constancia y siguiendo los sabios consejos de los ancianos agricultores más experimentados y con un profundo conocimiento de la agricultura y la arboricultura, consiguieron transformar los aigua molls y terrenos baldíos próximos al río, en tierras productivas para el cultivo de arroz y canem (cáñamo). En el resto de estas fértiles huertas que todas ellas más bien parecían un frondoso vergel, con deliciosas vegas sombreadas por gran cantidad de árboles en donde sobresalían de aquella variedad de frutos, la protegida morera, en estas cuidadas huertas se cultivaban gran cantidad de verduras y hortalizas dado el consumo por la proximidad de la ciudad: en ellas nunca faltaba el agua, ya que disponía de ésta en abundancia proveniente de la antiguas acequias, entre otras las de Mestalla, Rascanya, Tormos, braç de Petra, el Goleró, braç de Rambla, braç d’Algirós, i Barranc d`Endolça, que aquellos primeros pobladores árabes proyectaron, construyeron y dejaron como patrimonio para futuras generaciones, una obra que vista por el paso de los años fue todo un portento de avanzada ingeniería para aquella época. Como queda demostrado, la agricultura y los regadíos tuvieron un gran desarrollo, y se introdujeron nuevos y variados cultivos y árboles frutales. La terminología que actualmente empleamos en materia de riegos es todavía totalmente heredada de los árabes: acequia, azud, noria, aljibe, senia y de los mismos tenemos en el actual idioma valenciano palabras como: bacora, carchofa, carabassa, gesmil, sucre, canyamel, dacsa, llima, zafanoria, safrà, taronja, fanecada, arrop, aixerop... Nuestros antepasados musulmanes con sabiduría, destreza y paciencia, consiguieron que de forma perfecta al agua llegara hasta el último rincón de este raval. Combinaron el agua de las acequias con el caudal del río Guadalaviar, que indistintamente se servían de sus aguas para los riegos y cuando lo precisaban empleaban el cauce para realizar el eixugó (dejar sin agua los campos) operación que se realiza previamente a la plantà y a la siega del arroz que se cultivaba en estes terres marjalenques. Los agarenos sentían seducción por sus fértiles y bien cuidadas huertas, sus vegas y rincones umbríos, refrescados por las cristalinas aguas que discurrían por sus limpias y bien trazadas acequias, y su río, mientras que la montaña no tenía ningún atractivo para ellos. La abundancia de las aguas en este raval es el fundamento y principal motivo del profundo arraigo que sentían los moradores por estas fecundas tierras. Por lo tanto, queda confirmado que el origen etimológico del nombre del lugar de Marjalena tiene su base, en el topónimo valenciano Marjal y por lo tanto Marjalena ha guardado siempre la misma filosofía y no ha cambiado más que su ortografía con la llegada del rey Don Jaime I “el Conquistador” en el año 1238, donde muy prontamente aparece el topónimo en los documentos paleográficos (1238. Donación 428) Marchiliena y Marchilienam en El Llibre del Repartiment, aunque con la grafía de Marchiliena, todo como consecuencia de que los escribas reales cristianos, por su origen y formación tienden a latinizar las voces geográficas, a su propia conciencia etimológica. A este respecto el prestigioso arabista Ambrosio Huici, nos ofrece seguidamente una breve, clara y definitiva explicación por la cual un mismo nombre aparece con grafías diferentes en el Repartiment.-
“Las minutas redactadas por diversos escribanos, todos ignorantes del árabe, ofrecen una variedad increíble en las trascripciones tomadas al oído del mismo nombre”. Leído detenidamente lo que nos dice este prestigioso historiador, hay que suponer el gran esfuerzo y las dificultades tan enormes con que se encontrarían los moradores de este raval, cuando se veían obligados a decir el nombre propio o él de este lugar a los escribas que en aquellos momentos redactaban las expropiaciones y posteriores donaciones. Seguramente para hacerse entender con su lengua propia que recordaremos por aquél entonces era el árabe vulgar y romance valenciano dirían despacio y deletreando Mar-ja-le-na... Mar-ja-le-na... pero como asegura el gran arabista Ambrosio Huici los escribas que desconocían la lengua de los vencidos musulmanes valencianos, como queda manifestado dejaban corrompido el nombre como queda demostrado.
Respecto a las dificultades que encontrarían, muy concretamente referido al entendimiento idiomático, entre las huestes conquistadoras, y los valencianos hay que fundamentarlas en al amalgama y diversidad de personas que componían el bando vencedor y el habla tan diferenciada de los valencianos vencidos

Para concluir con la problemática de la descomposición con que aparecen los nombres de algunos topónimos lo hacemos aportando el sabio consejo del cronista del Reino Don Gaspar Escolano que de forma clara y diáfana nos dice: “Al presentarse más tarde los aragoneses bajo los muros de Valencia, corrompieron los nombres árabes de difícil pronunciación o impusieron otros nuevos a las calles, barrios y arrabales”.
BREVE RESUMEN DOCUMENTADO DEL ORIGEN DELTOPONÓMICO
Los documentos consultados respectos al origen del nombre de Marjalena, nos vienen a confirmar que al antiquísimo topónimo se fundamenta y lo origina del suelo de una parte de su partida: más concretamente, las tierras conocidas popularmente como vora riu. Cuando éstas definitivamente fueron rescatadas, se dedicaban al cultivo del arroz, productos de huerta y a cereales, principalmente trigo, siempre tan escaso para el abastecimiento de las ciudades.
Queremos recordar que por los años 1300, junto a las extensas vegas y huertas que circundaban la ciudad de Valencia, existían grandes extensiones de humedales o aiguamolls como le llamaban en lengua valenciana. Estos aiguamolls no eran aprovechados para la agricultura. Los marjales de mayor extensión e importancia se encontraban situados en l’horta sud, por lo tanto muy distantes del núcleo urbano. La importancia y la grandiosidad de les terres marjalenques de l’horta sud contrastaban con las del raval de Marjalena tan próximas a la gran ciudad. Estas tierras de vora a riu que se encontraban en la ribera del Turia, desde el tétrico cremador (Nuevo centro) al pont de Serrans. La proximidad que tenía con la gran urbe y ser paso obligado para desplazarse a los Serranos, reino de Aragón, camp de Llíria i camp del Turia, Campanar, Burjassot, etc. Dieron gran notoriedad no exenta de gran popularidad a las tierras marjalenques de este antiquísimo arrabal. Al respecto de estos humedales, A. Rubio Vel, dejaría escrito:
“En el siglo XIV, en un momento de notable crecimiento demográfico, el “Consell de la Ciutat” decidió emprender la desecación de los mismos, aunque después siguieran llamándose (terres) marjalenques, partidas marjalenques de la ciudad. Los documentos medievales usan la expresión terra de marjal, para distinguirla de la de regadío (horta) y del secá”.

Los vecinos de la ciudad acostumbrados como estaban a transitar por calles estrechas o sinuosas, cuando por cualquier circunstancia llegaban a contemplar “les terres marjalenques” de esta partida o luminoso raval, se encontraban unas tierras de características muy diferenciadas a las que ellos estaban acostumbrados a contemplar en la huerta. Los otros humedales junto al río Túria, como anteriormente hemos mencionado, se encontraban en l’horta sud y por lo tanto muy distantes del gran núcleo urbano, por lo que es muy natural que las tierras marjalencas mas próximas fueran distinguidas con el nombre de Marjalena, mas afín al léxico empleado por los valencianos. De las muchas partidas marjalencas o marjales que existían en el S. XIV en la ciudad de Valencia, la única partida que ha permanecido con el mismo significado pero con diferenciada o corrompida grafia.
Otro documento encontrado de extraordinaria valía es el privilegio llamado concordia y que reproducimos tal cual figura en la crónica.-“El día 16 de agosto de 1386. Pedro IV, concede el privilegio llamado Concordia que tiene como origen francos y marjales. Se trata de la puesta en cultivo de una extensión aguanosa y de marjales junto al río Túria. Esta concordia fue confirmada por Fernando II en las cortes de Monzón en 1510”

En la publicación de E. Burriel se refiere a los Francos y terres marjalenques de los diferentes lugares existentes en la ciudad de Valencia y dice esto tan aclaratorio.-“Antes de que termine el siglo hay una disposición poco citada pero muy importante. Es el establecimiento de la zona de francos y marjales. Dado por Pedro IV en Barcelona el 16 de Agosto de 1386. Organizó esta extensa zona de la huerta, que utiliza los sobrantes de las acequias de la vega, sin ser tierras empadronadas en sus comunidades, quedando bajo la dependencia del Consejo y Jurados de la ciudad de Valencia”

El gran historiador valenciano D. Roque Chabás, al referirse a esta parte izquierda del río Turia y más concretamente a los arrabales de la Valencia musulmana decía:-
“La situación alta del terreno de la Alcudia, por poca que fuere, le daba importancia para tomar este nombre, pues los terrenos más cercanos al río en aquella parte tomaban y aun conservan, el de Marchalenes por donde el río se desbordaba”.
Todo lo anteriormente expuesto queda confirmado en “Documentos y datos para un estudio toponímico de la región valenciana” debido a Maria Cabanes Pecourt, Ramón Ferrer Navarro y Abelardo Herrero Alonso. –
“El agua fue en todo tiempo un motivo denominador importante, desde los primeros pueblos-que encontraban en el agua motivos divinizadores-hasta la cultura árabe-que siempre vio en el agua un elemento imprescindible para sus ritos religiosos o para sus ocios sibaríticos”.
La naturaleza que caprichosamente aflora fuentes, forma cauces por donde deslizarse el agua de los ríos, es en estos favorecidos lugares donde se constituyen los núcleos mas habitados y por lo tanto no podían ser ignorados a la hora de designar denominaciones con alguna vinculación con la calidad del suelo y sus reminiscencias hidrográficas son las que decidían la formación o designación de los nombres. Los referidos autores del mencionado libro nos lo demuestran cuando dicen; los topónimos no son fruto de la sinrazón o caprichoso azar: una razón (geográfica, histórica,...) los ha motivado. Observando la topografía hallamos enseguida la explicación toponímica de numerosas localidades. Esto prueba claramente que las voces geográficas responden siempre a un sistema de denominación de carácter “significativo” y es curioso observar como algunas veces, cuando el hombre no encuentra sentido a ciertas voces geográficas, las modifica caprichosamente, de acuerdo con estructuras morfológicas más afines a su léxico en uso, y –sobre todo- más significativas (ya hemos aludido anteriormente algunos casos de influencia analógica y de etimología popular).

Todo lo anteriormente expuesto queda confirmado por M. D. Cabanes, R. Ferrer y A. Herrero, que cuando se refieren a suelos de las mismas circunstancias y características como el que aquí nos ocupa, dicen lo siguiente:
“Como ocurría en la toponimia de origen árabe, también en el netamente valenciana hay voces geográficas que deben su nombre a las circunstancias del suelo donde se hallan asentados los núcleos de población que representan”.

Del histórico y ancestral topónimo de Marjalena, nombre corrompido después por los escribas de Jaime I en el famoso Repartiment donde éstos dejaban sentado en la donación el híbrido nombre de Marchiliena o Marchilienam, pasando después por el castellanizado Marchalenes hasta llegar, en la actualidad, al modismo ilógico de Marxalenes.
Del antiquísimo y determinativo nombre Marjalena, cuyo origen se pierde en la oscura noche de los tiempos después se adopta el castellanizado Marchalena. El motivo por el cual se distorsiona la grafía del expresivo topónimo, nos lo aclaran los ya mencionados autores de la documentadísima publicación cuando dicen.-
“Numerosos topónimos valencianos han sufrido proceso de castellanización. Quizá uno de los mejores frutos prácticos de los testimonios documentales sea la detectación del proceso castellanizante que han seguido numerosas voces geográficas de la Comunidad Valenciana. La dificultad enorme que suponen algunos fonemas de nuestra lengua a la hora de ser captados por el oído castellano, ha hecho que muchísimos topónimos hayan sido adoptados a la fonética castellana, mucho mas elemental y simple que la valenciana”

Ofrecemos seguidamente un ejemplo que nos permitirá dar a conocer lo difícil que resulta al castellano parlante la pronunciación del fonema (J) cuando se emplea en palabras valencianas como Ajuntament, Major, Marjalena, Marjalenques, Marjaler, etc. El nuevo modismo de Marxalenes, tenemos que suponer que previene del apelativo “marxant”; del castellano marchante, mercachifle o mercader. “Mercader, en probable función de apellido o apodo, incorporado a nuestra lengua por influencia del francés, y procedente del latín “MERCANTIS” (sobre el verbo MERCARI, “comerciar”, “traficar”, “ejercer el oficio de compraventa”)
Por lo tanto el modismo(x) en Marxalenes no guarda ninguna relación semántica ni vínculo con el topónimo valenciano de MARJAL, origen etimológico de los derivados Marjaletes, Marjaleneria, Marjalena, o Marjaló.
El incuestionable y verdadero soporte en que se fundamenta nuestro topónimo, además de lo anteriormente expuesto está en la base de su origen.
Del árabe March-tierras bajas y aguanosas, al castellano Marjal y Almarjal, terreno bajo y pantanoso, al valenciano Marjal terres baixes i hutmides. Las tres lenguas tienen el mismo significado: la calidad y la formación del suelo
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Fin

LA OLLERIA (Partida del raval Marjalena)

LA OLLERIA (Partida del raval Marjalena)

LA OLLERIA (Partida del raval Marjalena)

Juan B. Viñals Cebriá

En el Llibre del Repartimet encontramos seis donaciones referidas a Olarios- Ollarios, en una de ellas la signada con el nº 1070 se puede leer.-
A Fortuny López de Sádaba, las casas de Abraham Cahely, revocando la donación que se había hecho a Pere Sanç de Oblites y seis anegadas de tierra para huerta en la parte de arriba de Olarios, que son asignadas a vosotros Ramón P. Sans y Jaques: y unas casas en ruinas, junto a las ya comentadas para (…)” 3 de febrero de 1239.
***

L`Olleria, antiquísimo llogaret, situado junto la Rambla que se formaba a la vera de la acequia de Petra, y cuyo histórico nombre se pierde en la oscura noche de los tiempos. Lindante entre Benicalapech/Benicalap y, dentro del ámbito del antiquísimo Marchilienam/Marchalenes; engullido por altas edificaciones, aun le podemos encontrar los restos olvidados y lamentablemente abandonados lo que en la más remota antigüedad fue lugar de los denodados ollers. En la década de los años sesenta, concretamente el día 9 de abril de 1964, incomprensiblemente el Ayuntamiento de Valencia rotuló como calle Olba, privando de tan histórico y determinativo topónimo al delicioso llogaret, por donde discurría la caudalosa acequia de Petra, quienes proporcionaban junto la Rambla la arcilla para los artesanales Ollers, nombre que se fundamentaba en el ancestral oficio de los pobladores de este tan antiquísimo lugar. Posteriormente personas mayores, cuyos antepasados vivieron desde siempre en este apacible territorio, dicen que sus abuelos dijeron a sus padres que sus antepasados elaboraban con artesanal destreza objetos construidos con arcillas provenientes de las acequias y ramblas de Petra, Rascanya, Tormos, Mestalla y “vora riu en Marjalena”. Tan artesanal oficiosa existía desde antes de la llegada de las huestes del Rey Jaime I. Los musulmanes valencianos moradores de este territorio eran de profesión Ollers, denominación valenciana del castellano Olleros (alfareros). Se dice que los Ollers de Valencia tenían gran destreza en la elaboración de las diferentes vasijas de barro, y que tenían gran pericia para seleccionar las arcillas para según que objeto pretendían elaborar. Las arcillas pobres en hierro se empleaban para los receptáculos destinados con el contacto con el fuego, ya que estas arcillas resistían altísimas temperaturas como perols i cassoles y otros objetos para cocinas de uso domestico y, los revestimientos de los hornos de pan-cocer. Para la transformación de las grandes ollas, atifells (vasijas), ánforas, cantaros y jarros, se aprovechaban arcillas más elásticas que se moldeaban con suma facilidad y que después de horneados adquirían gran dureza y resistencia. Estos objetos de gran tamaño eran destinados en aquellos remotos tiempos, para almacenar o transportar agua, aceite, vino, salazones y otros adobes perecederos.
ULTIMOS TIEMPOS DE L`OLLERIA
Hasta que apareció la desaforada especulación, l`Olleria era por entonces un idílico paraje valenciano, por donde fluía la mencionada acequia Petra. Mi primera visión de este lugar correspondería al año 1933, en que acompañaba en aquella ocasión a mi abuela María, que iba a visitar a unas amigas. El caserío que recuerdo y la caudalosa acequia eran envueltos por un frondoso vergel con altos y variadísimos árboles que proporcionaban una idílica umbría; sus edificios eran de una u otra manera lo que en Valencia se conoce como alquerías, de construcción bajo medieval , todas ellas se encontraban encaradas a la gran ciudad, uno de los motivos principales que llamaban poderosamente la atención, era la blancura de las fachadas, costumbre arraigada en este placentero poblado, como queriendo perpetuar su ascendencia de los ollers, y como si de un aldea moruna se tratara. Frente al agrupado caserío donde discurría la amplia y profunda acequia se había construido un banco con rajoles cara vista, donde se disfrutaba de tan apacible sombra, favorecida por la frescura de la corriente del agua tan cristalina. Para acceder a la llamada alqueria de Benito (anteriormente Blay Martí), feudo que se encontraba enfrente y para cruzar el canal, se disponía de una palanca, la puerta principal se encontraba cara a poniente. Por aquella mi primera visita, el vecindario mayoritariamente estaba compuesto por huertanos, creyentes en su mayoría, y sentían gran veneración por el dominico Sant Vicent Ferrer. El dominico valenciano que según Martinez Aloy.-“Tanto gustaba de apostolizar por estas huertas”. Por aquellos tiempos aun pude contemplar algún retablo de taulellets manisers, que reproducían al santo valenciano.
Si emprendías viaje desde la ciudad para llegar al caserío, se hacia por el Camino Viejo de Burjasot (actualmente calle Bautista Esteve Ximeno), donde te encontrabas con una deliciosa toponimia, botigueta de Ramoneta, alqueria de Toni, Castelló o del Foraster, antes Colejal; el floriste, alqueria Ballador, alqueria del Ciri, l` estrela i ,Geroni.

ETIMOLOGIA Y ORIGEN DEL TOPONIMO

(*) “Las grafías documentales recogen perfectamente la trayectoria fonética del topónimo. La voz geográfica encuentra apoyo interpretativo en el vocablo común Olleria, alfar, -alfarería procedente igual que oller, del latín. En efecto, el latín vulgar Olla (del latín clásico AULÚLA, olla) originaria también la forma derivada ollarius, de donde nuestro oller formó el valenciano el derivado de Olleria base de nuestro topónimo.
Ya en el Repartiment encontramos lexicado como topónimo el vocablo oller, con la grafia Olarios, y también con la forma latinizada Ollarius.
El topónimo no es exclusivo del Reino de Valencia: Hay Olleria en Jaén. La forma Olleros representa topónimos diversos en Salamanca, Orense, Lugo, León y Palencia. Datos todos estos que vienen a probar la razón semántica del nombre, en relación con la idea de alfarería”.

(*).-Maria D. Cabanes, Ramón. Ferrer, y Abelardo Herrero.- “Documentos y Datos para un estudio Toponímico de la Región Valenciana”.-1981.
ASENTAMIENTO DE LOS TEMPLARIOS

El rey Zeyan, o Abú Zayan y por otros historiadores conocido por Abou-Djomajt Ben Sellan, emir de Valencia, (que anteriormente fue el que destronó al rey Abú Zayd) abandonado por la suerte y por sus alcáides de las diferentes fortalezas situadas alrededor de la ciudad que sucesivamente se iban entregando o pactando con el rey aragonés, favorecido por esta y otras circunstancias al respecto, el erudito historiador Vicente Boix, escribe:
“D. Jaime que con la mayor seguridad pudo en consecuencia, avanzar hasta la playa del Grao y tomar sus disposiciones para dar el comienzo el sitio de Valencia, su ejercito ascendía a setenta mil infantes, y dos mil caballos, compuestos por aragoneses, catalanes y provenzales, algunos castellanos y numerosos aventureros, ingleses, franceses e italianos, de los que habían militado en las cruzadas sobre Jerusalén, y entre esta muchedumbre de extrañas costumbres, usos e idioma, figuraban diferentes obispos, abades y religiosos que seguían al rey en esta expedición”.

Como luego nos indica Don Vicente Boix; con todos los preparativos y contingencias previstas, ordenó desplegarse al ejercito cristiano para la conquista de la capital del reino: “Y estableció su campamento a la parte del Mediodía en la alquería de Ruzafa. Los ballesteros de Jaca, con un escuadrón de la caballería del Temple, se situaron en la huerta de esta ciudad, cuartel de Benimaclet, parte de levante entre este lugar, el Grao y la ciudad.”...

V. Boix, prosigue el relato con un hecho histórico íntimamente relacionado con esta partida cuando nos dice.-”El maestre de los templarios acampó con sus caballeros en la misma huerta, partida de la Olleria, cuartel de Campanar *(Este sitio fue cedido por el rey al maestro del temple y a sus cincuenta caballeros, como consta en el real registro SUPER DONATIONE VALENTIAE. Era 1277(año 1239). Extinguida aquella orden militar, pasó la propiedad de ese terreno a la de Montesa: y se halla situado entre el camino de Burjassot y de Moncada, quedando desde entonces por recuerdo la cruz de piedra, llamada la Cruz de Moncada.”

“Los catalanes se situaron al poniente de la ribera del Turia, y el comendador de San Jorge de Alfama al Mediodía en el cuartel de Patraix, y la caballería tomó posesión en una altura que había junto al río seco de Torrente.”

“La retaguardia compuesta de la gente de Tortosa, quedó situada cerca del punto que ocupaba el rey, a la otra parte del Turia, sobre la orilla del mar y la marjal, en el partido de Castelló de la Albufera, cuyo terreno repartió luego el monarca entre algunos soldados almogávares”.
Como queda anteriormente demostrado, el ejército cristiano fue desplegándose en círculo por l`Ollería, Marjalenes, Benimaclet, El Grao, Ruzafa y Patraix, hasta quedar sitiados los arrabales y la ciudad de Valencia.

El historiador y militar Vicente Gascón Pelegrí, estudia la táctica empleada por el numerosísimo ejército cristiano frente al escaso número de defensores musulmanes y nos dice:
“Por su parte, la guarnición sarracena se componía tan solo de diez mil hombres, los cuales optaron por encerrarse dentro de la ciudad, y organizar la resistencia a ultranza, encima de la muralla”.

La lectura concerniente a la conquista de Valencia, según la versión de diferentes historiadores al ser tan breves estos textos puede causar al lector la equivocada impresión, de que la conquista de Valencia, fue una cruzada, o guerra de muertes continuas y destrucción del adversario. La realidad fue otra, la contienda entre cristianos y musulmanes duró doce largos años, y en el transcurso de los mismos, hubo épocas de lucha y tiempos de pactos de paz y de treguas. Esta forma de practicar la guerra permite a los vencidos que puedan continuar viviendo en las mismas moradas y seguir enseñando a sus hijos la religión de Alá. Esta teoría queda avalada por el esclarecedor texto debido al historiador R. Ferrer Navarro cuando asegura -que la guerra como tal, tan solo adquiere ciertos momentos de dureza en contadas ocasiones, el relato aclaratorio del investigador queda expresado en los siguientes términos; “La violencia del ejército conquistador solo se da en contadas ocasiones en la conquista de las tierras al sur del río Júcar, en tal caso jamás se habla para nada de cruzada”

La entrada victoriosa a Valencia por el Rey D. Jaime I y sus invictos ejércitos, fue el día 9 de Octubre de 1238. Después de la Conquista de Valencia, la documentadísima catedrática A. Cabanes, nos dice: “Los musulmanes, formarían el grupo más coherente y homogéneo de la Valencia reconquistada. Nuestra hipótesis los supone en posesión de unas mil doscientas casas aproximadamente, las cuales explotarían bajo tipos de contratos diferentes”.

(*) Es oportuno aclarar que cuando posteriormente el historiador y catedrático de la Universidad don Vicente Boix redacta esta crónica, Marchalenes, la Olleria, Benimámet, Beniferri, Benicalap, Orriols y Borbotó todos estos lugares se encontraban incorporados al cuartel de Campanar. La palabra cuartel, actualmente tiene el significado de distrito. Por lo tanto nada que ver en el momento de la reconquista de Valencia .Hasta la década de los años sesenta la estacioneta del trenet, llevaba el nombre de la Olleria.

Parque de Marchalenes

Parque de Marchalenes

Parque de Marchalenes
Inaugurado oficialmente, el día 6 de junio de 2001

Juan B. Viñals Cebriá

SITUADO EN PLENO CORAZÓN DEL ANTIGUO Y POPULAR BARRIO DE MARCHALENES, ENTRE LA AVENIDA DE PORTUGAL, Y LAS CALLES, SAN PANCRACIO, LUIS CRUMIERE, REUS, PINTOR LLORENTE, ALQUERIA DE LA ESTRELLA, POETA FERNÁNDEZ HEREDIA, GALERÓN, VELERO, ECONOMISTA GAY, y ESTEVE XIMENO.


TOPOGRAFÍA: Según literatura municipal, -
con una extensión de 80.000 metros cuadrados-, el Parque de Marchalenes, está ubicado en el corazón mismo, de este popular y típico barrio del mismo nombre.
CONTENIDOS:La arboleda del Parque está organizada en parcelas dedicadas a cada uno de estos árboles: palmera, algarrobo, olivo, almer, roble, fresno, olmo, carrasca, chopo, pino y sauce.
Además, el parque tiene una representación a través de un homenaje a la tradicional llanura o conca que conformaban las tierras marjales de entre la Rambla y vora riu, en el septentrión de extramuros de la ciudad de Valencia, que desde la más remota antigüedad fue cultura de este arrabal mitad lacustre, mitad huertano.

Finalmente, el parque conserva cuidadosamente un corto trecho adoquinado (aunque ignorado) de camino que muy bien podría tratarse de reminiscencias de la Via Augusta. En su interior guarda también una serie de edificaciones, como la casa rural de Voro de Barraca (1920), alquería de Lluna (1914, propiedad de Doña Clotilde Goreti), fragmentos de la alquería de Castelló (Foraster), utilizado como almacén de aperos, alquería de Félix con reminiscencias del siglo XIV, esta antiquísima casa rural, está destinada al nuevo centro didáctico, cuyo objetivo es mostrar las características de los humedales (aigua molls) y las viviendas rurales con ecosistemas lacustres valencianos, en el exterior de esta última alquería (cerca de la puerta norte), se ha construido un pequeño lago, a modo de reproducción de tierras lacustres, que permite contemplar un ullal y la fauna, y flora, de los humedales, donde un bien dispuesto camino de travesaños de madera rodea al estanque. La alquería Barrinto alberga la biblioteca Joanot Martorell, además el parque cuenta con unas piscinas cubiertas, una escuela de jardinería, instalaciones deportivas para la práctica del fútbol, tenis o baloncesto, cafetería para las personas de la tercera edad, y un bonito parque infantil, sin olvidar los bancos bien dispuestos para el descanso, o los alegóricos monolitos bien distribuidos que adornan los espacios verdes, quedan por adaptar las naves de reciente construcción (primera década del s.XX) destinadas primeramente como establos de engorde de ganado porcino y, posteriormente como almacén de aceites. El fundamento del parque está dirigido plenamente a perpetuar el origen etimológico del verdadero sentido de la palabra -marjal- o el laborioso trabajo que antaño realizaban -els marjalers- gentilicio de los oriundos o moradores de este antiquísimo arrabal, ese fue el germen de la idea, a la hora de construir el nuevo parque. Su primera fase (48.000 de los 80.000 metros cuadrados, los restantes según informa el propio consistorio, darán comienzo en breve 2007), y se perpetuaran en un homenaje a las tierras marjales. El deseo de que el agua hiciese la función de hilo conductor y el origen de los campos y huertas, de las alquerías y redes de las
antiguas acequias islámicas de Mestalla, Rascanya, Tormos, Petra, i goleróns, braçals y braçalets, que antaño discurrían por este antiquísimo poblado mitad lacustre, mitad huertano. Citado Marchiliena en (s.XIII) y Marjalena (s.XV).

SEGUNDA FASE
Principio del año 2008, en el plazo de quince meses si no acompañan las demoras de las primeras fases, quedará culminado el proyecto completo del Parque de Marchalenes, uno de los mayores espacios verdes de la ciudad, cuya primera fase se ejecutó entre los años 1996 y 2001, seguida de una primera ampliación entre 2001 y 2003. Con esta segunda fase quedará definitivamente resuelto este gran parque urbano que, además de su amplia zona ajardinada, incluye la rehabilitación y adecuación como servicios públicos varias construcciones protegidas.
Esta nueva y definitiva fase del parque, cuyo presupuesto total asciende a 3 millones de euros, repartidos en dos anualidades. La actuación se extenderá sobre una superficie de casi 11.000 metros cuadrados, que vienen a sumarse a los 70.000 ya en uso.
El motivo central de esta nueva fase del parque será un gran palmeral, que se ubicará próximo a un vivero de plantas aromáticas, ornamentales y medicinales y una alberca de grandes dimensiones. Además de los espacios verdes, el proyecto ha querido destacar también el perfil de contenedor cultural del nuevo ámbito, que redundará en beneficio de los residentes del distrito de La Zaidía y de todos los ciudadanos en general.
Casas protegidas, se trata de la alquería de Voro de Barraca, que albergará un espacio para jóvenes que gestionará la Concejalía de Juventud; la Casa Lluna (Clotilde Goreti), en la que se habilitará un centro de actividades para mayores, dependiente de la Concejalía de Bienestar Social, y la antigua fábrica de aceites de Barrinto que servirá de sede a la llamada “Universidad de la Experiencia”, un lugar donde las personas jubiladas que, como ha explicado el concejal Jorge Bellver, “todavía puedan compartir sus conocimientos y experiencias con otros mayores o jóvenes, puedan seguir contribuyendo y participando en la mejora de la sociedad”.
En la primera fase del parque. Bordeando cada recuadro de plantas aromáticas y ornamentales se colocarán árboles frutales, generalmente cítricos.
Además, en esta nueva zona del parque se ha previsto un área de juegos infantiles junto a la alqueria de Voro de la Barraca, donde se colocarán columpios, toboganes y juegos conocidos como trepadores. Alrededor de Casa Lluna (Clotilde Goreti) se instalarán tenis de mesa y tablas de ajedrez, así como un espacio para el birler.
Como es conocido, el agua es uno de los elementos fundamentales de la primera fase del parque, con una laguna y un ullal, junto a espacios de huerta y arboledas típicas del antaño paisaje de este típico raval. Dentro del propio parque, que está concebido como un gran contenedor cultural, además de su carácter de zona verde, destacan la biblioteca habilitada en la alquería de Barrinto, el centro ocupacional de la antigua estación del trenet de Marchalenes y el museo etnográfico de la vivienda rural y escuela de la naturaleza de la alquería de Félix Valls.

Río y arrabales al norte de la ciudad de Valencia: El caso de Marchalenes.

Río y arrabales al norte de la ciudad de Valencia: El caso de Marchalenes.

Río y arrabales al norte de la ciudad de Valencia: El caso de Marchalenes.
ANTECEDENTES HISTORICOS DE LAS RIADAS EN EL SEPTENTRIÓN DE EXTRAMUROS DE LA CIUDAD DE VALENCIA (1957-2008)

Juan B. Viñals Cebriá.

Los historiadores, y especialmente los tratadistas, son coincidentes en afirmar que la ciudad de Valencia fue fundada por los romanos en el año 138 a. C. sobre una superficie aterrazada del río Turia. Las razones que posiblemente indujeron a la elección de este tipo de emplazamiento son similares a las de otras importantes ciudades conocidas del mediterráneo; en el momento de su fundación, Valencia se ubica en un entorno geográfico: a la vera del río Turia, relativamente cerca de la costa, con tierras aptas para el cultivo, litoral accesible, abastecimiento de agua dulce, Ahora bien, sobre este tipo de asentamiento, aparentemente tan ventajoso, algunos científicos consultados opinan que se encuentra entre uno de los más inestables y vulnerables ambientes geográficos mediterráneos.
Por la lectura de los textos de Fray José Teixidor*, Bibliotecario del Real Convento de Predicadores de Valencia, auto proclamado cariñosamente como -rateta d'arxiu (1767), sabemos que.-
El doctor Agustín Sales Cronista de la Ciudad y Reino de Valencia, en la Pág.59, de su erudito opusc. Turia mar mor, insinuó algunas de las memorables evenidas de nuestro río. En primer lugar coloca las que menciona el rey Don Jaime en los Privilegios que concedió a nuestro convento, III. Kal. Januarii anni MCCLVIII. Et Idibus Decembr, ann, MCCLXXII. Pero es de notar, que en dos Privilegios no se hace memoria de determinadas avenidas: pues el primer Privilegio es una licencia que concedió el Rey, al padre Fray, Arnaldo Salomón, prior para que en su comunidad religiosa –“Autoritate nostra et vestra possititis stabilere et dare illam Punctam vestram, quae est contigua muro damus vestrae supra Cimiterium vestrum Inter. Fluvium de Godalaviar et Civitatem Valentiae (…). La primera avenida cierta, que pone Sales, dice, que sucedió el dia 28 de septiembre de el año 1328 y que por ella se labró la gran Torre de Santa Catalina*(1390) contigua a los muros de Valencia” (…). Pero hubo otra anterior, en el año 1321, aunque no consta el dia cierto, según es de ver en el pregón que se hizo publico el viernes 16 de octubre del dicho año 1321, que se halla en el Manual 1º. De Consejos fol. CLxxvIII. (…).
*José Teixidor.-Antigüedades de Valencia. Libro, I, Cáp. VI.-1767.
El anterior texto debido al clérigo Teixidor, reproduce testimonios del Doctor Sales, por lo cual nos permite conocer la relación de las riadas experimentadas tras la primera documentada sin más concreción en 1321. El régimen pluvial de nuestro río, ha sido siempre propenso a cíclicos desbordamientos, lo que ha supuesto una constante y fuerte erosión en los sistemas fluviales, desde los tiempos históricos van a ser agentes principales de una acelerada morfogénesis que transformará radicalmente los paisajes iniciales de nuestra ciudad. Durante los 2.000 últimos años se han producido fenómenos de transmutación de litorales, lagunas y marjales tanto costeras, como las existentes -vora riu- en Marchalenes, donde se han experimentado cambios en la fisonomía en la hondonada próxima al cauce y en las salidas, simultáneos a los cambios en la línea de costa, encenagamiento de las deltas, al igual que otros que se ubicaron aprovechando la desembocadura como nuestro primitivo Guadalaviar como queda refrendado en antiguos documentos.
***
La geología en este particular territorio de -vora riu- donde se formaban las determinativas tierra marjalencas ,constituían la parte más novedosa de la historia natural más próxima a la gran ciudad, donde desde los tiempos históricos este peculiar territorio ha venido sufriendo constantes trasmutaciones por su extrema proximidad con el Turia, más al norte, es donde se encontraba el altozano huertano, que favorecido por tan extensa y tupida red de acequias y canales, que surcaban en todas direcciones, lo cual favorecía la presencia de una huerta fértil y propiciaba la existencia de gran variedad de árboles cuyos frutos son ahora inexistentes.
*la mencionada torre se encontraba próxima al actual IVAM, y servia como defensa de la margen derecha, y por el contrario regolfaba la corriente sobre Marchalenes.
El caso de la llanura aluvial costera de la ciudad de Valencia es un claro ejemplo de esta transformación histórica del paisaje, desarrollado entre la primera riada documentada en 1321 y tras la última acontecida en 1957, según los historiadores y cronistas valencianos, pasando desde el citado Sales, pasando por Teixidor, Boix, Carboneres Almela y Vives, y muy especialmente
M. Sanchis Guarner, y nuestro contemporáneo Ignaci Mangue, nos ofrecen una amplia recopilación de las riadas argumentadas, que trascurrieron en nuestra ciudad; por esas mismas anotaciones, podemos saber, que existen referenciados 50 desbordamientos del río Turia, crecidas y noticias de inundación sin relato a la magnitud o alcance del acontecimiento, pero quede claro que todos estos sucesos pluviales afectaron siempre de una u otra medida al poblado de Marchalenes y a su circunvecino Tendetes. Almela y Vives en el libro titulado, Las Riadas del Turia (1957), nos advierte de esta manera sobre las características tan peculiares del río Turia.-
“Como el régimen del Turia seria poco más o menos, el mismo en el siglo XIV, que los anteriores, es de suponer que en estos últimos hubo avenidas de consideración. Los materiales históricos aprovechados para redactar este libro no mencionan concretamente ninguna avenida de los siglos XII, XIII etc., como no sea la que en 1088 se llevó el puente de Alcántara (…). Pero que las hubo es de suponer, aparte que son mencionadas positivamente de un modo general.
Don Roque Chabás, que nunca escribía a humo de pajas, al referirse a la Alcudia, arrabal de la Valencia musulmana, decía:
“La situación alta del terreno de la Alcudia, por poco que fuere, le daba importancia para tomar este nombre, pues los terrenos más cercanos al río en aquella parten tomaban, y a un conservan, el de Marchalenes, por donde el río se desbordaba”.
***
Por posteriores estudios realizados en el subsuelo del casco antiguo de la urbe, próximo a este arrabal de extramuros, a la vera del río Turia, se han encontrado las huellas de otras inundaciones de época romana y musulmana. Por lo tanto tendremos que convenir por lo dicho por toda la pléyade de eruditos, que escribieron sobre nuestra ciudad:- “que Valencia es una ciudad asentada sobre los limos aluviales acumulados en la llanura o cuenca de inundación del río Turia, donde la antiquísima Marjalena s. XV, se asienta la vera del cauce del río tantas veces mencionado. La comarca valenciana más altamente productiva se contemplaba hasta hace medio siglo, ampliado hacia el norte gracias a la presencia del Barranco de Carraixet y hacia el sur por el Barranco de Torrente y el río Xúquer, lo que ha supuesto históricamente que todo el litoral valenciano sea un espacio eminentemente fructífero y poblado, tenemos que exceptuar dentro de tan valioso territorio el pequeño perímetro donde quedaba asentada la Rambla y hondonada que antaño existía desde que rebasado el arrabal de la Alcudia, se alcanzaba al Palau Reial y desde tan emblemático y lastimosamente desaparecido lugar (1908), por poniente se alcanzaba hasta el lugar conocido por el –cremaor- actualmente junto al puente de Ademuz.
***

Para dotar científicamente el relato referido al desbordamiento del Turia, en 1957, aportaremos junto nuestros personales testimonios, el estudio realizado por Doña, Pilar Carmona González, Doctora en Geografía, y de D. Joan Olmos Lloréns, Doctor, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, autores del opúsculo titulado. – Río y ciudad: El caso de Valencia. nº 28 año 1994 Ríos,II.-
“Los sedimentos de riadas: desbordamientos de los siglos I y II a. C. en la plaza de l’Almoina; en época romano-imperial, siglos I al IV d. C., en el subsuelo de la calle del Mar, en la plaza de Zaragoza; en época musulmana (siglos ix, x, xi) el casco histórico de la ciudad, se inunda de forma catastrófica: aparecen casas con las paredes reventadas por la presión del agua y pozos cegados por gruesas capas de cantos, grava y arena acarreados por el río durante una de las crecida del Turia.

En las excavaciones arqueológicas iniciadas el 4 de agosto de 2003, en un solar próximo se encontraron restos de la riada que asoló la ciudad musulmana en el siglo XI. Los arqueólogos han constatado la catástrofe natural gracias a los muros destrozados y abundancia de piedra de aluvión arrastrada desde el cercano río Turia.
El Meteorólogo J. Fernández Campa, en su análisis “El tiempo en España durante el año agrícola 1957-58” del CALENDARIO METEORO-FENOLÓGICO 1959, publicado por el Servicio Meteorológico Nacional, al comentar el tiempo atmosférico acontecido el mes de Octubre de 1957, decía lo siguiente:
“Las precipitaciones que descargaron en la mitad oriental de la Península fueron abundantísimas, superándose en Valencia el 600 por 100 de las normales. En dicha región, los intensísimos chubascos tormentosos ocasionaron el desbordamiento del Turia y un verdadero desastre regional. Las lluvias, en cambio, fueron escasísimas en el Norte, Duero, Extremadura y Oeste de Andalucía. Las temperaturas medias mensuales se aproximaron a las normales.”
“La primera década empezó con un descenso térmico, nevadas en puntos del centro y mitad norte de la Península, y tormentas y chubascos en Cantabria. Siguieron precipitaciones intensas en la región Central y Levante. A partir del día 4 el tiempo, en general, fue bueno y las temperaturas normales.”

“La segunda década, del 11 al 15, fue de precipitaciones generales de carácter tormentoso, que adquirieron su máxima intensidad los días 13 y 14 hacia Levante, ocasionando el desbordamiento del Turia y una catástrofe regional sin precedentes en el siglo. Los días 19 y 20 fueron de carácter tormentoso en muchas zonas. Las temperaturas se caracterizaron por la escasa amplitud de sus oscilaciones.”
“La década tercera fue la más seca. Empezó con chubascos en Cantabria y terminó con pequeñas precipitaciones en el Norte, alto Ebro, puntos del Duero y hacia la provincia de Cádiz. El día 29 descargaron tormentas en Cantabria. Las temperaturas máximas fueron algo más elevadas que las máximas normales, a partir del día 25.”
“Las lluvias torrenciales de Levante ocasionaron grandes daños a los cultivos y cosechas ya recolectadas. En otras regiones, las lluvias y las temperaturas benignas favorecieron los sembrados tempranos y los pastos.”
La precipitación mensual del mes de octubre del año 1957 recogida en el Observatorio Meteorológico de Valencia había sido de 309,9 mm. ( litros por cada metro cuadrado). Como contraste, en las lluviosas ciudades gallegas de La Coruña y Santiago de Compostela se totalizaron aquel mismo mes 13,7 mm. Y 6,0 Mm., respectivamente. Valencia registró entonces el máximo mensual de precipitaciones del mes de octubre de todos los Observatorios peninsulares.
El desastre regional había sido de tal magnitud que el Gobierno no tuvo más remedio que adoptar decisiones importantes. Meses después se aprobó la denominada Solución Sur, que consistía en desviar el río, construyendo un nuevo cauce de 12 Kilómetros de longitud y 175 metros de ancho, capaz de desaguar 5.000 metros cúbicos por segundo en una nueva desembocadura del Turia, que iba a situarse tres Kilómetros al sur de la existente. La riada de 1957 había llegado a alcanzar, según los cálculos, un caudal máximo de 3.800 metros cúbicos por segundo. Teóricamente, con el desvío del nuevo cauce, las inundaciones en la ciudad ya no eran posibles. Las obras comenzaron en 1964 y finalizaron en 1973, aunque no se completó totalmente el programa”.
VALENCIA Y EL RÍO TURÍA

A pesar de las trágicas inundaciones que en ocasiones ha deparado “nuestro” río Turia, los valencianos nunca hemos dejado de reconocer la riqueza y prosperidad que han proporcionado sus aguas, a la fértil vega de la huerta valenciana. Valencia agradecida, siempre ha enarbolado con orgullo su condición de la "capital del Turia", o “perla del Turia”.
Limitando la descripción a nuestra particular margen izquierda del río Turia, donde se formaba la cuenca o llanura, entre la orilla del río, y la Rambla, son territorios donde se formaban en la más remota antigüedad les terres marjalenques, actualmente conocidas por el prostituido Marxalenes.

MARCHALENES Y LA ZAIDIA

MARCHALENES Y LA ZAIDIA

MARCHALENES Y LA ZAIDIA

Juan B Viñals Cebriá

Narración referida al Real Monasterio de la Zaidia que se hallaba, situado hasta la década de los años sesenta en Marchalenes, en el llano que existía entre la Rambla y el río Turia, en el septentrión de extramuros de la ciudad de Valencia.-

La Zaidia. No menos renombrado, ni menos suntuoso, ni menos histórico que los grandes monasterios de aristocráticas religiosas existentes o que han existido en varios puntos de España, como las Huelgas de Burgos, las Dominicas reales en Medina del Campo, las Salesas, las Comendadoras de Calatrava y otras de Madrid y de diferentes ciudades de la Península, es el histórico y celebradísimo monasterio de la Zaidia en Valencia, fundado en 1260 por doña Teresa Gil de Vidaure, a quienes algunos historiadores han colocado en el catalogo de las reinas católicas, como presunta esposa de Don Jaime el Conquistador”.
-Juan B. Perales.-Tradiciones Españolas, Valencia y su provincia.-1882.
***
“Descuella sobre todas, en los fastos de Valencia, la gloriosa figura de D. Jaime I el rey Conquistador, y a su lado vemos, al evocar su memoria, una imagen femenina, bella y sonriente primero, afligida y llorosa después, tranquila y resignada, por fin, la imagen interesante y simpática de su muy amada y querida señora Teresa Gil de Vidaure (1), ejemplo conmovedor de la inconstancia de los triunfos amorosos. Si queremos saber cual es el último consuelo de los triunfos amorosos. Si queremos saber cual es el último consuelo de la hermosura malograda, pasemos desde Valencia el puente de San José, y a la otra parte del río, encontramos un Monasterio, que lleva aún el dulce y eufónico nombre arábigo de la Zaidia. Allí hay un convento de monjas recién construido. Al penetrar en el reducido zaguán de la portería, -veremos encima del torno el retrato de una religiosa, que conserva en su rostro señales de singular belleza, y leeremos en la inscripción puesta debajo de el: La V.Sª. Rª Doña Teresa Gil de Vidaure, fundadora de este Real Monasterio para señoras nobles que quisieran ser Religiosas Cistercienses, cuyo monasterio consagró a Maria Santísima de Gracia, y en él jamás quiso ser Abadesa, pero admitió gustosa el empleo de Portera, en que murió a 15 de Julio de 1285. Entramos en la iglesia, toda nueva y reluciente, y en un comulgatorio, a la parte del Evangelio, hallaremos una urna forrada de damasco carmesí, con galones de oro, cerrada por una tapa delantera, la cual abierta, nos permite distinguir, a través del cristal, el cuerpo momificado de una mujer, vestida con hábitos de monjiles. Estos so los restos de aquella hermosísima dama a quién tanto amó el Conquistador, y a quien tanto hicieron sufrir los reales amores (…). Aunque el matrimonio no llegó a celebrarse, considérala desde entonces como esposa, ya que no como reina (lo que llamaríamos ahora esposa morganática), y le donó para su morada el palacio que había sido de los reyes Lobo y Jayent. Poco después cuando llevaba ya en las entrañas el fruto de su unión, concedióle el castillo de Jérica, para ella y sus sucesores, y algo más tarde, el sitio llamado la Zaidia
(Çaadia) (2).
Aquella felicidad duró poco: la hermosa Teresa fue atacada de lepra, y huyó de ella el real amante (…).
En 1265, poco antes de abandonarla el rey, había fundado esta en la Zaidia un monasterio de religiosas de la Orden del Cister, bajo la invocación de Nuestra Señora de Gracia Dei. Para este monasterio otorgó D. Jaime mercedes y privilegios.
Al lado del convento construyó un reducido alcázar, que llamaban el Realet y en el vivía cuando estaba en Valencia (…)”.
En una escritura que otorgó Doña Teresa, en Zaragoza, el 3 de octubre de 1278, y que vio en el archivo del monasterio José Teixidor. “(…) repartía su pingüe hacienda entre sus dos hijos, habidos del rey. D. Jaime de Jérica y D. Pedro de Ayerve, dispuso que se le enterrara en la iglesia de Gracia Dei, y así se hizo, dando sepultura a su cuerpo junto al altar mayor. Años después fueron inhumados allí mismo su hijo D. Jaime y la esposa de este, Doña Elfa Fernández de Azagra.
El monasterio de la Zaidia fue arrasado, como el palacio del Real y otros edificios situados igualmente fuera de las murallas, cuando vinieron los franceses contra Valencia (…). Las religiosas llevaron consigo los restos de Dª.
Teresa y de sus hijos, que guardaban con respetuosa veneración y los restituyeron al convento de la Zaidia cuando fue reedificado. Nada queda de la obra antigua: en su sencilla fachada, de ladrillo perfilado, destácanse sobre la puerta, esculpidos en mármol, los escudos de la fundadora y de la Orden del Cister. La nueva iglesia concluida en 1879, es un espacioso templo claustral, de orden corintio, con crucero, y cúpula asentada sobre una elegante galería, que le da luz”.

1ª.-Así llama el rey en sus donaciones que le hizo.

2ª.-Dice Escolano que, según unos, tomó este sitio el nombre de Zaidia por haber sido casa de campo de un magnate moro llamado Zaidi; y según otros, por que allí tenía baños y jardines una mora que se nombraba Zaida. En el primer Repartiment de la ciudad, se lo adjudico al arzobispo de Narbona, confesor del rey; después lo recobró el rey para regalarlo a su amada. Esta donación está fechada en Lérida a 5 de de abril de 1260.

-Teodoro Llorente.-Valencia, sus monumentos y artes (…)”.-1889.

***

-Ahora para conocer sobre la relación amorosa sucedida en el monasterio de la Zaidia recurrimos a Pedro Sucias, quien en 1911, escribiera sobre la hipotética boda entre el rey D. Jaime I, y Doña Teresa.-“(…) pero creemos según nuestra opinión seria por los años de 1253 al 1254, por cuanto que el Rey D. Jaime les señaló morada correspondiente al rango de su mujer de Monarca, concediéndole para siempre el Palacio que en tiempos de los moros había sido de Lobo y Jayent con todas las casa anexas al mismo según consta del Real Privilegio refrendado por su escribano Pedro de Capella (…) Se llamó Zaidia, que quiere decir en árabe población pequeña: barrio de casa que tienen un justicia propia, escuelas y las casa más necesarias para poder vivir con comodidad y es a lo que llamaron los moros Zaidia, y que en aquellos tiempos era del Monarca Lobo(…).
En el año 1417 en el día 12 de Febrero acordaron los Justicias y Jurados de la Ciudad el dar al Monasterio de la Zaidia doscientas libras para que las gastasen en obras, para cuando visitaran Valencia Don Fernando y Doña Isabel y por ser de tanta fama este Monasterio se alojaran por espacio de tres días (Archivo del Ayuntamiento)”
“(…) D. Jaime casó con Doña Teresa en la Catedral de Gerona ocultamente cuyo acto autorizo el obispo, dos testigos y los padrinos. Esto lo dicen Zurita, Teixidor y otros autores (…), y el no poderse casar D. Jaime con Doña Berengüela, todo viene a justificar que el casamiento con Doña Teresa tenia toda la validez necesaria y además hacemos más fuerte la opinión que D. Jaime casó con Doña Teresa cuando escuchemos al Romano Pontífice.
Diole luego para su habitación correspondiente a su estado de mujer de un monarca el real alcázar que en tiempo de los moros fue palacio del rey Lobo, con todas las casas y habitaciones anexas. Hizo esta donación en Lérida a 10 de Abril de 1255 en presencia de muchos caballeros y personas principales, le hizo donación también del castillo de la villa de Jérica con todas sus gentes y términos, le dio además el 5 de Marzo de 1260, “hallándose el rey en Lérida el Llano de la Zaidia con varias huertas y casas (1).

1.-Zaidia, según nos trae su nombre porque por en el palacio del rey moro que estaba en donde se halla este monasterio, vivió una reina mora llamada Zaidia Zulema, y según otros Zaidia en árabe es igual que decir barrio bastante grande que tiene comercios, escuelas, autoridades, mezquita, casa con medicinas y todo lo necesario para vivir en el.

-Pedro Sucias, presbítero.-Los Monasterios del Reino de Valencia.-1911.

***

“El féretro tenia un cristal por delante, cerrado con dos llaves, y sobre su cubierta se leía la siguiente inscripción sepulcral:
LAVENERABLE BEATA Y SANTA REINA DOÑA TERESA GIL DE VIDAURE, DESPRECIANDO EL MUNDO FUNDÓ ESTE MONASTERIO AL QUE DIO EL TITULO DE BEATA MARIA DE DE GRATIA DEI, A QUIEN CONSAGRÓ, Y EN EL TOMÓ EL HABITO, PROFESÓ Y VIVIÓ SANTAMENTE ENTRE LAS RELIGIOSAS CISTERCIENSES”.

El Marqués De Cruilles.-Valencia, antigua y moderna.-1876.
***
Según consta en algunos de los documentos consultados, las religiosas disfrutaban el extraño privilegio de poder salir del monasterio hasta la misma orilla del mar, pero con la condición de no poder entrar en el poblado de Marjalena, de esta gracia gozaron hasta mediados del siglo XVI. En la que a petición propia se redujeron a clausura.
El Rey Felipe V (1708). Por sus buenos servicios que había prestado el Monasterio durante las guerras de sucesión envió una carta Real para que las religiosas del monasterio de la Zaidia tuvieran en lo sucesivo los títulos de Ilustrísimas Señoras.
***

Lamentablemente en los años sesenta, fruto de las construcciones desaforadas y el ánimo de construir por doquier, fue lastimosamente derribado el renombrado Real monasterio de la Zaidia.
-Monasterio Cister - Trapa. El edificio actual es una construcción reciente, de principios de la década de los años 70 del siglo XX. Se encuentra situado en Benaguacil (Valencia).
Fin

MARCHALENES Y EL DOCTOR OLÓRIZ

MARCHALENES Y EL DOCTOR OLÓRIZ

MARCHALENES Y EL DOCTOR OLÓRIZ
Semblanza biográfica

Juan B. Viñals Cebriá

Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio, sin autorización escrita del autor Juan B. Viñals Cebriá.
Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual, 27-XI-2oo6.

Todos sabemos que desde 1919, existe una calle rotulada con el nombre de "Doctor Olóriz", pero lo que puede que algunos no sepan es quien era D. Rafael de Olóriz y Martinez(1848-1913),Doctor en Derecho y vice-rector de la Universidad Literaria de Valencia.

***
Prologo.- Panorama histórico que le tocó vivir al Doctor don Rafael de Olóriz y Martínez. El segundo medio siglo XIX y más de dos décadas del siguiente siglo XX, que le tocó vivir a nuestro benefactor, fueron entre dos guerras civiles las de 1833 y 1872,donde transcurren las cuatro décadas más agitadas de lo historia de nuestro País, después nos precipitaríamos en cien años de búsqueda (1874.1978). José L. Yuste.-Un jurista y profesor de Universidad, con preocupación responsable por los problemas básicos del Estado y por la alta política, hace un compendio desapasionado de ese fragmento concreto de nuestra historia, cuando la describe de la manera siguiente.-
"La pacifica proclamación de la II República vuelve a traer a España un instante de esperanza. Pero la inexperiencia de los nuevos gobernantes se suma la intolerancia de unos y la impaciencia de otros (…). Canovas llega al poder en 1874, a los cuarenta y seis años de edad. Durante los siete años inmediatamente anteriores la vida política de España había alcanzado un ritmo frenético: 2 Constituciones, un destronamiento, fracaso de una dinastía, hundimiento de la I Republica: guerra civil en el interior, guerra colonial en Cuba; 14 gobiernos, 4 presidencias en el ejecutivo republicano, 2 regencias, 3 golpes de Estado militares, y un presidente del Gobierno muerto a tiros en las calles de Madrid. La nación, exasperada, no era precisamente un modelo de templanza”.
(Cfr.José Luis Yuste.-Las cuentas pendientes de la política en España.1986.pp.62.y 63)
Dentro de la panorámica tan convulsa y de continuos enfrentamientos que vivía nuestro País, el Doctor Olóriz, mantiene la practica diaria de sus tan arraigadas convicciones morales, cuida colmadamente de sus queridos padres, es un ecuánime y fiel cumplidor en su
trabajo.
El catedrático J. Ros, al referirse al Doctor Olóriz, lo hace con este parrafo que compendia todas la virtudes que le adornaban a tan loado profesor-
"ATENCIÓN SOLICITA A SUS PADRES, TRABAJO DIARIO BIEN HECHO, Y RELIGIÓN SIN MISTICISMOS"
El diario El Mercantil Valenciano, antagónico exacerbado al culto practicado por el Doctor Olóriz, cuando se hace público su testamento donde se recogen las meditadas disposiciones, y donde queda constancia de la innata bondad del testador, quien por propia voluntad llegó en ocasiones a apartarse de la vida mundana, con el fin de poderse dedicar al cuidado de sus seres queridos, y con cuerpo y alma a su noble trabajo, todo con la única y postrer intención, de lograr reunir un buen patrimonio con el fin, de que después de su muerte, se invirtiese para que se continuase impartiendo la enseñanza entre la juventud más necesitada de su Valencia. Tras su fallecimiento, con tipografía en
gran relieve, ofrecía este tan explícito titular.-
“LA CONDUCTA DEL EXIMIO AMADOR DE LA ENSEÑANZA, DEBE DE SERVIR DE EJEMPLO”

Su transito por la vida.- Don Rafael de Olóriz, durante el transcurso de sus sesenta y cinco años de vida, discurrieron, los primeros años los dedicó a adquirir una amplia y sólida formación, para luego dedicarse a las constantes diarias anteriormente referidas, con el pensamiento de que tras su muerte, se continuara sembrando la fecunda instrucción por medio de la fundación de centros de enseñanza y de ayuda a su apasionada Facultad de Derecho, instituyéndose a tal fin becas destinadas a los jóvenes con menos recursos económicos y fomentar los fondos de la biblioteca. Muestra toda su disimulada grandeza en que discurrió su vida austera cuando el notario, lee su generoso testamento
ológrafo. Para conocer mejor la personalidad moral de Don. Rafael de Olóriz y Martínez, se le tiene que situar arropado siempre con la dignidad y hombría de bien que rodearon todos los momentos de su existencia, la practica diaria del trabajo, y atención a sus padres, vivió apartado de amistades de conveniencia, de boatos sociales tan proclives para alcanzar puestos relevantes, o prebendas, no practicó culto a falsas vanidades, y fue esquivó a toda ostentación superficial.

Su valencianía.- Don Rafael de Olóriz y Martínez, fue un valenciano de corazón y por linaje, de padre y madre, de San Juan y Aspe, (Alicante). En la Facultad de Derecho era decidido partidario de la llamada -Escuela Valenciana- . Fue el suyo un valencianismo sin exclusiones. Su linaje, era blasón que preservaba y le colmaba de orgullo. Doctor Olóriz, como respetuosamente era conocido en aquella Valencia laboriosa y artesana; era su apellido, junto el grado de doctor, tan acreditados y respetados, que llegó
a tener un prestigio mayor que el de un autentico titulo nobiliario.

Nuestra deuda- Los ex alumnos de las Escuelas Públicas Olóriz , y vecinos del antiguo barrio de Marjalena / Marchalenes, tenemos contraída una deuda desde que en el año 1919, se inaugurara el Colegio Público, que en lo alto de su frontispicio brilla el glorioso apellido Olóriz. Ojalá, que esta sencillísima semblanza, despabile nuestros corazones, y juntos Ayuntamiento de Valencia, Facultad de Derecho, Colegio de Abogados, y Real Sociedad Económica del País, para que juntos, perpetuemos el homenaje, que desde hace tanto tiempo merece tan insigne humanista.

A modo de preámbulo.-
La búsqueda de la documentación para poder pergeñar la presente semblanza biográfica destinada ha glosar y propalar el magisterio que impartió el Doctor Olóriz, ha estado lleno de dificultades, principalmente hemos tropezado con la creencia popular, que con cerrazón mantenía, que la profesión de tan relevante personaje fue la de medico, y el otro gran inconveniente, fue debido a que a la hora de empezar la elaboración de la presente semblanza, en esos momentos, se encontraban realizando obras de adecuación en el histórico edificio de la Universidad.
Exigua es la documentación encontrada en su emplazamiento provisional de la calle de Enguera, no obstante hay que señalar las facilidades que nos dispensó el personal que esos momentos se encontraba al frente de ese Archivo provisional.

La búsqueda en la Biblioteca del Colegio de Abogados de Valencia, resulto infructuosa también, por cuanto en esos momentos no se pudo localizar ningún soporte documental,
es de justicia reconocer el atinado consejo ofrecido por don Jesús Villalmanzo Cameno, quien fruto del mismo, nos ha permitido encaminar nuestra bisoña andadura en materia de investigación biográfica.
La mayor aportación documental las hemos conseguido en los Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares) y Archivo Histórico Nacional (Madrid).
De interés resultaron también los documentos encontrados en la Biblioteca del Ateneo Mercantil de Valencia, Conselleria de Justicia y Administraciones Públicas, Archivo de la Real Sociedad de Amigos del País. Gracias, para don Daniel Benito Goerlich, responsable del Patrimonio Cultural de la Universidad de Valencia, quien por su personal intervención fue restaurada, adecentada y restituida en el lugar originario, la placa, que en el año 1924, le fue dedicada al Doctor Olóriz y gracias de nuevo, por la fotografía que nos proporcionó del Vice-rector de la Universidad Valentina. Gracias también, al profesor don Miguel Llinares Raga, por las exclusivas fotografías aportadas de antes de ser mejorado el monumento instalado en el jardincillo situado dentro del
grupo escolar que lleva su nombre.
He dejado aparte a una persona de especial relevancia, que me ha ayudado a perfeccionar aspectos valiosos con respecto a la ordenación de la presente semblanza. Se trata del Cronista oficial de la ciudad de Silla, don José Antich Brocal, que desde 1975, mantenemos una cordial amistad, nacida de su fina percepción literaria y por mi condición de corresponsal de prensa, en esa entrañable ciudad del l`Horta Sud.
Gracias a todos los organismos mencionados, y de manera muy especial a las personas que me distinguieron con trato tan deferente.
El autor

MARCHALENES Y LAS MADERADAS

MARCHALENES Y LAS MADERADAS

MARCHALENES Y LAS MADERADAS
Tradiciones olvidadas

Juan B. Viñals Cebriá

El río Turia, o Guadalaviar, que tan unido está desde siempre con el arrabal conocido en la antigüedad con el eufónico nombre valenciano de Marjalena que en aquellos remotos tiempos
se encontraba situado a extramuros de vora riu Turia, al norte de la ciudad de Valencia. Nuestro río nace en el pequeño pueblo aragonés Guadalaviar de nombre árabe, es donde nace el llamado río Turia, Blanco, o Guadalaviar que por todos estos, y otros nombres, se ha conocido a lo largo de la historia este río, que tan vinculado a estado desde siempre a la ciudad de Valencia y muy especialmente a nuestro arrabal, donde en ocasiones el lecho del río quedaba fundido con les terres marjalenques, la conca y la hondonada formando todo un mismo ente. De la época que la urbe se encontraba sitiada por las huestes del Cid Campeador, una expresiva elegía árabe que hace mención expresa al –Guadalaviar; río, que tan estrechamente emparentado a estado desde siempre a la vida o la desolación, todo como consecuencia de los cambios originados por las propias circunstancias naturales, o en función de sus cíclicas crecidas y de los procesos de desbordamientos de la red de paleo cauces y torrenteras que discurrían por la parte izquierda donde el viejo arrabal y el río se fundían como un sola cosa.-
“El tu muy noble río Guadalaviar, con todas las otras aguas de que tú muy
bien te servias, salido es de madre e va donde debía.”
***
Nuestro río Turia en su nacimiento discurría por profundos tajos excavados en calizas y areniscas que no dejan ningún espacio para aprovechar sus orillas para los cultivos. En su paso por nuestro arrabal ocurría justo lo contrario unos pocos kilómetros antes de desembocar en su inmensa huerta, en sus margenes inclusive en Parterna, al igual que en nuestro raval se cultivaba la planta del arroz. El río Guadalaviar era tan caudaloso en la más remota antigüedad que fue navegable para los barcos fenicios y cartagineses, quienes remontaban aguas en busca de productos en los poblados ribereños, posteriormente en documentos medievales vinculan el censo por la concesión de los permisos para navegar las barcas hasta las cercanías de Paterna, Marco, 1960 -en su argumentada publicación, ofrece la tesis de Valls, en el que se narra que el transcurso de la tercera década del siglo XV era navegable el río Guadalaviar.
“(…) Alfonso el Magnánimo concedió en enfiteusis a Bernardo de Basaldú el derecho de tener barcas en el Guadalaviar desde Paterna al mar con censo de un morabitin de oro por cada barco que tuviese, todo ello para obviar
los peligros que existían.
Durante siglos, las gentes de los Serranos y del Rincón de Ademuz, sobrios moradores del norte de la provincia de Valencia, fueron los encargados de conducir, con pericia y en arriesgadas travesías río abajo, los troncos cortados de aquellos montes, hasta que concluían diestramente almacenados en la llanura, o en la conca junto la Rambla de la antiquísima Marjalena/Marchalenes, todas estas cuadrillas de guías de las arriesgadísimas maderadas, eran considerados por su valentía y arrojo, con el calificativo de intrépidos. Rivalizaban en tan codiciada habilidad y bravura las cuadrillas de gancheros conquenses que sobre el río Quélaza (Cabriel), quienes conducían la maderada al sur de la provincia de Valencia, concretamente hasta Alcira, en la Ribera Alta y, desde esa importante ciudad, eran reconducidos nuevamente los troncos hasta Cullera, en la Ribera Baja, y desde esta última población, se embarcaban hasta Denia, en la Marina Alta, donde existían expertos calafates dedicados a la construcción de barcos y experimentados mestres d`aixa.
De esta tan arriesgada como peligrosa profesión han escrito entre otros, don Teodoro Llorente, J. Pardo de la Casta, Manolo Cambra Martí, Miguel Romero Zaiz. M. Sanchis Guarner, en su libro.- “La Ciutat de València (1983), se refiere de la manera siguiente a tan espectacular profesión.-
“(…) Hom distinguia la “fusta de mar” o d`importació desembarcada en el Grau, de la “fusta de riu” procedente dels boscos d`Aragó i del Serrans, que era devallada surant pel Túria, en rais conduïts per intrepits “ganxers” de Xelva o Ademús, i apilada en “peanyes” a Marxalenes i a la Saidia”(SIC).
Previamente a la llegada de la maderada, se ordenaba atrancar todas las compuertas de las azudes, tanto los de la parte derecha, como la parte izquierda del río, y de esa manera se propiciaba aumentar sensiblemente el caudal del rio, para mejor trajinar con los troncos por el entoncez caudaloso cauce del Turia.

Don Luís B. Lluch Garín erudito local, hace la siguiente descripción en “Los Bosques Valencianos” (1957),-
“(…) El pregonero del bosque era aquella voz que, como un heraldo corría por las calles de nuestra vieja
ciudad:
_ ¡Ha llegado la maderada!
Todos los vecinos llenaban el puente Nuevo, nuestro actual puente de San José, y se acomodaban sobre la barandilla para contemplar a sus anchas y con toda comodidad aquel curioso espectáculo (…). Nos dice y cuenta don Teodoro Llorente, en su “Historia de Valencia” que los madereros Chelvanos, y también -añado yo- los buenos madereros del Rincón de Ademuz. “Era gente sobria y valiente –sigue describiendo el citado autor-, de tostado cutis y músculos de acero, de aspecto semiarábigo, vistiendo tosco y acampanado sombrero de negrusco fieltro, fuerte chaquetón de paño pardo, voluminosa faja y cortos zaragüelles de lienzo blanco y empuñando el gancho de su oficio , fuerte alabarda con la cual guían los maderos, los separan, los recogen y dan curso habilísimamente a ese montón enorme de troncos que de el río llega, y que en cada instante amenaza con un peligroso embarrancamiento. Por un mísero estipendio –continúa el citado don Teodoro Llorente-, tres reales y medio de jornal en dinero, cuarenta onzas de pan negro, una de aceite y media azumbre de vino, pasa tres o cuatro meses aquella pobre gente, viviendo como anfibios (…).
Todo lo contrario que a los sobrios gancheros valencianos, les ocurría a los madereros de las cuadrillas de hombres conquenses
, que disfrutaban de la consideración de ser proveídos durante la travesía con la comida condimentada por mujeres, que hacían las veces de cantineras y que eran conocidas con el cariñoso sobrenombre de las bonacheras. También ha escrito sobre las maderadas F. Herrero, (LAS PROVINCIAS, 28 de noviembre, de 2006). -El siguiente párrafo corresponde a una crónica donde se reproduce cuando Pardo relata la exhibición que los madereros valencianos efectuaron en Aranjuez donde se hallaba la reina Isabel II y su corte:
“Los madereros –escribe– ejecutaron las maniobras de su oficio con presteza y habilidad y construyeron un puente movedizo, pero seguro, por el cual su majestad, seguida de sus aristocráticas damas, cruzó el río”...,
***

En 1830, el intendente corregidor de Valencia ordenó, que la madera no fuese apilada en la Rambla todo como consecuencia del peligro que suponía que una riada hiciese estrellar los troncos sobre los trece arcos de sillería que consta el puente de
San José, o de los otros puentes. Sobre los dos tajamares, espolones salientes de los pilares para frenar la corriente del agua, por aquellos tiempos había dos esculturas de Ponzanelli. Es a principio del siglo XX, cuando proliferaron los aserraderos y almacenes de madera vora riu. Las expediciones de las maderadas todavía llegaron a Valencia hasta bastante tiempo después, según aparece en un periódico de 10 de febrero 1867 que informa de que la remesa de maderas que periódicamente se trasladada al cap i casal, acaba de llegar a las puertas de la ciudad y los troncos son apilados en los almacenes y peanyes situadas en la parte izquierda del puente de San José. Els marjales moradores de este antiquísimo arrabal eran testigos preferentes de tan espectacular, como habilidoso y arriesgado trabajo de las cuadrillas en la atrevida conducción de las ingentes maderadas hasta dejarlas almacenadas en la hondonada que por aquel entonces alcanzaba desde el pont Nou (san José) hasta la actual pasarela de Nuevo centro, donde antaño se encontraba el tétrico cremador.

MARCHALENES.-ALTAR O RETABLO DE AZULEJERIA

MARCHALENES.-ALTAR O RETABLO DE AZULEJERIA

MARCHALENES

RETAULE DE LA VERGE DEL ROSARI

ALTAR O RETABLO DE AZULEJERIA
Azulejería Barroca en Valencia

Juan B. Viñals Cebriá

Artístico retaule (retablo), que según todos los soportes documentales que se disponen corresponde su obra, con anterioridad al año 1800, y estuvo dedicado a San Vicent Ferrer i a la Verge del Rosari, todo como consecuencia de la devoción que se les profesaba a la Virgen y al Santo Dominico Valenciano en este arrabal mitad lacustre, y mitad huertano de extramuros.
El retaule según testimonios estaba construido de bonitos azulejos, y quedaba protegido por tejas de alfarería de color rojo. En nuestro particular recuerdo lo inmortalizamos cimentado entre un balcón con sencilla balaustrada de hierro provista de torna puntas, y ventanas con unas interesantes verjas; su forma era rectangular, sus medidas aproximadas, tres metros a lo alto, además de la cornisa construida de madera, y friso de azulejos, y en sus proximidades existía una fuente loada entre otros, por el celebrado poeta valenciano Martí Gadea.
El caserón por su composición y su trazado en su tiempo fundacional debió de corresponder a familia de alto linaje, en sus últimos y lastimosos momentos estuvo rotulado
con el número 4 de la calle Marchalenes,

Durante la guerra civil (1936-1939), el retablo , fue cubierto por algún vecino con un cartel que figuraban consignas políticas afines al momento, y de sea manera permaneció disimulado durante toda la contienda, sin sufrir otro daño que el causado por el paso del tiempo.
Mª Eugenia Vizcaíno Martí (1998), nos hace la siguiente descripción de tan representativo panel.

“Gran retablo
con símbolos marianos
y gran anagrama
de Ave Maria.
Muy estropeado”

El retablo está situado en la fachada (…); no está cuidado, le faltan varios azulejos en la parte baja y le han colocado unos blancos.
El retablo es grande, doce azulejos de altura por nueve de ancho, de 21x 21 cms., o se dos metros, cincuenta y dos centímetros por metro ochenta y nueve, y es una lastima que esté incompleto porque es precioso, con dibujo cuidado y el color matizado, fundido en tonalidades suaves.
El panel central, con la imagen de la Virgen es muy posterior y su colorido fuerte, completamente distinto al resto. Los símbolos están a los lados de la imagen, en vertical y en el centro bajo lleva una guirnalda casi circular que circunda el anagrama de Ave Maria, coronado y con la luna bajo.
Los símbolos y alegorías que representan plásticamente las alabanzas en Loor de Nuestra Señora, están sacados de grabados y libros sacros, que se repiten en muchas tablas de Macip
y sus seguidores y, claro está, se utilizan en los paneles cerámicos barrocos con la imagen de la Virgen Maria.
Cada símbolo ocupa cuatro azulejos.
En la parte alta la gran corona, también dorada, de ancho circulo con incrustaciones de pedrería, y florones con grandes rosetas y tréboles.
Y bajo en un gran arco azul claro que cierra todo el anagrama, la luna, que forma un bien dibujado rostro de perfil.
Toda la parte baja del mural está terminado con una base de tierra en ocre y verdes amarillentos, forma como tres escalones, que quedan detrás de la orla y en las esquinas se ven matas con tallos envolventes ocres y verdes azulados.
Vuelvo a repetir que es una verdadera lástima que obras así, con un estudio de símbolos marianos sobre azulejos, realizados con un encanto poca veces igualado, y en una variedad en su parte floral, sean objeto de toda clase de ataques, mal cuidados y nada protegidos
”.
***

Anteriormente Martínez Aloy (1920) otro venerable historiador valenciano, al caminar por Marchalenes, en su concisa apostilla, se refiere al retablo, de la manera siguiente.-
“(…):
un altar callejero-de los que ya quedan pocos -con azulejería del año 1801. La plancha principal que representa a la Virgen del Rosario es de 1880 y finalmente la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, que es ayudantia de la parroquia de San Bartolomé de Valencia.
La historia de la iglesia es corta. En una alquería de la calle principal construyo su dueño una diminuta capilla dedicada a la Virgen del Rosario y a San Vicente Ferrer, que tuvo siempre abiertas sus puertas al piadoso vecindario, y allá por los años 1858, siendo propietario de la finca el segundo conde de Rotova, barón de Antella, cedió más terrenos para construir la actual iglesia de ladrillo, cuya estructura y decorado se adaptó, con buen acuerdo, al estilo neoclásico
“En muchas casas y alquerías de Marchalenes hay planchas de azulejería que reproducen la imagen de San Vicente Ferrer, y afirman personas graves que el santo dominico apostolizó
con frecuencia en la barriada
.”

La mencionada iglesia construida en 1858,se derrumbó en el mes de diciembre de 1957, como consecuencia de los daños sufridos como resultado de la trágica riada del 14 de octubre, de ese mismo año.

Retirada de retablos en la ciudad de Valencia

Fueron retirados todos los retablos de Valencia, y en esta barriada fue retirado el panel central, que figuraban las imágenes de la Virgen del Rosario y San Vicente Ferrer, procedentes de la primera capilla huertana.

En el verano de 1839, las autoridades de Valencia, ordenan ser retirados todos los –altarets i retaules, y el 4 de septiembre del mismo año comienzan a desmontarlos.
El Ayuntamiento de Valencia, en las sesiones de 5 y 16 de noviembre de 1840, ordena desestimar el clamor vecinal que piden la permanencia de ciertos retablos
”.

Se autoriza nuevamente la instalación de retablos.
En los presupuestos municipales de 1871—1872, se impone por primera vez la obligación de pedir licencia anticipadamente al Ayuntamiento, para celebrar, tanto las fiestas de –carrer- etc., señalándose la cantidad de 500 pesetas (…)”
( J. Bodria, 1906).

Treinta y dos años después, seria restituido un nuevo panel en el que
solo figuraba la Virgen del Rosario, patrona de esta barriada.

***
Tan extraordinaria era la devoción de este poblado por San Vicente Ferrer, y la Virgen del Rosario: que la primera capilla rural propiedad de los Marqueses de Rotova, estaban dedicadas al Santo dominico Valenciano y a la Virgen de aquella advocación. Pero cuando en 1858 se inaugura la primera iglesia, la nueva parroquia queda solo bajó la advocación de la Verge del Rosari.
Por estas vegas, mitad huertanas, mitad lacustres fue desde antaño muy grande la devoción que se sentía por el dominico, lo prueba que en el frontispicio de casas y alquerías se ha perpetuado la imagen del Santo valenciano. Como muestra en dos de las tres alquerías que se conservan (Lluna y l`Olleria), aun se pueden contemplar las artísticas -.rajoletes maniseres- que nos recuerdan la devoción que sentía esta popular barriada por el Santo.

Congregar d`impedits (1858). El Comulgar de Impedidos, es el único acto religioso que a un perdura con devoción por las calles de este antiquísimo poblado del Marchiliena del Repartiment (s. XIII), acto que tan íntimamente unido está a la festividad de San Vicente Ferrer, es la celebración que a un perpetúan els Marjalers, donde en procesión se recorren como antaño se hacia algunas calles de este viejo raval .El próximo abril de 2008 se cumplirán por lo tanto longevas efemérides. Cuentan que durante la guerra civil (1936-1939), en una de las muchas alquerías que a una quedaban en esta partida huertana, una familia de labradores escondieron a un cura por la cosa de la guerra civil y que por lo tanto no dejo de celebrarse el fervoroso -combregar d`impedits.

El recuerdo a San Vicente Ferrer.
En mi caminar por los rescoldos huertanos de Marchalenes, tuve un día la suerte de mantener una amable conversación con la Senyora Lola Asunción (alquería de Lluna),que seria el preludio de otros gratos y diálogos donde se encontraban presentes familiares y vecinos, sentados a la sombra de la arboleda, la señora, me hizo saber una tradición transmitida desde 1505 (quinientos años), de padres a hijos, referida a San Vicente Ferrer el dominico valenciano, y que venía a confirmar, lo escrito en la segunda década del siglo XX, por J. Martínez Aloy. Según la señora Lola, con el asentimiento de sus familiares presentes me hizo esta confidencia.- “Que San Vicente Ferrer, acostumbraba a venir por estas huertas y que se sentaba a rezar en esa piedra labrada en forma de asiento que aun se conservaba. Y que sus ascendientes vivieron en estas hueras desde hace quinientos años”. Pasaron unos minutos y la dueña de la casa, con gran ceremonial me invitó a que le acompañara, pasamos por entre los restos que quedaban de un huerto, y próximo al muro de la casa se conservaba una espesa arboleda y en ella como si el tiempo se hubiese detenido, pude ver la piedra labrada donde la señora Lola, me dijo.- “ Esta
es la piedra donde se sentaba a rezar y apostolizar San Vicente Ferrer”. Con permiso de la dueña, me apresuré a obtener dos fotografías de tan legendaria y estimable piedra. Cuando habían pasado unos cuantos días, y yo, disponía del revelado de las fotografías, pasé a visitarle y ofrecer a la señora Lola, algunas de aquellas fotos. En esta ocasión, iba pertrechado yo, con una mejor maquina fotográfica, pretendía tener constancia mejor de tan extraordinaria reliquia. Nuevamente les pedí permiso para sacar fotos, y cual seria mi sorpresa cuando me hicieron saber, que la piedra, que tan fervorosamente habían conservado durante tantos siglos, habia desaparecido de aquel idílico lugar.

La Font del Retaule del Rosari.-
En la vieja casona derribada en 1991,en el trascurso de su existencia tuvo varios propietarios, en 1885, correspondía su propiedad a
la Excma. Sra. Maria de la Encarnación Manyans donde precisamente se originaba el ángulo de la calle Marchalenes, y comenzaba por la derecha la -senda- coloquialmente llanada del -ventrero- (actualmente calle Reus),acequia a un lado, y al otro, el muro del huerto del celebrado Monasterio de la Zaidia; casi al pie del retablo, el Ayuntamiento de Valencia, colocó una artesanal fuente de hierro, que fue merecedora del aplauso y agradecimiento del vecindario. (Hay que recordar que hasta los años cuarenta del pasado siglo XX, algunas de las casas de la barriada carecían de agua potable). La artesanal y popularísima Font del Rosari) mereció la atención de J. Martí Gadea, cura nacido en Balones (Alicante), uno de los más jocosos y prolíficos poetas valencianos, quien le dedicó estos versos, que por aquellos tiempos fueron tan populares.-

“A este barri per ventura

De Valencia, li ha vengut.
Una font que li asegura
Comoditat i salud.

Chiquetes, que ahir agobios
pasaveu en Marchalenes,
¡ ja teniu ahon vore als novios!
¡la font vos ha tret de penes!

A la font del Rosari,
Joves i velles,
anirán les veines
de Marchalenes “(...) (sic)

Nota.- Tan celebradas y populares fueron las fiestas que se celebraban- en el poblado de Marchalenes, durante los últimos años del siglo XIX en honor de la -Verge del Rosari i San Vicent Ferrer,- que celebrándose en Valencia, un importantísimo acto cultural, donde se daba cuenta de las más importantes fiestas que se celebraban en la ciudad del Turia; el historiador José Bodria, en un momento de su disertación, dirigiéndose al auditorio dijo;

“De les festes que encara duren y tots coneixém, no me ocupe, com son les de fora dels carrers de San Vicent y Marchalenes à laVerge del Rosari” (sic)

El historiador y poeta, seguramente pensaría que no hacia falta emplear más tiempo redundando algo que toda la Valencia festiva conocía. El silencio de don José Bodria, nos deja huérfanos de saber de buena tinta, como eran aquellos tiempos las “conocidas fiestas”que se celebraban en este viejo poblado en honor de la Virgen del Rosario.

GRANDES FIESTAS
En la década de los años cuarenta, se organizaron extraordinarias fiestas en honor de Santiago Apóstol, nuevo Santo Patrón de la barriada.

Fiestas de Marchalenes (…), para dar mayor brillantez a estas fiestas, los clavarios y feligreses se han encargado de restaurar el famoso retablo que se conserva en aquella popular barriada de Nuestra Señora del Rosario, el cual data del año 1800.
Después de la misa del Santo Patrono y precedido de bellas y entusiasta palabras pronunciadas por don Luís B. Lluch Garín, fue descubierto el referido retablo (…). Felicitamos a la junta de clavarios de Santiago Apóstol, y en particular a su clavario mayor don José Maria Alfonso, por su tesón y entusiasmo desarrollado, para llevar a buen fin obra tan deseada por todo aquel vecindario
.”

Pasados los años, con la lectura de la noticia publicada en el periódico nos permite perpetuar la figura de don José Maria Alfonso Fabado, quien dispuso de
su peculio particular, junto con la colaboración de los clavarios de 1946, para que se pudiese llevar a cabo la restauración de tan tradicional retablo.
Las Provincias. 4-08-1946

El retaule, retablo, o paneles religiosos son reflejo de tradiciones y fiestas mayores celebradas al llegar la primavera o el verano .Con el tiempo, las devociones se amortiguaron y los azulejos con representaciones pías perdieron el cuidado de las clavarios. Al abandono siguió el robo de algunos de los artísticos azulejos sin que nadie protestara y, al final, cuando en 1991 la vieja casona fue victima de la piqueta, le acompañó el entonces muy deteriorado retablo.

El olvido que sufría el retaule, es fiel reflejo de la indiferencia que incurren las personas. Con el tiempo, los fervores se apaciguan y el retablo en la actualidad
solo existe en el recuerdo de unos pocos vecinos mayores de la barriada de Marchalenes.

PD. Ruego dirigido a doña. Rita Barberá Alcaldesa del Ayuntamiento de Valencia: que bonito seria el poder recuperar para esta a típica y popular barriada la tradicional Font de la Verge del Roser, y reproducir algunos de sus entrañables y sencillos versos del cura de Alicante y gran valenciano, Joaquín Martí Gadea.

Fin.

Bibliografía

Mª Eugenia Vizcaíno Martí. “Azulejería Barroca en Valencia” -.1998., p.256.
J. Martines Aloy.-“Geografia del Reino de Valencia”.-1920., p. 849.
José Bodria y Roig.-“Festes de Carrer”1906., p. XXVII.
Las Provincias,-4 -08-1946
Ensisam de totes herbes.-1881.(Se supone escrita por Joaquín Martí Gadea).

Sobre este blog

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Sobre Vicente Torres

Vicente Torres es socio de Mensa España, y Senior Research Fellow of The International Society for Philosophical Enquiry.

No estoy adscrito a ningún grupo ni partido político. Escribo a título personal y sin más apoyo que el que me proporcionan mis propias convicciones.

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