Permanecían nuestras clásicos viejunos apolillados en el baúl de los recuerdos, humillados ante el poder del microchip, olvidados por unos planes de estudios bárbaros que les condenaron al papel de extra que sale en la última fila de la chirigota actual para ejercer de bulto, pero mira por donde nuestras entrañables momias regresan con fuerza porque por fin parece que algunos entienden una gran verdad: lo clásico siempre es lo más moderno.
Se ha puesto de moda una frase de Cicerón que se aplica perfectamente a nuestra situación actual. Circula por Internet, la recogen algunos medios, y la gente se frota los ojos al comprobar lo certero del diagnóstico. Opina Cicerón, entre otras cosas, que conviene frenar el gasto público y recuperar el gusto por el trabajo. Vaya con Cicerón. Y ahora mismo se nos ha descolgado Leire Pajín con una referencia a Sócrates para explicar por qué no pactan con el PP. Le ha quedado confuso, a Leire la galáctica, y ya hay quien dice que, en realidad, eso es de Platón y no de Sócrates. Lo ignoro, pero les confieso que me agrada cuando recuperan a filósofos griegos y políticos romanos de oratoria honda pues eso supone un guiño simpático ante la tiranía de los futbolistas y las modelos, el máximo referente “cultural” de nuestra mocedad. Puestos a reivindicar cráneos privilegiados, si saltamos en el tiempo recordamos al sacerdote y profesor de Universidad Cubells, natural de Alberic y primera autoridad en Sócrates y filósofos presocráticos. Deslumbró en Alemania porque era uno de esos valencianos superdotados. Hombre irónico, seguro que se estará riendo de las palabras de la Pajín allá en su tumba al averiguar que los que se quisieron cargar el latín y el griego ahora recurren a los clasicorros.

