Los trapos sucios (martes)

Aestas alturas uno ya se había leído biografías de rockeros de la talla de Lou Reed, los Rolling Stones, Hank Williams, Elvis Presley y otros divos que arrastraron su osamenta en viajes de ida y vuelta al infierno donde, a veces, la jeringuilla ocupaba un lugar destacado en sus desgracias de artistas broncos de vida turbulenta. Pero nada que ver con lo que ha caído en mis manos estos días… Los trapos sucios es la biografía escrita por los miembros de Mötley Crüe junto con Neil Strauss, y el compendio de peleas, trifulcas, pedales y seducciones depravadas que se condensa en esas páginas incluso me ha escandalizado, y les aseguro que es difícil, muy difícil, escandalizarme. A uno, musicalmente, Mötley Crüe jamás le interesó más allá de un interés puramente folclórico, pero reconozco que su historia posee enorme miga porque se me ocurre que están vivos de milagro con todo el rosario de pendejadas que portan sobre su chepa. La combinación de ser una joven estrella de rock que arrastra traumas debido a una familia desestructurada y que da rienda suelta a cualquier capricho que supone una barbaridad resulta tan peligrosa como una bomba nuclear. Sólo un ejemplo: uno de ellos se aficionó a la lucha de barro de las chicas en las discotecas, así pues ordenó que le instalasen un ring de barro en el jardín y todas las noches contrataba una docena de chicas para que se peleasen mientras él y sus amigotes ejercían de selecto público. Qué idea tan elegante, ¿verdad? Pero esta no es la peor de las barrabasadas, ni hablar, por lo tanto uno lee vorazmente las páginas con una mezcla de repugnancia y fascinación pero, eso sí, enganchado por completo ante tanta trapacería junta. Les recuerdo que el batería de Mötley Crüe es Tommy Lee, aquel flacucho ultratatuado que se casó con Pamela Anderson. Ambos protagonizaron un escándalo porque alguien filtró un vídeo casero de corte porno con ellos dos en acción. Alquilé esa cinta hace años junto a dos amigos que tocaban en un grupo de rock. Cuando acabamos de verla me dijeron: “Ahora entiendes por qué queremos ser estrellas de rock…” El reclamo de la rubia recauchutada siempre ejerció de poderoso imán ante las mentes juveniles del lado gamberro. Teniendo en cuenta que he leído este libro tras terminar la biografía escrita por Abellán sobre Ortega y Gasset, ni les cuento lo profundo del shock y lo dispar de mis lecturas…Pasar de Ortega a Mötley Crüe, sin ninguna transición previa, supongo que equivale a comer un día un exquisito arroz de Marrasquino y luego soportar una condena que te obliga a papear hamburguesas rápidas los dos meses siguientes.

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
lasprovincias.es